domingo, 11 de octubre de 2026

DISCURSO Y NO DISCURSO

Luis Britto  García



Tras todo Poder hay un Discurso; tras cada  vacío de poder  un No Discurso.

Todo discurso político que no expresa soberanía o la lucha por ella es ficticio. El discurso de quien involuntariamente ha perdido libertad o soberanía no puede ser otro que el de recuperarlas.

Entre soberanía y aniquilación no hay término medio. El poder no acepta socios sino sirvientes, y sólo mientras le sean útiles.

Cuando el sujeto declina la voluntad de poder, se vuelve portavoz del mensaje de quien lo ha dominado, y el discurso se torna fantasma, espectro, negación de sí mismo: No Discurso.

El Poder no muere cuando es derrotado por una potencia irresistible, sino cuando le sirve pretendiendo estar todavía investido de autonomía.

La pugna política es también confrontación entre narrativas, una de los cuales puede ser la que no se atreve a decir su verdadero nombre:  el, impronunciable, secreto o inadmisible: la Voz del Amo asumida como propia  por el Sirviente: el No Discurso.

Un discurso  político promete Objetos del Deseo, fines tangibles o sustantivos:   alimentación, educación, salud, vivienda, sanidad, vialidad, transporte, salarios, bienes o servicios. cultura, recursos naturales,  defensa.

En la medida en que un proyecto político cede su poder soberano a otro y pierde la capacidad de proporcionar Objetos del Deseo,  deja asimismo de enunciarlos y deviene  No Discurso.

El No Discurso ofrece sólo valores instrumentales indeterminados y transitivos: Estabilización, Recuperación, Transición. No  especifica puntos de partida ni objetos del Deseo. Nunca define de cuál inestabilidad se arribará a cuál equilibrio; de cuál pérdida se recuperará, de qué situación se transitará a cuál otra, ni por qué. 

El No Discurso no tiene origen. Como la soga en casa del ahorcado, nadie lo nombra porque todos lo tienen presente: una catástrofe o una derrota que por culpabilidad o vergüenza  es imprescindible no mencionar. 

El Agresor cumple su voluntad  a través de violencias que atribuye al portavoz del No Discurso. Éste se disculpa alegando que obra bajo la amenaza  de que podría ocurrir algo  peor.

El No Discurso es la pretensión de la amenaza  de convertirse en Razón.

Anhela el No Discurso revestirse de todas las apariencias de legitimidad sin lograr más que despojarse de ellas. Como al verdugo, su  eventual legalismo no lo exime del unánime desprecio, empezando por el de sí mismo.

El mensaje del No Discurso es la Omisión.

Al presentar como propios  medios y fines que otro le dicta, el lenguaje del No Discurso es la Opacidad.

Nadie sabe qué está prohibido (quizá todo) qué está permitido (quizá nada) ni quién lo decide (a lo mejor  nadie).

Cuando una narrativa  deviene  instrumento del No Discurso, es devorada por éste. Sus elementos  van siendo desenfatizados y finalmente desincorporados: Soberanía, Nación, Independencia, Constitución, Derecho, Patria.

        Al despojarse el No Discurso de sus objetivos finales, no le queda más  propósito que su propia preservación: es auto referente, se ha convertido en su mismo Objeto del Deseo. A esto se le llama pragmatismo.

Fuera del Amo, el No Discurso no acepta a nadie más que  a sí mismo.

Todo debe y puede ser sacrificado en aras de una finalidad impronunciable: el Yo a cambio de la  universal anulación de todos los derechos del Otro.

 El Pragmatismo no es un objetivo sino un instrumento: se define  por el sujeto al cual beneficia. Hay un Pragmatismo  a favor de la colectividad, y otro a favor de quien la sacrifica. Ambos  son antagónicos.

Entre Amo y Esclavo no hay asociación, coordinación ni cooperación: apenas incondicionalidad.

Decía Voltaire del Lord Protector  Oliverio Cromwell que todo el mundo sabía hasta dónde llegaban los poderes de un Rey, pero nadie conocía los límites de los de un Lord Protector. Así como no tiene origen, el No Discurso no reconoce límites.

Por lo mismo que se origina fuera de la Constitución, el No Discurso se pretende  por encima o más bien por fuera de ella. Centenares de ciudadanos son inmolados en bombardeos. Connacionales son  ilegalmente secuestrados o deportados para ser  juzgados por leyes y jueces extranjeros. Compatriotas son ejecutados extrajudicialmente, El ingreso público es transferido inconstitucionalmente al Tesoro de una potencia extranjera, o a cuentas secretas bajo  manejo personal de funcionarios foráneos. Recursos naturales e industrias relativas a ellos son privatizados o explotados en condiciones palmariamente desfavorables para la República. Servicios públicos indispensables son incondicionalmente subastados. Las opiniones disidentes no son publicadas, sus autores son agredidos o se exilian por temor a las consecuencias. Fuerzas Armadas y policías políticas  de potencias foráneas operan irrestrictamente en el territorio de la Patria. La ejecución extrajudicial por cuerpos armados foráneos se convierte en norma, pública y notoria.  

El No Discurso instaura  un orden cuya única norma es el Hecho Cumplido.

Así como el Agresor no reconoce límites, tampoco admite responsabilidad por  sus decisiones. Las formula indirectamente a través de autoridades del No Discurso coaccionadas por la amenaza.

El contenido del No Discurso es la amenaza de algo peor, pero peor que el No Discurso no hay nada.

El No Discurso se expande porque la realidad que encubre es impresentable.

El No Discurso no aclara, no precisa, no define: se resume en un teléfono que promete preservarte a cambio de que lo destruyas todo.

Todo elogio del Agresor hacia el No Discurso es insulto.

Hay un sabor amargo en la boca que ningún enjuague  lava.

Desdichado del que espera sobrevivir haciéndose instrumento de quien lo destruye.

A No Discurso, No obediencia.

El No Discurso no tiene más poder que el que tú le concedas. 

FOTOS/TEXTO:LUIS BRITTO.

 

 

  

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