viernes, 29 de agosto de 2014

LA ORGÍA IMAGINARIA/EL FILÓSOFO




Luego, si uno de estos hombres, hábiles en el arte de imitarlo todo y de adoptar mil formas diferentes, viniese a nuestra ciudad para obligarnos a admirar su arte y sus obras, nosotros le rendiríamos homenaje, como a un hombre divino, maravilloso y arrebatador, pero le diríamos que nuestro Estado no puede poseer un hombre de su condición, y que no nos era posible admitir persona semejante.
Platón: La República.
La noche en que Dionisio, tirano de Siracusa, cedió a las resplandecientes seducciones de Platón y ofreció su apoyo para la creación de la perfecta República de los filósofos, las estrellas gravitaban dolorosas y bajas, y Dionisio sintió que perforaban su pecho para encarnizarle el dolor de separarse de aquel hombre de amor y palabra perfectos que tan bien había musitado en sus oídos la razón de las tinieblas. La República de los filósofos se instauró al sur de Siracusa, en las colinas horadadas de cavernas desde cuyas profundidades el mundo exterior podía ser considerado como pura sombra o mera fábula. Eran comunes los bienes, las mujeres y las tinieblas. Una casta de guardianes de hierro se ocupaba de rechazar al enemigo —los poetas— y de buscar el único bien —la verdad. En rondas infinitas tanteaban galerías oscuras o perforaban túneles geométricos intentando asirla en sus escondrijos situados más allá de la apariencia sensible y el error de las opiniones. Dieron al fin en buscarla en cada cosa, desechando los accidentes de la misma, y por tanto destruyéndola en la vana persecución de sus esencias. Así, astillaban una silla buscando librarla de todo lo que no era la esencia de la silla, y viviseccionaban un niño esperando despojarlo de todo lo que en él no era el niño, y escindían a los hombres en productores de bronce, guerreros de hierro y filósofos de oro, y destruían los objetos porque su presencia no los privara de la contemplación última de estructuras tan puras, que sin existir borraban en un manchón informe este mundo y su existencia. Un invierno de destrucción y de lóbregas pesquisas los convenció de que nada llegaba a buen término porque habían sido infiltrados por el enemigo. 

Habían sido inútiles los sistros crucificados a la entrada de las cuevas: en la República de los filósofos había entrado un poeta. Pero los hombres de hierro vacilaron, perplejos. Ninguno de ellos sabía qué cosa es un poeta. Razonaron por fin que, así como un diamante raya otro diamante, sólo un poeta puede conocer qué cosa es un poeta, y odiarlo lo suficiente como para prohibirle la entrada en su reino. La persecución progresó en espirales dialécticas hacia el torbellino de las cavernas centrales. Platón escapó arrojando su corona de oro y deslizándose entre el laberinto de las progresiones de sombras. No abrió los ojos al salir al exterior. Sus perseguidores cayeron, gritando que la luz les había enceguecido. Así fue como Platón pudo abordar la barca de pescador que le permitió huir a Siracusa, y tomar el barco que lo llevaría a Egina, donde fue vendido como esclavo.
(TEXTO/FOTOS: LUIS BRITTO)

sábado, 23 de agosto de 2014

DEMOCRACIAS, MASAS Y EJÉRCITOS


1
Los gobiernos progresistas de comienzos del milenio acceden al poder y lo mantienen por medios escrupulosa e inobjetablemente democráticos. Con procedimientos institucionales reinician  postergadas reformas agrarias, conceden y hacen efectivos derechos sociales, instauran o reafirman el control de  industrias que explotan  recursos naturales, emprenden  caminos hacia una industrialización moderada y ajustada a las necesidades locales, expulsan  misiones y bases militares estadounidenses.
2
Esta renuncia a las vías de hecho  no les ahorra la violencia contrarrevolucionaria. En Venezuela, cuando un golpe de Estado secuestra en 2002  a Hugo Chávez Frías, las mayorías inundan las calles y lo reinstauran como Presidente. Torrenciales movilizaciones acompañadas de un referendo mantienen en el poder a Evo Morales contra el intento derechista de secesión de la Media Luna. En Ecuador, marejadas del pueblo sostienen en el poder a  Rafael Correa. En Argentina, todo tipo de agresiones sacuden el gobierno de Kirchner; fallecido éste, el voto mayoritario coloca en su lugar a su viuda María Cristina Fernández.
Pero el apoyo popular no salva a los constitucionalmente electos Manuel Zelaya de Honduras y Fernando Lugo de Paraguay. Se plantea así el desafío de cómo elevar al poder y mantener en él a una revolución pacífica a la cual la derecha asalta con  violencia, sabotaje económico, terrorismo e injerencia imperial.
3
La respuesta está en la dinámica y oportuna movilización de masas. Ésta se logra a través de la prédica y la práctica de la participación popular. Gobiernos bien intencionados pero respaldados sólo por mayorías reducidas a la pasividad serán fácilmente derrocados mediante las recetas clásicas de la manipulación mediática, la agresión externa e interna, el bloqueo y la guerra económica.
4
En la Unión está la fuerza. La solidaridad es la herramienta con la cual los países pequeños pueden resistir a las potencias hegemónicas. La región latinoamericana y caribeña logró su Independencia a principios del siglo XIX en contiendas en las cuales cooperaron milicias de los más lejanos rincones del Continente. Pero desde finales de ese siglo estuvo sujeta a intentos de integración tutelados por Estados Unidos: la Unión Panamericana, luego el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, la Organización de Estados Americanos. Estos nudos fueron reforzados con una red de Acuerdos Multilaterales de Inversión, que privilegiaban a los capitales por encima de los países; de Tratados de Promoción y Protección de las Inversiones, que nulificaban las políticas proteccionistas  y sometían las controversias a tribunales o Juntas Arbitrales transnacionales; de Tratados contra la Doble Tributación, que garantizaban la inmunidad tributaria de los inversionistas.  La potencia hegemónica intentó  reservarse la región como  vasta zona absolutamente abierta a sus  inversiones y exportaciones con el Área de Libre Comercio para las Américas (Alca), proyecto que recibe en 2004 una aplastante derrota.
5
El nuevo milenio  inaugura así  una nueva diplomacia, marcada por la ampliación del Mercosur y la proliferación de organizaciones regionales integracionistas cuya independencia está garantizada por la ausencia de Estados Unidos y Canadá: Mercosur, Unasur, la Celac, el Alba. Las relaciones internacionales se orientan hacia la multipolaridad, y amplían  vínculos con Asia, con África, con los No Alineados, con el Bric. Paralelamente, Ecuador y Venezuela se libran de la tutela transnacional del Centro Internacional de Arreglo de Diferencias sobre las Inversiones, y de la Corte Interamericana de los Derechos Humanos. Perfeccionar esta orientación integracionista y pluralista es para las democracias socialistas tan decisivo como la movilización popular.

(TEXTO/FOTOS: LUIS BRITTO)

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viernes, 22 de agosto de 2014

LA ORGÍA IMAGINARIA/LOS CONSTRUCTORES DEL CUBO


A = 12
V = 13
Sobre Mileto pasaron los persas, derribando por igual muros y seres, hasta borrar toda huella de acto humano, como sobre un tablero. Cuando por fin los persas fueron también borrados sobre el mar, los sobrevivientes de Mileto llamaron al arquitecto Hipódamo para que les construyera una nueva ciudad. Hipódamo paseó sobre la ladera del puerto, cuya hipérbole le sugirió la sinuosidad del lecho, y cuya playa la secreta curvatura de la carne. Enfebrecido por la redondez solar, Hipódamo apoyó su cráneo esférico sobre la arena blanquecina del patio donde hacía sus trazados, y soñó una ciudad de cubos. A los ciudadanos que se quejaron del disparate, les replicó evidenciándoles la exacta aprehensibilidad del rectángulo y la simétrica repetibilidad del cubo. No bastaría toda la biblioteca de Atenas para describir la forma de una flor —les dijo— y yo, con una sola medida y tres potencias, encierro ya en la cúpula de mi cabeza la exacta dimensión, forma y volumen de Mileto. En vano le argumentaron que el cubo no existe en la naturaleza, que las carnes esféricas padecerían rebotando en paredes rectangulares, heridas por esquinas rectas, sumidas en rincones rectangulares. Que las mentes miléticas enloquecerían por la monotonía de los trapecios precediendo a trapecios y medidos por trapecios; que estar en una sola de las moradas de la ciudad sería ya estar en todas, y que acaso ser uno de sus ciudadanos sería ser al mismo tiempo todos ellos. Este argumento, que la envidia aguzó contra Hipódamo, fue al cabo la irresistible palanca que le aseguró el apoyo de los gobernantes. Por encima de los senos carnales y de las apófisis biomorfas de la ladera, se instauró el cuadriculado del plano regulador de Mileto. En adelante, bastará multiplicarlo hacia el naciente y hacia el poniente, hacia el austro y el septentrión, y todo el mundo será Mileto, dijo Hipódamo, entre la polvareda de la colina aplanada. ¿Y hacia abajo, maestro? preguntó uno de sus oficiales, elevando los andamios ¿Y hacia arriba? ¿También los astros serán cubos? Preguntó uno de los aprendices, midiendo los cúbicos bloques de piedra. Cuando veas cubos en los astros —contestó el arquitecto— sabrás que Hipódamo los ha conquistado. ¿Y en la flor, Maestro? preguntó el geómetra, sacudiendo dientes de león de sus cordeles, y estirándolos para que dieran la intersección mágica del ángulo recto. La razón me convence —contestó el Maestro— de que la misma argucia empleada por un visionario para construir una morada fue usada por los dioses para construir este pétalo.

Esa noche, Hipódamo soñó la medida y las potencias que harían aprehensible la geometría de la flor y las operaciones que permitirían repetirla hasta el infinito. A la mañana siguiente, las trazó en la arena del patio, y miró como el viento las borraba, sin contestar las preguntas de aprendices, oficiales y maestros. —Si los astros florecieran— dijo para sí, mientras la esfera solar era bisectada por el metálico plano del mar— nadie sabría que Hipódamo los ha conquistado.


(TEXTO/FOTOS: LUIS BRITTO)

lunes, 18 de agosto de 2014

AMÉRICA LATINA: DEUDA Y PROTESTA SOCIAL


1
A fines del siglo XX el futuro de América Latina y el Caribe parecía clausurado. Deudas impagables contraídas ilegalmente agobiaban las haciendas públicas. Para cancelarlas, los gobiernos suscribían con el Fondo Monetario Internacional Paquetes que implicaban el desmantelamiento del Estado y de los ejércitos nacionales, la subasta de las empresas públicas, la cesión de la soberanía -comprendidas la potestad tributaria y la de protección de la economía-, la liberación de precios y de tasas de interés y la drástica reducción del gasto en educación, salud y seguridad social. Un alza unilateral y usuraria de los intereses de 5% a 16% y a 20% que, según la CEPAL, aumentó la deuda de 257,3 miles de millones de dólares en 1980 a 830 mil millones en 1980,  prometía lograr lo que sólo habían conseguido implacables dictaduras de derecha: la entrega de 600 millones de habitantes y  22 millones de kilómetros cuadrados a la voraz rapiña neoliberal.
2
Este proyecto se fracturó por la base social. Las políticas fondomonetaristas  provocaron sublevaciones populares en países como Venezuela,  Argentina y  Bolivia. En Ecuador seis gobiernos fueron derrocados en rápida sucesión por los movimientos sociales. La conmoción de las masas  aniquiló a los partidos populistas socialdemócratas o socialcristianos que habían ejercido hegemonías durante casi medio siglo. Perdieron rotundamente las elecciones y vieron disminuir abismalmente militancias y participación electoral.  Los fines del siglo XX vieron el contundente  auge de los movimientos sociales: Movimiento de los sin Tierra en Brasil, piqueteros y empresas recuperadas en Argentina, Círculos Bolivarianos en Venezuela, zapatistas en México, movimientos étnicos, Alianza Social continental, entre muchos otros, sostenidamente desbaratan las viejas estructuras del Estado.
3
La protesta social se traduce así en renovación política. Organizaciones casi nuevas toman el poder electoralmente con mensajes radicales: protección de la economía nacional; rescate o expropiación de  empresas explotadoras de recursos naturales; aplicación de los ingresos al gasto social, con educación, salud y seguridad social para todos, revisión de la Deuda Pública. Las organizaciones que suceden a los neoliberalismos fracasados son socialistas, en vías hacia el socialismo o afines con él. De Marx toman la lucha de clases y la necesidad de la Revolución; de Lénin, el antiimperialismo. Sin embargo, ninguna sostiene que el paso al socialismo deba ser la culminación de un desarrollo capitalista extremo; ninguna afirma que haya que forzar la industrialización para superar a los países desarrollados. Ninguna pretende entablar con éstos  carreras consumistas. Todas están permeadas de la conciencia ecológica de que no hay recursos en el planeta para que la totalidad de  los países imiten el desarrollo capitalista. Ensayan nuevas propuestas de estilo de vida: el Sumak Kawsay, el buen vivir, las comunas.  En los países con gran población indígena,  preconizan el respeto hacia las formas de vida comunitarias tradicionales. Reintegran  derechos a los trabajadores; someten las maquilas a las leyes y derechos laborales locales. Instauran iniciativas para el progresivo control social de industrias básicas y estratégicas. Intentan  sistemas  financieros regionales, tales como el SUCRE y el Banco del Sur. Para el momento de su constitución en 2010, el Producto Interno Bruto de toda la CELAC ascendía a 6,06 billones de dólares, lo cual arrojaba un PIB per cápita de 12.001 dólares anuales por habitante: suficiente para resolver sus problemas, si se lograra un grado apreciable de igualitarismo en la región más desigual del mundo. Si se intenta de nuevo demoler a América Latina a través de la Deuda, la región podría responder una vez más.
 (TEXTO/FOTO: LUIS BRITTO)



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domingo, 17 de agosto de 2014

LA ORGÍA IMAGINARIA/LOS CONSTRUCTORES DE BABEL


        
              Vamos a construirnos una ciudad y una                  torre, cuya cúspide toque los cielos y nos               haga famosos, por si tenemos que
              dividirnos por la faz de la tierra.
                                                       Génesis, 11
Cada quien contará esta historia a su manera. En tiempos en que los hombres eran muchos y muy sabios, por soberbia quisieron construir una torre que les permitiera invadir los cielos. Éste no fue el verdadero milagro. El verdadero milagro consistió en que todos sin discrepancia aceptaran la erección de la torre; todos sin pugna acordaran el mismo sitio para elevarla, todos sin disputa aceptaran el mismo diseño, y todos sin discusión la titánica esclavitud a una reina de piedra que aún no existía.
Los constructores de la torre empezaron desde entonces a andar erguidos, como apuntando a los cielos, a considerar la vida misma como una construcción en progreso, que debía avanzar cada día, a sentirse cada instante más lejanos del suelo, como si ya sólo debieran abrir las ventanas de sus párpados para permitir el paso de cometas o
estrellas fugaces o pájaros. Cada día de sus vidas y cada piso de la torre los acercaban a una geometría del ser más perfecta e irrespirable —pues si la base del monstruo podía ser chata y cloacal y sobredecorada, su cima habría de ser espectral y casi sin forma a fuerza de depurada.

Sin duda llegaron a concluirla. El último día de las obras, verificaron que bajo las bases de la torre no quedaba ni un solo grano de tierra que transportar a la cumbre para acrecentar su altura —océanos, cordilleras, canteras, continentes y desiertos habían sido molidos e integrados en el alfiler desmesurado cuya punta no conducía a otro sitio que el vacío. Desde la última atalaya, el Arquitecto Supremo contempló la negrura sin atenuaciones que se extendía sin término por encima de la cumbre desolada. El Arquitecto Supremo gritó, se cubrió el rostro con las manos y, volviéndose hacia el abismo, ordenó la demolición de las bases de la torre para añadir aun pisos suplementarios a la vertiginosa aguja —la torre crecería devorándose a sí misma, violando la Nada con su ariete siempre en crecimiento y siempre en destrucción.
En alguno de los pisos resonó un alarido que era casi un eco. Con un frenesí hasta entonces desconocido entre los constructores, un albañil propuso demoler los pisos superiores para reconstruir la mole de detritus planetarios que en el comienzo había servido de punto de apoyo a la torre. Reía o lloraba, nunca se supo, pues el maestro de construcción que tomó la palabra para apoyarlo terminó proponiendo demoler la torre para reconstruirla exactamente, pero con las bases en
el lugar de la cima, y ésta en el lugar de la base. La gritería subsiguiente fue dominada por los alaridos de un oficial de andamios que proponía demoler la torre (que no podía ser infinitamente grande) para construir con ella una miríada de torres infinitamente pequeñas. A su lado, un ingeniero de poleas propuso la demolición de la torre para construir a su alrededor un muro que bloqueara la visión devorante del vacío. A cuyas espaldas los aprendices canteros comenzaron a darse bofetones
discutiendo de cuál lado de tal muralla convendría dejar aislado el vacío. Pero todo recuento sería ocioso. Baste decir que cada constructor emitió un proyecto, y que cada proyecto difería de los restantes como la Nada de la torre que apuntaba hacia ella, como un índice cuya presencia nadie parecía poder tolerar. Las tergiversaciones posteriores hablan de un acto divino que nos
redujo a la falta de cooperación, la incomunicabilidad y la incoherencia, que desde entonces nos han impedido concluir cualquier otra torre, porque cuando un constructor empieza a abrir una ventana, ya otro está tapiándola, y un tercero sustituyéndola por un túnel, y un cuarto
comienza por encima de éste un puente, y un quinto lo destruye todo. O el mismo constructor que comienza a tallar un paralelepípedo, prosigue
devastando un icosaedro y concluye dejando en la cantera una piedra esférica cuyo propósito ha olvidado. Por modo que siempre estamos
solos, nunca comprendemos nada, y nuestro trabajo nunca termina.

La explicación es otra, más sencilla. Los primeros hombres no fracasaron. La torre originaria alcanzó su destino. Esto es el cielo.
(TEXTO/FOTOS: LUIS BRITTO)

sábado, 9 de agosto de 2014

CONTRA FONDOS BUITRES, LEGALIDAD E INTEGRACIÓN

   

    
    Conversación en el Valle Grande de Mérida
     El tema del peso de la Deuda Eterna sobre nuestros países es también eterno. Meses después de la rebelión militar del 4 de febrero de 1992 un grupo de intelectuales nos reunimos en el Valle Grande de Mérida. De allí salieron la iniciativa de enjuiciamiento de Carlos Andrés Pérez, propulsada por Ramón Escobar Salom, y propuestas de quien suscribe para librarnos de la esclavitud de la Deuda, que es oportuno reiterar:

     Contratación de la Deuda
     Es preciso actuar con la mayor ponderación en lo relativo a la contratación de nuevos endeudamientos. Estamos cerca de duplicar el monto originario de la Deuda estimado luego del colapso fiscal de 1983. Por tal motivo, en toda futura operación de crédito público se debe:
     -Verificar que los fondos provenientes de ella serán efectivamente aplicados en proyectos reproductivos, cuya factibilidad técnica se encuentre objetivamente demostrada
-Privilegiar el recurso al mercado interno de capitales
-Desarrollar un sistema eficaz de planificación global,  investigación y centralización de información y controles de los endeudamientos de la administración centralizada y de la descentralizada, para que tanto los administradores como los legisladores dispongan de una información pormenorizada, exacta y total para guiar sus decisiones en la materia.       
Añadimos ahora que en ningún caso y bajo ninguna circunstancia se deben aceptar cláusulas infames que permitan al acreedor aumentar unilateralmente las tasas de interés. Disposiciones de tal índole permitieron triplicar y cuadruplicar en pocas décadas la carga de la Deuda de América Latina, sin un solo centavo de aporte adicional de los prestamistas.

     Convenios de lavado de Deuda
     La omisión por parte del gobierno de políticas acertadas de renegociación, condujo a  acuerdos de refinanciamiento suscritos -al igual que la Deuda originaria- sin consulta a la voluntad nacional. Por tal motivo, las camarillas de negociadores pudieron firmar convenios de lavado de deuda -encomiados como "el mejor refinanciamiento del mundo"- que legalizaron una deuda de la cual más de la mitad había sido contraída ilegítimamente,  comprometieron la gestión financiera del país por más de cuatro décadas  y precipitaron la bancarrota fiscal que reveló la crisis del sistema. En gran parte, el contenido de tales acuerdos y las magnitudes reales y exactas de la Deuda Pública permanecen en secreto. En virtud de ello, es indispensable:   
      -Imponer  políticas de transparencia y publicidad en cuanto al verdadero monto de la deuda y los acuerdos relativos a la misma, investigando y señalando las responsabilidades de los funcionarios que han participado en las negociaciones, si tal fuere el caso
     -Impugnar los acuerdos de refinanciamiento que contengan      condiciones lesivas al interés nacional y que no hayan cumplido el requisito de aprobación por el Congreso previsto en  la Constitución.

       Estrategias contra la Deuda
       Para acercarnos a tales objetivos, enfrentaremos la carga de la Deuda con una estrategia múltiple, que incluirá aumento de la producción, incremento de la recaudación fiscal, y una  renegociación fundada en los lineamientos siguientes:
     -Consolidar bloques de deudores para imponer conjuntamente nuestras condiciones
     -Revisar la legitimidad de las obligaciones contraídas en aquellos casos en que no hayan sido relegitimadas en negociaciones posteriores
     -Postergar el pago de los enriquecimientos ingresados sin cumplimiento de las formalidades legales necesarias
     -Eventualmente, recomprar títulos de la Deuda cuando éstos presenten baja cotización
     -Investigar y determinar las responsabilidades penales, administrativas y civiles de los funcionarios que contrajeron Deuda pública en contravención de las disposiciones constitucionales y legales pertinentes, y aplicar la sanción respectiva
     -Ejercer una diplomacia dinámica  en los organismos internacionales para buscar  solución política al problema de la Deuda como única alternativa a una situación de conflicto creciente y generalizado en el Tercer Mundo. 


Contra Deuda Eterna, estrategias perennes. 

(TEXTO/FOTOS: LUIS BRITTO)

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martes, 5 de agosto de 2014

LA ORGÍA IMAGINARIA:LOS CONSTRUCTORES DE LA PIRÁMIDE



Anales de la construcción de la Pirámide, que dejamos nosotros, los constructores de Keops.
Para que no se borre del día la memoria del principio.
Para que no se disipe como la arena, que corre desde la pirámide hacia los cuatro horizontes del mundo.
Con los símbolos mágicos del ojo, de la serpiente, del halcón y del chacal inscribimos esta historia, que no es ninguno de ellos.
La construcción de la Pirámide comenzó por el punto.
El punto estaba allí, anterior a todo lo demás, y sin adversario.
Pero la plenitud de su gloria sólo podía ser comprendida comparándola con alguna gloria menor, y por ello, el punto decidió degradarse.
De su unidad absoluta e intocada comenzaron a descender cuatro líneas. Hijas del punto al fin, hasta en su descenso debían de ser perfectas, simétricas en su cuaternidad, alejándose la una de la otra al mismo tiempo que engendraban perfectos y simétricos ángulos, que parecían reflejarse los unos a los otros.
Hacia el infinito partieron, como cuatro dardos que eran tan infinitos como el punto que las engendró. Pero, para expresar el infinito, las líneas debían cumplir la tarea casi imposible de vencer ese infinito. Y las líneas lo vencieron de manera absoluta. Las líneas desarrollaron un límite.
Detenidas en el vacío, las líneas conectaron entre sí sus extremos, definiendo así el plano: es decir, el terror del punto que contiene un espacio, inscrito en la extensión de un espacio delimitado por puntos. Del punto original extraídos así los cuatro triángulos, éstos a su vez cayendo sobre las cuatro esquinas del cuadrado, el todo un invisible relámpago de ocho líneas soldadas por los clavos metafísicos de los cinco puntos conteniendo prisioneros los infinitos potenciales de los cinco planos, mutuamente interceptados.
Aquí un nuevo terror ha sucedido: de nuevo se ha vencido al infinito del vacío, limitándolo: entre la jaula de los cinco puntos y los cinco planos y las ocho líneas ha surgido un volumen: el tetraedro, también llamado pirámide. El vacío ha tomado una forma (lo que es imposible); de aquí en adelante, todo se precipita.

El vacío vuelto forma es eso que llamamos materia, y que deviene tan ciertamente de esa materia del vacío que llamamos punto, que nos es imposible pensarla sin reducirla a ese punto preciso al que llamamos un átomo. Pues la red del vacío encerrado entre los puntos es la única manera de situarlo. En ella nace. Sus fluctuaciones dentro de esta red constituyen el tiempo.
Entonces, la pirámide ya está construida, y lo demás es accesorio. El espacio encerrado dentro de ella se convertirá irremediablemente en materia, pues sólo a través de ella pueden expresar las relaciones contradictorias entre puntos, líneas y ángulos hasta su última potencialidad. El grano en el centro de la pirámide no es más que la concreción situable de las equidistancias entre los puntos externos. Y todos los demás granos, casos particulares de la variación de esas relaciones.
¡Y héte aquí entonces la pirámide flotando en el vacío, como un grito! ¡Su ápice y su base resumiendo la contradicción entre lo inextenso y lo extenso! ¡Sus bordes y su contenido cantando la lacerante batalla entre lo que es y lo que sólo limita!
Eterna como es, la pirámide sólo puede existir por contraste con lo efímero, y por ello, de la base de la pirámide, como una exudación, comienza a manar el tiempo. En la base de la pirámide se acumulan las más lentas excreciones del devenir —las aguas, las tierras, las vidas— mientras suben hacia su ápice las más ligeras y raudas —viento, ideas, nubes— y desde entonces estas excreciones remedan inexorablemente a la pirámide. Tomemos una montaña: torpemente descenderá desde su cumbre, intentando remedar una forma. Tomemos una religión: al escrutar el vacío diremos que un Padre de los Dioses engendró una corte piramidal de acólitos,  que una Idea pura engendró una catarata piramidal de determinaciones finitas o que un principio de autoridad soberana —encarnado en el faraón— deja fluir hacia abajo una cascada de mandos y de funcionarios que aplasta la chata muchedumbre
Desde el abismo, desde la muchedumbre, se dirá por el contrario que la construcción comenzó desde abajo, desde el fluyente barro, el limo y la sudorosa humanidad: que fue ésta, por negación de sí misma, la que creó esos puntos falsamente eternos llamados dios todopoderoso, idea pura o autoridad soberana; que en el fondo —en el más soterrado fondo— esas bases de la pirámide llamadas infraestructura económica, inconsciente o materia, son las que engendran o condicionan esos puntiagudos ápices llamados cultura, yo o fenómeno.

En el ápice de la pirámide, o en su base, se sitúan los sacerdotes antagónicos que defienden las vertiginosas batallas del arriba y del abajo: en innumerables pirámides que replican la primera encierran cadáveres, arrancan corazones o rellenan  ficheros. Una vasta humanidad que obedece sus órdenes siembra, pare, sufre, grita y degüella en los ámbitos barridos por la sombra de las pirámides. Inútilmente desguazan los materiales de una para construir la otra, invertida. Inútilmente derriban las pirámides invertidas para comenzar a erigir las bases cuadradas. Jamás podrán hacer más que pirámides. Y aun en el momento en que las aniquilaran, quedaría sólo en el universo el punto ominoso, dispuesto de nuevo a engendrar cuatro líneas.

(TEXTO/FOTOS: LUIS BRITTO)