“¿Qué
somos?” es la pregunta que nos
formulamos tras cada cataclismo. Pocos pueblos han suscitado tantas y tan
contradictorias definiciones como el venezolano. El cronista Caulín atribuyó a
los caribes “el criarse demasiadamente libertosos y andar a su albedrío”, “Bravo pueblo” nos llamó el autor de
un himno que inauguró la República y libertó seis países. “No somos indios, ni europeos, sino
una especie media (…) somos un pequeño género humano», afirmó Bolívar en la
Carta de Jamaica. De “bárbaros” y “salvajes” nos tacharon los positivistas. Los populistas nos definieron
sólo por carencias: Hambrientos, Ignorantes, Enfermos, Incapaces de mejorar por
sí mismos. Durante el último cuarto de siglo, el bolivarianismo intentó
contrarrestar esta colección de dicterios llamándonos antiimperialistas,
patriotas, nacionalistas. Son elogios que requieren confirmación en los hechos.
Hacia 2017 publiqué El verdadero venezolano: Mapa de la
Identidad Nacional, intento de
compendiar las conclusiones metodológicamente válidas sobre la Personalidad
Básica de nuestros compatriotas, entendida ésta
como la suma de sus Necesidades, Creencias, Valores, Motivaciones,
Actitudes y Conductas.
Pero la Personalidad es el compendio de los rasgos que
imprimen en el ser humano la sociedad y la cultura en la cual se desarrolla.
Existen estructuras todavía más profundas de nuestro ser: la configuración
biológica. Todas y cada una de nuestras células contiene una clave responsable
de la estructura de nuestro organismo, testigo de la de nuestros antepasados y
determinante de la de nuestra descendencia: el ADN o Acido desoxirribonucleico,
código oculto que rige las especies, las razas, las debilidades, las fortalezas
y quizá parte de las aptitudes de los seres.
Descendemos todos de
la primera célula viviente.
Para
sobrevivir en un mundo cambiante, los organismos deben a su vez modificarse. La
diversidad inagotable de la vida se debe a mutaciones ocurridas al azar en el
material genético originario. Si estos cambios resultan eugénicos, es decir,
favorecen la supervivencia y la reproducción, los descendientes viven y se
multiplican. Si son disgénicos, acarrean la extinción.
La vida además desarrolla otro mecanismo para sobrevivir al
cambio: genera seres individualmente únicos y diferentes por vía de la
reproducción sexual. Ésta combina los genes del padre y de la madre para
engendrar cada criatura con una fórmula genética específica y exclusiva, que no
se repite ni siquiera en los mellizos. De tal modo se evita en lo posible que
un solo factor adverso, cambio ambiental, enfermedad o competencia de otros
organismos elimine la totalidad de la especie. Nuestros genes son una especie
de firma o clave mediante la cual perduran en nosotros nuestros antepasados.
Descifrarla aporta informaciones irrecusables sobre nosotros y ellos.
El venezolano es resultado del mestizaje.
Todos los pueblos lo son ¿Pero de la mezcla entre quiénes, en cual proporción y
de qué género? En el censo de 2011, los encuestados se auto atribuyeron voluntariamente
la inscripción en ciertas categorías étnicas en el porcentaje siguiente: Morenos,
51.6. Blancos: 43.6. Negros: 2.8. Afrodescendientes: 0.7. Otros: 1.2. Son
elecciones subjetivas en categorías imprecisas. Quizá habría que recurrir a
categorías objetivas integradas indeleblemente en la profundidad de nuestro
organismo.
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Éste es el objetivo de la investigación "Admixture Estimates for
Caracas, Venezuela, Based on Autosomal, Y-Chromosome, and mtDNA Markers" desarrollada en 2007 en el IVIC por Helios Martínez, Alvaro
Rodríguez-Larralde, Mary Helen Izaguirre y Dinorah Castro de Guerra. Como objeto del estudio se analizaron
muestras de sangre de 60 pacientes en una clínica privada (a los cuales por
tanto se atribuía un nivel socioeconómico alto), y muestras de 50 pacientes
en una maternidad pública (a las cuales se atribuía un nivel socioeconómico
bajo), ambas instituciones situadas en Caracas. A partir de 1951 nuestra
población urbana de supera a la rural, y la capital acoge nutridas
migraciones externas e internas, por lo que podemos asumir que la muestra es
representativa.
En
ella, el estudio de los haplogrupos de los cromosomas de las personas de alto nivel socioeconómico revela un
elevado componente de origen europeo (0.78) y un muy bajo componente africano
subsahariano (0.06). El componente amerindio es casi inexistente. El mismo estudio sobre los cromosomas de
personas de quienes se presume un nivel
socioeconómico bajo revela un mediano componente de origen europeo de
(0.42), un componente africano subsahariano de (0.21), y un componente
amerindio de (0.36). Se
puede observar que en las personas con
alto nivel socioeconómico los
haplogrupos de los cromosomas relativos al origen europeo (0.78) casi
duplican a los de igual origen en las personas de escasos recursos (0.42). Asimismo, en las personas de alto nivel socioeconómico los
haplogrupos de cromosomas relativos al origen subsahariano (0.06) son menos
de un tercio de los presentes en personas de bajo nivel económico (0.21). Estos datos son susceptibles de lectura
social, económica, histórica y política. Desde 1498, a lo largo de la
conquista, la colonia, la República oligárquica, el liberalismo, las
dictaduras positivistas, los populismos y parte de este siglo, pobladores de
origen europeo coaccionaron, explotaron y a veces exterminaron a amerindios y afrodescendientes a fin de situarse en
el alto nivel socioeconómico y
permanecer en él. Por otra parte, la proporción de herencia
Amerindia y Subsahariana se localiza entre la muestra femenina, ya que el
cromosoma Y se transmite sólo por esta vía. Ello evidencia un elevado número
de uniones, voluntarias o forzadas, entre los varones de origen europeo y las
mujeres de origen Amerindio y Subsahariano.
Es lo que se podría llamar una asimetría
de género en el mestizaje. Conquistadores, colonos y migrantes eran en su
mayoría varones, y el ingreso de mujeres desde Europa al Nuevo Mundo siempre
fue menor al de hombres. Nativas amerindias y esclavas afrodescendientes
tuvieron la mayor parte en nuestro mestizaje. El número de personas con nivel
socioeconómico alto es muy inferior al de las de nivel socioeconómico bajo:
quizá el perfil genético de estas últimas sea el que mejor representa al
pueblo venezolano. El componente europeo es esencialmente español, y éste
mayoritariamente canario, el cual a su vez incorpora muchas vertientes
genéticas, entre ellas la de los guanches. Somos un pueblo de conquistados y esclavizados que un día juró no volver jamás a serlo. TEXTO/FOTOS: LUIS BRITTO. |
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