lunes, 1 de septiembre de 2014

SERES COMO JULIO SIEMPRE HACEN FALTA



ENTREVISTA CON RUBÉN WISOTZKY
LARTILLERÍA, CORREO DEL ORINOCO, 30-8-2014

Luis Britto García rememora su amistad con Cortázar

Al autor de Rajatabla y Abrapalabra, unido en  palabra e idea al Cronopio mayor, comparte sus  ejercicios memorialísticos   y ofrece un perfil entrañable, cercano, sensible, de uno de los más brillantes escritores en lengua castellana. No duda el venezolano que su amigo “hubiera apoyado el  proceso actual diciendo la  palabra justa, escribiendo
el libro necesario...” 
Si alguien abrigaba alguna duda, ¿o más bien desnudaba habría que decir?, acerca del profundo sentido de la amistad, la solidaridad, la justicia y el bien común, que poseía en su devenir como ciudadano de este undo; si alguien creía que su sentido humanístico era una pose, una impostura, propia de  esas personas más interesadas  en la cosmética que en una buena
ética (que las hay, vaya que si las hay); en definitiva, si alguien  creía que Julio Cortázar no era  Julio Cortázar, no se acercó lo  suficiente a su palabra.

Por ejemplo, en 1974, para la parisina publicación Change, escribe en el prólogo de Introducción a una antología de prosa  latinoamericana. En él afirma:

“El lector francés ya no requiere que una selección de textos incluya necesariamente, además de a Borges, a escritores como Asturias, Lezama Lima, Vargas Llosa, García Márquez o Carpentier: ese lector ya los  conoce y sin duda preferirá que  Change le ofrezca textos menos accesibles o incluso completamente desconocidos”.

Más adelante aclara que “el criterio que ha presidido nuestra selección es el deseo de presentar algunos de los innumerables escritores que, paralelamente a los más conocidos, trabajan en la tarea común de hacer que la literatura latinoamericana sea un instrumento cada vez más vivo e influyente en la historia de nuestros pueblos, y no sólo su mera crónica nostálgica o su exégesis intelectual”.

Y ya concluyendo el escrito, remata (que en su caso es como revivir): “Atentos y abiertos al mundo, estos escritores han querido que su residencia intelectual sea América Latina, aunque muchos viven física mente muy lejos de ella. Por este motivo la prosa del chileno Skármeta, la uruguaya Peri Rossi, el argentino Saer o el venezolano García Britto, más allá de las diferencias que afortunadamente son muy grandes puesto que nuestro continente es ancho y diverso, se ordenan armoniosamente cuando se pone uno al lado del otro”.

“Éramos amigos unidos por una similitud de miradas y separados por una enorme distancia generacional y geográfica”

¿Cómo, entonces, pasar por alto este aniversario del autor de Rayuela si hay, bajo estas palmeras, muchas más razones que más allá que muchos mares? ¿Cómo, entonces, se podría negar su horizonte si es el mismo que dibujamos, recto, hermoso y alcanzable para todos los habitantes de esta Tierra de Gracia? ¿Cómo, entonces, no convocar a Luis Britto García, uno de nuestros intelectuales cronopio más destacado y preguntarle acerca de
sus impresiones, sus recuerdos y sus interpretaciones en torno a quien escribió tanto acerca del sueño de todos?

LEVE CRONOPIO
-Seamos, para empezar, sencillos: En su opinión, ¿por qué celebrar a Julio Cortázar?
-Primero, por su escritura espléndida, una de las primeras en bajar del altar de la solemnidad a la literatura latinoamericana. Luego, por la difícil sencillez de esa escritura, que parecía dialogar con el lector en una conversación entre amigos. También, por su lealtad hacia América Latina, región de la cual se fue a los diecinueve años, sin dejarla nunca ni en sus temáticas ni en su solidaridad a lo largo de una existencia vivida fundamentalmente en el Viejo Mundo. Cortázar siempre miró hacia Latinoamérica, mientras tantos intelectuales Latinoamericanos sólo miraban hacia Europa.
-Eran amigos, son amigos, la amistad no la mide la existencia. ¿Cómo se conocieron? ¿Cómo es esa amistad entre ustedes dos?
-Pues sí, éramos amigos unidos por una similitud de miradas y separados por una enorme distancia generacional y geográfica. Lo conocí en el tumulto de la preparación de un Congreso que intentaba celebrar la izquierda opositora en Mérida. Apenas teníamos un precario avioncito hasta allá y desde luego le cedí mi puesto. En alguna forma le llegó a París mi libro Rajatabla, y le escribió una elogiosa carta sobre él a Edmundo Aray.
-En su condición de autor celebrado por la crítica y los lectores, ¿hay algo qué le debe a Julio Cortázar? ¿Hay algún elemento, un recurso, una técnica, una temática, alguna inspiración que le deba a Julio Cortázar? ¿Hay algo cortazariano en su obra?
-Pues sí. Desde mi primera adolescencia yo hacía humor en periódicos liceístas y universitarios, pero había un consenso de los aburridos en que el humor no era literatura, en que la verdadera literatura debía ser  funeraria, solemne, soporífera. Compré Historias de cronopios y de famas sin conocer en absoluto al autor, meramente fascinado por el atrevimiento del título, y desde entonces me convertí en adicto a Cortázar, y me reafirmé en la idea de que el creador debe hacer lo que le gusta, lo que le divierte. Alguna vez le comenté que había querido incluir en mi obra a un utopista venezolano, pero que me había contenido porque Julio había incorporado a Cefirino Piriz en La vuelta al día en ochenta mundos. Me animó a que lo hiciera, y así tuve licencia para incluir un relato sobre Ramiro Nava en La orgía imaginaria. Podría haber de cortazariano en mis garabatos el juego, la experimentación, la sonrisa, la fascinación por lo fantástico. Pero éstas herencias vienen también de Macedonio Fernández, de Vicente Huidobro.

-¿Qué es lo que más le gusta del quehacer creador de Julio Cortázar?
-La levedad. Cortázar acometió el cuento, la novela, el ensayo, el teatro y en ocasiones la poesía. Nunca es farrogoso, ni pretencioso, ni moralista.

COMPROMETIDO
CON EL COMPROMISO

-Julio Cortázar fue un escritor comprometido, usted es un escritor comprometido. ¿Entre el compromiso de antes y el compromiso de ahora cuáles son las diferencias y coincidencias, si es que hay de ambas y en ambas?
-El compromiso antes, ahora y después, es siempre con la conciencia. De allí deriva la solidaridad con unas ideas, con un pueblo, con una clase social, con un partido. El compromiso es además explícito y abierto. Nada más patético que quienes dicen abominar del compromiso, y son beatos del neoliberalismo, de la banca, de los marines. En mi primera adolescencia fui nihilista, a los 18 años me volví marxista y lo soy  antes, ahora y después, sin diferencias. 

-A Julio Cortázar le achacaban algunos críticos que su palabra había perdido esplendor o fuerza toda vez que se identificó y asumió de manera más protagónica (caso Nicaragua) el rol de intelectual comprometido. ¿Cómo lo aprecia usted? ¿Puede establecerse algún parangón con usted?
-Vaya, qué esplendorómetro tan bien calibrado el que les permite medir que un texto tiene fuerza según que se lo haya publicado antes o después del compromiso con Nicaragua. Apuesto a que les muestras varios textos sin descubrirles las fechas, y no saben distinguir uno del otro ¿Pero acaso no era comprometido “Casa tomada”, uno de sus primeros relatos, y que se refiere simbólicamente a una Argentina que obliga a sus habitantes a marcharse? ¿Los “famas”, retratados décadas antes  de que insurgiera el sandinismo,  no son una alegoría de los burgueses, atentos sólo al dinero, al provecho, a la rapacidad y al propio interés? Yo lo que observo es que la mayoría de los conversos no han vuelto a escribir nada que valga la pena desde que dejaron la izquierda.

-Es de suponer que se vieron, en calidad de amigos, muchas veces. ¿Puede contarle a los lectores alguna anécdota, un hecho, que recuerde usted y que los involucre a ambos?
-Un ser legendario no podía menos que dar ocasión a leyendas. Dijeron que sufría una enfermedad que le impedía envejecer. Lo cierto es que por alguna peculiaridad siguió creciendo toda su vida, en alma y cuerpo. Andaba con pantalones brincapozos, porque los que compraba al poco tiempo le quedaban cortos.  Cuando estuvo en Caracas, Duccio D´Ambrosio nos grabó una larga conversación, en la cual de mutuo acuerdo evitamos hablar sobre literatura, y en cambio nos divertimos mucho conversando sobre cómic, cine fotonovela, boxeo y música latinoamericana. Cuando al fin pasé una temporada en París hacia 1980, Julio estaba tan grave que no pude verlo. En el texto de la que hubiera sido su última conferencia, que dejó por escrito, me confiere el honor de citarme in extenso. Hace un año tomé Un tal Julius para releerlo, y cayó al suelo un papelito donde me había escrito de puño y letra su dirección en París: 1, Place du general Beuret.
CRÍTICA Y AUTOCRÍTICA
-Julio Cortázar estuvo de visita en Venezuela para participar en un encuentro de intelectuales. ¿Cómo fue dicha visita?
-Justamente, fue en esa visita cuando le cedí mi puesto en un avión que iba para Mérida. Creo que hizo mejor papel en ese encuentro que el que jamás hubiera hecho un servidor. Yo había escrito una ponencia sobre “Los siete exilios del escritor latinoamericano”, y Cortázar era un exiliado de oficio, pero también un exiliado espiritual, un habitante de utopía desterrado en este Valle de Grimas.

-A veces pareciera que en el continente nos faltan hoy varios Julio Cortázar apuntalando en palabras, en ficción y reflexión, este maravilloso proceso que propone un cambio paradigmático de culturas y políticas. ¿Es así? ¿O es un tremendismo de nuestra parte? ¿Qué piensa usted?
-Seres como Julio siempre hacen falta. En épocas tremendas, para señalar como brújulas hacia las causas buenas, para construir imaginativamente futuros que no sean más de lo mismo. En las épocas felices, para encontrar la desazón del instante, la tristeza en la fiesta, las grietas de la eternidad. Pero tenemos muchos seres de ese corazón y ese calibre, en América Latina y en Venezuela. Basta saber escuchar y leer para descubrirlos.

-¿Existe una literatura revolucionaria? ¿Acaso no es toda literatura, per se, revolucionaria?
-Me gusta repetir que el talento es independiente de la ideología. Pero es verdad, incluso la literatura conservadora escrita con talento es revolucionaria. Balzac era conservador y monárquico; su terrible requisitoria de la burguesía francesa resulta más que revolucionaria. Dostoievski salió de su prisión en Siberia ortodoxo y zarista: su análisis de las humillaciones del alma del hombre bajo la opresión son reveladoras y tienen derivaciones libertarias. Sade escribió historias monstruosas, pero ellas denuncian cómo los nobles, los sacerdotes, los jueces devoran al resto de la sociedad, y esas narrativas escalofriantes preparan las revoluciones sicoanalítica y surrealista. La literatura contrarrevolucionaria es la mala. Hay mucho best seller, mucha autoayuda, que no pasa de chicle espiritual.

-A riesgo de que seamos considerados de un excesivo carácter especulativo: ¿se imagina a Julio Cortázar en este Proceso Bolivariano que se extiende, ineludiblemente, por todo el continente? ¿Lo imagina imbuido en él? ¿Qué nos diría? ¿Cuál cree que sería su visión de esta realidad?
-Cortázar sin duda  hubiera apoyado al bolivarianismo, pues  no me imagino  un Julio escribiendo el decreto de Carmona o alguna otra perla del pensamiento de la derecha. Pero  hubiera apoyado el proceso actual diciendo la palabra justa, escribiendo el libro indispensable, el relato revelador, y quizá la crítica y la autocrítica necesarias.










domingo, 31 de agosto de 2014

DEFENSA CULTURAL DE AMÉRICA LATINA


1
¿Cómo defender los cambios logrados  y aquellos todavía en proyecto en América Latina y el Caribe? Un dogma oponía los ejércitos latinoamericanos a los cambios sociales. El axioma dejó de ser cierto en las sociedades con ejércitos de oficialidad de origen policlasista. La institución armada apoya decisivamente las reformas en Venezuela, Ecuador y desde luego en Nicaragua, y no se opone a ellas en Argentina y Brasil, entre otros países.
2
Sin embargo, en la región persisten fracciones de sus ejércitos que han intentado golpes contra los presidentes electos,  y perduran más de seis decenas de bases de potencias imperiales. Rafael Correa demostró que se las puede expulsar, al actuar con decisión y patriotismo contra la base de Manta. Atilio Borón ha señalado que así como Estados Unidos libró sus primeras batallas por la hegemonía en América Latina, librará también allí las últimas. Debemos prepararnos.
3
El desafío internacional de América Latina consiste en abogar por la Independencia de los territorios de la región todavía sometidos al colonialismo, tales como Puerto Rico o las Malvinas, y enfrentar a la Alianza del Pacífico, integrada en parte por gobiernos herederos de regímenes que soportaron prolongadas intervenciones,  aplicaron drásticas políticas de eliminación física de la izquierda, aceptan bases estadounidenses y se someten al Consenso de Washington. Quizá las nuevas organizaciones integracionistas deban concertar alianzas militares o tratados de paz y no agresión que dificulten los conflictos y sobre todo la injerencia imperial en ellos. América Latina, zona de paz, sólo debería esgrimir las armas contra agresores extraños a la región.
4
En América Latina y el Caribe problemas comunes afortunadamente coexisten con una cultura esencialmente común, en donde la preponderancia de dos lenguas romances y de una religión abre caminos para la intercomunicación de diferencias y semejanzas. La conciencia de la latinoamericanidad es el fundamento de todos los proyectos de integración social, económica, política, diplomática y estratégica. El desafío consiste en reafirmarla con sistemas educativos y académicos abiertos a todos  que analicen nuestras realidades, sus problemas y las formas de resolverlos mancomunadamente.
5
Repetidamente  preconizamos medidas tales como: Revisión y divulgación de nuestra Historia común. Libertad y fomento de la circulación de bienes culturales entre nuestras repúblicas. Rescate, preservación y enaltecimiento de nuestro patrimonio cultural. Desarrollo de políticas para eliminación definitiva del analfabetismo, gratuidad de la enseñanza en todos sus niveles, sistemas masivos de educación a distancia y normas integrales de validación y reválida de estudios. Rescisión de todos los acuerdos y tratados mediante los cuales Estados Unidos y  Europa ejercen influencia o control sobre los contenidos y métodos de nuestros sistemas educativos y de investigación. Orientación de la investigación académica y científica hacia nuestros problemas regionales. Protección para la música, la cinematografía, la televisión regionales. Red de agencias informativas regionales. Rigurosas normas de responsabilidad social para los medios de comunicación. Multiplicación de emisoras alternativas y de servicio público con alcance continental. Creación de redes de Institutos de Estudios Latinoamericanos y del Caribe. Adscribir la difusión y el apoyo para el cumplimiento de estas metas a redes de medios de comunicación de servicio público  y libres, alternativos  y comunitarios que nos ayuden a pensar a la región como un cuerpo interdependiente e integrado. La conciencia cultural presente es el más invulnerable escudo contra la agresión venidera. Forjémosla.

(TEXTO/FOTO: LUIS BRITTO)


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viernes, 29 de agosto de 2014

LA ORGÍA IMAGINARIA/EL FILÓSOFO




Luego, si uno de estos hombres, hábiles en el arte de imitarlo todo y de adoptar mil formas diferentes, viniese a nuestra ciudad para obligarnos a admirar su arte y sus obras, nosotros le rendiríamos homenaje, como a un hombre divino, maravilloso y arrebatador, pero le diríamos que nuestro Estado no puede poseer un hombre de su condición, y que no nos era posible admitir persona semejante.
Platón: La República.
La noche en que Dionisio, tirano de Siracusa, cedió a las resplandecientes seducciones de Platón y ofreció su apoyo para la creación de la perfecta República de los filósofos, las estrellas gravitaban dolorosas y bajas, y Dionisio sintió que perforaban su pecho para encarnizarle el dolor de separarse de aquel hombre de amor y palabra perfectos que tan bien había musitado en sus oídos la razón de las tinieblas. La República de los filósofos se instauró al sur de Siracusa, en las colinas horadadas de cavernas desde cuyas profundidades el mundo exterior podía ser considerado como pura sombra o mera fábula. Eran comunes los bienes, las mujeres y las tinieblas. Una casta de guardianes de hierro se ocupaba de rechazar al enemigo —los poetas— y de buscar el único bien —la verdad. En rondas infinitas tanteaban galerías oscuras o perforaban túneles geométricos intentando asirla en sus escondrijos situados más allá de la apariencia sensible y el error de las opiniones. Dieron al fin en buscarla en cada cosa, desechando los accidentes de la misma, y por tanto destruyéndola en la vana persecución de sus esencias. Así, astillaban una silla buscando librarla de todo lo que no era la esencia de la silla, y viviseccionaban un niño esperando despojarlo de todo lo que en él no era el niño, y escindían a los hombres en productores de bronce, guerreros de hierro y filósofos de oro, y destruían los objetos porque su presencia no los privara de la contemplación última de estructuras tan puras, que sin existir borraban en un manchón informe este mundo y su existencia. Un invierno de destrucción y de lóbregas pesquisas los convenció de que nada llegaba a buen término porque habían sido infiltrados por el enemigo. 

Habían sido inútiles los sistros crucificados a la entrada de las cuevas: en la República de los filósofos había entrado un poeta. Pero los hombres de hierro vacilaron, perplejos. Ninguno de ellos sabía qué cosa es un poeta. Razonaron por fin que, así como un diamante raya otro diamante, sólo un poeta puede conocer qué cosa es un poeta, y odiarlo lo suficiente como para prohibirle la entrada en su reino. La persecución progresó en espirales dialécticas hacia el torbellino de las cavernas centrales. Platón escapó arrojando su corona de oro y deslizándose entre el laberinto de las progresiones de sombras. No abrió los ojos al salir al exterior. Sus perseguidores cayeron, gritando que la luz les había enceguecido. Así fue como Platón pudo abordar la barca de pescador que le permitió huir a Siracusa, y tomar el barco que lo llevaría a Egina, donde fue vendido como esclavo.
(TEXTO/FOTOS: LUIS BRITTO)

sábado, 23 de agosto de 2014

DEMOCRACIAS, MASAS Y EJÉRCITOS


1
Los gobiernos progresistas de comienzos del milenio acceden al poder y lo mantienen por medios escrupulosa e inobjetablemente democráticos. Con procedimientos institucionales reinician  postergadas reformas agrarias, conceden y hacen efectivos derechos sociales, instauran o reafirman el control de  industrias que explotan  recursos naturales, emprenden  caminos hacia una industrialización moderada y ajustada a las necesidades locales, expulsan  misiones y bases militares estadounidenses.
2
Esta renuncia a las vías de hecho  no les ahorra la violencia contrarrevolucionaria. En Venezuela, cuando un golpe de Estado secuestra en 2002  a Hugo Chávez Frías, las mayorías inundan las calles y lo reinstauran como Presidente. Torrenciales movilizaciones acompañadas de un referendo mantienen en el poder a Evo Morales contra el intento derechista de secesión de la Media Luna. En Ecuador, marejadas del pueblo sostienen en el poder a  Rafael Correa. En Argentina, todo tipo de agresiones sacuden el gobierno de Kirchner; fallecido éste, el voto mayoritario coloca en su lugar a su viuda María Cristina Fernández.
Pero el apoyo popular no salva a los constitucionalmente electos Manuel Zelaya de Honduras y Fernando Lugo de Paraguay. Se plantea así el desafío de cómo elevar al poder y mantener en él a una revolución pacífica a la cual la derecha asalta con  violencia, sabotaje económico, terrorismo e injerencia imperial.
3
La respuesta está en la dinámica y oportuna movilización de masas. Ésta se logra a través de la prédica y la práctica de la participación popular. Gobiernos bien intencionados pero respaldados sólo por mayorías reducidas a la pasividad serán fácilmente derrocados mediante las recetas clásicas de la manipulación mediática, la agresión externa e interna, el bloqueo y la guerra económica.
4
En la Unión está la fuerza. La solidaridad es la herramienta con la cual los países pequeños pueden resistir a las potencias hegemónicas. La región latinoamericana y caribeña logró su Independencia a principios del siglo XIX en contiendas en las cuales cooperaron milicias de los más lejanos rincones del Continente. Pero desde finales de ese siglo estuvo sujeta a intentos de integración tutelados por Estados Unidos: la Unión Panamericana, luego el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, la Organización de Estados Americanos. Estos nudos fueron reforzados con una red de Acuerdos Multilaterales de Inversión, que privilegiaban a los capitales por encima de los países; de Tratados de Promoción y Protección de las Inversiones, que nulificaban las políticas proteccionistas  y sometían las controversias a tribunales o Juntas Arbitrales transnacionales; de Tratados contra la Doble Tributación, que garantizaban la inmunidad tributaria de los inversionistas.  La potencia hegemónica intentó  reservarse la región como  vasta zona absolutamente abierta a sus  inversiones y exportaciones con el Área de Libre Comercio para las Américas (Alca), proyecto que recibe en 2004 una aplastante derrota.
5
El nuevo milenio  inaugura así  una nueva diplomacia, marcada por la ampliación del Mercosur y la proliferación de organizaciones regionales integracionistas cuya independencia está garantizada por la ausencia de Estados Unidos y Canadá: Mercosur, Unasur, la Celac, el Alba. Las relaciones internacionales se orientan hacia la multipolaridad, y amplían  vínculos con Asia, con África, con los No Alineados, con el Bric. Paralelamente, Ecuador y Venezuela se libran de la tutela transnacional del Centro Internacional de Arreglo de Diferencias sobre las Inversiones, y de la Corte Interamericana de los Derechos Humanos. Perfeccionar esta orientación integracionista y pluralista es para las democracias socialistas tan decisivo como la movilización popular.

(TEXTO/FOTOS: LUIS BRITTO)

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viernes, 22 de agosto de 2014

LA ORGÍA IMAGINARIA/LOS CONSTRUCTORES DEL CUBO


A = 12
V = 13
Sobre Mileto pasaron los persas, derribando por igual muros y seres, hasta borrar toda huella de acto humano, como sobre un tablero. Cuando por fin los persas fueron también borrados sobre el mar, los sobrevivientes de Mileto llamaron al arquitecto Hipódamo para que les construyera una nueva ciudad. Hipódamo paseó sobre la ladera del puerto, cuya hipérbole le sugirió la sinuosidad del lecho, y cuya playa la secreta curvatura de la carne. Enfebrecido por la redondez solar, Hipódamo apoyó su cráneo esférico sobre la arena blanquecina del patio donde hacía sus trazados, y soñó una ciudad de cubos. A los ciudadanos que se quejaron del disparate, les replicó evidenciándoles la exacta aprehensibilidad del rectángulo y la simétrica repetibilidad del cubo. No bastaría toda la biblioteca de Atenas para describir la forma de una flor —les dijo— y yo, con una sola medida y tres potencias, encierro ya en la cúpula de mi cabeza la exacta dimensión, forma y volumen de Mileto. En vano le argumentaron que el cubo no existe en la naturaleza, que las carnes esféricas padecerían rebotando en paredes rectangulares, heridas por esquinas rectas, sumidas en rincones rectangulares. Que las mentes miléticas enloquecerían por la monotonía de los trapecios precediendo a trapecios y medidos por trapecios; que estar en una sola de las moradas de la ciudad sería ya estar en todas, y que acaso ser uno de sus ciudadanos sería ser al mismo tiempo todos ellos. Este argumento, que la envidia aguzó contra Hipódamo, fue al cabo la irresistible palanca que le aseguró el apoyo de los gobernantes. Por encima de los senos carnales y de las apófisis biomorfas de la ladera, se instauró el cuadriculado del plano regulador de Mileto. En adelante, bastará multiplicarlo hacia el naciente y hacia el poniente, hacia el austro y el septentrión, y todo el mundo será Mileto, dijo Hipódamo, entre la polvareda de la colina aplanada. ¿Y hacia abajo, maestro? preguntó uno de sus oficiales, elevando los andamios ¿Y hacia arriba? ¿También los astros serán cubos? Preguntó uno de los aprendices, midiendo los cúbicos bloques de piedra. Cuando veas cubos en los astros —contestó el arquitecto— sabrás que Hipódamo los ha conquistado. ¿Y en la flor, Maestro? preguntó el geómetra, sacudiendo dientes de león de sus cordeles, y estirándolos para que dieran la intersección mágica del ángulo recto. La razón me convence —contestó el Maestro— de que la misma argucia empleada por un visionario para construir una morada fue usada por los dioses para construir este pétalo.

Esa noche, Hipódamo soñó la medida y las potencias que harían aprehensible la geometría de la flor y las operaciones que permitirían repetirla hasta el infinito. A la mañana siguiente, las trazó en la arena del patio, y miró como el viento las borraba, sin contestar las preguntas de aprendices, oficiales y maestros. —Si los astros florecieran— dijo para sí, mientras la esfera solar era bisectada por el metálico plano del mar— nadie sabría que Hipódamo los ha conquistado.


(TEXTO/FOTOS: LUIS BRITTO)

lunes, 18 de agosto de 2014

AMÉRICA LATINA: DEUDA Y PROTESTA SOCIAL


1
A fines del siglo XX el futuro de América Latina y el Caribe parecía clausurado. Deudas impagables contraídas ilegalmente agobiaban las haciendas públicas. Para cancelarlas, los gobiernos suscribían con el Fondo Monetario Internacional Paquetes que implicaban el desmantelamiento del Estado y de los ejércitos nacionales, la subasta de las empresas públicas, la cesión de la soberanía -comprendidas la potestad tributaria y la de protección de la economía-, la liberación de precios y de tasas de interés y la drástica reducción del gasto en educación, salud y seguridad social. Un alza unilateral y usuraria de los intereses de 5% a 16% y a 20% que, según la CEPAL, aumentó la deuda de 257,3 miles de millones de dólares en 1980 a 830 mil millones en 1980,  prometía lograr lo que sólo habían conseguido implacables dictaduras de derecha: la entrega de 600 millones de habitantes y  22 millones de kilómetros cuadrados a la voraz rapiña neoliberal.
2
Este proyecto se fracturó por la base social. Las políticas fondomonetaristas  provocaron sublevaciones populares en países como Venezuela,  Argentina y  Bolivia. En Ecuador seis gobiernos fueron derrocados en rápida sucesión por los movimientos sociales. La conmoción de las masas  aniquiló a los partidos populistas socialdemócratas o socialcristianos que habían ejercido hegemonías durante casi medio siglo. Perdieron rotundamente las elecciones y vieron disminuir abismalmente militancias y participación electoral.  Los fines del siglo XX vieron el contundente  auge de los movimientos sociales: Movimiento de los sin Tierra en Brasil, piqueteros y empresas recuperadas en Argentina, Círculos Bolivarianos en Venezuela, zapatistas en México, movimientos étnicos, Alianza Social continental, entre muchos otros, sostenidamente desbaratan las viejas estructuras del Estado.
3
La protesta social se traduce así en renovación política. Organizaciones casi nuevas toman el poder electoralmente con mensajes radicales: protección de la economía nacional; rescate o expropiación de  empresas explotadoras de recursos naturales; aplicación de los ingresos al gasto social, con educación, salud y seguridad social para todos, revisión de la Deuda Pública. Las organizaciones que suceden a los neoliberalismos fracasados son socialistas, en vías hacia el socialismo o afines con él. De Marx toman la lucha de clases y la necesidad de la Revolución; de Lénin, el antiimperialismo. Sin embargo, ninguna sostiene que el paso al socialismo deba ser la culminación de un desarrollo capitalista extremo; ninguna afirma que haya que forzar la industrialización para superar a los países desarrollados. Ninguna pretende entablar con éstos  carreras consumistas. Todas están permeadas de la conciencia ecológica de que no hay recursos en el planeta para que la totalidad de  los países imiten el desarrollo capitalista. Ensayan nuevas propuestas de estilo de vida: el Sumak Kawsay, el buen vivir, las comunas.  En los países con gran población indígena,  preconizan el respeto hacia las formas de vida comunitarias tradicionales. Reintegran  derechos a los trabajadores; someten las maquilas a las leyes y derechos laborales locales. Instauran iniciativas para el progresivo control social de industrias básicas y estratégicas. Intentan  sistemas  financieros regionales, tales como el SUCRE y el Banco del Sur. Para el momento de su constitución en 2010, el Producto Interno Bruto de toda la CELAC ascendía a 6,06 billones de dólares, lo cual arrojaba un PIB per cápita de 12.001 dólares anuales por habitante: suficiente para resolver sus problemas, si se lograra un grado apreciable de igualitarismo en la región más desigual del mundo. Si se intenta de nuevo demoler a América Latina a través de la Deuda, la región podría responder una vez más.
 (TEXTO/FOTO: LUIS BRITTO)



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