sábado, 6 de mayo de 2023

INCONDICIONAL CARTA ABIERTA DE EXCUSAS DEL TÍMIDO

 Luis Britto García



A todas las criaturas deslumbrantes,  cada vez más luminosas. Su Despacho.

Les habla el que nunca osó acercárseles, hablarles, tomarlas de la mano.

Avergonzado me excuso de haberlas privado de la adulación que se merecen y de la ligera vanidad de rechazar a un insignificante.

Sí, soy aquél que tanto  las miraba a los labios sin escuchar lo que decían.

Soy el que siempre se sintió despojado de todo mérito ante tu paso airoso  de  pletórica de ti misma.

Soy el cobarde que se limitó a soñar sin arriesgarse a avasallar por asalto la fruta prohibida,  por no  irle al fin descubriendo  peros,  fallas,  limitaciones,  cotidianidades.

Nunca tuviste más armonía,  sensualidad ni gloria que en el instante fugaz en que te deseé y no me atreví a decírtelo.

 

Quizá me recuerdes sólo como aquél a quien concediste un segundo de gracia antes de retornar hacia el Paraíso de ti misma.

Hay quien cuenta sus conquistas pero también quien cuenta sus enamoramientos sin importarle  si fueron victorias o derrotas.

Te vi en todo tumulto, viaje, curso, fiesta, lecho una sola noche compartido.

Quizá ni una palabra intercambiada, a lo mejor ni una mirada, los ojos siempre bajos para no cegar con el fulgor de tu presencia.

A la importunidad  de mi pasión remota no añadiré el insulto de la preferencia: todas y  cada una son impares en la democracia de mi idolatría transustanciada por la distancia.

Perdóname  la certidumbre de que eres la única criatura capaz de rescatar el mundo de la plaga del aburrimiento.

Nunca fuiste más bella,  sagaz ni imponente que cuando te idolatré de lejos sin que lo sospecharas o fingiendo que no lo sospechabas.

Podrá el tiempo injuriarte sin  dañar la perfección que entreví al nunca más verte.

No importa que todo sea un espejismo creado por la vida para reproducirse.

Sabes que me dirijo a ti aunque no me recuerdes.

No sé si hay Dios, pero he visto al orbe como  tumulto de Diosas.

No sé qué más decir. Nunca supe. Pero sepan.

 

MÉTODO PARA DISCUTIR DEL DIENTE ROTO

La proliferación de redes sociales agrava, al exhibirla, la nulidad  de los Diente Rotos congénitamente incapacitados para concebir argumentos y que sin embargo suspiran por  hacer ruido. A  ellos van dirigidas las consideraciones siguientes.

Ante todo nada de razonar. En lugar de destruir pruebas, destruir a quien las presenta, y para ello nada como las descalificaciones que se intercambian las chicas al debatir cuestiones trascendentes, como el maquillaje: estúpida, horrible, insensata, envidiosa, trasnochada.

Manera infalible de desacreditar  al adversario es calificarlo de “fobo”. Digamos que usted está seguro de que la tierra es plana. Al infeliz que sostenga lo contrario se lo puede aniquilar llamándolo “planófobo”. Quien se empeñe en sostener que la tierra es esférica  tiene mil argumentos irrefutables. En cambio, si  lo hace porque está aquejado de fobia, es víctima de pulsión elemental,  rechazo irracional,  perturbación indominable; es un enfermo, un caso clínico, un hidrófobo: para qué examinar sus argumentos si no es dueño de sus actos.

El tercer gran recurso de las mentes primarias es motejar al contrario de “negacionista”. Allá el antipático que tiene todas las razones del mundo para sostener que la tierra es esférica; después de que usted lo llame “negacionista de la tierra plana” estará aplanado. El negacionista es negativo; es un malcriado, un antipático, no hace más que llevar la contraria; se reduce a rechazar una cosa tan fácil de creer sin argumentos como   que la tierra es plana. Ya sabemos que basta con que alguien niegue un infundio para que éste sea verdad, y al mismo tiempo se pueda negarlo a él.

Si las estrategias expuestas le parecen muy complicadas, simplemente califique a su adversario de “anti”. El “anti” no es nada; sólo se define por su contrario. Ser sólo “anti” suena malísimo, por horrible que sea aquello a lo que se opone. Por ejemplo, anticuado, antipático, antinazi, anti imperialista.

A  todas estas no se le ocurra ni por asomo examinar los argumentos de aquél a quien usted descalifica. Pensar produce cansancio. Eso  requiere razonar o investigar, actividades que como usted jamás ha ejercido puede que lo dejen en ridículo.

Si por casualidad advierte usted que no tiene razonamientos para apoyar lo que sostiene, recurra al salvavidas del embaucador: “Espero pruebas en contrario”. P         robar que el Coco existe es imposible, pero  mucho más difícil es probar que no existe. Siempre es bueno omitir que la carga de la prueba corresponde a quien afirma algo, y no a quien duda.

No olvides aplicar todas esas estrategias al sostener, por ejemplo, que es lícito dejar que un niño muera de hambre.

Nunca perderás una discusión ni ganarás una idea.


NUEVAS APP

Un diluvio de nuevas App pugna por insertarse en nuestros dispositivos informáticos  con consecuencias imprevisibles.

Hay por ejemplo una App que permite comunicarse con uno mismo. Si tomamos en cuenta el deslave de vacuas preocupaciones y de informaciones vacías que nos atropella desde hace años, será sorprenderte reservar un tiempo para contactar con el desconocido que es uno, escuchar las propias opiniones, evaluar lo que se es y lo que nunca se pudo.

Otra diferente App habilita comunicarse con nuestro ser preferido y a lo mejor decir que lo queremos.

La más peligrosa de las App posibilita hacer contacto con la naturaleza, sentir el mérito de tanta vida silenciosa sin más destino que crear más vida mientras espera  la Nada.

Alguna App facilita comunicar con el silencio.

Otra permite contactar con la Nada.  No se vuelve a saber de los usuarios. La única forma de conocer los efectos de ella es probándola.

  

VISITA AL PAÍS DE LOS SUEÑOS PERDIDOS

Las ilusiones como los amores mueren y perviven sólo como recuerdos.

Mil religiones pasaron y subsisten apenas en la  promesa de sus Paraísos insípidos.

Enmohecen las arquitecturas heroicas de las revoluciones edificadas con sangre sobre las arenas movedizas de las traiciones y las claudicaciones.

Se disuelven las inconmensurables ciudades de las utopías, y con ellas los pueblos que han dejado de soñarlas.


PD La Universidad de las Artes me confirió el título de Maestro Honorario. Distinción más honrosa pues se otorga por el trabajo de toda una vida. 

TEXTO/FOTOS: LUIS BRITTO