domingo, 8 de febrero de 2026

LEY ORGÁNICA DE HIDROCARBUROS

 Luis Britto García                                         

 

      

Con celeridad pasmosa en medio de tantas urgencias postergadas se aprueba el Proyecto de Reforma de la Ley Orgánica de Hidrocarburos sancionada en 2006 por el Presidente Hugo Rafael Chávez Frías. Enmendarle la plana a figura de esa talla requiere prudencia y mesura. Examinemos el resultado.

De entrada llama la atención el inconstitucional intento de derogar el artículo 151 de la Constitución de la República Bolivariana mediante el artículo 8 de una simple ley, el cual propone:

Artículo 8. Las dudas y controversias de cualquier naturaleza que puedan suscitarse con motivo de la realización de actividades objeto de esta Ley y que no puedan ser resueltas amigablemente por las partes, podrán ser decididas por los Tribunales competentes de la República, o mediante mecanismos alternativos de resolución de controversias, incluyendo mediación y arbitrajes independientes.

Este artículo contradice frontalmente lo que estatuye nuestra Constitución de la República Bolivariana de Venezuela en su artículo 151:

Artículo 151. En los contratos de interés público, si no fuere improcedente de acuerdo con la naturaleza de los mismos, se considerará incorporada, aun cuando no estuviere expresa, una cláusula según la cual las dudas y controversias que puedan suscitarse sobre dichos contratos y que no llegaren a ser resueltas amigablemente por las partes contratantes, serán decididas por los tribunales competentes de la República, de conformidad con sus leyes, sin que por ningún motivo ni causa puedan dar origen a reclamaciones extranjeras.

No cabe duda de que la Constitución de la República es la Suprema Ley de la Nación, por lo que no puede  ser derogada por una norma inferior de rango legal. Contratos sobre hidrocarburos son de interés público, pues el artículo 12 de nuestra Constitución  los considera “bienes del dominio público”:

Artículo 12. Los yacimientos mineros y de hidrocarburos, cualquiera que sea su naturaleza, existentes en el territorio nacional, bajo el lecho del mar territorial, en la zona económica exclusiva y en la plataforma continental, pertenecen a la República, son bienes del dominio público y, por tanto, inalienables e imprescriptibles. Las costas marinas son bienes del dominio público.

Igual calificación de interés público y de dominio público le asignan a minas e hidrocarburos los artículos 103, 126, numeral 12,  y  136, numerales 8 y 10, así como el artículo 156,  numerales 12 y 16 de la Constitución.

Ello  es desarrollo armonioso de lo que  el artículo 1 de nuestra  Constitución considera  “Principios Fundamentales”: la inmunidad, la soberana potestad de no ser sometida a tribunales ni órganos jurisdiccionales extranjeros para decidir controversias de interés público interno:“La República Bolivariana de Venezuela es irrevocablemente libre e independiente y fundamenta su patrimonio moral y sus valores de libertad, igualdad, justicia y paz internacional, en la doctrina de Simón Bolívar, el Libertador. Son derechos irrenunciables de la Nación la independencia, la libertad, la soberanía, la inmunidad, la integridad territorial y la autodeterminación nacional”.

No son meros principios abstractos. La soberanía es la potestad  absoluta y perpetua de un cuerpo político de darse sus propias leyes, aplicarlas y resolver por si mismo las controversias que pudiere suscitar dicha aplicación. Un Estado que pierda cualquiera de dichas potestades deja de ser soberano e independiente. Es lo que ocurre cuando se admite resolver controversias sobre interés público interno, no con nuestros tribunales y leyes, sino   mediante mecanismos alternativos de resolución de controversias, incluyendo mediación y arbitrajes independientes”.  Justamente, por entregar la resolución de la controversia de nuestra soberanía sobre la Guayana Esequiba a un “arbitraje independiente”, nos arrebataron dicho territorio.

Venezuela ha perdido sistemáticamente casi todas las contenciones sobre materias de interés público sometidas a a organismos extranjeros, por lo cual nos retiramos de los tristemente célebres CIADI (Centro  Internacional de Arreglo de Diferencias sobre Inversiones, del Banco Mundial) o CIDH (Corte Interamericana de Derechos Humanos, de la OEA).

        En fin, si admitimos que órganos jurisdiccionales externos decidan nuestras materias de interés público ¿Cómo oponernos a que tribunales extranjeros asimismo juzguen según leyes foráneas a nuestro legítimo Presidente Nicolás Maduro Moros y a su señora esposa, diputada  Cilia Flores?

La ley que examinamos incluye numerosas otras propuestas objetables. Entre ellas, su artículo 34 sujeta la constitución de empresas mixtas y las condiciones de operación de éstas a la mera “notificación” a la Asamblea Nacional, a la cual no se atribuyen competencias decisorias en materia tan fundamental para los intereses de la Nación.

Los artículos 35, 36, 37, 38, 38 y 40 confieren progresivamente a empresas mixtas y socios minoritarios competencias para la extracción, gestión, y comercialización de  hidrocarburos, que nuestra Constitución en su artículo 302 reserva a la República:

Artículo 302. El Estado se reserva, mediante la ley orgánica respectiva, y por razones de conveniencia nacional, la actividad petrolera y otras industrias, explotaciones, servicios y bienes de interés público y de carácter estratégico. El Estado promoverá la manufactura nacional de materias primas provenientes de la explotación de los recursos naturales no renovables, con el fin de asimilar, crear e innovar tecnologías, generar empleo y crecimiento económico, y crear riqueza y bienestar para el pueblo.

El artículo 41 de la Ley referida autoriza a empresas privadas para realizar la “gestión integral” de la explotación recibiendo petróleo crudo como pago, lo cual desplaza a PDVSA y al Estado de sus funciones decisivas en la industria, pautadas en el antes citado artículo 302 de nuestra Constitución.

El  artículo 52 de la recién aprobada Ley faculta al Ejecutivo para rebajar a voluntad  el monto de la regalía, cuando se demuestre “a su satisfacción” que el proyecto presenta resultados económicos  moderados. Procede señalar que la Ley anterior posibilitaba para la Nación participaciones fiscales entre el 60% y el 65% por concepto de regalía, mientras que las disposiciones de la Ley recién reformada permiten a las multinacionales reducir dicho aporte incluso por debajo de 15%, según la categoría de los activos y la actividad. Una significativa reducción de los ingresos públicos por tal concepto hasta de 50%, a favor de las operadoras privadas, en su casi totalidad extranjeras.

El  artículo 56 de la Ley recién reformada fija el Impuesto de Extracción en un tercio del valor de los hidrocarburos líquidos extraídos, pero permite al contribuyente deducir de este monto lo pagado por regalías. Su artículo 65 otorga poder discrecional al Ejecutivo para reducir dichas regalías por menos del 15%, y la participación fiscal nacional de un 65% a un 25%.

Sobre el delicado tema de las Regalías, señaló Andrés Giuseppe, en estudio del 28-01-2026 (Poli-data.com): “Este informe analiza exhaustivamente la premisa de que la regalía, como contraprestación por el agotamiento de un activo no renovable, debe ser inalienable y no negociable, y argumenta que cualquier incentivo para la industria debe limitarse al ámbito de los impuestos sobre las utilidades y no a la participación bruta del propietario.(…) La transición del marco legal actual hacia la propuesta de 2026 representa un cambio significativo en la protección de la renta petrolera. Mientras que la ley vigente limita estrictamente las condiciones bajo las cuales se puede reducir el pago al Estado, la reforma amplía la discrecionalidad del Ejecutivo Nacional. La reforma de 2026 introduce una mayor flexibilidad que, en la práctica, debilita el concepto de la regalía como "piso" de la participación estatal. En la ley vigente, la rebaja al 20% estaba restringida a yacimientos específicos con dificultades geológicas probadas; en contraste, el nuevo Artículo 52 permite que el Ejecutivo Nacional disminuya la regalía a discreción para cualquier proyecto, siempre que se demuestre "a su satisfacción" la falta de economicidad(,,,) La regalía petrolera, históricamente vinculada al jus regale, representa la compensación que el explotador de un recurso natural no renovable adeuda al Estado por el derecho a extraer y apropiarse de un bien que pertenece al dominio público. En la doctrina venezolana, este concepto se fundamenta en el Artículo 12 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, el cual establece que los yacimientos de hidrocarburos son bienes del dominio público, inalienables e imprescriptibles”.

La regalía, por tanto, es no negociable, y no se la podría desviar de su espíritu, propósito y razón  para satisfacer otras obligaciones jurídicas de causas y motivaciones diferentes. Por otra parte, la Ley Orgánica de la Hacienda Pública Nacional establece: “Artículo 5. En ningún caso es admisible la compensación contra el Fisco, cualesquiera que sean el origen y la naturaleza de los créditos que pretendan compensarse”. La compensación es una institución del Derecho privado mediante la cual un particular puede extinguir una deuda con otro particular oponiéndole una acreencia que a la vez tenga con él. Como vemos, la propia Ley Orgánica de la Hacienda Pública Nacional,  de específica competencia en materia fiscal, la prohíbe categóricamente, por lo cual un ciudadano no puede cancelar el pago de regalías aduciendo que dedicó dicho débito a satisfacer otra obligación distinta.

En resumen, numerosas  disposiciones  de la recién reformada Ley Orgánica de Hidrocarburos tienden a disminuir la exclusiva competencia de la República para la explotación de los hidrocarburos, posibilitando una  progresiva privatización de la industria. Otras de sus normas   hacen depender del arbitrio de los funcionarios significativas disminuciones del ingreso público,  que no atienden al valor real de los hidrocarburos extraídos sino a la alegada situación económica de la empresa, y que en general  disminuyen significativamente los ingresos generados por dichos recursos, poniendo en peligro la gestión financiera de PDVSA y la de la misma República.


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TEXTO/FOTOS: LUIS BRITTO GARCÍA

Consulte también; https: luisbrittogarcía.blogspot.com

sábado, 31 de enero de 2026

INVASIÓN Y RESISTENCIA

         Luis Britto García 

Somos  víctimas de una agresión alevosa,  sanguinaria y no provocada. Sin previa declaratoria de hostilidades, con armamento tecnológicamente superior,  masacraron a  centenares de compatriotas en su mayoría no combatientes. Mientras no se firme un Tratado de Paz digno, estamos en guerra:  ejército y autoridades de Estados Unidos son enemigos, y como tales deben ser tratados.

Analicemos el estado del conflicto. Tras un cuarto de siglo de  agresiones y sabotajes,  la única ventaja obtenida por el adversario es el secuestro bajo falsos pretextos del Presidente Nicolás Maduro y de su esposa  y diputada Cilia Flores.

Estados Unidos no domina un centímetro cuadrado del territorio nacional. Ni un  soldado estadounidense ocupa nuestro suelo. No han instalado bases militares ni naves, aeronaves o equipos militares en nuestro país. El único  poder que maneja es el mismo que antes de su  atentado: la amenaza.

Consideremos  si esta amenaza basta para lograr los objetivos declarados repetidas veces por el mandatario estadounidense. “Yo gobernaré  Venezuela (…) Yo manejaré  su petróleo, reservando una parte para nosotros y otra para ellos, hasta que realicen un transición sensata y juiciosa”.

Examinemos  la  verdadera motivación del conflicto:  los hidrocarburos de los cuales Venezuela posee las reservas más grandes del mundo. En texto  anterior señalé que la reunión del 9 de enero en la Casa Blanca con ejecutivos de 17 petroleras estadounidenses puso en evidencia su imposibilidad. Ninguna de las compañías formuló ni una sola oferta para participar en la rebatiña, por dos motivos: no había seguridad jurídica para las inversiones, y el objeto de éstas, los principales yacimientos,  había sido contratados en un 45%  por Venezuela con la petrolera Roszarubeznefth, filial de la estatal rusa Rosnef, en contratos que el propio Trump reconoció como “legítimos, y que serían cumplidos”. En consecuencia, según declaró el representante de la Exxon, Venezuela sería “uninvestable”, no apta para recibir inversiones (Trump seeks $100bn for Venezuela oil, but Exxon boss says country 'uninvestable': https://www.bbc.com/news/articles/c205dx61x76o)

Si para saquearnos necesitan seguridad, sabemos lo que debemos darles.

El economista marxista Richard Wolff divulga transcripción de conversación telefónica del día anterior en la cual Trump suplicaba a Putin dar parte de los yacimientos venezolanos a empresas estadounidenses. El mandatario ruso habría contestado: “Nosotros invertimos mientras ustedes abandonaron; tomamos los riesgos mientras ustedes imponían sanciones, ahora quieren que compartamos las ganancias. Esto no es negocio, es caridad. Y Rusia no hace caridad a Estados Unidos” (https://www.youtube.com/watch?v=Rv8MimeqaPI.)

Por tanto, el principal y verdadero objetivo del conflicto está perdido para Estados Unidos, pues ha sido legítimamente adjudicado por lapsos de 15 años a empresas de Rusia,  potencia nuclear que desarrolló una “flota fantasma” de 1.200 naves para eludir bloqueos y puertos afectos a los estadounidenses. Aparte de que la rehabilitación de las explotaciones requeriría inversiones multimillonarias y prolongados lapsos de puesta en marcha (Piers Morgan Latino: https://www.youtube.com/watch?v=2rSG54FGOc8).

En fin, las afirmaciones de Trump en el sentido de que “yo manejaré su petróleo”, y “ustedes están negociando conmigo, no con Venezuela” están siendo cuestionadas por las mismas autoridades estadounidenses. A fines de enero el gobierno de la potencia norteña  devolvió a Venezuela el tanquero secuestrado MT Sofía, de bandera panameña, y 300 millones de dólares por la carga de 500 millones que éste transportaba. Los 200 millones restantes no fueron devueltos a   Venezuela ni ingresados al Tesoro de Estados Unidos: fueron depositados por los ladrones en cuentas en Qatar, lo cual motivó una interpelación a Marco Rubio sobre el manejo de dichos fondos (Nacho Rodríguez: FALLÓ INVASIÓN! DEVUELVE PETRÓLEO A VZLA. PAGA 300 MDD A DELCY. TRUMP NO AGUANTÓ https://www.youtube.com/watch?v=cszSUuIZanA). El botín, hasta ahora, no ha ingresado a la potencia que financió la agresión armada.

Para Estados Unidos, Venezuela ha devenido un cascarón vacío, un objetivo económico inalcanzable por el cual no valdría la pena continuar el inútil y costosísimo bloqueo,  ni enfrentar un conflicto nuclear con sus competidoras económicas en el área. Analicemos el otro objetivo, el “yo gobierno Venezuela” enunciado por el jactancioso mandatario. Ningún título, ni jurídico, ni constitucional, ningún tratado confiere al mandatario estadounidense ni un ápice de competencia para ejercer poderes públicos en nuestro país.

Tampoco sería factible su ejercicio por la mera fuerza o la intimidación. Obligaciones impuestas por  extorsión o violencia no son vinculantes. El poder efectivo sobre un Estado de la talla de Venezuela depende de una compleja agregación de factores geográficos, sociales, económicos, jurídicos, políticos, diplomáticos y culturales en estrecha correlación que no es favorable a la potencia del Norte.

Preguntémonos cuántos efectivos debería destinar Estados Unidos para dominar efectivamente nuestro extenso y accidentado territorio de 916.445 kilómetros cuadrados.  Las FANB cuentan con unos 63.000 efectivos,  y aun así, como dijo alguna vez Chávez, hay zonas donde la presencia del Estado es débil. Añadamos que los invasores deberían incurrir en gastos incalculables para enfrentar geografía, clima, enfermedades y población local desconocidos o adversos.  

La opción clásica para los imperios ocupantes es mandar a través  de un gobierno local colaboracionista, manejado por complicidades o amenazas. Difícil sería la escenificación de tal patraña, así como el destino de sus protagonistas. En octubre de 2025, según consulta de Hinterlaces, 83% de los encuestados afirmó que estaría dispuesto a enfrentar una invasión militar extranjera. Solo 6% dijo que no lo haría, y 11% prefirió no responder. Un 89% consideró que el verdadero objetivo de una eventual intervención sería derrocar al presidente Nicolás Maduro para apoderarse del petróleo. (https://extranewsmundo.com/encuesta-hinterlaces-83-de-los-venezolanos-afirma-que-estaria-dispuesto-a-enfrentar-una-invasion-militar-extranjera/I. Un irrisorio 6% es el capital político con el cual contaría un gobierno colaboracionista, y ello con reservas, pues “no estar dispuesto a enfrentar” una invasión no equivale a ayudarla.

La amenaza que todavía se cierne sobre nosotros se  apoya en el mayor gasto militar del planeta en armas de elevado poder  destructivo y complejidad tecnológica. Pero históricamente el aparente poderío estratégico ha sido derrotado  por pueblos con armamentos escasos e inferior tecnología. Para 1945 la tercera parte de la población mundial, unos 750 millones de personas, vivía bajo regímenes coloniales. Los imperios que mantenían tal situación eran más fuertes militarmente, más avanzados tecnológicamente y más desarrollados que sus colonias.

Pero el precio estratégico, económico y político de mantenerlas subordinadas se hizo cada vez más incosteable, y desde entonces  80 países han obtenido su independencia. Algunos tras prolongada resistencia contra armamentos superiores, como la India, China, Corea del Norte, Cuba, Vietnam, Argelia, Irak, Afganistán. Nunca tecnologías de la muerte vencerán la complejidad y fecundidad de la vida.


TEXTO/FOTOS: LUIS BRITTO

  

 

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La lengua de la Demagogia:

http://www.minci.gob.ve/wp-content/uploads/downloads/2013/01/la_lengua_de_la_demag

ogiabrit.pdf

 Elogio del Panfleto y de los géneros malditos: 

https://tvlecturas.files.wordpress.com/2019/08/libro-elogio-del-panfleto-luis-britto-garcicc81a.pdf


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sábado, 24 de enero de 2026

SUBASTAN A VENEZUELA EN LA CASA BLANCA

 Luis Britto García

 

Decía Voltaire que  “en la guerra de lo que se trata ante todo es del robo”.  Ello resulta evidente a medida que los hampones asaltantes de Venezuela  abandonan las  coartadas de su asesinato en masa. En primer lugar, la de la lucha contra la droga. No cabe en cabeza alguna que el mayor consumidor de estupefacientes del mundo trate de arreglar en otros países el problema que no puede o no quiere resolver en el suyo. Venezuela no figura como país productor o traficante de sustancias ilícitas en el Informe Mundial sobre las Drogas de UNODC, en el del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas de Estados Unidos, ni en ninguno de los informes autorizados sobre el tema. El Departamento de Justicia reformuló la acusación contra el secuestrado Presidente  Maduro retirando toda alusión al  “Cartel de los Soles”, en clara admisión de que éste  es una invención sin fundamento (https://misionverdad.com/venezuela/eeuu-deshecha-su-propia-creacion-el-cartel-de-los-soles).

Tampoco se invoca el pretexto de que masacrar venezolanos inermes sea forma de imponerles unas “autoridades legítimas” por las cuales  nunca votaron. Ni una vez ha mencionado el capo invasor al anodino candidato González Urrutia; tampoco contestaba las llamadas de María Machado, a la cual descalificó como “falta del apoyo y el respeto necesarios”, y  sólo  recibió a escondidas cuando ésta incurrió en el frenesí  adulatorio de intentar transferirle el Premio Nobel a cambio de que le transfiriera un país.

En aras de tales falacias el gobierno de Estados Unidos durante un cuarto de siglo ha gastado sumas incalculables para destruir la economía, la sociedad, la población y el gobierno de Venezuela. Con  datos de la Oficina de Responsabilidad Gubernamental (GAO)    y de la Oficina de Prespuesto del Congreso (CBO), la IA de X estimó el gasto del último bloqueo en 2.000 millones de dólares cada 90 días. Mientras que Copilot, de Microsoft le calcula un costo de 22.000 millones, sin contar imprevistos. Todavía no hay datos sobre el gasto que requirió la invasión del 3 de enero (https://panampost.com/jose-gregorio-martinez/2025/09/12/los-millonarios-gastos-de-eeuu-para-un-cambio-de-regimen-en-venezuela/).

Tampoco disponemos de una contabilidad precisa del monto de los daños causados por el gobierno de Estados Unidos a Venezuela durante un cuarto de siglo entre intentos de  golpe de Estado, paros inducidos con fines políticos,  tentativas de  magnicidio, financiamiento de oleadas terroristas, robos de activos en el exterior, sabotajes, fallidas invasiones de mercenarios, medidas coercitivas unilaterales, robos de  naves y aeronaves, retaliaciones para todo el que comerciara con nosotros, congelación de fondos en el exterior, secuestro de agentes diplomáticos, obstrucción del acceso a medicinas y tratamientos clínicos, bloqueo de todo intercambio económico con el resto del mundo, asesinato de pescadores y destrucción de vidas y activos en un bombardeo sin previa declaración de guerra.  

       Así llegamos a la hora de la verdad. El 9 de enero de 2026, con  manos todavía tintas en sangre, se reunieron en la Casa Blanca hampones  de 17 petroleras estadounidenses para la grata tarea de  repartirse el botín. Ninguna pagó el exorbitante costo de la invasión: lo asumió el gobierno de Estados Unidos, vale decir, el acosado contribuyente. Ni  un solo venezolano, ni María Machado, ni un servidor, fuimos invitados a la rebatiña  de nuestro país.


Las reglas de la subasta eran claras. Trump afirmó que su administración decidiría cuáles firmas podrán participar. “Ustedes están negociando conmigo. No están negociando con Venezuela en absoluto. No queremos que ustedes negocien con Venezuela” (Trump seeks $100bn for Venezuela oil, but Exxon boss says country 'uninvestable': https://www.bbc.com/news/articles/c205dx61x76o).  El precio de una nación en la grotesca subasta era de 100 billones (En inglés un billion es mil millones). De golpe, y sin el menor título legítimo, Trump pretendía atribuirse personalmente el gobierno y la riqueza mineral de todo un país ajeno.

Este arrebato tuvo su merecida respuesta: ninguna. Ni una sola de las empresas formuló una  oferta. El jefe ejecutivo de la Exxon, Darren Woods, planteó que para reingresar “necesitaríamos muy significativos cambios de lo que hemos visto históricamente y de la situación actual”. Vale decir, remodelar el país al gusto de los posibles saqueadores, pues actualmente sería “uninvestable”, no apto para invertir.

       Se planteaba así  el delicado tema de la “seguridad” de las inversiones, sobre el cual escribió Carlos Marx en 1875: 

«El capital, dice un redactor de la Quarterly Review, huye de la violencia y la refriega y es de condición tímida. Esto es muy cierto pero no es toda la verdad. El capital experimenta horror por la ausencia de ganancia o por una ganancia muy pequeña, como la naturaleza siente horror por el vacío. Si la ganancia es adecuada, el capital se vuelve audaz. Un 10% seguro, y se lo podrá emplear dondequiera; 20%, y se pondrá impulsivo; 50%, y llegará positivamente a la temeridad por 100% pisoteará todas las leyes humanas; por 300% y no hay crimen que lo arredre, aunque corra el riesgo de que lo ahorquen. Cuando la turbulencia y la refriega producen ganancias, el capital alentará una y otra. Lo prueban el contrabando y la trata de esclavos» (…) (El Capital, Tomo I, volumen 3 páginas 950 y 951).

       El momento culminante estaba sin embargo por llegar. Un inoportuno de los que nunca faltan  reveló que la drástica ofensiva de sanciones estadounidenses había impulsado a Venezuela a celebrar contratos con una filial de la petrolera estatal rusa Rosnef por cerca del 45% de los mejores yacimientos de energía fósil del país. De resto sólo quedaban campos en vías de agotamiento o de difícil o muy costosa recuperación. El honesto Trump había  tratado de venderles a sus cómplices concesiones ya adjudicadas a terceros. “Esos contratos existen, y serán respetados”, terminó por confesar el embaucador, quien sabe que  se puede aniquilar países ricos en minerales estratégicos, pero no desconocer compromisos contraídos con potencias nucleares  (Piers Morgan Latino: https://www.youtube.com/watch?v=2rSG54FGOc8). Los astutos saqueadores quedaron con un palmo de narices.

No sé qué decir del postulado según el cual  un vendepatria es honorable siempre y cuando venda la patria ajena. Mi América del Norte es Tom Payne, Walt Withman,  Poe, Mark Twain, Herman Melville, Winsor MCay,  0rson Welles, Hemingway, George Gershwin, Janis Joplin, Richard Feynman, Thomas Pynchon. A ninguno de ellos lo imagino despedazando su país o el de otros para subastar los despojos. Intento imaginar cómo se podría convertir  mi tierra natal en “investable”. No me sale. Mejor dicho: no me da la gana. Lo mismo  ocurre a todos y cada uno de los compatriotas con quienes he hablado desde el 3 de enero de 2026.



TEXTO/ FOTOS.LUIS BRITTO.