viernes, 20 de febrero de 2026

ECONOMÍA DE LA ATROCIDAD

 Luis Britto García7

        Todo lo que en el mundo ocurre tiene su fundamento en la economía; todo lo que en la economía  actual acontece se funda en la energía fósil.

Para 2023, ésta representa el 82% del consumo energético del planeta (https://alimentosypoder.com/2024/07/06/el-consumo-global-de-energia-2023-tendencias-y-factores-de-impacto/#:~:text=En%20cuanto%20al%20consumo%20de,anteriores%20a%20la%20Covid%2D19.)

        Hasta ahora, el indicador del grado de desarrollo de un país es su consumo de energía fósil. Para la fecha citada, los mayores consumidores de petróleo son Estados Unidos, con el 19% del total mundial, China, con el 16,5% e India con el 5,4%.  Por regiones, Asia presenta el  mayor consumo con el 38 %, seguido por América del Norte (23 %) y Europa con el 13,9 % (Ibídem).

          Un parásito que no puede ganarse la vida recurre a dos estrategias: la estafa, emitiendo pagarés sin respaldo, y el asalto a mano armada, apoderándose de lo que no le pertenece.

          Examinemos el asalto a mano  armada. Así como el consumo de hidrocarburos marca la economía, las luchas por su dominio determinan la Historia. La Primera Guerra Mundial se libró por los yacimientos del Cercano Oriente, entonces bajo control del Gran Imperio Otomano. La Segunda, por el dominio de los pozos del Bakú y el bloqueo estadounidense impuesto a Japón sobre  importación de energía fósil y minerales estratégicos. En la raíz de casi todos los conflictos bélicos está la necesidad de robar yacimientos de energía fósil,  vías hacia ellos, o zonas de influencia estratégica sobre los mismos. En esta tarea, entre  1945 y 2024 Estados Unidos ha victimizado 37 naciones, con saldo de 20 millones de muertes (https://www.1069thex.com/2023/02/24/the-u-s-has-killed-more-than-20-million-people-in-37-victim-nations-since-world-war-ii/)..

Hacia 2004 el general Wesley Clark, antiguo Supremo Comandante de los Aliados en Europa para la invasión de Kosovo, manifestó que Estados Unidos asaltaría siete países: Irak, Siria, Líbano, Libia, Somalia, Sudán e Irán.  Todos tienen hidrocarburos; todos han sido agredidos; a la fatídica lista faltó añadirle Venezuela, con las mayores reservas de hidrocarburos del mundo y finalmente invadida en 2026.

Dos factores aceleran el saqueo armado. El mundo está pasando o pasó el “pico de los hidrocarburos”, punto óptimo de explotación a partir del cual éstos se harán progresivamente escasos, hasta agotarse dentro de cuatro o cinco décadas. Para Estados Unidos, primer devorador de hidrocarburos, sus reservas se agotarán dentro de cinco años. Esto los hace críticamente dependientes del robo de energía fósil externa  mediante amenaza o intervención militar.

El robo a mano armada de hidrocarburos se potenció con la estafa basada en la necesidad de  hidrocarburos. En 1944, con los acuerdos de Breton Woods Estados Unidos obligó a todos los países occidentales a respaldar sus monedas con reservas en dólares. En 1971, el presidente Nixon reconoció que la fraudulenta emisión incontrolada de dólares no tenía ya ningún tipo de respaldo, y utilizó su potencia armamentista para obligar a todos los países que desearan adquirir petróleo a pagarlo única y exclusivamente en dólares sin respaldo. A esta extorsión se la llamó “el petrodólar”. La potencia norteña usó y abusó de ese “privilegio exorbitante” para endeudarse indefinidamente por encima de sus medios, comprando en el resto del mundo  bienes reales, y  pagándolos con dólares cada vez menos valiosos y  bonos del Tesoro cada vez menos confiables.

Así, Estados Unidos llegó en febrero de 2026 a acumular una impagable Deuda Pública de 56 trillones de dólares,  más del 124% de su PIB (para los anglosajones, un trillion es una cantidad de 1.000.000.000.000) (https://fortune.com/2026/02/17/national-debt-spiral-fiscal-crisis-unsustainable-path-trump-sugar-high-economy/). Según la Congressional Budget Office, el déficit presupuestario es de 1,9 trillions. Estas abominables cifras las costeaba el resto del mundo aceptando papeles sin respaldo, como petrodólares y Bonos del Tesoro, a cambio de bienes reales: petróleo, minerales, alimentos, manufacturas.

Estados Unidos, antaño poderosa potencia económica, carece de capacidad productiva para cancelar esta  aplastante deuda. Su propia clase dominante exportó sus capitales e industrias al Tercer Mundo para aprovechar los salarios de miseria de éste. Su capitalismo industrial, antes productor de bienes, involucionó a capital financiero, que sólo crea ficticios dividendos especulativos. La clase  capitalista se hizo  inmune a los impuestos que podrían amortizar el débito. Hacia 1977 las grandes fortunas tributaban tasas del 70% sobre sus ingresos, hoy no pagan más del 22%, esconden sus beneficios en Paraísos Fiscales y Fundaciones exentas de tributación, y financian  elecciones tras las cuales los candidatos electos les prodigan generosas condonaciones y amnistías fiscales. Mientras, a pesar de la demoledora inflación y el aumento demográfico, los sueldos de los trabajadores y el gasto civil del gobierno son los mismos que hacia 1970.

Requeriría varios volúmenes detallar cómo esta declinación económica repercute en los más diversos aspectos de la vida del país norteño. Estados Unidos es el mayor consumidor de drogas, el país con mayor tasa mundial de homicidios y el que tiene mayor población carcelaria del planeta; en él se multiplican las masacres  por tiroteo. Unos 16 millones de sus pobladores son analfabetas; el 8,1% de la población adulta. Un estudio de la OCDE situó su sistema educativo entre los ocho peores de 23 países estudiados. En expectativa de vida  y mortalidad infantil, ha descendido al  nivel de los países subdesarrollados. El dinero que pudiera costear el bienestar social es absorbido por las exorbitantes ganancias de los super ricos; el pago de los intereses de su Deuda y el desmesurado gasto militar. Si éstas  son sus condiciones de vida, podemos imaginarlos la de los países que caen bajo su dominio.

Pero la avaricia rompe el saco, y el latrocinio la aceptabilidad de monedas sin respaldo. Inevitablemente, países cuya economía estaba basada en el oro negro proyectaron lanzar divisas que tuvieran más valor que el papel pintado de verde. Irak intentó el dinar, asociado al euro. Libia proyectó el dínar de oro, respaldado por sus reservas de 143 toneladas de oro e igual cantidad de plata. Venezuela planeó el SUCRE (Sistema Unificado de Compensación de Reservas) para el intercambio en Nuestra América. A la postre, los tres países fueron invadidos y saqueados  por Estados Unidos o por fuerzas apoyadas por éstos.

Sin embargo, la práctica estadounidense y europea de robar las reservas depositadas en bancos bajo su influencia obligó a la Federación Rusa, China, India y en general a los BRICS a comerciar en monedas distintas del dólar carente de respaldo. Venezuela, agredida desde 2002, y encarnizadamente bloqueada desde 2017, asestó un golpe mortal al monopolio del petrodólar al vender sus hidrocarburos en rublos y yuanes, fuera del sistema SWIFT, y al movilizarlos en barcos de la “flota fantasma” rusa.  Mientras Estados Unidos hostigaba a Venezuela, ésta vendía 76% de su petróleo a China, y recibía de ésta y de la Federación rusa las inversiones que ahora desalientan la penetración de las petroleras de la potencia norteña.

Incapaz de competir económica y culturalmente, el parásito no tiene más recurso que la fuerza bruta. Pero ésta no le ha reportado más que dos rehenes secuestrados: todavía tiene que dominar un país agredido, y el resto del mundo que se les escapa de las manos.    


TEXTO/FOTOS: LUIS BRITTO.  

 

 

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