miércoles, 2 de septiembre de 2026

EL PEOR ACUERDO PETROLERO DEL MUNDO

Luis Britto García

      

Opacidad de opacidades, y todo es opacidad. Recurrimos de nuevo a la expresión del Libertador en carta a José Antonio Páez fechada en Coro el 23 de diciembre de 1826: “A la sombra del misterio sólo trabaja el crimen”. Sobre lo que en verdad ocurre en Venezuela debemos recurrir a indicios de fuentes extranjeras que despiertan más  dudas que certidumbres.

Así, en el Daily Journal se anuncia  como “El Mejor Acuerdo Petrolero” un supuesto convenio que compromete con Estados Unidos 65.000 millones de barriles de petróleo venezolano durante el módico lapso de cien años. Hasta hoy, sus términos son secretos. Parece que el mismo fue debatido durante cuatro meses, sin que para el pueblo venezolano trascendiera la menor noticia de las decisiones sobre los recursos que de manera inalienable e intransferible le pertenecen.

Apenas el 31 de agosto de 2026 se publica, no el texto de dicho acuerdo, sino una versión de la Casa Blanca sobre él (https://www.whitehouse.gov/fact-sheets/2026/08/fact-sheet-president-donald-j-trump-announces-historic-oil-agreement-to-secure-american-energy-dominance-and-drive-venezuela´s). Utilizamos dicha versión para nuestro análisis.

Antes que opinar sobre la noticia es bueno dejar sentadas algunas premisas.

Situación jurídica actual

En primer lugar, la situación entre Estados Unidos y nuestro país desde el bombardeo y secuestro del 3 de enero de 2026 es de hostilidad armada. Desde entonces vivimos una guerra sin declaratoria previa, calificada como tal por su primer mandatario, en contra del artículo 2 de la Carta de las Naciones Unidas, y sin la indispensable autorización del Congreso de su país.

Dicha guerra, contraria al Derecho Internacional y al Derecho Interno de ambos países, no ha finalizado.  Ningún Tratado de Paz delimita ni limita válida y jurídicamente las relaciones entre ambos.

Lo que vivimos es una situación de facto de pillaje continuado e ilimitado y violación de nuestro territorio y normativas,  en la cual el invasor pretende asumir dictatorial e ilegítimamente todos los poderes y negar al agredido todos los derechos.

Dicho estado de saqueo es mantenido  por la continuada amenaza unilateral del Presidente de  Estados Unidos de repetir e intensificar su ilegítima agresión bélica en el caso de que no sean obedecidas sus órdenes.

Dichas órdenes y pretensiones violan   tanto  la Carta de las Naciones Unidas como las Constituciones y leyes  de Estados Unidos y las de la República Bolivariana de Venezuela.

Actos inconstitucionales e ilegales  sólo producen efectos nulos de toda nulidad.

A la luz de tales principios  examinamos la cuestión preliminar y fundamental del status que el gobierno de Estados Unidos reconoce o no al de Venezuela.

Estados Unidos no reconoce nuestro gobierno como legítimo

Evidentemente, un país que bloquea a otro, utiliza su ejército para asesinar a los ciudadanos de éste, le hace la guerra,  invade, bombardea,  desconoce  elecciones, secuestra e intenta enjuiciar  al Presidente electo y robar el patrimonio nacional, no reconoce como legítimos ni el gobierno de la víctima  ni los actos que éste ejecute.

Quien no reconoce la legitimidad del Presidente, tampoco puede aceptar la legitimidad de la Vicepresidenta nombrada justamente por él. Pues el gobierno de la Vicepresidenta, hoy Presidenta Encargada que sustituye provisionalmente al Presidente Electo secuestrado, tiene como fuente los mismos comicios que eligieron al Primer Mandatario y a sus legisladores, jueces  y demás funcionarios electivos. Funcionario ilegítimo no puede legítimamente investir de poderes a un subordinado. Por tanto, todos los actos de la persona “ilegítimamente” investida carecerían de efectos para el invasor.

Por otra parte, al reconocer la legitimidad de la Vicepresidenta nombrada, el invasor  automáticamente reconoce la del Presidente que la designó. Por tanto, las brutales acciones de facto contra el pueblo venezolano y su Presidente electo carecen de fundamentos y de efectos jurídicos, éste debe ser repuesto en su cargo, revocar todas las acciones contrarias a la soberanía y la legitimidad impuestas por el invasor, y reclamar indemnización por los daños causados por ellas.

Estos principios irrecusables han de ser tenidos en cuenta para calificar la situación que vivimos.

 Participantes en el Convenio


De acuerdo con el citado “Government Fact Sheet” de 31 de Agosto, “President Donald J. Trump has secured U.S. majority control of more than 65 billion barrels of proven oil reserves in Venezuela”. Parecería así que el Presidente de Estados Unidos, actuando en representación de su país, suscribe un acuerdo con Venezuela.

Ello no es así. En su portal web de la misma fecha,  Pahlo     Padula Oficial incorpora grabación del Secretario de Estado Marco Rubio en la cual éste declara de manera textual que “no es realmente un acuerdo con el gobierno interino, es un acuerdo con una compañía privada con la cual está participando junto a Estados Unidos.”

Y en efecto, según la citada Government Fact Sheet, “Venezuelan interim authorities have granted North American Blue Energy Partners (NABEP), a privately held oil company that is the second-largest private Venezuelan oil producer and a proven operator, 100-year concessions for 17 oil fields with proven reserves of approximately 65 billion barrels”.

De creerle a la Fact Sheet, no hay entonces Convenio de Estados Unidos con Venezuela, sino con NABEP, la cual a su vez contrataría con nuestro país. Dicha empresa no figuró entre las 14 grandes firmas petroleras convocadas a la reunión del 9 de enero en la Casa Blanca, en la cual ninguna ofreció invertir ni un solo dólar en Venezuela por “falta de seguridad jurídica”. Tampoco el nuevo participante parecería aportarla. NABEP es propiedad de Alejandro Betancourt, quien tiene orden de captura en Suiza, y es objeto de diversas investigaciones judiciales en varios países. °Esto es un desastre. Huele mal, sabe mal y sin duda será un fracaso”, resume Padula.

En efecto, al eludir el convenio directo con Venezuela, Estados Unidos evade cualquier responsabilidad hacia nuestro país a través de una interpósita persona que podría defraudarnos, transferir los bienes objeto del acuerdo a un tercero, declararse en quiebra o desaparecer dejándonos sólo deudas.

Por otra parte, anuncia yahoo/finances investing com, que “El Pentágono planea adquirir una participación pasiva del 35% en una empresa privada que posee derechos petroleros en Venezuela, lo que marca una expansión inusual del papel del gobierno de EE.UU., que pasaría de facilitar inversiones en Energía a ser propietario directo de una participación en un proyecto petrolero, según reportó en exclusiva el Wall Street Journal.”(https://es us.finanzas.yahoo.com/noticias/pent%C3%A1gono-tomar%C3%A1-participaci%C3%B3n-35-proyecto-035001822.html?guccounter=1&guce_referrer=aHR0cHM6Ly93d3cuZ29vZ2x)

Llega así a su máximo la complejidad del supuesto Mejor Acuerdo Petrolero: en un proyecto en el cual el gobierno de Estados Unidos se abstiene de participar directamente, sin embargo un 35% correspondería al Departamento de Defensa, curiosa mixtura de política, armamentismo y especulación económica en un país que durante 2025 en más de una oportunidad no tuvo con qué pagarle a los oficiales de su ejército.

Pretensión de monopolio sobre la explotación de hidrocarburos en Venezuela


En la aludida Fact Sheet aparecen pronunciamientos que pretenden reservar la operación en Venezuela única y exclusivamente para empresas estadounidenses, los cuales transcribimos a continuación:

REAFIRMANDO LA DOCTRINA MONROE Y EXPULSANDO A LOS ADVERSARIOS EXTRANJEROS DE NUESTRO HEMISFERIO: La mayoría de los nuevos yacimientos petrolíferos que operará NABEP estaban previamente controlados u operados por empresas rusas y chinas, o por compinches corruptos de Maduro y Chávez. Estos actores extranjeros malintencionados saquearon los recursos de Venezuela en beneficio de adversarios estadounidenses como Cuba, Rusia y China, y no invirtieron en la infraestructura ni en el desarrollo de Venezuela. El presidente Trump ha restablecido la Doctrina Monroe, purgando la influencia extranjera maligna de nuestro entorno y garantizando que el dominio estadounidense en nuestro hemisferio nunca más sea cuestionado.

Efectivamente, en htpps:luisbrittogarcia.blogspot.com publiqué el 24 de enero de 2026 el artículo “Subastan a Venezuela en la Casa Blanca” en el cual señalo que gran parte de los campos en producción del país estaban operados por empresas rusas y chinas, y que el propio Presidente de Estados Unidos habría confesado que tales concesiones eran legales y serían respetadas. Al afirmar  que los campos a  conceder “estaban previamente controlados u operados por empresas rusas y chinas” la  Fact Sheet parece confirmar que esa operación ha continuado hasta el presente. Pero astutamente deja a Venezuela la fácil tarea de despojar a China y Rusia de sus concesiones legítimas, “purgando la influencia extranjera maligna de nuestro entorno y garantizando que el dominio estadounidense en nuestro hemisferio nunca más sea cuestionado.”

Al respecto, cabe señalar que el 1 de septiembre, la Agencia Shinhua difunde declaraciones del portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de ese país, quien  declara que “China siempre ha sostenido que las relaciones entre los países han de manejarse de acuerdo con los propósitos y principio de la ONU,  la cooperación económica y comercial entre países debe seguir los principios de  igualdad, beneficio mutuo y ganancia compartida, la cooperación  entre China y Venezuela está protegida por el Derecho  y la Ley Internacional y las leyes de ambos países y que los derechos e intereses legales de China han de ser protegidos”. Es de esperar pronunciamiento similar de la Federación Rusa. Con razón Estados Unidos astutamente evadió la participación directa en el Convenio que supuestamente estaría “purgando la influencia extranjera maligna de nuestro entorno”. En ese entorno, en efecto, los extranjeros son ellos.

 

Proporcionalidad entre los objetos del Convenio

No hay proporcionalidad entre los objetos del señalado convenio. Por una parte, se refiere a 65.000 millones de barriles de petróleo, porciones tangibles de un recurso no renovable, equivalente a una tercera parte de las reservas de Venezuela, con tendencia al alza y que irá irremisiblemente aumentando su precio a medida que se vaya produciendo el inevitable e irreversible agotamiento de su disponibilidad.

Por otra parte, el referido Convenio prevé una posible inversión de 100.000 millones de dólares por empresas estadounidenses en campos petrolíferos venezolanos. No es un precio por las concesiones, ni una entrega al Tesoro Nacional por los hidrocarburos a ser extraídos. Es una cantidad propiedad de dichas empresas estadounidenses, que éstas invertirán según su libre criterio en su propio y exclusivo beneficio para obtener ganancias sobre las cuales se supone que finalmente cancelarán a Venezuela los mermados impuestos y regalías previstos en la recién reformada Ley Orgánica de Hidrocarburos.

La inversión aparentemente se hará en dólares, signo monetario en permanente devaluación, del cual dentro de pocos años no quedará posiblemente más que el recuerdo histórico; no se especifica en qué moneda se aportará el monto de impuestos y regalías al Fisco venezolano.

Se establece así una relación desigual entre la entrega jurídica de un recurso natural sólido y tangible, cada vez más escaso y valioso, y una discrecional inversión y posible pago de tributos en un papel moneda carente de respaldo cuyo valor disminuye progresivamente. Venezuela cede parte sustancial  de sus reservas de hidrocarburos a cambio de nada.

A esta observación cabe añadir que normativas venezolanas como los Tratados contra la Doble Tributación, la Ley de Promoción y Protección de la Inversión Extranjera, y la Ley de Zonas Económicas Especiales, prevén tal cúmulo de exenciones, exoneraciones, desgravámenes y ventajas a favor de capitales foráneos, que es de temer que gracias a un complaciente otorgamiento de tales ventajas los aportes tributarios de las empresas petroleras sean insignificantes o nulos, con lo cual estaríamos cediendo la riqueza más preciada del planeta a cambio de insignificantes montos de papeles sin respaldo, o de nada.

Vigencia temporal por un siglo


Uno de los puntos que ha trascendido del citado Acuerdo intenta extender su vigencia por 100 años. Ello implica que el mismo sometería, no sólo a la generación actual, sino por lo menos a cuatro generaciones por venir, hasta el remoto 2126 del igualmente remoto siglo XXII.

 No es sensato, nacionalista, racional ni humano encadenar a tantas generaciones futuras a un pacto resultante de una invasión desencadenante de un pillaje masivo.

Establece la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela en el numeral 16 de su artículo 156, que  “El Ejecutivo Nacional no podrá otorgar concesiones mineras por tiempo indefinido”. En materia de recursos  no renovables, un siglo equivale en sus efectos prácticos a un tiempo indefinido. Consciente de ello, el Presidente Isaías Medina Angarita expidió en 1943 concesiones sólo por cuarenta años, lapso que el devenir histórico hizo irrelevante cuando Carlos Andrés Pérez nacionalizó la industria en 1974. No es lógico, sensato ni patriótico que despojemos de su patrimonio público a  generaciones del siglo venidero, ganándonos de paso su reprobación e mperecedero desprecio.

Por otro lado, según he señalado en repetidas oportunidades, a nivel global hemos pasado o estamos pasando el llamado “pico de los hidrocarburos”, punto de explotación óptima a partir del cual éstos se harán progresivamente escasos, hasta que en cuatro o cinco décadas su extracción requiera más energía que la que producirán. Resulta grotesco y desproporcionado que se quiera implantar un monopolio de doble duración que la prevista para la disponibilidad del recurso natural cedido. Tales condiciones delatan el espíritu de rapiña y avilantez con el cual el invasor intenta extremar sus límites de ganancia incluso más allá de los fijados por la naturaleza.

Luego de una reacción adversa en los medios sobre  la duración del convenio, según declaración de última hora de la Vicepresidenta, hoy Presidenta Encargada temporal, el Acuerdo sólo regiría por un cuarto de siglo. Pero fuentes estadounidenses confirman la duración por cien años.  El citado Fact Sheet de la Casa Blanca insiste en que el Convenio have granted North American Blue Energy Partners (NABEP), a privately held oil company that is the second-largest private Venezuelan oil producer and a proven operator, 100-year concessions for 17 oil fields with proven reserves of approximately 65 billion barrels.

Se trataría, así, de “100-year concessions, concesiones por 100 años. En caso de diferencia de opiniones sobre el espantoso lapso, se conoce con qué argumentos impondría la suya el invasor.

Robo masivo de los ingresos de Venezuela

En fin, nada debe esperar Venezuela de éste ni de ningún otro acuerdo o mandato del invasor. Recordemos que, según la Executive Order 12.373, todos los ingresos de Venezuela han de ser depositados, no en la Tesorería ni en el Presupuesto de nuestro país, sino en una Partida del Treasure of the United States, a ser administrada por discrecionalmente por el Presidente y el Secretario de Estado de ese país. La Executive Order reconoce que tales activos pertenecen a Venezuela, pero el derecho de usar, gozar y disponer de ellos –elementos constitutivos del derecho de propiedad- corresponden al Presidente del país invasor.

Tras la invasión de Irak, éste quedó obligado a depositar sus ingresos por explotación de minerales en un fondo de la Reserva Federal. Han transcurrido 23 años, y el latrocinio continúa exactamente igual. De acuerdo con el World Food Program, la pobreza en dicho país para 2020 era de 31,7%, (https://borgenproject.org/about-poverty-in-iraq/)

Es oportuno señalar que, según estimación razonada del Financial Times, durante el primer semestre de 2026 Estados Unidos habría vendido petróleo venezolano por valor de 13.000 millones de dólares. Pues bien, ni el Ejecutivo estadounidense, ni su Secretario de Estado, han rendido cuentas al Congreso de dicho país ni al de Venezuela del destino de tales fondos, que por cierto tampoco han ingresado a la partida del Treasure.

 Así, los fondos saqueados a nuestro país están en un agujero negro del cual no trasciende información alguna. Es presumible que cualquier otro ingreso de Venezuela por sus riquezas  minerales desaparezca de igual manera, sin que se rindan ni siquiera informes de su uso o destino a los Congresos y pueblos del país invadido y del invasor. Nada impide que también desaparezcan en tal pozo sin fondo los ingresos  anunciados por extracción de los 65.000 millones del barriles del “Mayor Acuerdo Petrolero del Mundo”.  Venezuela aportaría todo para recibir a cambio nada. Se  perpetraría así el mayor  acto de la corrupción del mundo,  en detrimento del pueblo y las generaciones futuras de Venezuela.

Alienación de recursos naturales venezolanos

Nuestros yacimientos mineros y de hidrocarburos son imprescriptibles e inalienables de acuerdo con la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Inalienable, quiere decir que no pueden ser entregados, vendidos o traspasados porque pertenecen a la República y por consiguiente a todos los venezolanos:

Artículo 12. °

Los yacimientos mineros y de hidrocarburos, cualquiera que sea su naturaleza, existentes en el territorio nacional, bajo el lecho del mar territorial, en la zona económica exclusiva y en la plataforma continental, pertenecen a la República, son bienes del dominio público y, por tanto, inalienables e imprescriptibles. Las costas marinas son bienes del dominio público.

Una masiva cesión de derechos sobre el producto de yacimientos que comprenden la tercera parte de nuestras reservas de hidrocarburos, y  por el lapso de un siglo, equivale de hecho a su alienación. La mayoría de los depósitos de minerales o de energía fósil se agotan antes del cumplimiento de dicho lapso. Por no hablar de la paciencia de los pueblos despojados.

 

Violación de la Reserva del Estado sobre la actividad petrolera y otras industrias de interés público y carácter estratégico.

 

Al considerar un Acuerdo que intenta conferir la decisión sobre parte fundamental de nuestra actividad petrolera a una empresa foránea, cabe recordar la vigencia de los artículos 156,  302  y 303 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, los cuales  disponen:

Artículo 151. °

En los contratos de interés público, si no fuere improcedente de acuerdo con la naturaleza de los mismos, se considerará incorporada, aun cuando no estuviere expresa, una cláusula según la cual las dudas y controversias que puedan suscitarse sobre dichos contratos y que no llegaren a ser resueltas amigablemente por las partes contratantes, serán decididas por los tribunales competentes de la República, de conformidad con sus leyes, sin que por ningún motivo ni causa puedan dar origen a reclamaciones extranjeras.

 

Artículo 156. De la competencia del Poder Nacional. 16. El régimen y administración de las minas e hidrocarburos; el régimen de las tierras baldías; y la conservación, fomento y aprovechamiento de los bosques, suelos, aguas y otras riquezas naturales del país.

El Ejecutivo Nacional no podrá otorgar concesiones mineras por tiempo indefinido.

(…)

Artículo 302. °

El Estado se reserva, mediante la ley orgánica respectiva, y por razones de conveniencia nacional, la actividad petrolera y otras industrias, explotaciones, servicios y bienes de interés público y de carácter estratégico. El Estado promoverá la manufactura nacional de materias primas provenientes de la explotación de los recursos naturales no renovables, con el fin de asimilar, crear e innovar tecnologías, generar empleo y crecimiento económico, y crear riqueza y bienestar para el pueblo.

Artículo 303 °

Por razones de soberanía económica, política y de estrategia nacional, el Estado conservará la totalidad de las acciones de Petróleos de Venezuela, S.A., o del ente creado para el manejo de la industria petrolera, exceptuando las de las filiales, asociaciones estratégicas, empresas y cualquier otra que se haya constituido o se constituya como consecuencia del desarrollo de negocios de Petróleos de Venezuela, S.A.

El artículo 151 de nuestra Ley Fundamental versa sobre uno de los atributos de la soberanía, la inmunidad, o potestad de no someter sus actos de interés público a la decisión de tribunales o árbitros extranjeros. Es uno de los artículos mantenidos casi sin alteración en nuestros textos constitucionales desde que un laudo arbitral foráneo intentó despojarnos de la Guayana Esequiva a fines del siglo XIX.

Pretensión unánime de los imperios es despojarnos de la soberanía sometiendo las controversias sobre materias de interés público a sus tribunales  y sus leyes, o a órganos jurisdiccionales bajo su influencia decisiva. Es lo que involucra la pretensión de enjuiciar al Presidente legítimo Nicolás Maduro Moros en tribunales de Estados Unidos y bajo las leyes de éste.  Cualquier cláusula del Acuerdo que pretenda someter la decisión de los desacuerdos sobre el mismo a tribunales y leyes que no sean las venezolanas, es nula de toda nulidad y carece absolutamente de efectos.

Igualmente, cualquier cláusula del referido Acuerdo que pretenda arrebatar al Estado venezolano la potestad de decidir sobre nuestra  actividad petrolera y otras industrias, explotaciones, servicios y bienes de interés público y de carácter estratégico en los términos del artículo 302 de la Constitución es  nula y carente de efectos.

En el mismo sentido, cualquier cláusula que en cualquier forma pretenda anular, menoscabar o ignorar las competencias exclusivas de Petróleos de Venezuela S.A. para el manejo de nuestra industria petrolera, es asimismo nula de toda nulidad y carente de efectos.

 

Anulación del Acuerdo mediante la Convención de Viena

 

En el presente caso, nos encontramos ante un Acuerdo que en principio iba a ser firmado por los Presidentes de dos países, sobre materias de interés público para ambos, que involucran materias relativas a la soberanía. Una maniobra evasiva pretende que el Acuerdo se celebra únicamente entre Venezuela y un empresario; la participación decisiva del gobierno estadounidense en las negociaciones y la del Pentágono en la inversión desmiente tal infundio.

Con independencia de que también participaren o no en el mismo empresas privadas y particulares, la pretensión de que dicho Acuerdo obligue a los países firmantes lo coloca en la categoría de Tratado, y hace obviamente aplicable la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados, vigente desde el 27 de enero de 1969. Entre muchos artículos de la misma sobre la nulidad de los Tratados, resultan   particularmente aplicables sus artículos 52 y 53, los cuales disponen;

52. Coaccion sobre un Estado por la amenaza o el uso de la fuerza. Es nulo todo tratado cuya celebración se haya obtenido por la amenaza o el uso de la fuerza en violación de los principios de derecho internacional incorporados en la Carta de las Naciones Unidas.

53. Tratados que están en oposición con una norma imperativa de derecho internacional general ("jus cogens"). Es nulo todo tratado que, en el momento de su celebración. esté en oposición con una norma imperativa de derecho internacional general. Para los efectos de la presente Convención, una norma imperativa de derecho internacional general es una norma aceptada y reconocida por la comunidad internacional de Estados en su conjunto como norma que no admite acuerdo en contrario y que sólo puede ser modificada por una norma ulterior de derecho internacional general que tenga el mismo carácter.

Al respecto, es absolutamente obvio que ejerce coacción sobre un Estado por amenaza del uso de la fuerza en los términos del citado artículo 52, otro Estado que mantiene prolongadamente sobre el primero más de un millar de Medidas Unilaterales Coercitivas; confisca sus bienes en el exterior, destruye embarcaciones de sus nacionales y asesina a sus tripulantes, viola su espacio aéreo, marítimo y territorial; bombardea sus ciudades e instalaciones con pesado saldo de víctimas, secuestra al Presidente legítimo y a su cónyuge, instala sus policías políticas,  practica deportaciones y ejecuciones extrajudiciales  en el país agredido, se apodera de la totalidad de los ingresos del país víctima por exportación de minerales  y amenaza con repetir dichas conductas a mayor escala ante cualquier desobediencia.

En cuanto a la aplicación del citado artículo 53 de la Convención de Viena sobre los Tratados Internacionales, relativo a tratados que están en oposición con una norma de Derecho Internacional General, basta contrastar el citado  convenio con los artículos  1 y 2 de la Carta de Naciones Unidas:

Artículo 1. “Los Propósitos de las Naciones Unidas son: 1. Mantener la paz y la seguridad internacionales, y con tal fin: tomar medidas colectivas eficaces para prevenir y eliminar amenazas a la paz, y para suprimir actos de agresión u otros quebrantamientos de la paz; y lograr por medios pacíficos, y de conformidad con los principios de la justicia y del derecho internacional, el ajuste o arreglo de controversias o situaciones internacionales susceptibles de conducir a quebrantamientos de la paz”.

Artículo 2: “4. Los Miembros de la Organización, en sus relaciones internacionales, se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, o en cualquier otra forma incompatible con los Propósitos de las Naciones Unidas”.

La conducta de Estados Unidos hacia Venezuela durante el presente siglo, se caracterizó por sistemáticamente recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política” de nuestro país. Los referidos artículos de la Carta de la Organización de las Naciones Unidas pueden ser por tanto invocados a efectos de la aplicación de la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados.

Ausencia de consulta democrática sobre el Acuerdo

La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela comprende numerosas formas de consulta para conocer y cumplir con la voluntad popular sobre cuestiones que la afecten. Ninguna ha sido aplicada en relación al Convenio petrolero que estudiamos,  impuesto mediante la amenaza y el uso de la fuerza por una potencia invasora después de una agresión bélica ilegítima.

          En todo caso, nuestra Constitución contempla la posibilidad de someter a referendo proyectos de ley o tratados que pudieran comprometer la soberanía o transferir competencias a órganos supranacionales, en los términos siguientes:

Artículo 73. °

Serán sometidos a referendo aquellos proyectos de ley en discusión por la Asamblea Nacional, cuando así lo decidan por lo menos las dos terceras partes de los o las integrantes de la Asamblea. Si el referendo concluye en un sí aprobatorio, siempre que haya concurrido el veinticinco por ciento de los electores y electoras inscritos e inscritas en el Registro Civil y Electoral, el proyecto correspondiente será sancionado como ley.

Los tratados, convenios o acuerdos internacionales que pudieren comprometer la soberanía nacional o transferir competencias a órganos supranacionales, podrán ser sometidos a referendo por iniciativa del Presidente o Presidenta de la República en Consejo de Ministros; por el voto de las dos terceras partes de los o las integrantes de la Asamblea; o por el quince por ciento de los electores o electoras inscritos e inscritas en el Registro Civil y Electoral.

 

En conclusión, el proyecto que analizamos bien pudiera ser considerado el Peor Acuerdo Petrolero del Mundo. Comprometería decisivos recursos no renovables por el lapso de un siglo a cambio de una promesa de inversión discrecional; pretende monopolizar la inversión sobre hidrocarburos en el país; no resulta de un proceso legal ni transparente; las credenciales de la contraparte privada son pésimas; menoscaba normativas de rango constitucional sobre la reserva de la gestión estatal de los recursos naturales: no reserva la solución de las posibles divergencias a los tribunales venezolanos y de acuerdo a las leyes de la República: no ha sido objeto de ningún tipo de consulta democrática, incorpora fondos del Ejército del país agresor: promueve un monopolio privado sobre recursos energéticos; intenta desconocer concesiones previas legítimamente acordadas sobre la explotación de los mismos, y los eventuales ingresos que produjera irían a una partida del Tesoro de Estados Unidos manejada libremente y sin ningún tipo de control por el Presidente invasor.

Al respecto, nos corresponde reiterar una vez más que, de acuerdo al artículo 333   de nuestra Ley Fundamental:

Artículo 333. °

Esta Constitución no perderá su vigencia si dejare de observarse por acto de fuerza o porque fuere derogada por cualquier otro medio distinto al previsto en ella.

En tal eventualidad, todo ciudadano investido o ciudadana investida o no de autoridad, tendrá el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia.


 


TEXTO/FOTOS: LUIS BRITTO

 

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sábado, 22 de agosto de 2026

0DISEA

 Luis Britto García

1

Decía Jorge Luis Borges que sólo existen  dos historias: el combate, expresado en La Ilíada, y el regreso, narrado en La Odisea.  Al cursar la epopeya de Gilgamesh, el Ramayana, el Maharabata, Simbad, el Quijote, Gulliver,  encontramos sólo variantes de dichos temas. Una narrativa sobrevive en la medida en que nos expresa. Cada cierto tiempo acompañamos de nuevo al paciente, divinal Odiseo Laertíada, del linaje de Zeus, en la sosegada lectura o en sus insoportables tribulaciones, porque son las nuestras.

2

Al torbellino del cotidiano combate nos llaman el deber, la curiosidad de probarnos o la soberbia. Tras la gloria asoma su torva mueca el pillaje. A la refriega se va esperando la rápida victoria. Cuando el conflicto se eterniza, el cansancio cede terreno a la Razón, y ésta a su hijo bastardo, el ardid. En la batalla peleas por intereses que no necesariamente te pertenecen. Concluida, agotas tus fuerzas por volver a lo íntimamente tuyo. Sólo el regreso te pertenece. 

3

En la guerra los hombres piden ayuda de las divinidades. Justamente el paciente divinal Odiseo se granjea la enemistad de las más poderosas: Zeus, padre de los Dioses, Helios, Titán del Sol,  y Poseidón, soberano del mar. Todo gran destino es batalla contra omnipotencias; ya desafiarlas es victoria. El océano es el tiempo o mejor, el infinito, anónimo, inescrutable.  Apenas medido por sus regulares ondas o sus rabietas incontroladas. Mar o tiempo son caminos que afrontamos sólo para dejarlos atrás, sin otro aparente propósito que sus peligrosas costas o sus puertos traicioneros. Darse a las aguas es encontrar la medida de nuestra insignificancia. Y sin embargo, aferrarse al timón en las guardias de la medianoche, sin más compañía que las solitarias estrellas puede en si mismo parecer un destino.

4

Todo viaje es aprendizaje. Un mar abierto se cruza rumbo al combate y otro lleno de obstáculos de regreso de él. En el primero tratas de apropiarte de lo que pertenece  a otros: botín, mujeres, sabiduría. Sólo en el segundo retornas a lo único que te pertenece: hogar, tierra, recuerdos. Las pedradas de los hostiles lestrigones, los lacerantes cantos de sirenas, las voluptuosas metamorfosis de Circe, los lotos que prodigan el olvido, los sensuales brazos de Calipso, incluso el lecho conyugal que nos espera en Ítaca no son más que intervalos, distracciones del curso en el líquido tiempo de las vastas soledades del mar.

5

A la par de los días o las olas mueren los  camaradas. Los tramos del viaje son islas en la eternidad. En unas somos devorados por cíclopes, apedreados por lestrigones, mordidos por las  séxtuples cabezas de Scilla, sumidos en el vórtice de Carydbys. En otras, nos devoramos a nosotros mismos: en el olvido de las hojas de loto, los embrutecedores abrazos de Circe, las confortantes caricias de Calypso, el irresistible canto de  sirenas, la sombra del Reino de la Muerte, donde el adivino Tiresias nos revela que es preferible ser un esclavo en vida que monarca entre difuntos. Para las diosas que en nuestra errancia conocemos somos también monstruos que hieren, matan o abandonan. Para los míseros mortales amar una diosa es el único sorbo del licor de la trascendencia.  Hacer de la mortal que amamos una diosa es nuestra única parcela de la omnipotencia. Crueldad del mar del tiempo es que las cóncavas naves se avisten de lejos y sólo para desviarse o desguazarse.

6

En algún momento pensamos que no vale la pena enfrentar esta profusa feria de bestias feroces o lastimeras. El verdadero monstruo es el  piélago que de  ellas nos acerca o separa. No hay marino que no haya experimentado la impasible tentación del infinito. Borra  el mar toda huella. No hay navegante que no esté a punto de naufragar en el anónimo mar que inunda los instantes. Zarpamos del puerto para confirmar nuestra existencia confrontándola con engendros y peligros que acaban rebajados a estorbos. Asaltamos fortalezas con ferocidad que  refleja  la de quienes las defienden. La marejada de los días nos bate contra escollos hasta suplantar nuestros rasgos por heridas y nuestras fuerzas por indiferencia. Adoptamos como nombre “Nadie” cuando la travesía por el vacío concluye vaciándonos. Estamos derrotados. Quizá sea preferible ser esclavo en el Reino de los Muertos antes que un muerto que finge estar vivo.

7

Después de naufragios y  zozobras   en el mar interior la única defensa es conseguir una razón para seguir a flote. De nada te valdrán tesoros que las olas arrebatan o bahías apacibles mecidas por el aburrimiento. De nada te servirá haber vencido adversidades mientras no conserves lo que salvaste de ellas. Inútil serán todas las astucias, no necesitas abstracciones sino presencias. La arena de una costa familiar. El quejido de un viejo perro que te recuerda. La voz de un indigente ciego. Todo te es familiar y extraño porque no acabas de reconocerte. Décadas de abrupta soledad concluyen cuando verificas dónde estás. Es la Patria, la presencia compartida. Es el palmo del inagotable mundo que te importa y donde quizá a alguien le importas.

8

Regresas de invadir fortalezas y encuentras tu propio hogar invadido. Los saqueadores pillan lo que alguna vez fue tuyo y de tu hijo, y aspiran a revolcarse en el austero lecho nupcial donde lo concebiste. Nadie los llamó,  nadie los quiere. La codicia es su único derecho. Te dan por muerto, y vomitan mientras devoran la herencia que no les concediste. Es tu mundo. Sin él no existes y sin ti desaparece. No eres el cazador de monstruos ni el coleccionista de aventuras: eres la suma de todo aquello que verdaderamente amas y por tanto te define.

9

Profetiza Tiresias a Odiseo que tendrá una dulce muerte, pero sólo tras peregrinar con un remo al hombro hasta llegar a una comarca en la cual nadie sepa para qué sirve tal instrumento: la firme tierra, libre del infructuoso asedio de las olas. Allí podrá cerrar los ojos pidiendo que el remo sea plantado sobre su sepultura. Pero quién sabe si el remo echará raíces sobre el viajero, lo convertirá en frondoso árbol que dará frutos a los hombres y refugio a los pájaros hasta que éstos, arrebatados por los  vientos, sobrevuelen las olas.

10

Pero antes tensas el arco, lo apuntas hacia quienes devoran lo tuyo. De  invasores y cómplices no quedará  uno vivo.


TEXTO/FOTOS: LUIS  BRITTO.

 

sábado, 15 de agosto de 2026

¿DÓNDE ESTÁN LOS DINEROS DE VENEZUELA?

 

Luis Britto García

      

Desde principios de año, para enterarnos de lo que ocurre en Venezuela debemos recurrir a fuentes fuera de Venezuela.

Así, para saber por qué los ingresos propiedad de nuestro país por sus hidrocarburos y minerales no van a parar al Tesoro ni al Presupuesto Nacional venezolanos, debí rastrear la Executive Order 14373,  “Safeguarding venezuelan oil revenue for the good of the american and venezuelan people”. De acuerdo con ella, las cantidades provenientes de la venta de estas propiedades nuestras son depositadas en una cuenta del Tesoro de Estados Unidos, administrada por el Presidente de ese país. El artículo donde reproduje la noticia fue rechazado por los medios impresos nacionales.

(https://www.whitehouse.gov/presidential-actions/2026/01/safeguarding-venezuelan-oil-revenue-for-the-good-of-the-american-and-venezuelan-people/).

Para descubrir el monto de esas riquezas venezolanas depositadas en el Treasure estadounidense  no me sirvieron de nada nuestro Presupuesto de la Nación ni los informes del Banco Central de Venezuela o del Ministerio de Finanzas. Debí cumplir larga pesquisa en  internet para localizar información del  Financial Times  según la cual  desde enero hasta comienzos de julio de 2026, Estados Unidos ha ingresado 13 billones de dólares procedentes del petróleo venezolano (para los anglosajones un billion es mil millones). Ni siquiera sometí la información a los medios impresos; al igual que la presente, consta en mi blog luisbrittogarcia.blogspot.com.

(The US has $13bn in Venezuelan oil money. Where is it? https://www.ft.com/content/0e562e03-106e-4729-83d7-675c27eb8c4d?syn-25a6b1a6=1).

        En fin, transcurridos meses a partir de la invasión agravada con bombardeo, asesinato masivo de compatriotas y cubanos y secuestro del Primer Mandatario y su señora esposa, supuse que alguna fuente vernácula me informaría sobre el paradero de esas demoledoras sumas. No encontré ni siquiera indicios. No tuve más remedio  que escudriñar los informes del estadounidense Council of Foreign Relations, para enterarme de que el misterio es total.

(https://www.cfr.org/articles/the-u-s-took-over-venezuelas-oil-industry-where-has-all-the-money-gone). “¿Dónde se fue todo el dinero?” indaga el Council. Y la respuesta es igual de desoladora: NADIE SABE.


Citamos: “Los pueblos de Estados Unidos y de Venezuela siguen en la oscuridad acerca de cómo la administración de Trump está controlando miles de millones de dólares de los ingresos del petróleo venezolano. Sin mecanismos contables ni un mapa de caminos legible, Estados Unidos arriesga la consolidación de un régimen sucesor corrupto”. Y el Council prosigue: “Mientras la Administración de Trump repetidamente ha calificado su control como beneficioso para ambos países, no se ha revelado públicamente cuánto petróleo venezolano ha vendido, cuanto ingreso ha recolectado por él, ni cómo ha utilizado esos fondos desde que tomó el control de las explotaciones petroleras del país (…)”.

En resumen,  sumas provenientes de la venta de nuestros hidrocarburos que según el Financial Times ascienden a unos TRECE MIL MILLONES DE DÓLARES han desaparecido sin un papel,  un informe, un balance, un indicio, una conjetura. Marx decía que “todo lo sólido se desvanece en el aire”. Desaparecieron y ya está. Con dichas sumas se esfuman   montos equivalentes de nuestra Educación, nuestra Salud, nuestros Alimentos,  nuestros Servicios Públicos, nuestra Infraestructura, nuestra Cultura, nuestro aparato productivo, nuestras Comunicaciones, nuestra Defensa, nuestro futuro.


Confirma el Council que “la Administración tampoco ha presentado los acuerdos escritos que ha concluido con el gobierno venezolano, comerciantes, compradores, bancos y otras entidades involucradas en el proceso”. Por si cupieran dudas, añade que “tanto Rubio como el Secretario del Tesoro Scott Bessent se comprometieron por separado a compartir una copia de los acuerdos escritos que rigen el control de EEUU sobre las exportaciones venezolanas de petróleo, aunque no está claro si dichas copias fueron entregadas al Congreso, y ni una sola copia ha sido hecho pública”. Por una buena razón: tales acuerdos, arreglos o componendas,  para ser válidos deben ser concertados de acuerdo con lo pautado en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y las leyes del país, sin lo cual son nulos de toda nulidad y carecen de efectos.

En resumen: todo es opacidad, misterio, tiniebla, enigma, negociado fuera del Horizonte de los Eventos. Dos detalles añade el Council que confirman la inconmensurable atrocidad del latrocinio. Entre las empresas que supuestamente habrían hecho tratos “transitorios” sobre los bienes de Venezuela aparecen Trafigura y Vitold, ambas involucradas en prácticas de soborno, ambas ancladas en acuerdos secretos que parecen perpetuos. El control sobre los ingresos de minerales venezolanos no se limita a los hidrocarburos: el Secretario del Interior Doug Burgum se habría asegurado de “$100 millones en oro”, y de un trato por mil kilogramos de oro, asimismo para Trafigura. Por nuestra parte, no sabemos el valor del uranio enriquecido gratuitamente “retirado” del IVIC.

A menos que resistamos, retirarán toda Venezuela.

Este artículo tampoco aparecerá en los medios impresos. Si te parece pertinente, por favor reenvíalo a quien pueda interesar.




TEXTO/FOTOS: LUIS BRITTO .

 

 

ANIQUILACIÓN DE LOS TRABAJADORES

 Luis Britto García

Trabajo, modificación planificada del mundo físico y del de las ideas sin la cual la civilización no existiría. Maldición bíblica que castiga el pecado original de aspirar a ser como dioses a través del conocimiento, podría  elevarnos a la omnipotencia o aniquilarnos.

Paradójicamente parte del trabajo humano está justamente destinada a evitarlo. Herramientas y máquinas amplifican y a fin de cuentas suplantan nuestras fuerzas; lo mismo sucede con la mayoría de nuestras facultades:  la de pensar no es la excepción.

Mucho se habla sobre las capacidades de la Inteligencia Artificial; muy poro sobre sus efectos sociales. En su inteligentísimo artículo de 1891 “El alma del hombre bajo el socialismo”,  afirmaba Oscar Wilde que todo el trabajo pesado, monótono, insalubre y degradante debía ser cumplido por máquinas, dejando libres a los humanos para la creación o para el supremo disfrute del vivir. Afirmaba nuestro esteta que ello sólo sería posible en una sociedad socialista, donde las máquinas y la naturaleza pertenecieran  a todos.

Por lógica, parecería inevitable la utopía planteada por el esteta  irlandés. Pero la ilogicidad determina que cada vez más dos factores  de la ecuación, el capital y la mercancía, estén monopolizados por una ínfima minoría, mientras que a la inmensa mayoría sólo le queda aportar el trabajo. Y pasadas dos centurias; maquinas cada vez más perfectas parecen cada vez más competentes para suplantar  trabajadores que nada poseen.

¿Cómo prevén los propietarios del mundo este futuro donde  pocos poseerán todo y todos poseerán casi nada? La primera parte de la respuesta es la misma de Marx, Engels y Wilde: el trabajo específicamente humano será reemplazado por el automatizado. Sobre la segunda interrogantte, no hay más que evasivas y omisiones. En entrevista de 2025 para The Economist, el billonario Elon Musk (entonces jefe del Department of Government Efficiency) afirmó que la automatización facilitaría tal abundancia que el dinero devendría “irrelevante”, la  Inteligencia Artificial superaría a la humana dentro de cinco años, y  el trabajo humano se volvería “opcional” en diez. Preguntémonos con qué efectos.

(https://www.economist.com/insider/the-insider/an-interview-with-elon-musk).

Recapitulemos  datos sobre la concentración mundial de la propiedad. En El Capital (1867) sostuvo Marx que la riqueza tiende a concentrarse en un número cada vez menor de manos. Infinidad de autores, entre ellos Thomas Pikkety en Capital in the twenty one century (2013) confirman el aserto. El World Inequality Report certifica que “el l0% de los perceptores de ingresos gana más que el restante 90%, mientras que la mitad más pobre de la población global se apropia de menos del 10% del ingreso total global. La riqueza está todavía más concentrada en el 10% superior del estrato de  los propietarios, que posee tres cuartas partes de la riqueza global, mientras que la mitad de la población con menores ingresos posee apenas el 2%.” (https://wir2026.wid.world/insight/executive-summary/).

Esta extrema desigualdad deriva de dos estrategias constantes del capital para optimizar su ganancia: elevar los precios de la mercancía que ofrece, y rebajar los salarios de los trabajadores que la producen. Con contadas excepciones, ambos preceptos rigen desde la aparición del capitalismo hasta hoy: son sus principios existenciales, pues la ganancia o plusvalía del capital deriva de que el trabajador añada a la materia prima un valor que no le es remunerado. No hay recurso, trampa o crimen  que  el capital se haya ahorrado para mantener ingresos altos  y costos laborales  mínimos: policías, ejércitos, políticos sobornables, religiosos, medios corruptos, legislaciones antilaborales, rompehuelgas, traslado de parques indusriales a países con mano de obra casi gratuita, guerras.

¿En virtud de cuál razón, con cual fundamento entonces el capital pondría a disposición de todos una “abundancia” no pagada con un dinero que “perdería significado” ni por un trabajo que se haría “opcional”? Yo te voy a decir una: el socialismo o su fase superior, el comunismo. Sólo con la propiedad social de fuerzas productivas automatizadas se haría gratuitamente disponible para todos el producto de éstas.


Sin ello, el mundo futuro integralmente automatizado funcionaría única y exclusivamente primero sólo para el 10% y finalmente para el 1% de los propietarios del 90% y luego del 99% de la riqueza. ¿Lo duda usted? El mismo Elon Musk profeta del trabajo “optativo”, durante su breve paso ´por el Department of Government Efficiency entre enero y mayo de 2025 puso en la calle 121.000 trabajadores. Nada de “abundancia”, nada de “trabajo optativo” o de dinero “irrelevante”. El brutal destino del trabajador prescindible no es otro que la cesantía y la indigencia. O, en última instancia, la eliminación masiva.

Idéntica desorientación patética lucen otras propuestas para enfrentar, el problema. La del Ingreso Básico Universal postula entregar a todos periódicamente sumas de dinero para cubrir sus necesidades, trabajen o no. Viable en un sistema socialista, resulta contraria a la lógica y la práctica misma del capitalismo que el 10% de propietarios de cerca del 90% de los bienes del mundo los dediquen a pensionar gratuitamente al resto de la humanidad.

Sam Altman, de OPEN AI, reconoce que la informática reduce la demanda de trabajo humano, y se limita a recomendar mecanismos de redistribución. Sundar Pichini, de Google, aconseja resignación porque toda revolución tecnológica elimina empleos y crea otros nuevos (aunque la informática podría abolirlos definitivamente).

Asombra que los agudos gerentes de transformación tan definitiva en los medios de producción sean tan obtusos a la hora de prever sus consecuencias. O no piensan en ello, o no revelan lo que piensan. Por algo todos los billonarios del planeta están construyendo inexpugnables bunkers donde refugiarse.

“¡Socialismo o barbarie!” planteaba Rosa Luxemburgo en 1916. Socialismo o extinción, es la nueva consigna de la clase trabajadora, sin otro destino alternativo que ser suplantada y destruida por los mecanismos informáticos que ella misma fabrica.

    TEXTO/FOTOS: LUIS BRITTO.

domingo, 9 de agosto de 2026

VENEZUELA NO ES IRÁN

 Luis Britto García 


Recapacita. Piensa en tí mismo, en aquellos con quienes te relacionas, y llegarás a la misma conclusión que un servidor. Desde la firma del desastroso Paquete Económico  con el Fondo Monetario Internacional en febrero de 1989, nunca como ahora  había experimentado nuestro país un sentimiento tan unánime de desconcierto, rabia contenida y repulsión de que otros decidan por nosotros.

En octubre de 2025, según consulta de Hinterlaces, 83% de los encuestados afirmó que estaría dispuesto a enfrentar una invasión militar extranjera. El ataque llegó, se nos negó la posibilidad de resistir, y enfrentamos ahora una invasión invisible. Una Planta Insolente del Extranjero que casi no aparece en pantalla, pero que  nos pisotea, aplasta uno  tras otro los atributos ejecutivos, legislativos, judiciales y morales  de la soberanía, nos roba en un solo semestre petróleo por valor de 13.000 millones de dólares que nadie sabe dónde están, y remodela nuestro país para que el latrocinio continúe indefinidamente.

Junto con el saqueo, sobre Venezuela ha caído un manto de opacidad que relega al misterio todo lo que importa, salvo una que otra voz que infiltra medios informales. María Alejandra Díaz Marín nos advierte desde Colombia sobre el intento de remoción de todos los límites constitucionales que obstaculizan el saqueo. Mario Silva contrasta lo que decían y ahora dicen los políticos. Ramsés Reyes confiesa que “escupe sangre”. José Sant Roz proclama en Ensartaos:  «Me estremezco de indignación cuando veo que dicen «Irán no es Venezuela», «Cuba no es Venezuela».

Las comparaciones son odiosas, pero más odioso es que las eludamos para no examinarnos.


Por mi parte predico que la cólera es un recurso natural más valioso que el petróleo y el oro que nos saquean, porque es infinitamente renovable y más fructífero que la resignación. Admiro a todos los países que han sacudido los yugos de los imperios. Agradezco a quien nos  reprocha que aparentemente hayamos dejado de hacer  lo mismo. Ni siquiera invoco la rabia sagrada del Decreto de Guerra a Muerte, que liberó lo que son hoy seis países. El aserto de que no somos como tal o cual  otro reitera que libertad y soberanía no caen del cielo ni se defienden solas. Se conquistan tras extrema pedagogía de lo insoportable.

Venezuela no es Irán. Nada más cierto. Desde 1941 vivía la nación persa bajo la dictadura del Shah Reza Pahlevi. El movimiento nacionalista Majlis logró que en 1951 fuera designado primer ministro Mohammed Mossadegh, quien nacionalizó la industria petrolera. Los países hegemónicos le bloquearon la venta de hidrocarburos. En 1953 la CIA y el M-16 azuzaron manifestaciones callejeras, un golpe militar destituyó a Mossadegh, y confirmó como  dictador al Shah Resa Pahlevi, quien entregó el petróleo a europeos y yanquis y presidió represiva autocracia. Sólo en 1979, al cabo de interminables 37 años de feroz dictadura monárquica y consecutivo robo del petróleo por potencias extranjeras,  marejadas de iraníes depusieron al pelele y confirmaron que la autonomía no se entrega: se defiende. Extremaron la afirmación de su identidad cultural. Afrontaron el asesinato selectivo de sus científicos y dirigencias hasta hacerse inexpugnables. Vencieron guerras contra el vecino Irán instigado y armado por Estados Unidos, y ahora contra el Imperio mismo. Dividieron su sistema defensivo en “mosaicos” capaces de seguir resistiendo cuando otros hubieran caído. No somos como los admirables iraníes. Pero éstos nos enseñan áspero camino para serlo.




No somos como los cubanos. Cuando  José Martí llega a Caracas en 1881 y visita ante todo la estatua de Bolívar, hacía ya 57 años que habíamos independizado lo que ahora son seis países. El Libertador incluyó en el Congreso Anfictiónico de Panamá de 1826 el objetivo de la emancipación de Cuba, Puerto Rico y la Española, y proyectó coronarla con una expedición que nuestro secesionismo frustró.  Todavía le quedaba al Apostól y a Cuba cursar una amarga pedagogía. A Martí, la muerte en su primer combate. A su Patria,  la  humillación de una Independencia interferida por la invasión estadounidense de 1898,  y de una  soberanía mancillada por la Enmienda Platt. Y todavía le restaba la amarga cartilla de 60 años de dictaduras y corruptelas apañadas  por Estados Unidos, hasta que llegó el Comandante y mandó a parar. Nunca se sintió humillado el Apóstol porque en sus tiempos Cuba no fuera como Venezuela. Inmoló su frágil existencia en la tentativa prometeica de superarla, y su legado perfora la conciencia como hierro al rojo vivo.


China no es como Venezuela. A partir de 1848 fue asaltada por Inglaterra para forzarla a comprar opio. Mediante los Infames Tratados las potencias occidentales la sembraron de bases militares y gobiernos títeres. Desde 1931 los japoneses le invadieron Manchuria; el resto del mundo la amenazó, bloqueó o ignoró. Sólo después de un amargo siglo de humillaciones pudo en 1948 retomar el arduo camino que lleva a Primera Potencia del Mundo.

No, Venezuela no es Argelia, no es Vietnam, no es Corea, no es Afganistán, no es la India, no es Paquistán, no es Somalía, no es Yemen. Las precedió.  Tuvimos en 1810 una Patria Boba que debió aprender a vencer  hasta que en 1825 dio lecciones al mundo. Hoy nos toca entender, con tantas naciones admirables, que no hay más independencia que la que se conquista ni más soberanía que la que se defiende.

Una vez más, la metrópoli de turno pierde la hegemonía. Sus bases son demolidas, sus mercenarios puestos en fuga. Su Congreso niega los fondos para sus insensatas agresiones, sus fuentes energéticas se le escapan, su fraudulenta moneda sin respaldo se esfuma, las potencias emergentes la rebasan en economía, ventajas sociales, ciencia, cultura y   defensa.  El camino se bifurca entre el  sendero de la extinción y el de la Utopía.

Lo que tiene que reaprender Venezuela es a ser como Venezuela.


TEXTO/FOTOS:LUIS BRITTO.