miércoles, 27 de julio de 2016

ABRAPALABRA PARA VIVAS SANTANA

Abrapalabra para Vivas Santana


Desde hace bastante tiempo, Chávez vivo, inclusive, Javier Antonio Vivas Santana viene escribiendo artículos de opinión en Aporrea que marcan distancia con el chavismo. Para ello goza de plena libertad, como cualquier venezolano que entendiéndose en un principio con el mensaje del comandante Chávez, con el paso del tiempo empiece a ver diferencias con ese mensaje. Nada condenable este cambio, pues es parte de la libertad individual, de la dinámica de la sociedad y del camino al socialismo, que a fin de cuentas deja en el camino a muchos. Me luce un acto de intolerancia calificarlo de traidor o saltatalanquera. Por eso en alguna oportunidad escribí en este portal pidiendo tolerancia ante opiniones escritas por este compatriota. Con el contenido de muchos de sus artículos he tenido diferencias, varios de ellos válidos para abrir un debate. Digamos que me causó no sé si pena ajena o qué sé yo cuando escribió criticando la "Z" del programa Zurda Conducta, pues este espacio televisivo da pie a muchas críticas, así que resulta una tontería liarse en un rollo por el tema de la "K". Lo mejor de la academia es que uno se la puede pasar por las taparas. En oportunidades Vivas Santana deja ver su anticomunismo. A veces, como corresponde a todo anticomunismo, en términos enfermizos frente a la Cuba Socialista.
En esta oportunidad me motiva a escribir el desconocimiento expuesto por Vivas Santana de la figura de Luis Britto García, aunque también en sus dardos apunte a nuestro poeta margariteño Gustavo Pereira. Lo primero es que para disparar contra un creador tan imaginativo, irreverente y talentoso como el autor de la extraordinaria novela "Abrapalabra" (cuyo título tomo prestado para adornar este artćulo), resulta espantoso aparecerse como un Marqués de la Comilla en un intento de inútil erudición.
Se dice que el escritor Domingo Faustino Sarmiento fue el primero en decir "la ignorancia es atrevida", no sé si será así, no soy lector de Faustino, pero valga la frase para el amigo Vivas Santana, pues sólo la ignorancia de lo que es la vida, militancia y carrera literaria de Luis Britto García puede poner en duda la entereza moral y ética del dos veces ganador del Premio Casa de las Américas, galardones obtenidos cuando este país era gobernado por AD y Copei, y los medios le negaban a los lectores esta información. Empiezo por recomendarle a Vivas Santana la lectura de la novela "Abrapalabra", seguro que al llevar tres páginas leídas sentirá vergüenza de su temita con la "K" de Zurda Conducta y otras remilgos expuestos en el uso del lenguaje.
Se refiere Vivas Santana al modo de vida de Luis Britto García. No sé dónde y cómo vive el autor de "Rajatabla"; pero debe hacerlo como corresponde a un Doctor en Derecho, brillante estudiante y profesional, que ha ejercido su carrera y que se ha ayudado con los premios literarios obtenidos y su reconocimieto internacional. Nada le debe en este terreno a la Revolución Bolivariana. Su desprendimiento ha sido tal que fue el primer Presidente del CONAC (no existía el Ministerio de Cultura) nombrado por Chávez. No duró 48 horas en el cargo. En la primera reunión con la directiva de esta institución, donde varios de sus integrantes reclamaron "cuotas de poder", Luis Britto, indignado, dejó el cargo y se fue a bucear (una respetable afición) en una playa de Anzoátegui.
Para el proceso bolivariano Luis Britto García ha sido una piedrita en el zapato, nunca una perita dulce. Combatió con artículos, foros, conversatorios, declaraciones la idea de varios parlamentarios chavistas de otorgarle algunas facultades a los gobernadores, las cuales atentaban contra el sentido de unidad de una república. Lo hizo hasta convencer a Chávez, pese a que los propios medios públicos le cerraban el paso. Combate a altos funcionarios que firman convenios donde someten la soberanía del país a decisiones de tribunales extranjeros. Ha combatido permanentemente la burocracia, la tragedia de los trámites y otras perversiones administrativas del gobierno chavista, de allí nació el uso del término "matavotos". Ha sido mordaz con el uso de los rimbombantes nombres de comandos y otras guarandingas, que se quedan en el títuo . Ha criticado al gobierno por la firma de tratados con "doble tributación". A Conatel lo ha desnudado en sus desaciertos. Con la aparición del PSUV escribió: "El proceso bolivariano es único en la Historia por su incesante constitución y desmantelamiento de los aparatos que le agenciaron el triunfo. Disolvió el MBR200, desbandó los Círculos Bolivarianos, licenció las Unidades de Batalla Electoral y mandó a romper filas al MVR en aras de la futura integración del PSUV". Cuestionó que en la reforma pasaramos de 33 a 69 artículos reformables. En tiempos de una Asamblea Nacional chavista casi por unanimidad, denunció se perdiese el tiempo en leyes que no sentaban las bases para el socialismo. En tiempos de Chávez fue uno de los acusados de atacar el líder del proceso bolivariano, en un evento donde se deshuesó la revolución bolivariana. La acusación vino de parte de los más íntimos del Comandante, incluyendo al Canciller de la época, Nicolás Maduro. Siguen muchas referencias al espíritu crítico, combativo y revolucionario de Luis Britto.
Recomiendo a Vivas Santana la lectura de los artículos de Luis Britto García para que se recree con una crítica mordaz, inteligente, a los errores de este proceso. Son implacables. Puede empezar por "Color de hormiga" y "Tarifas".
Algo está claro, Luis Britto viene haciendo críticas desde la revolución, nunca en contra de ella. Por eso la defiende, es el papel que le corresponde a un escritor revolucionario: disentir de las formas, no del fondo: el socialismo. Tiene claro el concepto de lucha de clases: nunca el país en manos de los empresarios.
Valga la misma referencia para Gustavo Pereira.
Al compatriota Vivas Santana le sale más literatura, más poesía; menos comillas eruditas.

domingo, 24 de julio de 2016

CRISIS REVOLUCIONARIAS Y REVOLUCIONES EN CRISIS


Luis Britto García



Demanda relativa y crisis absoluta
Las crisis, verificó Marx, son inherentes al sistema capitalista. Éste produce hasta que la oferta de bienes rebasa la demanda relativa de quienes disponen de dinero para comprarlos. En ese momento, aunque siga insatisfecha la demanda absoluta (la de quienes necesitan  bienes y no tienen con qué adquirirlos) los mercados se paralizan, los empresarios pequeños y medianos quiebran, los trabajadores son despedidos y los grandes capitales crecen devorando los activos de sus competidores arruinados. Las crisis, profetizó Marx, serán más frecuentes y más demoledoras y concentrarán cada vez más el capital en un número menor de manos. Y  seguirán ese proceso de concentración implacable, hasta que en la  última de ellas los expropiados expropien a los expropiadores.

Crisis, revoluciones y contrarrevoluciones
Las crisis, entonces, son por definición  preámbulo de revoluciones. Graves crisis económicas, sociales y políticas precedieron al estallido incluso de  revoluciones burguesas como la Inglesa y la Francesa; también de las Independencias americanas y luego de las  revoluciones socialistas, como la Comuna de París, la Soviética, la China, la Cubana, la Vietnamita, la Sandinista, y pare usted de contar. Crisis es viento huracanado,  que cuando las izquierdas no están a su altura,  es  aprovechado por las derechas. Si éstas manejan bien los aparatos ideológicos que monopolizan, pueden convencer a las masas de que la miseria que la crisis genera no se debe al capitalismo, sino a factores incidentales: grupos demográficos supuestamente inferiores, inmigrantes, izquierdistas, amenazas externas. En medio de crisis surgieron los fascismos japonés, alemán, italiano, español y en general europeos. Una crisis favoreció el neoliberalismo inglés que desmanteló las industrias británicas para dedicar el país al parasitismo financiero; otra impulsó las presidencias republicanas estadounidenses  que llevaron a su apogeo las guerras de saqueo y la tercerización laboral con maquilas off shore que dejaron a la potencia del Norte sin industrias y sin empleos. La actual crisis planetaria es una oportunidad del tamaño del mundo. Si las izquierdas hicieran su tarea, no deberíamos estar leyendo sobre paquetes neoliberales padecidos  sino sobre insurrecciones triunfantes.  Una revolución es una crisis bien utilizada.

(TEXTO/ FOTOS DE INDIGENTES EN MADRID Y WASHINGTON D.C.: LUIS BRITTO)

 
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Rajatabla:
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Dictadura Mediática en Venezuela:
El Imperio Contracultural: del Rock a la Postmodernidad:
http://lhblog.nuevaradio.org/b2-img/ElImperioContracultural.pdf
La invasión paramilitar: Operación Daktari:
www.minci.gob.ve
Socialismo del Tercer Milenio:
tercer-milenio.pdf
La Ciencia: Fundamentos y Método:
http://editorialubv.files.wordpress.com/2013/05/libro-la-
ciencia-fundamentos-y-mc3a9todo.pdf
El pensamiento del Libertador: Economía y Sociedad:
La máscara del Poder:
La lengua de la Demagogia:








sábado, 23 de julio de 2016

EL SUEÑO DE MIRANDA

Luis Britto García


La Gran Colombia
      Una maldición parece pesar sobre quienes forjan proyectos sobrehumanos. Cuando Juan Jacobo Rousseau crea la figura mítica del Legislador, el fundador de pueblos, dice que éste debe resignarse a morir sin ver la culminación de sus sueños. Sembrará en un siglo, para una cosecha que se recogerá en los venideros. ¿Cuáles serán los últimos sueños de Francisco de Miranda en las bóvedas de la fortaleza de La Carraca de Cádiz?   Un año antes de la muerte del Precursor, un exiliado a quien consumen la miseria pecuniaria y la fisiológica garrapatea una carta en Jamaica. Lo persiguen con igual saña acreedores y asesinos: uno de éstos se confunde y en la hamaca de su víctima apuñala en lugar suyo a su amigo Amestoy. Y sin embargo Simón Bolívar redacta, imperturbable: “Yo deseo más que otro alguno ver formar en América la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria”.


Parecen fanfarronadas de exiliado. En 1814 Bolívar había arengado a las huestes de Urdaneta en Pamplona con una frase que se convierte en programa: “Para nosotros, la patria es América”.  Poco más tarde el desterrado deja Jamaica, intenta varias veces la invasión desde las Antillas, trajina Tierra Firme, domina Guayana y sigue fanáticamente fiel a su plan estratégico: la Independencia americana sólo triunfará cuando sea asumida como proyecto continental. Al establecer por fin un Cuartel General en Angostura, el 12 de junio de 1818 escribe a las lejanas fuerzas patriotas de Argentina: “¡Habitantes del Río de la Plata! La República de Venezuela, aunque cubierta de luto, os ofrece su hermandad; y cuando cubierta de laureles haya extinguido los últimos tiranos que profanan su suelo, entonces os convidará a una sola sociedad, para que nuestra divisa sea Unidad en la América Meridional”. El 15 de febrero de 1819 reúne un precario Congreso en la calurosa Angostura. En el indisciplinado ejército cunden planes separatistas o secesionistas. Bolívar, tesonero, insiste: “La reunión de la Nueva Granada y Venezuela en un grande Estado, ha sido el voto uniforme de los pueblos y gobiernos de estas Repúblicas”. El 17 de diciembre de ese año el Congreso de Angostura sanciona la Ley Fundamental de la República de Colombia, cuyo primer artículo pauta que “las repúblicas de Venezuela y la Nueva Granada quedan desde este día reunidas en una sola baxo el título glorioso de República de Colombia”. El territorio es el que ocuparon antes la capitanía general de Venezuela y el virreinato del Nuevo Reino de Granada; se divide en los departamentos de Venezuela, Quito y Cundinamarca.  Colombia, es el nombre que dio Miranda a su desmesurado Incanato.
De nuevo, parece una utopía. Pero con esta utopía en las alforjas el ejército independentista cruza los Andes, fulmina los ejércitos de los virreyes, consolida el territorio de la Gran Colombia y domina lo que fuera el virreinato del Perú y luego serán las repúblicas de Perú y Bolivia. El antiguo exiliado quizá cree por momentos que delira, como en su ascensión al Chimborazo. Bajo su conducción se está  consolidando acaso “la más grande nación del mundo”, tanto por su extensión y riquezas como por su libertad y gloria.
No es sólo que un poder homogéneo domina una vastedad desmesurada: los ejércitos que la liberan en sí mismos son ejemplos de integración. Antonio José de Sucre expresa poco antes de la batalla de Ayacucho al secretario de Estado y de Relaciones Exteriores del Perú “mi persuasión de que la causa americana es una misma en todos los estados meridionales” (1 de febrero de 1823: De mi propia mano; Biblioteca Ayacucho, 1981, p.97). En sus arengas antes de la batalla de Ayacucho, dice del enemigo que “el número de sus hombres nada importa; somos infinitamente más que ellos porque cada uno de vosotros representa aquí a Dios Omnipotente con su justicia y a la América entera con la fuerza de su derecho y de su indignación”. (De mi propia mano, p. 184). Y en efecto, en Ayacucho consagra la Independencia de América comandando tropas de la Gran Colombia, hoy dividida en Colombia, Ecuador, Panamá y Venezuela, y mandando huestes de las Provincias Unidas de Sud América, hoy fraccionadas en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay. En el último año de su vida comparte con Bolívar la angustia de conocer la conspiración que avanza para desintegrar la Gran Colombia: “Adiós, mi General:¡cuanta pena tengo, y cuanto disgusto por los disgustos de Vd! Un tumulto sobre otro, una novedad sobre otra, y las facciones que se suceden despedazan a Colombia y el Corazón de Vd. ¡Qué triste época y qué desgraciada patria!”(27 de diciembre de 1829: De propia mano, p.393). Y meses después todavía escribe a Bolívar “de todos modos yo emprenderé mi marcha al día siguiente de la última conferencia, pues ni quiero estar aquí de cuenta de tonto conversando, ni quiero firmar la disolución de Colombia” (Cúcuta, 15 de abril de 1830: De propia mano, p. 399). La bala de un asesino le ahorra más pesares.
La gran nación entrevista por Bolívar, como la soñada por Miranda, es además revolucionariamente republicana. Mientras Europa se hunde en la charca bufa de las restauraciones llevada de la oreja por la Santa Alianza, Bolívar desautoriza toda propuesta de elevarlo a la realeza alegando que quien lleva el título de Libertador no puede rebajarse a llevar el de monarca. Las constituciones cuyos bosquejos redacta o inspira son consistentemente republicanas, fundadas en el voto democrático y la división de poderes. En Panamá, la capital del Incanato soñado por Miranda, reúne en 1826 el primer gran Congreso Anfictiónico  para garantizar la paz entre las naciones de un hemisferio del mundo. El mismo año proyecto una expedición para culminar la liberación de América con la de Cuba, Puerto Rico y La Española, últimos bastiones del poder ibérico.

A esta colosal trasmutación política debe corresponder otra en el modo de vida y los valores. En medio de los enrevesados trajines de la lucha contra realistas y conspiradores, encuentra tiempo Simón Bolívar para proteger al pedagogo Lancaster y sobre todo a su maestro Simón Rodríguez, empeñado en un nuevo plan de educación pública y gratuita para formar ciudadanos libres, útiles y productivos para esta nueva nación americana. Sería interesante, piensan quizá los dos Simones, verla poblada de visionarios indomables e irreductibles como el que educó el Maestro del Libertador. Miranda comenzó forjando un hombre para que fuera merecedor de una patria; Bolívar ha forjado una patria y exige a su preceptor educar hombres que la merezcan. Para ellos habrá libertad: Bolívar decreta la de los esclavos que se incorporan al ejército, la de los indígenas sometidos a servidumbre. También habrá tierras: los servicios de los independentistas son remunerados con títulos para la repartición de fundos, que presuponen una verdadera reforma de la propiedad agraria. Son los fundamentos de una República: tal vez, como soñó en la hora angustiosa del exilio, la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria. Sólo podremos hacernos dignos de su obra culminándola.



América Latina hacia la integración
Soñar es legítimo, mientras se tenga la capacidad de contagiar los sueños. El  de Miranda y Bolívar no muere con ellos. América Latina y el Caribe abarca unos veinte millones de kilómetros cuadrados con una población que constituye una comunidad cultural en la cual predominan una sola religión, la católica,  dos lenguas romances, el castellano y el portugués, y la poderosa fuerza integradora del mestizaje. La empresa de la emancipación siempre fue entendida por los próceres como hazaña continental. Patriotas de distintas comarcas colaboran entre sí, y en los mejores de ellos persiste la idea de unir América Latina en un gran cuerpo político. El Libertador general San Martín comienza por liberar Argentina, decide la independencia de Chile y combate por la de Perú. El Libertador Simón Bolívar libera lo que hoy son Venezuela, Colombia, Ecuador, Panamá, Perú y Bolivia. Con los tres primeros países integra la Gran Colombia, que se disuelve a su muerte en 1830. Pero el sueño de Miranda de la Unidad latinoamericana sigue vivo hasta el presente. Los más destacados revolucionarios, como el cubano José Martí y el nicaragüense Cesar Augusto Sandino siguen formulando planes de unidad e integración. El argentino Ernesto Ché Guevara pelea en Cuba y muere en Bolivia por él.
Organizaciones integradoras
 Estados Unidos intenta desde 1889 una integración tutelada por Washington, primero a través de la Unión Panamericana y a partir de 1948 con la Organización de Estados Americanos. Los países latinoamericanos, por su parte, buscan una integración propia e independiente, en algunos casos económica, como en la unión del Mercado Común del Sur (Mercosur) creada en 1991 y que comprende a Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y Venezuela. De allí han avanzado hacia la integración política, como sucede con la Comunidad Suramericana de Naciones (Cosuna) creada en 2004, y que desde 2007 adopta el nombre de Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) con la participación de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela, vale decir, de todos los países de América del Sur. Otro decisivo paso hacia la unidad lo constituye la Alternativa Bolivariana para América Latina (Alba), fundada asimismo en 2004, con un nuevo esquema integrador que sobrepasa las relaciones comerciales y apunta hacia la cooperación económica, social, científica y cultural. El proyecto de una América Latina y el Caribe unida desde el río Grande hasta la Patagonia continúa vigente, y avanza con pasos cada vez más firmes hacia su  culminación.  Su enemigo es de nuevo un Imperio decadente.  Todo gran proyecto nace haciéndose de la talla de sus adversarios. Y vendrán más, cada vez más precursores, hasta que todos habitemos su sueño.

(TEXTO/ FOTOS DE MONUMENTOS A MIRANDA Y A BOLÍVAR Y FORTALEZA EN CÁDIZ: LUIS BRITTO)


FUENTES:
Bohórquez, Carmen (2006). Francisco de Miranda, precursor de las independencias de la América Latina. Caracas: El perro y la rana.
Britto García, Luis (2009) América Nuestra: Integración y Revolución, Tomo II. Caracas: Fondo Cultural del Alba.
Grigulévich, José (1974). Francisco de Miranda y la lucha por la liberación de la América Latina.  La Habana: Casa de las Américas.
Grisanti, Luis Xavier y Christian Ghymers (2001). Francisco de Miranda, l´Europe et l´integration latino-américaine. Louvain-la-Neuve: Versant Sud.
Miranda, Francisco de (1992).Documentos fundamentales. Biblioteca Ayacucho: Caracas.
Mondolfi, Edgardo y David Ruiz Chataing (1991). Miranda, la aventura de la libertad(Antología). Caracas: Monte Ávila Editores.
Picón-Salas, Mariano (1993). Miranda. Caracas: Monte Ávila Editores.
Robertson, William Spence (1982). La vida de Miranda. Caracas: Banco Industrial de Venezuela.
CONSULTE TAMBIÉN:
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La lengua de la Demagogia:





EL SUEÑO DE MIRANDA

Luis Britto García


La Gran Colombia
      Una maldición parece pesar sobre quienes forjan proyectos sobrehumanos. Cuando Juan Jacobo Rousseau crea la figura mítica del Legislador, el fundador de pueblos, dice que éste debe resignarse a morir sin ver la culminación de sus sueños. Sembrará en un siglo, para una cosecha que se recogerá en los venideros. ¿Cuáles serán los últimos sueños de Francisco de Miranda en las bóvedas de la fortaleza de La Carraca de Cádiz?   Un año antes de la muerte del Precursor, un exiliado a quien consumen la miseria pecuniaria y la fisiológica garrapatea una carta en Jamaica. Lo persiguen con igual saña acreedores y asesinos: uno de éstos se confunde y en la hamaca de su víctima apuñala en lugar suyo a su amigo Amestoy. Y sin embargo Simón Bolívar redacta, imperturbable: “Yo deseo más que otro alguno ver formar en América la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria”.


Parecen fanfarronadas de exiliado. En 1814 Bolívar había arengado a las huestes de Urdaneta en Pamplona con una frase que se convierte en programa: “Para nosotros, la patria es América”.  Poco más tarde el desterrado deja Jamaica, intenta varias veces la invasión desde las Antillas, trajina Tierra Firme, domina Guayana y sigue fanáticamente fiel a su plan estratégico: la Independencia americana sólo triunfará cuando sea asumida como proyecto continental. Al establecer por fin un Cuartel General en Angostura, el 12 de junio de 1818 escribe a las lejanas fuerzas patriotas de Argentina: “¡Habitantes del Río de la Plata! La República de Venezuela, aunque cubierta de luto, os ofrece su hermandad; y cuando cubierta de laureles haya extinguido los últimos tiranos que profanan su suelo, entonces os convidará a una sola sociedad, para que nuestra divisa sea Unidad en la América Meridional”. El 15 de febrero de 1819 reúne un precario Congreso en la calurosa Angostura. En el indisciplinado ejército cunden planes separatistas o secesionistas. Bolívar, tesonero, insiste: “La reunión de la Nueva Granada y Venezuela en un grande Estado, ha sido el voto uniforme de los pueblos y gobiernos de estas Repúblicas”. El 17 de diciembre de ese año el Congreso de Angostura sanciona la Ley Fundamental de la República de Colombia, cuyo primer artículo pauta que “las repúblicas de Venezuela y la Nueva Granada quedan desde este día reunidas en una sola baxo el título glorioso de República de Colombia”. El territorio es el que ocuparon antes la capitanía general de Venezuela y el virreinato del Nuevo Reino de Granada; se divide en los departamentos de Venezuela, Quito y Cundinamarca.  Colombia, es el nombre que dio Miranda a su desmesurado Incanato.
De nuevo, parece una utopía. Pero con esta utopía en las alforjas el ejército independentista cruza los Andes, fulmina los ejércitos de los virreyes, consolida el territorio de la Gran Colombia y domina lo que fuera el virreinato del Perú y luego serán las repúblicas de Perú y Bolivia. El antiguo exiliado quizá cree por momentos que delira, como en su ascensión al Chimborazo. Bajo su conducción se está  consolidando acaso “la más grande nación del mundo”, tanto por su extensión y riquezas como por su libertad y gloria.
No es sólo que un poder homogéneo domina una vastedad desmesurada: los ejércitos que la liberan en sí mismos son ejemplos de integración. Antonio José de Sucre expresa poco antes de la batalla de Ayacucho al secretario de Estado y de Relaciones Exteriores del Perú “mi persuasión de que la causa americana es una misma en todos los estados meridionales” (1 de febrero de 1823: De mi propia mano; Biblioteca Ayacucho, 1981, p.97). En sus arengas antes de la batalla de Ayacucho, dice del enemigo que “el número de sus hombres nada importa; somos infinitamente más que ellos porque cada uno de vosotros representa aquí a Dios Omnipotente con su justicia y a la América entera con la fuerza de su derecho y de su indignación”. (De mi propia mano, p. 184). Y en efecto, en Ayacucho consagra la Independencia de América comandando tropas de la Gran Colombia, hoy dividida en Colombia, Ecuador, Panamá y Venezuela, y mandando huestes de las Provincias Unidas de Sud América, hoy fraccionadas en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay. En el último año de su vida comparte con Bolívar la angustia de conocer la conspiración que avanza para desintegrar la Gran Colombia: “Adiós, mi General:¡cuanta pena tengo, y cuanto disgusto por los disgustos de Vd! Un tumulto sobre otro, una novedad sobre otra, y las facciones que se suceden despedazan a Colombia y el Corazón de Vd. ¡Qué triste época y qué desgraciada patria!”(27 de diciembre de 1829: De propia mano, p.393). Y meses después todavía escribe a Bolívar “de todos modos yo emprenderé mi marcha al día siguiente de la última conferencia, pues ni quiero estar aquí de cuenta de tonto conversando, ni quiero firmar la disolución de Colombia” (Cúcuta, 15 de abril de 1830: De propia mano, p. 399). La bala de un asesino le ahorra más pesares.
La gran nación entrevista por Bolívar, como la soñada por Miranda, es además revolucionariamente republicana. Mientras Europa se hunde en la charca bufa de las restauraciones llevada de la oreja por la Santa Alianza, Bolívar desautoriza toda propuesta de elevarlo a la realeza alegando que quien lleva el título de Libertador no puede rebajarse a llevar el de monarca. Las constituciones cuyos bosquejos redacta o inspira son consistentemente republicanas, fundadas en el voto democrático y la división de poderes. En Panamá, la capital del Incanato soñado por Miranda, reúne en 1826 el primer gran Congreso Anfictiónico  para garantizar la paz entre las naciones de un hemisferio del mundo. El mismo año proyecto una expedición para culminar la liberación de América con la de Cuba, Puerto Rico y La Española, últimos bastiones del poder ibérico.

A esta colosal trasmutación política debe corresponder otra en el modo de vida y los valores. En medio de los enrevesados trajines de la lucha contra realistas y conspiradores, encuentra tiempo Simón Bolívar para proteger al pedagogo Lancaster y sobre todo a su maestro Simón Rodríguez, empeñado en un nuevo plan de educación pública y gratuita para formar ciudadanos libres, útiles y productivos para esta nueva nación americana. Sería interesante, piensan quizá los dos Simones, verla poblada de visionarios indomables e irreductibles como el que educó el Maestro del Libertador. Miranda comenzó forjando un hombre para que fuera merecedor de una patria; Bolívar ha forjado una patria y exige a su preceptor educar hombres que la merezcan. Para ellos habrá libertad: Bolívar decreta la de los esclavos que se incorporan al ejército, la de los indígenas sometidos a servidumbre. También habrá tierras: los servicios de los independentistas son remunerados con títulos para la repartición de fundos, que presuponen una verdadera reforma de la propiedad agraria. Son los fundamentos de una República: tal vez, como soñó en la hora angustiosa del exilio, la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria. Sólo podremos hacernos dignos de su obra culminándola.



América Latina hacia la integración
Soñar es legítimo, mientras se tenga la capacidad de contagiar los sueños. El  de Miranda y Bolívar no muere con ellos. América Latina y el Caribe abarca unos veinte millones de kilómetros cuadrados con una población que constituye una comunidad cultural en la cual predominan una sola religión, la católica,  dos lenguas romances, el castellano y el portugués, y la poderosa fuerza integradora del mestizaje. La empresa de la emancipación siempre fue entendida por los próceres como hazaña continental. Patriotas de distintas comarcas colaboran entre sí, y en los mejores de ellos persiste la idea de unir América Latina en un gran cuerpo político. El Libertador general San Martín comienza por liberar Argentina, decide la independencia de Chile y combate por la de Perú. El Libertador Simón Bolívar libera lo que hoy son Venezuela, Colombia, Ecuador, Panamá, Perú y Bolivia. Con los tres primeros países integra la Gran Colombia, que se disuelve a su muerte en 1830. Pero el sueño de Miranda de la Unidad latinoamericana sigue vivo hasta el presente. Los más destacados revolucionarios, como el cubano José Martí y el nicaragüense Cesar Augusto Sandino siguen formulando planes de unidad e integración. El argentino Ernesto Ché Guevara pelea en Cuba y muere en Bolivia por él.
Organizaciones integradoras
 Estados Unidos intenta desde 1889 una integración tutelada por Washington, primero a través de la Unión Panamericana y a partir de 1948 con la Organización de Estados Americanos. Los países latinoamericanos, por su parte, buscan una integración propia e independiente, en algunos casos económica, como en la unión del Mercado Común del Sur (Mercosur) creada en 1991 y que comprende a Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y Venezuela. De allí han avanzado hacia la integración política, como sucede con la Comunidad Suramericana de Naciones (Cosuna) creada en 2004, y que desde 2007 adopta el nombre de Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) con la participación de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela, vale decir, de todos los países de América del Sur. Otro decisivo paso hacia la unidad lo constituye la Alternativa Bolivariana para América Latina (Alba), fundada asimismo en 2004, con un nuevo esquema integrador que sobrepasa las relaciones comerciales y apunta hacia la cooperación económica, social, científica y cultural. El proyecto de una América Latina y el Caribe unida desde el río Grande hasta la Patagonia continúa vigente, y avanza con pasos cada vez más firmes hacia su  culminación.  Su enemigo es de nuevo un Imperio decadente.  Todo gran proyecto nace haciéndose de la talla de sus adversarios. Y vendrán más, cada vez más precursores, hasta que todos habitemos su sueño.

(TEXTO/ FOTOS DE MONUMENTOS A MIRANDA Y A BOLÍVAR Y FORTALEZA EN CÁDIZ: LUIS BRITTO)


FUENTES:
Bohórquez, Carmen (2006). Francisco de Miranda, precursor de las independencias de la América Latina. Caracas: El perro y la rana.
Britto García, Luis (2009) América Nuestra: Integración y Revolución, Tomo II. Caracas: Fondo Cultural del Alba.
Grigulévich, José (1974). Francisco de Miranda y la lucha por la liberación de la América Latina.  La Habana: Casa de las Américas.
Grisanti, Luis Xavier y Christian Ghymers (2001). Francisco de Miranda, l´Europe et l´integration latino-américaine. Louvain-la-Neuve: Versant Sud.
Miranda, Francisco de (1992).Documentos fundamentales. Biblioteca Ayacucho: Caracas.
Mondolfi, Edgardo y David Ruiz Chataing (1991). Miranda, la aventura de la libertad(Antología). Caracas: Monte Ávila Editores.
Picón-Salas, Mariano (1993). Miranda. Caracas: Monte Ávila Editores.
Robertson, William Spence (1982). La vida de Miranda. Caracas: Banco Industrial de Venezuela.
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sábado, 9 de julio de 2016

LA BANDERA QUE TRAJO MIRANDA



Gestiones en Inglaterra, Francia y Estados Unidos
En 1790 Miranda  expresa  al Primer Ministro William Pitt en Londres que “la América española desea que la Inglaterra le ayude a sacudir la opresión infame en que la España la tiene constituida”. En Francia pelea en  1792 en la batalla de Valmy. En 1798 pide infructuosamente al presidente estadounidense John Adams “seis u ocho buques de guerra y cuatro o cinco mil hombres de tropa”. En 1806  invade inútilmente el territorio de Venezuela por la Vela de Coro con un bergantín financiado por los británicos, ondeando el tricolor que desde entonces será la bandera de Venezuela, y de varios de los países comprendidos en su colosal proyecto libertario, denominado “Colombia”.

Rebelión y capitulación en Venezuela
 Pero la libertad americana no llegará como un don de las grandes potencias. Reventará con el movimiento del 19 de abril de 1810 en Caracas, y se extenderá como reguero de pólvora. El muy joven Bolívar va a Londres en misión diplomática para solicitar inútilmente el apoyo británico, y convence a Miranda de retornar a la patria. Miranda es designado por las autoridades independentistas Generalísimo de los ejércitos de Venezuela. Los oligarcas mantuanos desconfían del brillante hombre de mundo al  cual  discriminaron por ser hijo de canario comerciante y blanco de orilla. Miranda será incapaz de controlar las fuerzas dispersivas de la patria recién liberada; las provincias de Coro, Maracaibo y Guayana se alinean contra la Independencia;  la pérdida de Puerto Cabello, estratégica guarnición portuaria bajo el mando de Simón Bolívar, hace precaria la situación. “¡Venezuela est blesée dans le coeur!”, exclama en francés el Generalísimo al enterarse de la noticia. Poco después firma una capitulación con los españoles. Un grupo de jóvenes patriotas  animado por Bolívar la considera traición, y lo detienen cuando está a punto de abordar un barco en La Guaira. Lo encierran en el fuerte de San Carlos, bajo la custodia del comandante militar del puerto, Coronel José María de las Casas. Éste se pasa al enemigo, y entrega a Miranda a las fuerzas de Monteverde, que toman la ciudad y se apoderan asimismo del hombre universal, a quien remiten prisionero a la metrópoli. Esto borra cualquier sospecha de connivencia suya con los realistas. De ser así, lo habrían premiado, en lugar de encerrarlo. También ello destruye el infundio de que Bolívar habría entregado a Miranda a los españoles. Por lo mismo que creía que el Generalísimo estaba de acuerdo con los realistas, para el joven oficial no hubiera tenido sentido ponerlo en manos de los supuestos cómplices, quienes por otra parte no sólo se habían apoderado del anciano, sino de todo el territorio de lo que fue la Primera República. 

Muerte en La Carraca
Violando el salvoconducto previsto en la capitulación, los realistas expiden a Miranda a la prisión de La Carraca, en Cádiz, donde rendirá la vida el 14 de julio de 1816.  No es una muerte inútil, sino prematura. Antes de tres lustros, lo que fueron las colonias hispanoamericanas son una franja de gobiernos independientes del Missisipi a la Patagonia. Les falta sólo la unidad política. El colosal proyecto está cumplido, o a medio cumplir. Es la única herencia del atormentado hombre universal: un legado que sólo podrán culminar hombres de su talla.
(TEXTO/FOTOS: LUIS BRITTO)

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