Luis Britto García
Desde todos los rincones de la Historia nos
acecha el mito o la realidad de la orgía, ceremonia secreta de infracción de
las normas en función de los apetitos. Fueron acusados de orgiásticos los
misterios eleusinos, los dionisíacos, las bacanales. No hay región del mundo ni
época que no haya sido tachada de libertina.
Suetonio, en Los doce Césares, compila cuadros de depravación doméstica quizá
exagerados por la enemistad política. Tito Livio denuncia ceremonias secretas
como potenciales amenazas contra el gobierno romano.
La contemporaneidad no es indiferente al
efluvio de estas exaltaciones de la carne. Toda la obra de Francois Donatien,
marqués de Sade, es exhaustiva compilación de las variaciones del deleite
agudizadas por el contraste con el sufrimiento. Antonin Artaud en Heliogábalo (1934) reconstruye la
disipación político religiosa de la decadencia imperial. Albert Camus, en Calígula, (1944 ) evoca los desvaríos de un déspota que se burla de su
insignificante omnipotencia.
Aldous Huxley, en su provocativo Brave New World (1932) imagina una
sociedad futura donde las tensiones son disipadas por la libertad sexual
absoluta y la catarsis de orgías exaltadas por la droga euforizante del Soma.
El cine ha exaltado el rito orgiástico en
cintas que merecen mención por su anticipatorio mensaje. En Metrópolis, de Fritz Lang (1927), una
monstruosa autómata de acero invade los antros del placer de Yoshiwara y
con danzas lascivas arrastra a sus
fanáticos a la adoración, los duelos, el suicidio.
En Saló,
brutal recreación ambientada en la Italia fascista de Las 120
noches de Sodoma y Gomorra, del marqués de Sade, Pier Paolo Pasolini pasa
revista a todos los horrores que por
puro placer el gobierno de ocupación del
empresario, el Juez y el Sacerdote infligen a centenares de jóvenes
secuestrados. Creo firmemente que a
Pasolini lo asesinaron por haberla filmado.
En Eyes
wide shut, de Stanley Kubrick (1999), un joven medico se infiltra en un
secreto Palacio de Orgías donde esculturales mujeres desnudas y rechonchos
magnates llevan máscaras que recubren
identidades y liberan cuerpos. Descubierto, una soberbia modelo ofrece
su vida a cambio de la libertad del galeno, para aparecer luego muerta,
llevándose los secretos de la ceremonia, condenando al sobreviviente a su
discreta orgía conyugal.
De allí pasamos al show, orgía casta donde el
magnetismo de la muchedumbre permite a las turbas refocilarse en el
insatisfecho deseo por el ídolo:
Beyoncé, Shakira, Madonna, Elvis, Lennon, Michael Jackson.
Así como hay tigres de papel, hay orgías de
papel. Durante décadas, la revista Playboy
inventó un mundo de sexo plástico para
lectores castos. En los Playboy Club
se prohibía ascéticamente a las conejitas pasar su dirección o teléfono a la
anhelante clientela. La Mansión Playboy
daba fiestas pero sólo para élites del espectáculo que no las necesitaban para
seducir. La orgía contemporánea es selecta, o selectiva: sólo para elegidos o
autoelegidos.
A mediados de la década pasada se hicieron
virales en las redes los mensajes de un enigmático QAnon, según los cuales
jerarquías del partido demócrata secuestraban niños para sesiones de
desenfreno.
Todos estos fenómenos eran tenidos por excepciones o exageraciones en una atmósfera estadounidense de rancio puritanismo. En varios estados de la Unión el mero trato con damas de la noche era delito. Magnates y políticos mantenían austeras fachadas de castidad o monogamia. Una caricia extraconyugal podía derribar una fortuna o una presidencia.
Nunca he sido invitado a una orgía y presumo
que el morigerado lector o lectora tampoco. Ello nos tienta a creer fantasiosa
o exagerada toda la narrativa orgiástica, quizá expresión de deseos reprimidos
o temores inconscientes. Pero, reza el lugar común, la realidad supera la
ficción. Resumo lo que expresan los medios más autorizados.
El mundo del espectáculo,
fábrica de sueños para masas insatisfechas, complace a sus élites con los más
degradados medios reales. En octubre de 2017 el productor
cinematográfico Harvey Weinstein fue acusado de acoso sexual por las actrices
Ashley Judd, Rose Mc Gowan y otras 80 mujeres vinculadas con la industria. En
2020 fue condenado a 20 años de prisión por agresión sexual en primer grado y
violación en tercer grado. El escándalo verificó lo que Kenneth Anger había
reseñado en su libro Hollywood, Babilonia
(1959). La fábrica de sueños era vasta pesadilla del colchón y el sexual harassment, donde favores íntimos pagaban roles y carreras.
Jeffrey
Epstein era un exitoso asesor financiero, o más bien traficante de influencias,
especializado en facilitar la evasión tributaria. Detenido en 2019 por abuso
sexual y trata de menores, apareció en
agosto de ese año ahorcado en su celda. Sus archivos, publicados con más
tachaduras que palabras por orden del Senado, comprenden más de tres millones
de piezas, 180.000 fotografías y unos dos mil videos, que evidencian que
utilizaba sus lujosas mansiones, su jet privado y toda una isla con laberíntico
palacio para la depravada trata de menores en provecho de élites políticas,
económicas, intelectuales.
En
el hit parade de huéspedes políticos de Epstein destellan Donald Trump, con
centenares de menciones, el ex presidente Bill Clinton y su esposa Hillary, el príncipe Andrew
Mountbatten-Windsor y Mette-Marit, princesa coronada de Noruega. Entre los empresarios, Elon Musk, Mark Zuckenberg, Billy
Gates. Entre
los intelectuales y artistas, Woody Allen, Noam Chomsky, Kevin Spacey, Tom
Hanks, Tom Cruise y Bob Iger, director ejecutivo de Disney.
Otra vuelta de la tuerca:
la profusión de cámaras y grabadoras ocultas que registraban los sanos placeres
de las élites mueven a pensar que Epstein influía en las decisiones de éstas
mediante el chantaje. Tucker Carlson precisa que era un agente de inteligencia;
Megy Kelly, que trabajaba para el Mosad israelí. Suposiciones que, de ser
ciertas, explicarían muchas cosas. O todas.
Dos detalles adicionales de los sanos
deleites de las élites. En su hacienda Zorro
Ranch, en Nuevo México, en aposentos constelados de máscaras Epstein
confinaba niñas o menores: según algunos, una veintena de ellas para fecundarlas
y crear una especie transhumana.
En agosto de 2009, en las
inmediaciones de un hotel en Monterrey, México, fue filmada por Info 7 la
modelo Gabriela Rico Jiménez escapando de un festejo de Epstein mientras gritaba: “Están comiendo seres humanos”.
Nadie volvió a verla viva. (https://www.cbsnews.com/news/jeffrey-epstein-conspiracy-theories/)
Si, las élites tienen organizaciones, empresas,
santuarios, ceremonias o países donde
sacian todos sus antojos, lícitos
o ilícitos.
Sí, los objetos del placer en esos sitios son
preponderantemente menores sobornados o engañados, criaturas indigentes
vendidas o reducidas a mercancía, engañadas
o amenazadas o quizá devoradas por alguna promesa de trabajo, mejora o
ascensión social.
Sí, en esos sitios no sólo se busca el placer:
se lo intensifica infligiendo humillación, dolor o destrucción a cuerpos y
vidas.
Sí, el sistema protege u oculta transgresores y elimina denunciantes.
La Orgía
es oligárquica, secreta, cerrada, y emblemática del poder absoluto de la minoría
excluyente sobre la mayoría a la que explota y sacrifica. Violan, roban y
asesinan hasta extraer fortunas tan cuantiosas que carecen de significado. La
única forma de sentir su poder es infligirlo personalmente. Es la
escenificación ritual del poderío del Imperio. Horror de una humanidad reducida
a víctimas y victimarios.
TEXTO/FOTOS: LUIS BRITTO
ESTÁN TODOS Y TODAS INVITADOS
A LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO
DRAMAS DE LA PATRIA
ANTOLOGÍA DE OBRAS TEATRALES DE LUIS BRITTO
MONTE ÁVILA EDITORES/CNT
EL DÍA INTERNACIONAL DEL TEATRO, 27 DE MARZO
TEATRO ALBERTO DE PAZ Y MATEOS, 5 PM
con el estreno de la pieza de Elio Palencia
SECUESTRO ROSA
eso



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