sábado, 6 de noviembre de 2010

PUEBLO



Invenciones e ideas
Hace tiempo trabajo en el tema de las relaciones entre las ramas de la cultura de una misma época, y de las conexiones entre las obras de sus creadores. Para ello es clave el análisis del caso de los polígrafos, a fin de determinar si quienes cursan varios géneros aplican en ellos estrategias estilísticas similares. Por la elección del tema, por la elegancia del estilo, por la sensorialidad y la recurrencia de sonoridades, nada hay más parecido a los poemas de Rubén Darío que sus ensayos y relatos. La narrativa y las obras históricas de Enrique Bernardo Núñez son concisas, aforísticas, fulminantes, plenas de una denuncia contenida por la aparente impasibilidad del autor. Las novelas de Rómulo Gallegos pretenden probar sus tesis positivistas de La Alborada. Se comprenderá así el redoblado interés que para mí reviste la novela Pueblo, de Miguel Ángel Pérez Pirela. El autor es académico y perspicaz analista político, fascinado por los sistemas implacables de Nicolás Maquiavelo y de Tomás Hobbes, y autor de ensayos de impecable construcción racional sobre temas tan actuales como El Estado posible o tan alarmantes como El Paraestado. Una aplicación simplista de la hipótesis sobre la unidad esencial entre las estrategias aplicadas a géneros diferentes haría esperar de él quizá una novela de tesis sociopolítica que funcionara, al modo de las narrativas de Voltaire, como elegante demostración de una posición teórica.

Amor y poder
En lugar de ello, Miguel Ángel Pérez Pirela nos entrega una novela de amor. Hacia el último tercio del siglo pasado, Juan Liscano sentenció, con razón para su época, que la literatura venezolana había sido preponderantemente testimonial y realista, y casi nunca onírica o fantástica. Tampoco, añadiríamos, ha sido erótica ni amorosa. Fuera de la fulgurante Peonía, de Manuel Vicente Romerogarcía, que de una vez pone en pie nuestra vacilante narrativa decimonónica y la echa a andar por sendero propio, las tramas sentimentales sirven invariablemente para ilustración de tesis positivistas, como en Gallegos, o como tenue tejido a ser desgarrado por las amarguras de la lucha armada, como ocurre en las narrativas de Argenis Rodríguez. Apenas una poco divulgada novela de Alfredo Armas Alfonzo, Este resto de llanto que me queda, hurga a plenitud en la herida que ningún aquejado quiere ver curada. A pesar de su título sociopolítico, Pueblo es una historia sentimental. Miles de trabajosos intercambios de abusos y dislates ocurren entre sus habitantes. El principal es la omnipresente pasión contrariada, que crea un ambiente tan obsesivo como el del calor. Su opaca frustración redime todo. Dentro de este sentimiento que es como un clima, toda trivialidad tiene su sitio y todo fracaso su redención.



Personajes y funciones
En su lacerante película Dogville, Lars von Triers sustituye los decorados de un villorrio por un plano pintado en el suelo donde dice: Calle, Abasto, Telégrafo, Taller. Una silueta canina trazada en la vía luce el rótulo Perro. Miguel Ángel bautiza a sus personajes según las funciones que cumplen en el relato: Gobernador, Secretario, Esaaquellalaausente, Fantasma, Maríadelosángeles, Prisionero, Marinero. Para completar el sistema, la misma aldea no tiene otro apelativo que Pueblo. Pero se trata de un esquema de los personajes y no de personajes esquemáticos. Si bien el nombre es un destino, los nombrados justamente se debaten dentro de él y contra él y por momentos lo exceden. Gobernador, por ejemplo, recipiente propicio para acumular todos los lugares comunes sobre la autoridad despótica, ignorante o inflexible, es un ser que recibe su investidura jerárquica como sin pensar en ella, obsesionado por el más poético de los sinos que puede afligir a un alma antipoética: el amor no correspondido. Una frase magistral lo presenta de entrada: “Era una simple prolongación de ella, un enamorado”. Como en los retablos medievales de Patinir o del Bosco, en Pueblo cada ser tiene un lugar predestinado dentro de la composición, pero la ejecución crea una perpetua disyuntiva entre resignación y maravilla, cotidianidad y milagro, predestinación y albedrío.



Sitio y fecha
¿Dónde y cuándo ocurre Pueblo? Su ambiente vagamente caribeño con bahía marina sugiere la costa venezolana y quizá la del Zulia, pero Pueblo podría estar en ninguna parte o en todas. Algunas menciones lo invisten de contemporaneidad, pero Pueblo podría ocurrir en cualquier momento o siempre. La inmovilidad esencial de los roles sugiere una atemporalidad que con un pequeño esfuerzo podría convertirse en eternidad.



Forma y fondo
Una obra se logra en la medida en que armoniza forma y fondo. A este enfrentamiento entre predestinación y libertad corresponde la tensión entre un estilo descriptivo riguroso y nítido que sin embargo entrecortadamente admite las técnicas del monólogo interior. No nos extrañe entonces que por momentos una oración empiece con la impersonal tercera persona del narrador, para saltar repentinamente a la primera persona de algún personaje, continuar con el pensamiento de éste y luego con la respuesta de otra voz. Este ejercicio no genera indescifrabilidad sino frescura coloquial. Por momentos las oraciones se hacen largas y densas, quizá para sugerir el envolvente calor, pero siempre cuentan cosas apasionantes. A veces son chismes sobre la gente de Pueblo. A veces tejen paradojas metafísicas, como cuando Gobernador envía a sus matones a poner etiquetas con su precio a todos los seres de Pueblo, y así se sabe que 3000 moscas valen cuanto un grillo y 800 grillos valen cuanto un sapo y tres sapos valen cuanto una rata y 200 ratas valen cuanto una iguana y 10 iguanas cuanto un conejo y cinco conejos cuanto un gato, hasta que tienen precio todos los hombres y las mujeres y aun lo inapreciable.


Acercar esa línea del horizonte
Estas sorpresas narrativas están contadas con frases no menos sorpresivas. Se afirma de repente que “las mujeres son como los gatos, ven cosas que nadie ve”. El personaje poderoso afirma: “Secretario, imagínate el aburrimiento de un mundo sólo de ricos”. Se explica que “Gobernador nunca pensó de forma concreta en el final, por eso era Gobernador”. Se describe con hiriente nitidez la obsesión amorosa anotando: “Sus ojos, los de él, poseían la cadencia de los pasos de ella”. O también se registra que “Él era un minúsculo monumento en la apoteósica plaza del cuerpo de esa mujer”. Se verifica que “Los verbos en pasado son los progenitores de la melancolía”. En algún lugar se establece que “Hay que acercar esa línea del horizonte porque, carajo, está muy lejos de Pueblo”. Acercar el horizonte, hacer próxima la distancia, es el imposible que todo amor y toda narrativa se propone. Son frases que bien valen por su vistosidad, como el traje de novia que la prostituta Rosita anhela, no para casarse, sino para lucirlo los domingos.



El matrimonio de la imaginación y la lógica
Cerremos con una aproximación forzada o forzosa al enigma que nos ocupa. Siempre han sido evidentes pero inexplicables las relaciones entre el discurso fantasioso de la imaginación y el riguroso de la lógica. William Blake concertó un Matrimonio del Cielo y del Infierno; bien podemos proponer otro entre el Sentimiento y la Razón. Se puede articular El Estado posible como proyecto mientras se verifica la ingobernabilidad del Paraestado, o quizá de Pueblo. Todo ensayo es el frustrado intento de organizar el caos que brota de la realidad o del imaginario. Trabajar en ambos mundos es la pasión, única vía para comprenderlos y quizá sobrevivirlos.


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domingo, 31 de octubre de 2010

OFICIOS DE DIFUNTOS



1
Puntual como la muerte llega el Día de Difuntos. Los gringos lo conmemoran vistiéndose de monstruos para demandar regalos, como si estuvieran invadiendo un país. Los españoles montan el Don Juan Tenorio de Zorrilla para requebrar al sueño eterno de la siesta. Los picantes mexicanos van a los cementerios para asegurarse de que sus muertitos no han salido a hacer diabluras. Sólo nosotros tratamos a los muertos haciéndonos los locos, vale decir, dejándolos que gobiernen a los vivos.
2
Nuestra relación con la muerte define nuestro vínculo con la vida. Los difuntos están allí para superarlos. Muerto es buen antepasado pero mal camarada. Entregársele es falta de autoestima. Por ejemplo, no debería un movimiento vital, palpitante y mayoritario convidar a que le redactara su Constitución una legión de cadáveres políticos, porque la sembrará de lápidas y artículos de protección a la propiedad privada y al capital extranjero, y de allí saldrán a asaltar al Estado.
3
No invites a los muertos a tu casa: la volverán camposanto. Quien no presenta signos vitales ni se comunica con los vivientes, o pasó a mejor vida o es el Estado. El nuestro yace en cripta de leyes caducas y catafalco de requisitos inútiles tras infranqueable sarcófago de páginas web que nunca abren. Legión de osamentas de la Cuarta República lo devora y nos devora.
4
A los inmortales los tenemos en la memoria, pero nuestros difuntos quieren que la perdamos. Bolívar impuso el principio soberano de que las controversias sobre el interés público de Venezuela deben ser resueltas con nuestras leyes y tribunales. Desde fines del siglo XIX nuestras constituciones consagran tal principio, que debe considerarse escrito en todos los contratos. Para violarlo, en 1902 las flotas de acorazados de tres imperios se agavillaron, nos bloquearon, nos bombardearon, nos robaron hasta las campanas. Un siglo más tarde cadáveres insepultos redactan sentencias que entregan a Venezuela a los árbitros de las transnacionales. Dales Señor el descanso eterno.
5
Dominan los extintos a los vivos mediante la palabra difunta. Cadáveres insepultos borraron de los programas educativos de Primaria la Historia, la Geografía, la Educación Cívica de Venezuela. Todavía no regresaron al pensum: pero sí han vuelto al poder quienes las erradicaron. Les bastó con cambiarse de mortaja. Desde panteones administrativos presiden el Réquiem solemne a la amnesia, preámbulo del Sueño Eterno. Rogad por ellos.
6
La muerte es contagiosa, y en todos los pueblos aflige al genocida la muerte moral, aunque los tribunales olviden o los cómplices absuelvan. Donde vaya lo sigue la mirada de madres sin hijos e hijos sin padres. Donde penetra contamina la peste de la tumba. Sólo entre nosotros siguen inconstitucionalmente sellados los archivos de los cuerpos represivos. Sólo entre nosotros puede un masacrador ser representativo. Luzca para él la oscuridad perpetua.
7
En la novela de Mary Shelley, Víctor Frankenstein crea su Prometeo con materiales nuevos y desata un genio de fuerza incomparable. En la versión fílmica, le injertaron un cerebro de cretino a un cosido de cadáveres dispares y surgió un ideólogo de la colaboración de clases. Entre la vida y la muerte no hay sistema mixto. Presente y futuro nacen de la incesante aniquilación del pasado. Sin extinción de lo caduco no hay vida.
8
Dejad a los muertos enterrar a los muertos. Si estamos vivos, actuemos como tales, no nos dejemos arrebatar nuestro instante por quienes se fueron. No nos vayamos con ellos; tampoco dejemos que se vengan con nosotros. No les hagamos compañía antes de que suene nuestra hora; tampoco permitamos que nos fastidien después que sonó la de ellos.


PD: Este blog sale retrasado por falla del correo electrónico ¿Habrá forma de que el ABA de CANTV salga de su tumba? ¿Seguiremos pagando 24 horas de servicio y recibiendo 24 minutos de conexión al día?
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sábado, 23 de octubre de 2010

LA IDENTIDAD DEL VENEZOLANO


La personalidad es la suma del temperamento innato y del carácter que la acción social forja sobre él. No hay rasgos sicológicos innatos que definan y distingan a grupos humanos. Nuestra identidad es la personalidad básica, la compleja decantación de rasgos culturales que compartimos como resultado del devenir histórico.
TEMPERAMENTO
Sin embargo, nuestra identidad es imaginada más como destino que como aprendizaje. Asumimos como signo de inteligencia una viveza que raramente pasa de ingenuidad. Nos creemos extrovertidos, aunque las pruebas sicológicas reflejan equilibrio entre extroversión e introversión. Se condena nuestra violencia, sin recordar que ha sido más padecida que ejercida. La alta tasa de alcoholismo, la verbosidad, el papel preponderante de la madre en la familia tientan a acreditarnos una fijación en la oralidad, que por no demostrada no pasa de sugerencia.
CARÁCTER
Nuestro carácter resulta de la compleja interacción de necesidades, creencias, valores, actitudes, motivaciones y conductas. Un régimen social, económico y político de extrema desigualdad ha determinado carencias graves en la satisfacción de necesidades básicas. Para nuestras mayorías la difícil satisfacción de ellas es condicionante fundamental.
CREENCIAS
Creemos en una compleja amalgama de mitos aborígenes, africanos y europeos en apretado sincretismo. Nuestra religión es terrenal, sociable y festiva; somos creyentes pero poco practicantes. Damos tanto crédito a la intuición como a la razón¬. Veneramos el adelanto técnico al punto de adoptarlo en forma acrítica. Durante siglos se nos ha querido imbuir una autoimagen negativa. Y sin embargo nos consideramos uno de los pueblos más felices del mundo.
VALORES
Se nos acusa de falta de valores, a pesar de nuestra evidente lealtad hacia los vínculos de la amistad, la familia y los afectos. En un vasto estudio sobre diversos aspectos de la población venezolana realizado a principios de los años sesenta del pasado siglo, el Centro de Estudios para el Desarrollo (CENDES) incluyó un cuestionario para obtener información sobre los elogios que más preferían diversos grupos de venezolanos (Cendes: Estudio de Conflicto y consenso). Maritza Montero sintetiza los resultados en el capítulo sobre “Valores y motivaciones sociales” del Manual de Sicología Social (119-125). La mayoría de los grupos encuestados prefiere como elogios ser considerados como persona “muy capaz” o “muy culta”. De hecho, 14 grupos prefieren el primero sobre cualquier otro, y 13 el segundo. La elección de uno de dichos elogios en primer término casi siempre está acompañada del otro en segundo lugar (ello pasa en 25 casos). A pesar de que los encuestados están constituidos por grupos diferentes de personas cuyo peso en la demografía del país es muy diverso, la concordancia de los resultados es en nuestro concepto significativa. También es interesante la relativa unanimidad en torno a los elogios que menos gustan. Literalmente todos los grupos encuestados califican como el elogio menos deseado el de “nacido para mandar”. En total 21 grupos consideran el “ser persona muy valiosa” como el segundo entre los calificativos más rechazados, 7 se pronuncian por “ser muy religioso” y 2 por “ser muy simple”. A pesar de las reservas ya señaladas sobre la diferente composición y representatividad de las muestras, la coincidencia es de nuevo significativa. La sostenida preferencia por el elogio “ser persona muy capaz” desautoriza las atribuciones.
José María Cadenas aplicó el test sobre valores de Rokeach a una muestra de 677 jóvenes, y encontró la siguiente jerarquía de valores: Autorrealización, Amistad sincera, Seguridad familiar, Felicidad, Libertad, Igualdad, Armonía interior, Respeto por sí mismo, Un mundo en paz, Sabiduría, Amor maduro, Prosperidad, Reconocimiento social, Una vida llena de emociones, Placer, Belleza, Seguridad nacional, Salvación. Lo más opuesto a las abyectas atribuciones de salvajismo, tribalismo y anarquía que nos endilga el racismo ordinario.
ACTITUDES
Según Hollander, actitudes son estados motivacionales perceptuales sobre lo que se espera y se desea, que dirigen la acción. La historiografía positivista de Cañizales ha esgrimido contra nosotros las acusaciones de “ausencia de jerarquía” e “indisciplina”; la de Mariano Picón Salas, de “hosca guazábara”, la de Ramón J. Velásquez, de “poder arbitrario”. Pero somos raigalmente igualitarios, quizá por herencia indígena y africana. No creemos en abolengo, jerarquía ni casta. El único rango que respetamos es el de la destreza personal demostrada.
MOTIVACIONES
Según MClellan, nuestra primera motivación sería el Poder, la segunda la Pertenencia a Grupos, la tercera la Autorrealización. Lo infiere analizando el contenido de los medios, no nuestros actos.
CONDUCTAS
Somos tolerantes y no discriminadores, como lo demuestran nuestro mestizaje y nuestra solidaria hospitalidad hacia inmigrantes y exiliados. Un lavado de cerebro nos incita demoledoramente al consumo, pero no somos posesivos sino dadivosos. No somos esclavos del tiempo: ni del pasado ni del futuro. Amamos lo nuevo. Hemos experimentado los más vertiginosos cambios sin dejar de ser los mismos. Somos un enigma indescrifrable.


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domingo, 17 de octubre de 2010

EN ESTA PLAZA LÓPEZ, QUE ME RECUERDA




1
A fines del siglo XIX un temperamental exiliado venezolano se gana precariamente la vida como director de orquesta en Cúcuta. Tiende a acelerar el compás de valses y bambucos; él mismo toca violín, flauta y trompeta; su mirada penetrante es un metrónomo que marca las entradas y los ritmos de cada grupo de instrumentos. Al poco tiempo cambia la batuta por el máuser. Conduciendo sesenta jinetes andinos, en 1899 Cipriano Castro invade Venezuela por el Táchira. Algunos adversarios los tildarán de bárbaros, pero en la falange cháchara menudean los bachilleres, los músicos, los ex seminaristas, comenzando por su atrabiliario director, que es las tres cosas a la vez. Marca el paso redoblado hacia la capital, sin olvidar que un ejército, aunque sea de aficionados, debe dar siempre la nota justa. De joven violinista, cuando no se sabía una pieza, esperaba a que la partitura llegara al calderón, un signo musical usado para la suspensión de un compás o un floreo, y allí entraba oportunamente. “En el calderón los espero”, dice para desafiar los formidables ejércitos que le cierran el paso hacia la capital (Eleazar López Contreras: El presidente Cipriano Castro; Imprenta Nacional, Caracas 1986, p.168)
2
Con fulminante movimiento en allegro vivace el improvisado ejército toma Caracas. El presidente Castro encuentra que el país es una orquesta en la cual cada intérprete desafina tocando su propia melodía. Nombra ministro al Mocho Hernández, y a las pocas horas éste se le subleva. Su propio ejército de tachirenses protagoniza un conato de motín en el cuartel San Carlos, que el escritor Manuel Vicente Romerogarcía aborta ordenando una ejecución sumaria. Los banqueros le niegan el empréstito que necesita para comprar armas contra la inminente sublevación. Las transnacionales exigen que le entregue el país. Una conjura de oligarcas criollos y acreedores de la deuda promueve un bloqueo de las flotas coaligadas de Alemana, Inglaterra e Italia, que orquestan un redoble de cañonazos contra nuestras desguarnecidas fortalezas costeras. Los caudillos locales le lanzan un ejército de 15.000 hombres, financiado y apoyado con parque y un buque de guerra por la transnacional asfaltera Bermúdez Company.
3
Con magistrales golpes de batuta y de máuser el inquieto Cipriano les va marcando el compás, y su ritmo desbarata unos tras otros banqueros, revoltosos, acorazados, plutócratas, caudillos locales. En las batallas de La Victoria y Ciudad Bolívar ejecuta el Réquiem del “fiero caudillaje”. Un país atónito aplaude la invicta interpretación.
4
La mujer es el reposo del guerrero, pero la música es su arrullo. Don Cipriano no sólo es irrefrenable mujeriego, sino también frenético bailarín. Como antes le llovían conspiraciones, ahora le diluvian valses dedicados: “Invicto”, “Aclamación”, “Castro en Margarita”. Este último fue compuesto por Vicente Cedeño para una novia que le dio calabazas, y lo interpreta cuando el Presidente visita Nueva Esparta. Con autoridad de conocedor, don Cipriano comenta: “Oiga, ese es un valse con introducción en tres partes, dos menores, una mayor y una coda ¿Y cómo se llama el valse?” A lo cual el obsequioso Cedeño, sin vacilar, contesta “Castro en Margarita” (José Sant Roz: “El hombre culto que fue Cipriano Castro y que casi nadie conoce”, Aporrea, 28/12/2007). Las ofrendas que Venus rechaza son presentadas en los altares de Marte.
5
No es la única pieza musical reciclada con fines políticos. A la primera dama doña Zoila de Castro le ofrenda el maestro Pedro Elías Gutiérrez el romántico vals “Las Madreselvas”. En palacios y salones corean sus lacrimosos versos:
En estas soledades que me recuerdan
Que me recuerdan
Los tristes juramentos que oí de ella
Que oí de ella
Cubrirán mi sepulcro las madreselvas
Las madreselvas
Que me dieron coronas para sus sienes.
Cuando la muerte ponga fin a mi dolor
Y con ella en la tumba helada sueñe
Allí vendrán a gemir, sombra y silencio a buscar
Las palomas que me oyeron por su ausencia sollozar…
6
La pieza tiene sus bemoles. Pedro Elías Gutiérrez la había escrito como declaración de amor para la bellísima Mercedes Alfonzo. Seguramente el buen gusto literario era común en la familia de ésta, pues Merceditas no se conmovió con los cursilísimos versos, y posteriormente fue madre del gran escritor Alfredo Armas Alfonzo. Las madreselvas son plantas rastreras, que desalojan a las demás, como la adulación que ya cundía en torno a Don Cipriano y lo llevaría a su perdición. Todos aquellos que habían encumbrado a Castro habían sido relegados por él. Todos aquellos a quienes había encumbrado conspiraban contra él.
7
También conspiraba contra Pedro Elías Gutiérrez un músico de su orquesta, Francisco Pacheco. El maestro Pedro Elías lo despidió y Pacheco se salvó del hambre gracias a una bondadosa cocinera, en cuyo honor perpetró con “Las Madreselvas” una parodia cuya letra apetitosa y nutritiva relegó al olvido los versos que no lograron conmover a la bella Merceditas Alfonzo:
En esta plaza López que me recuerda, que me recuerda
Los días en que esperaba a mi Ruperta
Era en aquellos días que me traía
Mis caldos en botella, papas cubiertas
El gusto de esa sopa, de esos frijoles y aquel asado


La sopa de cebolla, los macarrones y aquel guisado


Estaba tan querido, tan consentido y tan mimado


Que era dicha completa con mi Ruperta.


Todas las noches la esperaba en aquel sitio


Me traía una perola bien repleta


Papita frita y frijol Plátano asado y arroz


Me ponía la barriga como un mismo tamborón…
8
Pero un cochero envidioso y sinvergüenza, se llevó a mi Ruperta tan querida. Y un compadre sinvergüenza y envidioso, el vicepresidente Juan Vicente Gómez, esperó a que don Cipriano fuera a operarse al exterior en 1908, recorrió en coche los cuarteles, le dio un golpe por la espalda, asumió el poder apoyado por acorazados de Estados Unidos en La Guaira y entregó el país a las transnacionales. Son apasionantes sucesos de actualidad perenne, que veremos en un film del maestro Román Chalbaud, si se materializan los medios ofrecidos.



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domingo, 10 de octubre de 2010

FESTIVAL DE BIARRITZ AMÉRIQUE LATINE



Dividida todavía por fronteras políticas, la Nación Latinoamericana a veces sólo puede reencontrarse fuera de su propio territorio. Aduanas absurdas y circuitos burocráticos tortuosos estorban la plena comunicación entre nuestras culturas. Antes cada cine de barrio era embajada cultural cinematográfica. Ahora, sólo eventos como el Festival Biarritz Amérique Latina, Cinémas & Cultures prefiguran por instantes la Patria Grande que tantas pequeñeces nos niegan.
Si la Patria Grande todavía está por venir en lo político, en lo cultural existe desde hace centurias. No hay manifestación de las letras, el cine y la cultura latinoamericanas que sintamos extranjera.
Entremos, por ejemplo, en Zona Sur, escrita y dirigida por el boliviano Juan Carlos Valdivia. Zona Sur es el gran sector residencial de La Paz, pero lo sentimos Palermo en Argentina o Lagunita de Caracas. Podría ser también América del Sur, narrada con ironía, con crueldad, con ternura por tomas envolventes que se centran en las relaciones entre amitos y criados en una mansión de la gente bien a la que empieza a irle mal. Zona Sur dice o más bien sugiere cosas atroces con soltura rayana en la poesía y enfrenta o más bien contrasta las concepciones del mundo de dominadores y dominados. Ahora sabemos, pues, lo que hay tras la frontera de los muros residenciales con vigilancia electrónica. Es lo mismo en todas partes. Por esta revelación recibió el Premio del Jurado.
Fuera de las murallas que defienden la propiedad de los menos están los ilimitados territorios de la miseria de los más. Entremos en 5XFavela, barriada que reúne cinco cortometrajes de Manaíra Carneiro y Wavá Novais, Cacau Amaral y Rodrigo Felha, Luciano Vidigal, Cadu Barcellos y Luziana Bezerra. De las favelas vienen todos y a ellas regresan, pero para tratarlas con desparpajo, levedad, humanidad y lirismo, sin ceder a lo patético ni lo tremendista, venciendo violencia con solidaridad. Tan propias sintieron los espectadores estas desenfadadas favelas, que por votación les confirieron el Premio del Público.
Puente o barrera entre favelas y Zonas Sur, el sistema educativo controla a quienes controlarán la desigualdad. Sentémonos en los pupitres bajo La mirada invisible, del argentino Diego Lerman, que ameritó el Premio de Actuación para un Osmar Núñez que borra los límites entre el docente y el policía, entre pedagogía y alienación.
La revolución es el gran premio que espera América Latina, y para Revolución fue el Gran Premio Abrazo. Mucho discutió el jurado si podía considerar largometraje a un ramillete de cortos de Mariana Chenillo, Fernando Eimbcke, Amat Escalante, Gael García Bernal, Rodrigo García, Diego Luna, Gerardo Naranjo, Rodrigo Plá, Carlos Reygadas y Patricia Riggen. Es lo mismo que debatir si podemos considerar Patria Grande a nuestro racimo de países y pueblos empeñados en la pasión revolucionaria. Viva México, porque con él vivimos la angustia sobre las grandezas y miserias de una América Nuestra que abre siglos con sublevaciones y los clausura con contrarrevoluciones.
Por una semana Biarritz conjugó las pasiones y las esperanzas de Nuestra América. Condenó el narcotráfico en Los dos Escobar de Michael Zimbalist, en La vendedora de rosas, de Víctor García y en María plena de Gracia, de Joshua Maratom. Radiografió la prostitución juvenil en Sonhos Roubados, de Sandra Wierneck. Se abrió a la Historia venezolana con el Miranda regresa, de Lamata y con Venezia, de Haik Gazarian. Discutió sobre las empresas recuperadas en Nosotros del Bauen, de Zyserman y Reichenbach. Exploró la ambigüedad sexual con El niño pez, de Lucía Puenzo. Reabrió las heridas del asesinato político y el exilio con Diario de uma busca, de Flavia Castro. Rió con el humor negro de La mina de oro, de Jacques Bonnavent. Escuchó debatir a escritores como Lucía Puenzo, Luis Sepúlveda, Juan Villoro y quien suscribe. Para muestra basten estos botones. Ni un Festival ni un continente son abarcables.
Algunos organizadores me plantearon la posibilidad de que dentro de dos años, el festival de Biarritz esté dedicado a Venezuela. Es una oportunidad única, que ofrecí someter a nuestras autoridades culturales.
(Texto/foto:LBG)
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jueves, 7 de octubre de 2010

SUEÑOS Y LITERATURA




Ponencia expuesta en el Festival de Biarritz 2010

El hombre pasa su vida entre dos universos inexplicables: el de la vigilia y el del ensueño. Ambos le reportan experiencias incomprensibles, sobre ambos formula hipótesis plausibles pero no necesariamente ciertas, en los dos es juguete de fuerzas que su conciencia maneja sólo en forma parcial.
Al soñar somos el guionista, el escenógrafo, el director, el protagonista de una obra que creemos real en la medida en que mientras la contemplamos ignoramos que viene de nosotros mismos. Lo más perturbador es que desconocemos el propósito, el mecanismo, el lenguaje, el significado de esta creación que ocupa casi la tercera parte de nuestras vidas.
Toda dualidad engendra una trinidad. La discordia entre el mundo de la vigilia y el del ensueño crea un tercero que quizá los sintetiza, esa ensoñación en vigilia que llamamos lo imaginario. Es fácil tentación desdeñarlo, hasta que se columbra el peso que tiene en las sociedades primigenias el mito, en cuyo honor se elevan pirámides, y lo que significa en las economías desarrolladas el sector terciario, fábrica de fábulas en cuyo interés se inmolan naciones.
Mal avenida síntesis del sueño y la vigilia, la imaginación construye lúcidamente sus arquitecturas, ignorando sin embargo de dónde surgen sus materiales y sus planos. Así como no conocemos el propósito de los sueños, ignoramos el de lo imaginario.
Lo único que sabemos sobre ambos es que no podemos desecharlos. Necesitamos imaginar. Los animales se reproducen, se asocian, tienen lenguajes, sacian cuerpos y estómagos. Sólo el humano experimenta una necesidad autónoma de percepciones que no contribuyan directamente a su supervivencia. El sujeto a quien se somete a deprivación sensorial evitando que experimente sensaciones al poco tiempo desvaría y pierde la percepción del propio cuerpo. La deprivación imaginativa es la peor de las torturas y se llama aburrimiento. Tenemos hambre de percepciones aunque las sepamos falsas; especialmente si las sabemos falsas.
El estilo de vida de mayor economía y estabilidad es el de los vegetales. La vigilia es un subproducto de la función predatoria. Durante el dormir aparentemente regresamos al estado vegetativo, rindiendo temporalmente el estado de alerta de quien devora o teme ser devorado. El sueño es un residuo de la vigilia que perdura en esa gran nada del vacío de conciencia de lo vegetativo.
Necesitamos soñar. Caemos en los sueños sin buscarlos y quizá contra nuestra voluntad. Sin embargo, voluntariamente buscamos el ensueño del mito, de la literatura, del teatro, del cine.
Así como estamos despiertos o dormidos por rachas consecutivas, mientras dormimos tenemos intermitentes ráfagas de ensoñaciones que se alternan con lapsos de sopor profundo. Mientras el cerebro, las ondas cerebrales y los ojos son agitados por la ráfaga de ensoñación, disminuye el tono muscular y el cuerpo reposa; cuando las ensoñaciones nos abandonan, descansa el cerebro y el cuerpo se agita, cambia de posición y es propenso a despertar.
Quizá por ello se pensó que los ensueños protegían el dormir, dando explicaciones imaginarias a los estímulos que podrían despertarnos. Toda una literatura custodia el sopor de las muchedumbres explicando el mundo con los términos de quienes las oprimen.
Durante un tiempo se creyó que los sueños eran premoniciones, y también lo han sido las creaciones literarias.
El talmúdico doctor Freud entrevió en los sueños la satisfacción de deseos, y mucho de ello hay en las ficciones literarias. Pero ni los unos ni las otras son desfiles de deseos saciados: con mayor frecuencia representan el misterio, la destrucción, la angustia.
Ello ha llevado a creer por momentos que el objeto de lo literario era el disimulo del lenguaje bajo una indescifrable acumulación de códigos. Igualmente cifrado es el lenguaje de los sueños, más oscuro cuanto más diáfano, cuanto más directo más retorcido.
Se vio en los sueños temporarios estados de locura de los cuales la memoria nos preserva briznas. Mas la literatura ha devenido progresivamente el campo del delirio, de la sinrazón, del absurdo, cuyas manifestaciones aceptamos con igual naturalidad que el aparente contrasentido de los sueños.
Últimamente proponen los neurólogos que el soñar tiene por objeto permitir que reclasifiquemos los contenidos percibidos durante la vigilia. Alguien que ha tomado somníferos duerme pero no sueña y por lo tanto no reposa. Lo mismo sucede con aquél a quien se deja caer en el sueño natural y es despertado en cuanto ese dormir se transforma en soñar, delatado por el rápido movimiento de los ojos que se agitan para divisar imágenes que sólo existen en la mente. En ambos casos la abstinencia del ensueño produce fatiga extrema, desorientación, agresividad, dificultad para recordar y aprender, episodios sicóticos. Parece ser que el ensueño del durmiente es condición de la cordura del despierto.
La invención literaria, por su parte, es esa misteriosa reclasificación del mundo que no lo explica pero sin la cual no podemos comprenderlo. Quizá el ensueño sea el razonamiento de nuestro hemisferio derecho del cerebro, el cual piensa en imágenes, en sensaciones, en emociones, mediante la intuición y la síntesis. A lo mejor el ensueño es la traducción intuitiva y sintética de los mensajes secuenciales y analíticos que el cerebro izquierdo le transmite al derecho. Quizá los ensueños, como la literatura, sean el lenguaje en el cual se hablan las dos mitades de nuestro ser, y cada una de ellas lo comprende mientras que para nuestra totalidad es impenetrable. El sicólogo social David McClelland intentó establecer una relación entre el grado de desarrollo de una sociedad y las motivaciones de sus integrantes, revelando en un centenar de países las correlaciones entre el índice de consumo de kilovatios hora de per cápita y la inclinación a la autorrealización revelada en sus poemas, sus noticias, sus novelas. De sus intrincados análisis concluyó que la proclamación literaria antecedía en décadas al desarrollo real; que el Himno a Hermes era anterior a la hegemonía ateniense y los poemas centrados en el desarrollo de un destino personal previos a la expansión isabelina inglesa. Dime qué sueñas, te diré quién serás.
¿Quedará por decir sobre los sueños y la vida que su principal encanto es su inexplicabilidad, que si se les aplicara un sistema de interpretación infalible ya no nos interesarían? ¿Qué las interpretaciones son ensueños en sí mismas? El enigma de los sueños induce el insomnio. Debemos consultarlo con la almohada.

Foto:LBG
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martes, 28 de septiembre de 2010

CATALINA II DE RUSIA, LA INDEPENDENCIA LATINOAMERICANA Y MIRANDA, EL HOMBRE UNIVERSAL




(Conferencia dictada en la Academia de Ciencias de la Federación Rusa, y en la casa donde residió Francisco de Miranda en San Petersburgo)
Héroe de tres revoluciones

El 9 de noviembre de 1786 un americano entra en Rusia desde Constantinopla, por Jerson, con el propósito de convencer a las más altas autoridades del país de que apoyen un proyecto que puede cambiar la configuración del mundo. No es un americano ordinario: combatirá en tres continentes, África, América y Europa, y participará con brillantez en tres revoluciones: la Estadounidense, la Francesa y la Latinoamericana.
El venezolano Francisco de Miranda, en efecto, tras pelear en la defensa de la fortaleza de Meilla en 1775, ha acompañado en el regimiento Aragón en 1781 al general Juan Manuel Cajigal en la dirección de las tropas españolas que estrechan el sitio sobre Pensacola. Para el momento Francia y España, monarquías absolutistas, ayudan la causa de los rebeldes norteamericanos en contra de la monarquía inglesa (Robertson:18-31). Miranda está de corazón con los insurrectos de Nueva Inglaterra. Algún día, piensa, la América ibérica seguirá igual camino. Sólo que en vez de recorrerlo sobre un estrecho cinturón de colonias atlánticas, dispondrá para ello de todo el territorio del imperio ibérico en el Nuevo Mundo.
La unidad republicana y democrática de América Latina
El criollo Francisco de Miranda planifica una potencia latinoamericana independiente de talla continental: “en la parte norte, la línea que pase por el medio río Mississippi desde la desembocadura hasta la cabecera del mismo y partiendo de ella siguiendo la misma línea recta en dirección del oeste por el 45° de latitud septentrional hasta unirse con el mar Pacífico. Al oeste, el Océano Pacífico desde el punto arriba señalado hasta el Cabo de Hornos incluyendo las islas que se encuentran a diez grados de distancia de dicha costa. Al este, el Océano Atlántico desde el Cabo de Hornos hasta el golfo de México y desde allí hasta la desembocadura del río Mississippi. No están comprendidas en estas demarcaciones Brasil y Guayana”. Excluye a Brasil por soslayar posibles conflictos con la monarquía portuguesa y sus protectores ingleses; a Guayana, por no ampliar el conflicto con los franceses. La capital del nuevo cuerpo político estará el centro geográfico y estratégico de Panamá. Colombia, como bautiza a su ciclópeo proyecto, no sólo implicará un vuelco geopolítico: también supone un giro político de magnitud equiparable. Enarbola la ecumenicidad de la Razón. No se limita a desligar un mundo de las cadenas que lo atan a las antiguas coronas: osa aniquilar el concepto mismo de monarquía; cambia al súbdito en ciudadano y transmuta a éste en soberano. En el segundo proyecto de la Colombia mirandina, tanto el poder Ejecutivo, integrado por dos Incas, como su cuerpo legislativo compuesto de representantes nombrados por Asambleas Provinciales o Amautas, serán alternativos y electivos. Para perfeccionar su plan redacta apuntes sobre la América Española, en los cuales asienta el “total del número de almas”, que estima en once millones, la población de las principales ciudades, los productos, el valor de las mercancías que importa de Europa, la Fuerza militar y marítima (Miranda: 47-125). Según comenta Christian Ghymers “este filósofo epicúreo, al origen de la emancipación hispanoamericana, este mártir de la independencia de Venezuela fue el primero en proponer una constitución democrática para el conjunto integrado de los pueblos latinoamericanos y en concebir instituciones locales compatibles con un gobierno supranacional” (Ghymers: 35).
El hombre universal
Para avanzar su designio titánico, Francisco de Miranda emprende la tarea no menos desmesurada de forjar al ser capaz de cumplirlo. Proyectos planetarios requieren hombres universales. Así, apunta que “La experiencia y conocimiento que el hombre adquiere, visitando y examinando personalmente, con inteligencia prolija el gran libro del universo, las sociedades más sabias y virtuosas que lo componen, sus leyes, gobierno, agricultura, policía, comercio, arte militar, navegación, ciencias, artes, etc., es lo que únicamente puede sazonar el fruto y completar en algún modo la obra magna de formar un hombre sólido” (Miranda: 92).
El aguerrido oficial llega a dominar todas y cada una de estas disciplinas; fulgura en las cortes, los campos de batalla y los escenarios políticos de tres continentes (Grisanti:11). Intriga en las logias donde se refugia el pensamiento ilustrado; deslumbra al fisiognomista Lavater por la nobleza y la expresión de su rostro (Picón-Salas: 56-57).
Rusia y el Imperio español
Al entrar en Rusia, el príncipe Viazemski lo pone en contacto con el ministro Potiomkin, quien a su vez lo invita a Kiev y lo presenta a la emperatriz Catalina II de Rusia. Los mandatarios escuchan con atención los proyectos de Miranda. En 1784, el mercader Shelejov fundó un pueblo en Kodiak, cerca de Alaska, con la idea de avanzar hacia California. En 1779, los españoles avanzaron hasta el paralelo 59° y declararon suyas todas las tierras al sur. En 1786 Golikov, un socio de Shelejov, había convencido a Catalina de la importancia de afirmar los intereses rusos en la región, y ésta fletó para ello una flotilla con cuatro fragatas y un transporte. Por otra parte, para la época España estaba aliada con Francia y ésta se oponía a los planes rusos de ejercer hegemonía sobre Turquía. Un plan que pudiera expulsar el poderío español de América y del Pacífico resultaba del mayor interés para Rusia.
Coronel del ejército ruso y peligro para el Imperio español
Así, en San Petersburgo en 1787 Francisco de Miranda sostiene coloquios con la zarina Catalina la Grande en los que “Hablóse de América, su posición geográfica, historia natural, animales, de sus antiguedades, etc”. Cuando la zarina le comenta que según el Encargado de Negocios de España el americano es “persona peligrosísima al Imperio”, Miranda responde “que, si el Imperio Español estaba en peligro por mí, en ninguna parte podría yo estar mejor que en Rusia, pues era estar a la mayor distancia”(Miranda:44-47). Para proteger al americano del diplomático español, Catalina II le confiere el grado de coronel del ejército ruso y le ofrece la posibilidad permanecer a su servicio, pero Miranda es el infatigable canciller de una república que todavía no existe, y debe partir para continuar asistiendo a su gestación. El gobierno ruso apoya a Miranda con 2.000 guldens e inapreciables cartas de recomendación para sus agentes diplomáticos en París, Viena, Londres y La Haya.
Gestiones en Inglaterra, Francia y Estados Unidos
En 1790 formula a William Pitt en Londres una propuesta según la cual “la América española desea que la Inglaterra le ayude a sacudir la opresión infame en que la España la tiene constituida”(Bohórquez:230-231). En Francia pelea en la batalla de Valmy. En 1798 pide infructuosamente al presidente estadounidense John Adams “el pequeño auxilio que necesitamos para comenzar, y que se reduce a seis u ocho buques de guerra y a cuatro o cinco mil hombres de tropa” (Miranda: 83). Según lo proyectó, Miranda se ha convertido en un hombre universal, o -lo que en su proyecto es lo mismo- colombiano. Su infatigable acción inclina finalmente a Inglaterra a favor de la Independencia. Desde 1806 pelea por ella, al invadir inútilmente el territorio de Venezuela por la Vela de Coro con un bergantín financiado por los británicos.
Rebelión y capitulación en Venezuela
Pero la libertad americana no llegará como un don de las grandes potencias. Reventará desde adentro, con el movimiento del 19 de abril de 1810 en Caracas, y se extenderá como reguero de pólvora de pronunciamientos por las restantes posesiones americanas. Miranda es llamado por las autoridades independentistas y designado Generalísimo de los ejércitos de Venezuela. Los oligarcas mantuanos desconfían del brillante hombre de mundo a quien alguna vez discriminaron por ser su padre oriundo de las islas Canarias y comerciante (Grigulévich, 9-11). Miranda será incapaz de controlar las fuerzas dispersivas de la patria recién liberada; capitulará, será capturado por los españoles y en 1816 rendirá la vida como prisionero en la Carraca de Cádiz (Picón-Salas, 286-311). No es una muerte inútil, sino prematura. Antes de tres lustros, lo que fueron las colonias hispanoamericanas son una franja de gobiernos independientes del Missisipi a la Patagonia. Les falta sólo la unidad política. Contra todas las adversidades, el colosal proyecto está cumplido, o a medio cumplir. Es la única herencia del atormentado hombre universal: un legado que sólo podrán culminar hombres de su talla.
América Latina hacia la integración
El sueño de Miranda no muere con él. América Latina y el Caribe abarca unos veinte millones de kilómetros cuadrados con una población que constituye una comunidad cultural en la cual predominan una sola religión, la católica, dos lenguas romances, el castellano y el portugués, y la poderosa fuerza integradora del mestizaje. La empresa de la emancipación siempre fue entendida por los próceres como hazaña continental. Patriotas de distintas comarcas colaboran entre sí, y en los mejores de ellos persiste la idea de unir América Latina en un gran cuerpo político. El Libertador general San Martín comienza por liberar Argentina, decide la independencia de Chile y combate por la de Perú. El Libertador Simón Bolívar libera lo que hoy son Venezuela, Colombia, Ecuador, Panamá, Perú y Bolivia. Con los tres primeros países integra la Gran Colombia, que se disuelve a su muerte en 1830. Pero el sueño de Miranda de la Unidad latinoamericana sigue vivo hasta el presente. Los más destacados revolucionarios, como el cubano José Martí y el nicaragüense Cesar Augusto Sandino siguen formulando planes de unidad e integración. El argentino Ernesto Ché Guevara pelea en Cuba y en Bolivia por él.
Organizaciones integradoras
Estados Unidos intenta desde 1889 una integración tutelada por Washington, primero a través de la Unión Panamericana y a partir de 1945 con la Organización de Estados Americanos. Los países latinoamericanos, por su parte, buscan una integración propia e independiente, en algunos casos económica, como en la unión del Mercado Común del Sur (Mercosur) creada en 1991 y que comprende a Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y Venezuela. De allí han avanzado hacia la integración política, como sucede con la Comunidad Suramericana de Naciones (Cosuna) creada en 2004, y que desde 2007 adopta el nombre de Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) con la participación de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela, vale decir, de todos los países de América del Sur. Otro decisivo paso hacia la unidad lo constituye la Alternativa Bolivariana para América Latina (Alba), fundada asimismo en 2004, con un nuevo esquema integrador que sobrepasa las relaciones comerciales y apunta hacia la cooperación económica, social, científica y cultural (Britto: 107-186). El proyecto de una América Latina y el Caribe unida desde el río Grande hasta la Patagonia continúa vigente, y avanza con pasos cada vez mas firmes y acelerados hacia su culminación.

FUENTES:
Bohórquez, Carmen (2006). Francisco de Miranda, precursor de las independencias de la América Latina. Caracas: El perro y la rana.
Britto García, Luis (2009) América Nuestra: Integración y Revolución, Tomo II. Caracas: Fondo Cultural del Alba.
Grigulévich, José (1974). Francisco de Miranda y la lucha por la liberación de la América Latina. La Habana: Casa de las Américas.
Grisanti, Luis Xavier y Christian Ghymers (2001). Francisco de Miranda, l´Europe et l´integration latino-américaine. Louvain-la-Neuve: Versant Sud.
Miranda, Francisco de (1992).Documentos fundamentales. Biblioteca Ayacucho: Caracas.
Mondolfi, Edgardo y David Ruiz Chataing (1991). Miranda, la aventura de la libertad(Antología). Caracas: Monte Ávila Editores.
Picón-Salas, Mariano (1993). Miranda. Caracas: Monte Ávila Editores.
Robertson, William Spence (1982). La vida de Miranda. Caracas: Banco Industrial de Venezuela.
http://luisbritto.Wordpress.com