Luis Britto García
Trabajo, modificación planificada
del mundo físico y del de las ideas sin la cual la civilización no existiría. Maldición
bíblica que castiga el pecado original de aspirar a ser como dioses a través del
conocimiento, podría elevarnos a la
omnipotencia o aniquilarnos.
Paradójicamente parte del trabajo
humano está justamente destinada a evitarlo. Herramientas y máquinas amplifican
y a fin de cuentas suplantan nuestras fuerzas; lo mismo sucede con la mayoría
de nuestras facultades: la de pensar no
es la excepción.
Mucho se habla sobre las
capacidades de la Inteligencia Artificial; muy poro sobre sus efectos sociales.
En su inteligentísimo artículo de 1891 “El alma del hombre bajo el socialismo”,
afirmaba Oscar Wilde que todo el trabajo
pesado, monótono, insalubre y degradante debía ser cumplido por máquinas,
dejando libres a los humanos para la creación o para el supremo disfrute del
vivir. Afirmaba nuestro esteta que ello sólo sería posible en una sociedad
socialista, donde las máquinas y la naturaleza pertenecieran a todos.
Por lógica, parecería inevitable
la utopía planteada por el esteta
irlandés. Pero la ilogicidad determina que cada vez más dos
factores de la ecuación, el capital y la
mercancía, estén monopolizados por una ínfima minoría, mientras que a la
inmensa mayoría sólo le queda aportar el trabajo. Y pasadas dos centurias;
maquinas cada vez más perfectas parecen cada vez más competentes para
suplantar trabajadores que nada poseen.
¿Cómo prevén los propietarios del
mundo este futuro donde pocos poseerán
todo y todos poseerán casi nada? La primera parte de la respuesta es la misma
de Marx, Engels y Wilde: el trabajo específicamente humano será reemplazado por
el automatizado. Sobre la segunda interrogantte, no hay más que evasivas y
omisiones. En entrevista de 2025 para The
Economist, el billonario Elon Musk (entonces jefe del Department of Government Efficiency) afirmó que la automatización
facilitaría tal abundancia que el dinero devendría “irrelevante”, la Inteligencia Artificial superaría a la humana
dentro de cinco años, y el trabajo
humano se volvería “opcional” en diez. Preguntémonos con qué efectos.
(https://www.economist.com/insider/the-insider/an-interview-with-elon-musk).
Recapitulemos datos sobre la concentración mundial de la
propiedad. En El Capital (1867) sostuvo
Marx que la riqueza tiende a concentrarse en un número cada vez menor de manos.
Infinidad de autores, entre ellos Thomas Pikkety en Capital in the twenty one century (2013) confirman el aserto. El World Inequality Report certifica que “el
l0% de los perceptores de ingresos gana más que el restante 90%, mientras que
la mitad más pobre de la población global se apropia de menos del 10% del
ingreso total global. La
riqueza está todavía más concentrada en el 10% superior del estrato de los propietarios, que posee tres cuartas
partes de la riqueza global, mientras que la mitad de la población con menores
ingresos posee apenas el 2%.” (https://wir2026.wid.world/insight/executive-summary/).
Esta extrema desigualdad deriva
de dos estrategias constantes del capital para optimizar su ganancia: elevar
los precios de la mercancía que ofrece, y rebajar los salarios de los
trabajadores que la producen. Con contadas excepciones, ambos preceptos rigen
desde la aparición del capitalismo hasta hoy: son sus principios existenciales,
pues la ganancia o plusvalía del capital deriva de que el trabajador añada a la
materia prima un valor que no le es remunerado. No hay recurso, trampa o crimen
que
el capital se haya ahorrado para mantener ingresos altos y costos laborales mínimos: policías, ejércitos, políticos
sobornables, religiosos, medios corruptos, legislaciones antilaborales,
rompehuelgas, traslado de parques indusriales a países con mano de obra casi
gratuita, guerras.
¿En virtud de cuál razón, con
cual fundamento entonces el capital pondría a disposición de todos una
“abundancia” no pagada con un dinero que “perdería significado” ni por un trabajo
que se haría “opcional”? Yo te voy a decir una: el socialismo o su fase
superior, el comunismo. Sólo con la
propiedad social de fuerzas productivas automatizadas se haría gratuitamente
disponible para todos el producto de éstas.
Sin ello, el mundo futuro
integralmente automatizado funcionaría única y exclusivamente primero sólo para
el 10% y finalmente para el 1% de los propietarios del 90% y luego del 99% de
la riqueza. ¿Lo duda usted? El mismo Elon Musk profeta del trabajo “optativo”,
durante su breve paso ´por el Department
of Government Efficiency entre enero y mayo de 2025 puso en la calle
121.000 trabajadores. Nada de “abundancia”, nada de “trabajo optativo” o de
dinero “irrelevante”. El brutal destino del trabajador prescindible no es otro
que la cesantía y la indigencia. O, en última instancia, la eliminación masiva.
Idéntica
desorientación patética lucen otras propuestas para enfrentar, el problema. La
del Ingreso Básico Universal postula entregar a todos periódicamente sumas de
dinero para cubrir sus necesidades, trabajen o no. Viable en un sistema
socialista, resulta contraria a la lógica y la práctica misma del capitalismo
que el 10% de propietarios de cerca del 90% de los bienes del mundo los
dediquen a pensionar gratuitamente al resto de la humanidad.
Sam
Altman, de OPEN AI, reconoce que la informática reduce la demanda de trabajo
humano, y se limita a recomendar mecanismos de redistribución. Sundar Pichini,
de Google, aconseja resignación porque toda revolución tecnológica elimina
empleos y crea otros nuevos (aunque la informática podría abolirlos
definitivamente).
Asombra
que los agudos gerentes de transformación tan definitiva en los medios de
producción sean tan obtusos a la hora de prever sus consecuencias. O no piensan
en ello, o no revelan lo que piensan. Por algo todos los billonarios del
planeta están construyendo inexpugnables bunkers donde refugiarse.
“¡Socialismo o barbarie!” planteaba Rosa Luxemburgo en 1916. Socialismo o extinción, es la nueva consigna de la clase trabajadora, sin otro destino alternativo que ser suplantada y destruida por los mecanismos informáticos que ella misma fabrica.
TEXTO/FOTOS: LUIS BRITTO.
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