martes, 17 de noviembre de 2020

ALMAGRO RECONOCE SU PAPEL EN GOLPE DE ESTADO DE 2019 EN BOLIVIA

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17 11 2020

Almagro reconoce su papel en golpe de Estado de 2019 en Bolivia

El secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, reconoció su papel en el golpe de Estado en Bolivia que provocó la salida forzada del Gobierno del expresidente, Evo Morales, reseñó este lunes Telesur en su portal web.



A través del libro “Luis Almagro no pide perdón”, el representante del organismo internacional relata cómo apoyó que Morales pudiera presentarse en 2019 a la reelección “para ganarse su confianza”.

El texto es el resultado de más de 100 entrevistas y 20 horas con Almagro en donde se describe su trayectoria política. Entre los hechos políticos más significativos que se relatan se encuentra la estrategia para “desbancar a Evo Morales”, el convencer a Estados Unidos a aliarse a su postura para ir contra el Gobierno venezolano o su apoyo a Dilma Rouseff.

Los autores del libro muestran que el rol de Almagro en la salida de Morales formó parte de una estrategia premeditada, que arrancó en 2017 y culminó con la Misión de Observación Electoral de la OEA para que presentara presuntas irregularidades en el conteo de votos en 2019  y así impedir la reelección del mandatario, lo que alentó el golpe militar perpetrado.

Respecto a Evo Morales y las elecciones de 2019, Almagro destacó que “abríamos una posibilidad que era que Evo ganara legítimamente. Era el costo que tenía eso. Para mí eso era imposible, imposible. Evo tenía menos votos todavía que los que había tenido cuando el referéndum, o sea que no tenía forma. Después abríamos la posibilidad de que la oposición boliviana ganara legítimamente. Y cerrábamos la posibilidad de que Evo se robara la elección”.

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lunes, 16 de noviembre de 2020

Venezuela. Soberanía, ¿una palabra «demodé»?

 

Venezuela. Soberanía, ¿una palabra «demodé»?





Por Eduardo Verdugo. Resumen Latinoamericano, 15 de noviembre de 2020.

Uno de los consensos más sólidos entre quienes reflexionaban sobre la reciente batalla electoral en EEUU es que ganase quien ganase, ningún cambio sustancial tendría lugar dentro de la política exterior del país norteamericano. La razón no es desconocida.

Quien ocupe la Presidencia solo será el megáfono de distintos intereses militares y financieros que, se vistan de rojo o de azul, coinciden en algo: en hacerse con el mayor control geopolítico y económico del mundo.

Les queda a los latinoamericanos no distraerse en la venta de humo que intenta mercadear el próximo gobernante estadounidense, sino concentrarse en lo que debe hacer la región para fortalecerse y enfrentar unos intereses que jamás cambiarán mientras el capitalismo sea el sistema gobernante.

Soberanía, ¿una palabra demodé?

Luis Britto García, intelectual venezolano, en un reciente artículo de su autoría dio pistas sobre hacia dónde debe dirigirse el debate de nuestros pueblos latinoamericanos, y bien podría decirse que el debate es de todos aquellos a quienes se les asignó el papel de países subdesarrollados solo proveedores de materia prima.

Soberanía para principiantes (https://lahaine.org/dL7j) es el título que eligió Britto García. No podía ser más acertado. Pedía que se aprovechara la creación de una escuela para los candidatos del chavismo que aspiran a llegar a la Asamblea Nacional para dotarlos de pleno conocimiento sobre el concepto de soberanía. Una noción que le costó a los pueblos suramericanos que quisieron que se respetase la suya la feroz violencia del imperialismo occidental en los últimos doscientos años.

Un Estado que se somete a tribunales, cortes o juntas arbitrales extranjeras en asuntos de orden público interno pierde su soberanía.

Estos cuerpos foráneos podrían sentenciar la ilegitimidad de los actos de los poderes públicos: anular elecciones, deponer o designar mandatarios, declarar ilegítimas sus leyes, arruinar al país asignando sus recursos a entes extranjeros o sentenciándolo a pagar deudas inexistentes. Con ello desaparece también la democracia: las decisiones fundamentales serían adoptadas por órganos del exterior, no elegidos por los nacionales ni responsables ante ellos», señalaba Britto García en su artículo.

No es el quién ocupará la Casa Blanca lo que debe ocupar los debates y reflexiones de nuestros países. Se trata de entender que si a algo le temen las élites demócratas y republicanas es a que los pueblos piensen con cabeza propia y hagan respetar sus leyes por encima de los intereses económicos extranjeros. A ejercer la soberanía en el más puro sentido de la palabra. 

Destruir el alma de la nación para conquistarla

La agresión multidimensional emprendida en los últimos años por EEUU contra Venezuela ha golpeado al país suramericano en todos los niveles, en especial, en el aspecto económico. 

El propio presidente Nicolás Maduro mencionó hace unas semanas que el bloqueo habría provocado que de «cada 100 dólares o euros que el país obtenidos por la venta de petróleo en el 2014, hoy obtuviese menos de uno», y destacó que la nación pasó de «56.000 millones de dólares a menos de 400 millones de dólares el año pasado».

Ante un ataque tan desproporcionado, el Gobierno bolivariano optó por avanzar en estrategias que le permitieran sortear la crisis provocada. Promulgar una Ley Anti Bloqueo, fue quizá una de las que más debate ha suscitado. El propio Luis Britto García señaló ciertos aspectos por los cuales la soberanía del país podría resultar afectada.

Johnny Hidalgo, analista político y especialista en geopolítica del petróleo, enuncia, a propósito de cómo el especular sobre las elecciones en EEUU ha ocultado el verdadero problema de las sanciones, una hipótesis a la que habrá que prestar atención en los próximos años:

«En Venezuela se tiende a pensar que la agresión de EEUU es sólo por petróleo. Es un error pensar así, el petróleo podría explicar buena parte de las agresiones ocurridas durante el siglo XX, pero no la de los últimos quinientos años. Bolívar también tuvo que lidiar con las acciones del gobierno de EEUU, en el siglo XIX, y evidentemente no fue por petróleo. Estoy convencido de que las agresiones que el gobierno de EEUU mantiene contra Venezuela, son para aniquilar las fuerzas del chavismo, pues estas representan una cultura que se opone a las imposiciones del orden mundial. Tratan de convencer al chavismo y a toda América Latina y el Caribe de que la Revolución no es posible. Si el chavismo retrocede, la integridad territorial y la soberanía del país se verán seriamente comprometidas», sentencia. 

Dicho retroceso Hidalgo lo sitúa dentro del debate que se ha dado en Venezuela a propósito de la Ley Antibloqueo. Son dos visiones que se confrontan en cuanto a la dimensión y naturaleza del rol que se le da al sector privado internacional e internacional dentro de la economía de crisis impuesta por las sanciones. Las reservas que tienen algunos sectores de la sociedad al respecto del capital privado, sin embargo, tienen asidero.

«A lo largo de la historia, Venezuela fue sometida a relaciones coloniales en las que fue saqueada por las potencias occidentales. Hoy en día, forma parte del interés nacional que la República mantenga la propiedad de las minas y las industrias estratégicas. Asimismo, buena parte de la población considera que la inversión extranjera nunca ha tributado a los intereses nacionales y eso genera rechazo a que dicha inversión sea fomentada. Estos rasgos del pensamiento venezolano, juegan un papel importante en el debate que se ha dado sobre la Ley Antibloqueo», opina el analista. 

Hidalgo considera que, para proteger los intereses de la nación, dentro del proceso de negociación que inaugura la Ley Anti Bloqueo solo se saldrá victorioso si se aprende del proceso histórico en el que se construyó la nación venezolana.

«Durante la dictadura de Gómez, a Venezuela se le impuso el rol de colonia petrolera. Bajo esa premisa se organizó el Estado Nacional y se pretendió la formación de un nuevo venezolano; no de un venezolano petrolero, sino de un venezolano excluido, marginado. Esto implicó la imposición de las dinámicas del negocio petrolero a la administración pública y la minimización de la actividad agrícola predominante en la economía del país. El venezolano no produciría todo lo que consume, sino que lo importaría. La acumulación de capital ocurriría en las metrópolis occidentales, aunque Venezuela produjera la riqueza. Para eso el Estado percibiría una renta a cambio de otorgar concesiones para la exploración y extracción de petróleo en el territorio nacional. Esa renta era traducida a divisas extranjeras con las que sólo pueden comprarse cosas en el exterior. Así, el venezolano debía acostumbrarse a valorar a todo lo importado más que a lo nacional. No solo valoraría los bienes importados, sino también a la gente oriunda de las potencias occidentales. A esto último, algunos le llaman musiuismo«, señala.

Para Hidalgo, es a esta dinámica de conformación de la identidad a lo que hay que prestar verdadera atención a la hora de debatir cuál es la verdadera dinámica que se instaura entre los países exportadores de materia prima y el capital transnacional.

«En el país se crearon mitos para afianzar en el venezolano una imagen negativa o una subvaloración de sí mismo. Se ha dicho que Venezuela es un país petrolero, cuando en realidad es un país con petróleo. También se ha insistido en que Venezuela es un país rentista. El rentismo se basa en la idea de riqueza no ganada con trabajo, y eso solo mantiene la difamación que, desde el siglo XVII, ejecutan las potencias occidentales sobre los pobladores de este continente, haciéndoles creer que son gente perezosa, o floja, como decimos en Venezuela. La renta es producto del trabajo y dejó de existir, realmente, cuando se nacionalizó la industria petrolera, pues entonces el Estado dejó de ser tan solo terrateniente para convertirse en dueño del capital, dejando de percibir renta para obtener la plusvalía completa. El rentismo es un mito que desvaloriza al venezolano. Venezuela no es un país rentista», apunta.

Hidalgo considera que el objetivo final de la estrategia imperialista no es el control de los Estados, sino el control de las naciones y de la gente, y que precisamente «la subvaloración de lo nacional también abre espacios donde los intereses de grupo prevalecen sobre los intereses nacionales». 

Aunque ve en la Ley Anti Bloqueo la respuesta natural de un Estado al que se le asedia por todos los flancos, considera que la clave para no seguir cometiendo los errores históricos que han vulnerado la soberanía y el sentido de la nación se encuentra en la mirada y en la confianza en las potencialidades internas del país:

«Los valores determinan los sueños, las aspiraciones. Estos serán más elevados cuanto más se valore la nación a sí misma. Si se valora poco, con poco se conforma, y esto es de mucho interés para el colonialismo», sentencia.

Fuentes: Sputnik // La Haine

domingo, 15 de noviembre de 2020

PARA QUÉ SIRVE UN ESCRITOR





 


Palabras inaugurales en la XVI Feria Internacional del Libro de Venezuela

LUIS BRITTO GARCÍA

1

Siempre me he preguntado, al igual que todo el mundo, para qué sirve un escritor. La primera respuesta que  se nos ocurre es obvia: para nada. En otros sitios los literatos motorizan industrias editoriales que ensucian mucho papel y mueven mucho dinero. En un país donde los índices de lectores subieron abruptamente y posiblemente se desplomaron tras el bloqueo, vuelve el escritor a ser fantasma sin aplicación, salvo el arribismo político o el malabarismo burocrático. Esta respuesta es falsa, pero me siento cómodo con ella. Sostener que un ser humano debe servir para algo es  mercantilismo ajeno a la Utopía, donde el Ser se justificará por el prodigio de su propia existencia y sus creaciones. Instalarse en un oficio sin escalafón ni tabla de remuneraciones es conquistar  de manera soberbia una parcela del Reino de la Libertad: del vivir sin deberle a nadie excusas ni plusvalía. Vale decir, la aristocracia sin siervos ni esclavos a la que acceden sólo creadores e indigentes.

2

Me corrijo: el escritor sí sirve para algo, o más bien para todo. Los  seres vivientes acceden a la condición de animales sociales al desarrollar el lenguaje. Abejas, hormigas y delfines disponen de complejos medios de comunicación. El de los seres humanos es el que más depende de la capacidad de invención. De creerle a Noam Chomsky, las estructuras profundas de nuestro lenguaje serían fijas e innatas, pero a partir de ellas hemos desarrollado millares de idiomas y culturas distintas. El escritor  organiza, fija, potencia y preserva las palabras, primero en el mecanismo mudable de la memoria, luego en la trama de los signos preservados en piedra, arcilla, nudos, papel o pulsos electromagnéticos. La palabra dicha es local y fugaz, sin más alcance que la voz y el recuerdo. La reducida a  signos en la escritura aspira a perdurable. Gracias a ella disfrutamos de inagotable  acceso a todo lo dicho desde el comienzo de los tiempos y el confín de las distancias.

3

Sin lenguaje sería  imposible coordinar  conductas humanas; sin escritura, hacer  esta coordinación perdurable. Las palabras no son la realidad, pero erigen  modelos modificables de ella. Las más poderosas  nombran objetos intangibles. Tribu, Aldea, Ciudad, Nación, Religión, República, Estado, son palabras. El escritor incesantemente construye y destruye  la concepción del mundo. Alrededor de textos como la Biblia, las Analectas, la Odisea, el Popol Vuh, el Corán,  El Príncipe o El Quijote terminan de decantarse los idiomas que a su vez definirán naciones. La escritura  fija la realidad fluyente del idioma y mediante él  estabiliza el sistema compartido de valores que llamamos Nación. Cada escritor desarrolla un estilo y cada comunidad una civilización, especie de intangible frontera del cuerpo político. Hay Naciones cuya cultura perdura milenios después de destruido su Estado, y Estados aniquilados porque dejaron morir su cultura. 

4

La naturaleza  se nos hace inteligible a través del lenguaje. Organizamos  vocablos mediante gramáticas cuyas construcciones llamamos filosofías, con las cuales  explicamos el mundo. El universo es sólo  caos de sensaciones hasta que lo ordenamos con el mito, la Historia y las matemáticas. No hay escritor más preciso que quien  traza números, a pesar de que su cosmos está poblado de criaturas insensatas: el cero, el infinito, los números irracionales. No olvidemos al que apunta sonidos y nos interna en orbes musicales  al parecer desprovistos de otro sentido que el de cautivarnos. Pintores y escultores  articulan imágenes y formas, ingenieros y arquitectos palabras  sólidas. Todo lo real fue escritura; pasado su tiempo devendrá Historia.

5

Cuenta Maquiavelo que luego de pasar el día discutiendo con jornaleros y pastores, se encerraba en su biblioteca para conversar con los grandes hombres del pasado. La filosofía no ha encontrado mejor manera de definir el Ser que considerarlo una hilación de ideas, vale decir, de palabras. Seguir el monólogo interior de James Joyce es temporariamente convertirse en él. Mediante la lectura disponemos de mil vidas; mediante la escritura, de la ilusión de ubicuidad e inmortalidad. Sólo muere el escritor cuando ya no es leído; sólo deja de serlo cuando evade su Verdad. Nace muerta la palabra que  expresa adulación o  moda. La venalidad no expresa más que el precio que la compra.

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Toda opresión es legitimada por cadenas verbales. Su fin llega cuando son resignificadas las  palabras de sus murallas conceptuales.  Toda Revolución es disparada por la prédica de una Vanguardia Ilustrada. La Revolución Francesa, la Independencia, la Bolchevique, la China, la Descolonización, la Cubana, la Sandinista, la Boliviana,  fueron movimientos explosivos detonados por  mechas de conceptos. El bolivarianismo es  intento de plasmar lo mejor del nacionalismo, el antiimperialismo, el integracionismo, el socialismo del  proyecto de la izquierda de los años sesenta. En vano desdijeron de este último algunos de sus autores. Lo dicho en vida sobrevive a quien muere en espíritu. 

7

Sobre la tierra se baten  a muerte el discurso de la Alienación y el del Reino de la Libertad. Algoritmos de  dividendos deciden hecatombes. Mentes artificiales enuncian palabras digitales que asfixian la esperanza y proscriben el futuro. Cada vocablo que tecleamos es registrado por mecanismos espías y cribado por análisis de contenido.  La información se concentra en un número cada vez menor de softwares. Todo lo que digamos puede ser digitalizado en  contra nuestra. Más de un millar de idiomas hablamos los humanos: las máquinas los han traducido a  uno solo. Mientras construimos el mundo con conceptos los ordenadores lo reducen a data. Debemos aprender idiomas inhumanos que sólo conocen el uno y el cero para defender nuestra patria, que es el infinito. Una vez más, es preciso inventar el lenguaje que nombre la vida. La palabra es nuestra memoria y nuestro consuelo. Nuestro anhelo de arribar al mundo donde, como anticiparon Carlos Gardel y Alfredo Lepera, no habrá más penas, ni olvido.

TEXTO/FOTO: LUIS BRITTO

 

SOBERANÍA PARA PRINCIPIANTES

 

LUIS BRITTO GARCÍA

 1

Ha sido creada una Escuela para candidatos a diputados en la Asamblea Nacional Legislativa, inaugurada por el  Presidente Nicolás Maduro y por Jorge Rodríguez. Teniendo como educandos a futuros legisladores, y siendo así que las leyes son desarrollo de la Constitución, el pensum debería incluir nociones jurídicas fundamentales sobre el tan frecuentemente ignorado concepto de Soberanía.

2

Soberanía es el perpetuo y supremo poder de un cuerpo político para darse sus propias leyes, aplicarlas con sus propios órganos y decidir las controversias sobre dicha aplicación con sus propios tribunales.  La palabra “Soberano” deriva del latín Super Anus, por encima de cualquier otro. Tras la caída del Imperio Romano, proliferó en Europa una multiplicación de pequeños poderes: los de los señores feudales, los de las ciudades,  los de las Iglesias, los de los gremios. Estos poderes se pretendían   independientes, pugnaba cada uno con los otros y superponían sus competencias. El resultado era una perpetua guerra, que sólo se aplacó con la instauración de los soberanos Estados Modernos Nacionales, en los cuales un solo poder, una sola instancia decidía las controversias.

3

Uno de los fundadores de la teoría de la Soberanía, Jean Bodin (1529­-1596), la define como “el poder absoluto y perpetuo de una República”. Poder Absoluto, porque no admite ningún otro por encima de él. Perpetuo, porque se lo funda con  intención de que perdure: no tiene lapso de caducidad ni vencimiento. La Soberanía se manifiesta mediante atributos, y el principal de ellos es el de legislar. Según Bodin: “El primer atributo del príncipe soberano es el poder de dar leyes a todos en general y a cada uno en particular”. Fácil es comprender que de él se derivan los demás atributos, pues de nada serviría al soberano sancionar leyes si aplicarlas o no aplicarlas depende de un poder  distinto. Y tampoco valdría de nada legislar si tribunales de otros países interpretaran como les pareciera las leyes o pudieran declararlas ilegítimas. Son los mismos  atributos que posteriormente Montesquieu designaría como poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial. La pérdida de cualquiera de ellos equivale a la de la soberanía, ya que, como puntualiza también Bodin, “del mismo modo que una corona pierde su nombre si es abierta o se le arrancan sus florones, también la soberanía pierde su grandeza si en ella se practica una abertura para usurpar alguna de sus propiedades”.

4

Así, un Estado que se somete a tribunales, cortes o juntas arbitrales extranjeras en asuntos de orden público interno pierde su soberanía. Estos cuerpos foráneos podrían sentenciar la ilegitimidad de los actos de los poderes públicos: anular elecciones, deponer o designar mandatarios, declarar ilegítimas sus leyes, arruinar  al país asignando sus recursos a entes extranjeros o sentenciándolo a pagar deudas inexistentes. Con ello desaparece también la democracia: las decisiones fundamentales serían adoptadas por órganos del exterior, no elegidos por los nacionales ni responsables ante ellos. Sin soberanía no hay cuerpo político.

5

Resumimos: entregar a un poder foráneo la potestad de legislar, aplicar las leyes o interpretar la correcta aplicación de ellas en materias de orden público interno es renunciar a la soberanía. No existe soberanía “limitada” ni “relativa”: de la misma manera que una mujer no puede estar medio preñada. Un cuerpo político es soberano o no es. Es cuestión que a partir de 1810 decidimos a sangre y fuego con la pérdida de más de la tercera parte de nuestra población en una Guerra de Independencia que duró catorce años y destruyó también nuestra economía.

6

Los Imperios en la actualidad no siempre adquieren colonias con costosas invasiones y genocidios tremebundos. Ello les impone mantener pesados ejércitos de ocupación y molestas guerras de contrainsurgencia con los sojuzgados. Ahora les bastan discretas presiones, vagos halagos, promesas etéreas, para que mandatarios, jueces, constituyentes y legisladores adulantes entreguen soberanías, no en el campo de batalla, sino en mesas de negociaciones salpicadas de brindis y de cómplices felicitaciones.

7

Pero cada vez que los representantes de Venezuela han incurrido en  abdicaciones de soberanía, el castigo ha sido tremendo. A una Junta cuyos miembros fueron designados por Estados Unidos le confiaron el Laudo Arbitral sobre la Guayana Esequiba, y  la perdimos íntegramente. Inglaterra, Alemania e Italia se confirieron el derecho de reclamar a cañonazos supuestas acreencias de sus compañías contra nuestro país, y el resultado fue un sangriento y ruinoso bloqueo entre 1902 y 1903. A la Corte Interamericana de los Derechos Humanos de la OEA  obsequió nuestro país el derecho de vigilar y juzgar sobre las violaciones de éstos en Venezuela, y dicho organismo cuadruplicó las causas y sentencias en contra nuestra desde que se instauró el gobierno bolivariano. Al Centro Internacional de Arreglo de Diferencias sobre las Inversiones (CIADI) le cedió el poder de decidir las reclamaciones de las transnacionales contra nuestro Estado, y las perdimos prácticamente todas. Carlos Andrés Pérez entregó en bandeja de plata al Fondo Monetario Internacional el soberano control de la economía venezolana, y apenas le costó la pérdida del poder para siempre tanto a él como a su partido Acción Democrática. Caldera suscribió el Primero de los Infames Tratados contra la Doble Tributación, que exoneran de pagar impuestos en Venezuela a empresas e individuos extranjeros, y tanto él como su partido viajaron hacia el Monte del Olvido. La entrega de soberanía no perdona.

8

Dicho lo anterior, me pregunto  cuándo voté para que representantes elegidos con mi sufragio sancionaran una Constitución que impide proteger nuestra economía al estatuir que la inversión extranjera tendrá las mismas condiciones que la nacional. Tampoco recuerdo haber autorizado a nadie para redactar una Ley Orgánica de la Hacienda Pública Estadal que privatizaba ríos, lagos y lagunas y permitía inmunizarse por contrato contra las alzas de impuestos; una Ley de Promoción y Protección de la Inversión Extranjera que confiere a ésta mayores privilegios que a la Nacional, y en general normas que convierten a las sentencias de nuestros tribunales en borradores a ser corregidos, enmendados o desechados a placer por jueces extranjeros. No concibo que no sepan leer lo que aprueban, porque en nuestro país se acabó el analfabetismo. Tampoco creo que una mano siniestra borró lo que aprobaron y escribió otra cosa, porque ninguna mano maligna ha borrado sus dietas, subvenciones y viáticos. Menos creo que hayan levantado el brazo sin leer lo que aprobaban, porque ninguno ha suscrito un documento de cesión de todos sus bienes sin mirar lo que firmaba. Ninguno prometió esas canalladas, sino todo lo contrario. Me deben una explicación.

9

Me dirijo entonces, no a los ya elegidos, sino a aquellos por elegir. Una vez más vamos a confiarles la custodia de la soberanía, no su entrega. Estamos en la Soberana República Bolivariana de Venezuela, muchachos, no en el Estado Libre Asociado de Muñoz Marín. Si así lo entendeis, que  la Patria y los votantes os lo premien; y si no, que os lo demanden.

7 noviembre 2020

LA VERGONZOSA ASAMBLEA NACIONAL 2016-2020

 



Luis Britto García

 

 

1
He señalado que todo proceso progresista es atacado simultáneamente por una contrarrevolución externa y otra interna. El bolivarianismo no es la excepción. En forma coordinada, sincronizada, cómplice, unen sus fuerzas el Imperio y la derecha criolla para destruirlo.

2
En dos décadas de ofensiva, cada día se revela un nuevo ataque, militar, paramilitar, jurídico, político, diplomático, económico, mediático, informático o simplemente terrorista contra Venezuela. Esta ofensiva de mil cabezas, que parecería operar en el desorden y la anarquía por la dispersión y diversidad de sus esfuerzos, es sin embargo metódica concreción de un plan preparado en los laboratorios de potencias extranjeras para ser aplicado por carne de cañón mercenaria. Se pretende aplicar a Venezuela una receta prefabricada que había funcionado en otros ámbitos: la “revolución de colores”, contrarrevolución de eventos mediáticos destinados a excusar el derrocamiento por la fuerza de un gobierno ingrato al Imperio.

3
Las tácticas para ello constan en tres manuales de funcionarios del Gobierno estadounidense: From Dictatorship to Democracy, del politólogo Gene Sharp, y Mastertroke y Operation Venezuela Freedom 2, del almirante Kurt Tidd, jefe del South Command. Decían los positivistas de principios del siglo pasado que en Venezuela había una constitución invisible, que se aplicaba a despecho de la escrita. Para la Asamblea Legislativa en desacato, la única constitución aplicable y aplicada la integran los tres documentos citados.

4
Un observador acucioso puede descifrar en ellos las claves de todas y cada una de las medidas inspiradas por la mayoría opositora en la vergonzosa Asamblea Nacional 2016-2020. Comencemos por From Dictatorship to Democracy, de Gene Sharp. Díganos el lector si reconoce en las políticas de la Vergonzosa el surtido de tácticas que consta en el Apéndice Primero de dicho recetario: “22. Desnudos de protesta (recordemos la obsesión de los manifestantes por mostrar sus traseros). 31. Atormentar sicológicamente a oficiales. 32. Burlarse de oficiales. 63. Desobediencia social. 70. Emigración de protesta. 81. Boicoteo comercial. 86. Retiro masivo de depósitos bancarios. 92. Embargo doméstico. 93. Poner en lista negra a grupos de comerciantes. 94. Embargar a proveedores internacionales. 95. Embargar a compradores internacionales. 96. Embargar el comercio internacional. 119. Cierre económico. 123. Boicoteo de cuerpos legislativos. 124. Boicoteo de elecciones. 141. Desobediencia de leyes consideradas “ilegítimas”. 151. Retener el reconocimiento diplomático. 154. Ruptura de relaciones diplomáticas. 155. Retiro de organizaciones internacionales. 170. Invasión “no violenta”. 178. Teatro de Guerrilla. 190. Creación de mercados alternativos. 198. Soberanía dual y gobierno paralelo”. Reconozcamos que Gene Sharp olvidó incluir el único acto creativo de la oposición vergonzosa: prenderle fuego a sus conciudadanos que por vestimenta o tono de piel pudieran parecer adversarios.

5
Un prontuario todavía más detallado ofrece Pasqualina Curcio en el libro La Vergonzosa Asamblea Nacional 2016 2020: Arremetida imperial. Con precisión y claridad, con pruebas documentales irrefutables, la autora verifica cómo punto por punto, detalle por detalle, las acciones de los legisladores de oposición materializan instructivos emanados de las agencias de seguridad estadounidenses y del Comando Sur. Desde la campaña electoral fundada en “la última cola” hasta la amenaza de derrocar en seis meses a Maduro. Desde la proliferación terrorista de cortes viales hasta la hiperinflación inducida, la farsa del “gobierno de transición” y la fallida invasión de mercenarios, el bloqueo económico, el ataque a Pdvsa y al signo monetario. Vale decir, en la sección opositora de la Asamblea Nacional no tuvimos legisladores ejerciendo sus funciones para quienes los eligieron, sino una cabeza de playa del Comando Sur.

6
No hablamos de manera figurada: los mercenarios cuya planta insolente profanó el sagrado suelo de la patria en febrero de 2020 fueron alquilados a destajo por el presidente de dicha Asamblea Legislativa en documento suscrito en Washington. El colosal fiasco de la invasión asalariada culminó la cadena de fallidos atentados contra la soberanía emprendidos por el cuerpo legislativo que alguna vez pretendió erigir un presidente autoelegido de Venezuela.

7
¿Por qué no han tenido éxito tantos manuales? Todos están encaminados a crear coartadas mediáticas para que un grupo armado instaure una dictadura. Pero a pesar de sus empecinados esfuerzos, ni Estados Unidos ni la oposición vernácula han logrado constituir en nuestro país un poder real, ni social ni militar, capaz de tomar el gobierno y retenerlo más allá del cuarto de hora de fama que disfrutó la dictadura de Carmona Estanga. Han fingido todo tipo de escenografías y melodramas para consumo mediático: ninguno de ellos con raíces profundas en el movimiento popular.

8
Pensemos en ello a la hora de consignar el voto para una futura Asamblea Nacional Legislativa. Los caletres de Gene Sharp y Kurt Tidd no le han reportado el poder a los opositores, pero han arrojado muerte, dolor, pobreza y deterioro económico y social para la familia venezolana. De la mayoría opositora en el Congreso no ha salido una sola ley, una sola norma para paliar la difícil situación en que el bloqueo y el capitalismo vernáculo han colocado a los venezolanos. Ni una disposición para defender el monto y valor del salario, castigar la especulación con bienes básicos, instaurar un control que imposibilite la corrupción. Sólo han pensado en consagrar legislativamente la impunidad por sus propios delitos y robar los activos del país entronizando en una farsa burlesca a un fantoche en lugar del presidente que no han podido colocar en Miraflores. Aprendamos de esta vergonzosa historia, para evitar repetirla.

24 de octubre 2020

 

lunes, 9 de noviembre de 2020

EL ASOMBROSO LUIS BRITTO GARCÍA

POR: Gabriel Jiménez Emán 



 Creo que fui afortunado naciendo en plena mitad del siglo XX, lo cual me permitió disfrutar de los años 60 de ese siglo, en plena efervescencia. Sentirme partícipe de aquellas utopías sociales fue para nosotros como un tónico en una época en que fuerzas negativas amenazaban apoderarse de nuestra esperanza. Todos los movimientos de avanzada y vanguardia cultural en el mundo se hicieron presentes entonces, para contrarrestar la perniciosa ideología del capitalismo. El teatro, la trova, la poesía, la novela, la filosofía, la danza, el cine tomaron los espacios colectivos y académicos; plazas, jardines, bulevares, o campus universitarios para desarrollar sus propuestas: el teatro del absurdo, los happenings, la anti-poesía, la trova latinoamericana, el jazz, el rock, el pop, la música de salsa, la nueva novela, el realismo mágico, la revolución cubana, el cine de la nueva ola francesa, el cine cubano y brasilero, el movimiento contracultural, el camp universitario, el movimiento hippie, el amor libre, las luchas campesinas y obreras, el mayo francés, la presencia de escritores en esas luchas que devinieron en formas de conciencia política y social, tanto para los países de América Latina como para los países africanos en lo que antes se llamaba “tercer mundo” y luego fue emergiendo desde el seno mismo de los Estados Unidos y de muchos países europeos en cuyas capitales se generaban polémicas sustanciales para comprender todos estos fenómenos, se conjugaron para que los años 60 se convirtieran en un verdadero emporio de ideas y actitudes distintas a las que pregonaba el sistema. 

Dentro de este panorama de reinvención de la realidad, en medio del apogeo de la nueva novela y del nuevo cuento latinoamericanos, las tendencias innovadoras dentro de la literatura y la cultura, surge la obra del escritor venezolano Luis Britto García (quien nació un 9 de octubre de 1940, el mismo día y año que John Lennon), con una fuerza expresiva que muy pronto reconocimos quienes aspirábamos no sólo a ser escritores, sino a tener una conciencia histórica y social. Contaba yo apenas con 20 años cuando me topé con un libro titulado Rajatabla (1970), que me sorprendió mucho porque ingresaba al espíritu de innovación que muchos narradores andábamos buscando de la mano de Borges, Arreola, Rulfo, Cortázar, Monterroso, entre otros, una escritura que se despidiera de los cánones imitativos de otras épocas y expresara el complejo mundo que estallaba frente a nosotros, los textos breves de este libro expresaban y satirizaban la violencia, el consumo, el absurdo cotidiano, plenos de ironía, parodias, sátiras donde la realidad queda traspasada por sentidos hiperbólicos o delirantes. Ahí Britto emplea varios de los procedimientos de vanguardia que revolucionaron la prosa del siglo XX: intertextualidad, flujo de la conciencia, yuxtaposición de planos, monólogo interior, ausencia de signos de puntuación, fragmentariedad, complejidad discursiva. Algunos de sus textos son ya clásicos, como “Helena”, “La foto”, “Utopía”, “Bomba”, “El hacedor de dioses”, “Carne”, “La calle”. 

Leamos al menos uno de ellos, “Utopía”: 
En el país de Gerontia, ustedes no lo van a creer, funciona la Utopía. Nace niño, se torna niño, se impide salgan dientes niño, se arruga la piel niño, se implantan cataratas artificiales, en los ojos niño, se arruga la piel niño, se envenenan huesos niño se arrancan pelos niño, se le implanta alma artificial niño. Se castra niño, se producen esclerosis artificiales niño, y es como un anciano, es viejo ya, sólo hay que quitarle iniciativa, ponerle horror a lo nuevo y adoración a lo que fue y en realidad quizá no fue así, como lo cuentan los manuales e historia, o nunca fue. La vida de estos niños que sólo tienen segunda infancia es breve y ellos lo sabían, por eso se van corroyendo poco a poco de egoísmo y de miedo y los entierran después de velados en el Paraninfo e no sé qué cosa y decretan varios días de duelo y dejan vacante el sillón de la Academia. La Utopía de Gerontia se hizo siguiendo los consejos de ancianos. No hay allí revoluciones, no hay organizaciones clandestinas, no hay faltos de respeto que se rían de los viejos y, parece increíble, no hay crisis de la juventud, ni irresponsables, ni nada de eso hay. En las tares, muchos ciudadanos salen en sillas de ruedas, pasean, pasean, y se confortan pensando que el tiempo está tibio, que el reuma no duele, que todo está bien. Ahora, se está pensando trasladar el sistema de Gerontia a otros países, ahora se elogian sus virtudes, ahora se implantan parcialmente y a veces secretamente sus reformas en otros sitios, ahora, de repente alguien lo comprende, el mundo entero ya es Gerontia. 

Con este libro se abre otra posibilidad al relato breve venezolano, que ya había sido inaugurada por Alfredo Armas Alfonzo en los relatos de El osario de Dios y que algunos escritores de mi generación como Humberto Mata, Sael Ibáñez o Armando José Sequera habíamos asumido. Antes de Rajatabla Luis ya había publicado un libro de cuentos con el título de Los fugitivos (1964) y entregaba simultáneamente la novela Vela de armas (1970), complementando luego este trabajo con las obras teatrales, Venezuela tuya (1971) y El Tirano Aguirre o la conquista de El Dorado (1975); tal interés de Luis por el teatro lo hace expresar otras realidades, las históricas y las políticas, con ese modo contundente del lenguaje teatral. Se funda por entonces en el Ateneo de Caracas un movimiento interesante que lleva el nombre de su libro Rajatabla, donde el director argentino Carlos Giménez se dedica a realizar montajes extraordinarios de obras de distintos dramaturgos latinoamericanos, con lo cual el teatro venezolano consiguió ponerse a la par del movimiento teatral en el continente. 

Recuerdo muy bien que asistí a una de las funciones de Venezuela tuya, donde intervino el cantor y dibujante español fallecido hace poco Xulio Formoso, --de quien me hice amigo después-- y formaba parte de una puesta en escena atrevida que marcaría la escena de esos años, pues se integraban a aquella experiencia dramática la poesía, la canción, los gestos y la participación del público dejaba de ser expectante, para volverse activa. Lo cierto es que Luis Britto siempre ha sido un amante del teatro y el cine. Recuerdo que una vez coincidimos a la asistencia de una puesta en escena de Ubu Rey de Alfred Jarry dirigida por el inglés Lindsay Kempt en la antigua sede de un teatro en la avenida Panteón, cerca de donde está hoy el Foro Libertador. De regreso de la función, Luis “me dio la cola” en su auto hacia mi casa; veníamos comentando las geniales actuaciones del grupo y celebrando haber presenciado aquella obra maestra del absurdo. 

Yo a menudo me aparecía en charlas y foros de distintos eventos que se llevaban a cabo en la Galería de Arte Nacional, el Ateneo y luego en los espacios del teatro Teresa Carreño, a algunas de las cuales concurría Luis Britto y él siempre tenía salidas ocurrentes. El humor es un ingrediente natural de su personalidad. Siempre colaboró con revistas y semanarios humorísticos y compartía con sus amigos como Otrova Gomas, compañero suyo de adolescencia con quien compartió una vez varias aventuras editoriales, además de las emociones en el buceo marino que Jaime Ballestas --el nombre serio de este escritor humorístico-- mamador de gallo y fotógrafo tan apreciado, con quien pasamos momentos muy gratos. Luis Britto García es de veras un tipo sorprendente. 

Cuando un creía que iba a escribir un nuevo libro de cuentos, aparece con una novela como Abrapalabra (1980), que nos dejó a todos con la boca abierta: una suerte de Rayuela venezolana, de tablero donde el lenguaje tiene su dominio: novela abierta, parodia de lenguajes que aun no ha sido evaluada en su justa dimensión, acaso porque ella misma sea la posibilidad de otro tipo de futuro, como ocurre con novelas de la talla de Terra nostra de Carlos Fuentes o Larva de Julián Ríos obras monumentales que devoran en su menú lingüístico a los propios críticos literarios. Y entonces cuando uno espera que Luis siga con sus novelas, viene y escribe un guión para una película, otra obra de teatro o simplemente un libro histórico, o nos entrega uno de la densidad de El imperio contracultural: del rock a la posmodernidad (1990), uno de los mejores ensayos para comprender la naturaleza de la cultura en tiempos del capitalismo avanzado; tanto de aquello que no deseamos porque nos aliena, como de aquello otro que nos ennoblece y puede servirnos de instrumento de liberación; ahí nuestro autor pone énfasis en los mecanismos de dominación masiva que utiliza el capitalismo de Estado para posesionarse de los legados culturales de América Latina, ideologizando y manipulando sus contenidos, como bien ha hecho con el rock y otras expresiones surgidas de la rebeldía urbana, luego mercantilizadas. De un estudio tan serio como éste Luis da un salto ahora hacia atrás o hacia adelante –nunca lo sabremos—a Me río del mundo que como el titulo expresa, tiene basamento humorístico; aunque a decir verdad en muchos libros de Luis hay un humor velado o indirecto, en un plano subyacente; es más, el humor en él es una herramienta esencial de su sensibilidad, y a la vez le permite abrirse paso a través de una selva conceptual con un poco más de libertad. 

Pero como vamos de asombro en asombro, Luis nos ofrece súbito un libro de utopías con el título de La orgia imaginaria (1984) en el cual nuestro escritor nos muestra una vez más sus cualidades de síntesis, pues se trata, a mi modo de ver, del ámbito donde mejor se maneja: la combinación de palabras que deben decir mucho con poco y es, a mi entender, donde su maestría adquiere una dimensión mayor, pues se trata de una obra concebida como un todo orgánico, entre el alarido y la visión sirviéndose de algunos “cánones arbitrarios” conformados por utopistas de la talla de Platón, Swift, Misson, Fourier o Ramiro Nava; ello, en cuanto al “alarido” inicial ; mientras que en la parte visionaria la autoría de las utopías corresponde exclusivamente a Britto García, a su capacidad ciertamente orgiástica de concebir otros mundos posibles. Siempre me ha llamado la atención el desenvolvimiento de las utopías en la literatura, ya que no podemos desarrollarlas en la realidad para crear mejores sociedades, pues éstas se vuelven estáticas, se petrifican; dejan de ser dinámicas para convertirse en meros diseños. De modo que en esta fiesta de imágenes podemos lanzarnos a una aventura donde la fantasía mantiene su dominio, y desde donde el lector puede “construir un cosmos alternativo”

 Estando yo viviendo en España a finales de los años 70, Luis Britto al contestar una entrevista donde le preguntaban qué veía él en el horizonte de la narrativa venezolana para un futuro comentó que, entre otros libros veía uno titulado Los 1001 cuentos de 1 línea de mi autoría y entonces yo escribí un cuento de esa extensión –se lo dediqué a él, por supuesto-- y le puse ese título a una colección de microrrelatos que salió publicada por Fundarte de Caracas en 1981. 

Nuevamente nuestro autor da un giro hacia la literatura de ideas cuando nos ofrece La máscara del poder y El poder sin la máscara, estudio en dos partes sobre la naturaleza ideológica del poder, diría yo, donde revela los mecanismos que operan dentro del Estado para hacernos creer en instituciones, empresas, religiones o prestigios que a la larga van a conformar la legalidad y solidez del status. En el segundo de ellos desmonta cómo opera el poder sin sus caretas, sencillamente no sería el poder sin ese camuflaje ideológico de que se vale para engatusar a los ciudadanos, realizando a la par un análisis retrospectivo de su economía y de los equívocos e injusticias que se han producido históricamente para apoderarse de nuestros recursos, con la anuencia de no pocos gobiernos de América y Europa. 

Posee, pues este escritor el don de historiar, de traernos las referencias, datos precisos, estadísticas o fechas, para que sus interpretaciones tengan el debido soporte y los asuntos abordados puedan ser más esclarecidos. Pese a manejar una información teórica de primera mano y un aparato crítico abundante, Luis Britto no abusa de éstos y opta nuevamente por la claridad en las ideas, por la diafanidad expositiva. Al poner todo ello en evidencia con argumentos contundentes, su autor está teniendo conciencia de lo que ocurre en el país y tal conciencia lo conduce a una praxis, a un pensamiento coherente que pueda ser trasladado a los hechos, a la realidad palpable, lo cual hace, creo yo, que Luis Britto García se identificara a la postre con el proyecto social de Hugo Chávez Frías y haciéndolo una persona vigilante de las equivocaciones que puedan cometerse en el ejercicio del poder, pues aquí es donde radica la parte más difícil de este proceso, en el enfrentamiento con una praxis, donde tenemos el deber de ser siempre críticos de nosotros mismos. Un buen número de escritores nos hemos identificado con el proyecto de Chávez desde un principio no lo hemos hecho para medrar en el poder o hacer culto a la personalidad, sino para que éste proceso avance y nosotros con él hacia mejores propuestas y un mejor destino, pese a todas las dificultades a sortear. 

En esta /dirección Britto ha ejercido su crítica desde una óptica constructiva, sin envanecimientos individualistas ni con la intención de convertirse en un intelectual orgánico, o algo parecido. Además, Luis es abogado y conoce las leyes al dedillo, posee una memoria prodigiosa y una capacidad de trabajo envidiable. Ese conocimiento de las leyes le ha permitido asesorar a los gobiernos de Chávez y Maduro, realizando oportunas observaciones críticas. 

Un nuevo giro asombroso da Luis cuando lo vemos convertido en guionista de cine. Son numerosas las películas donde ha colaborado como guionista, especialmente con el director Román Chalbaud; mas también su trabajo como dibujante llega a ser notable, no de modo ocasional o para divertirse, sino como un verdadero artista del trazo. Tengo una edición de Rajatabla ilustrada por el para la Universidad Bolivariana (2012) y las viñetas son verdaderas obras de arte. Además de eso, los comics y caricaturas que Luis ha publicado en diversos medios lo muestran como un verdadero cultivador del oficio que, de haberle practicado más durante su infancia, quizá hubiera sido otro el resultado vocacional y no nos hubiese dado su obra literaria. Suele consolarse diciendo que su hija Andrea si posee ese don, y ha expuesto ya varias de sus obras plásticas a sala completa.

 Una nueva vuelta de tuerca realiza esta vez hacia el asunto de la historia, en el que tiene un interés particular el escritor caraqueño; tanto, que decidió enfrascarse en la empresa de historiar a los piratas, filibusteros y corsarios en las costas de las Perlas del Caribe en un exhaustivo volumen llamado Demonios del mar: corsarios y piratas en Venezuela 1528-1727 (1999) donde pone en su lugar el verdadero papel de estos personajes en la historia venezolana y del caribe, muy lejos de las deformadas versiones hollywoodenses sobre el tema, que desfiguran tanto a los verdaderos piratas como a los gobiernos europeos que manejaron a los corsarios en nuestras poblaciones costeras, mientras realizaban sus navegaciones en nuestras aguas. No conforme con ello, Britto se adentró en la escritura de una obra de ficción con este mismo tema en una novela con el escueto título de Pirata (1998), aceptando todos los riesgos que se corren en este género peligroso de la llamada novela histórica --donde nunca se llega a saber donde están los límites entre ficción y realidad-- una obra a la que le cabe el adjetivo de monumental y tampoco fue glosada ni sopesada por la critica literaria de nuestro país. 

Pero Luis no cesa; como el rayo: cuando los buscamos por aquí nos sale por allá y cuando lo buscamos por allá nos salta hacia otro lado. Por ejemplo un año antes de su novela sobre los piratas nos había ofrecido una Ópera salsa estrenada en 1997; una obra para las tablas que ya estaba acreditada por otras dos obras de carácter histórico como son La misa del esclavo y la ya mencionada El tirano Aguirre, las cuales merecieron sendos premios en el país y fuera de él. Recordemos que estos trabajos teatrales ya venían acreditados por el importante Premio Juana Sujo en 1971 merecido por la citada Venezuela tuya y montada, como dijimos, en el Ateneo de Caracas.

 La incesante curiosidad del escritor caraqueño se ve una vez más canalizada hacia el ensayo, cuando vuelve a sorprendernos con varios libros como Investigación de unos medios por encima de toda sospecha, donde explora los medios de comunicación como herramientas políticas, puestos al servicio por muchos gobiernos para dar al traste con los proyectos de liberación de muchos pueblos, usando conceptos de la semiótica moderna para desmontar los discursos convencionales neoliberales; estructura similar a la que emplea en su trabajo Por los signos de los signos donde el objeto de estudio es la literatura y su relación con otras disciplinas que la nutren, lo cual le da pie para que vaya más allá cuando emprende su Elogio del panfleto y de los géneros malditos (2000). 

Es decir, que nuestro escritor está siempre develando lo oculto, acercándose a lo marginado o marginal, a los extramuros, a la conciencia que nace de la subversión, y eso a su vez le da pie para obtener una conciencia aun mayor acerca de las cosas que ocurren en el continente, esta vez desde una óptica socialista (su visión ha sido siempre y necesariamente socialista) y ello le hace pergeñar un ensayo sobre la Conciencia de América Latina (2002) y aún más, ser más ambiciosamente propositivo en cuanto a un Socialismo del tercer milenio (2008). En sencillamente imparable. 

El trabajo permanente de Luis Britto García lo hace arribar no solamente a una destreza verbal o lingüística o a manejar categorías históricas, económicas o legales, sino compartir esa lucidez con el lector, a través de la cual discurre su trabajo intelectual en permanente contacto con estudiantes, periodistas, escritores y público voluntario que asiste a sus charlas. No le bastan las categorías manualescas sino puede desplegar junto a éstas un desenvolvimiento creativo, lo cual es a su vez el elemento que lo hace polémico, cambiante, significativo y dialogante. 

Es asombrosa también su capacidad para improvisar. Lo hemos visto ofreciendo charlas sobre distintos tópicos, haciendo presentaciones y dando conferencias acerca de cualquier asunto. Luis mantiene el humor, con lo cual los auditorios jamás se aburren. Además, posee una memoria fotográfica para fechas y acontecimientos. En una feria del libro de Caracas estábamos convocados hace poco a unas presentaciones de libros. Antes del evento, a Luis Britto le tocaba disertar sobre no sé qué tema; a manera de introducción él mismo hizo de memoria y de pie, sin ningún apoyo de notas o apuntes, un recorrido por la historia de Europa durante las guerras mundiales efectuando una descripción pormenorizada de sucesos, eventos grandes y pequeños con sus respectivas fechas, incidencias y consecuencias, pasando de un país a otro y de un contexto nacional a otro internacional con la mayor precisión, como si estuviera describiendo un paisaje doméstico. Muchos nos quedamos pasmados durante la charla, porque además de ello Luis no se sobrepasó ni un minuto más del tiempo estipulado.

 ¿Por dónde viene ahora la sorpresa? Pues otra vez por el lado del microrrelato. Un editor catalán, José Díaz, crea en Barcelona de España la editorial Thule para publicar cuento breve y literatura para niños, e invita a algunos escritores latinoamericanos y españoles a ser editados: Juan Armando Epple (Chile), Raúl Brasca (Argentina), Rogelio Guedea (México), Rafael Courtoise (Uruguay) y a Luis Britto García y Gabriel Jiménez Emán (Venezuela) para que participen de una de las colecciones mejor cuidadas del género, a tal punto que los primeros libros, impresos en China, vienen con páginas impermeables y el agua no las puede penetrar como a los demás libros mortales. En una de las presentaciones de la colección, el libro de Luis y el de Rogelio fueron sumergidos en un cristalino tobo de agua para que el público comprobara que aquello era verdad; y de esa editorial salió el libro de Luis, Andanada (2004) y al siguiente año el mío El hombre de los pies perdidos (2005), con la diferencia de que el mío apareció en papel normal, con unas páginas azules muy bonitas, pero sin la cualidad de ser impermeables, por lo cual ya el tiempo las está empezando a carcomer. Reproduzco apenas dos de los textos de este libro de imaginación desbordada que ya habían sido seleccionados por mí en la antología del microrrelato venezolano que titulé En micro (Alfaguara, 2010): 
El campeonato mundial de las burbujas 
Al campeonato mundial de las burbujas llega el profesor Jabón con su arito de plástico en el cual sopla sopla una ininterrumpida hilera de burbujas que termina rodeando la Tierra como los anillos de Saturno o como la sortija de compromiso de las bodas con la Luna.

 Mientras la gente embobada cuenta las burbujas sube al escenario la profesora Glicerina con un gran aro sopla sopla hasta que queda envuelta la Tierra en una inmensa burbuja y alrededor de ella otra burbuja como sucesivas bolas del cristal de los sueños.

 Al proscenio asciende el profesor Alfiler con una inmensa aguja, saluda, nada por aquí, nada por allá, la clava en el suelo y con un suspiro estalla la inmensa burbuja de la Tierra. 

 El botón 
El botón para empezar el holocausto debe estar en algún sitio de la Tierra, disimulado como un botón normal. Desde que lo sé, tengo fobia a los botones. Aprieto el botón del timbre del siquiatra: la primavera se enciende en un millar de capullos nucleares. 

Andanada es una de las mejores colecciones de cuentos breves de nuestro autor; en poco más de 70 relatos nos pasea por territorios del humor, la sorpresa, la anticipación, la utopía, la “imaginación razonada” como bien la denominó el gran Jorge Luis Borges, libro que bien se merecería un comentario aparte. En este instante lamento que este escrito mío no sea un ensayo que me permitiera ofrecer más ejemplos de su producción literaria en lo que corresponde a cuentos, para dar una idea mejor y mas aproximativa acerca de dónde radican los logros y por dónde van los tiros en relación a su literatura de imaginación. Por cierto, en relación al ya referido vaticinio que hizo Luis de que yo escribiría un libro con el título de Los 1001 cuentos de 1 línea y yo obedecí, publicando un cuento y un libro con ese título, José Díaz se atrevió a más: editó, en efecto, un libro que contiene exactamente 1001 cuentos breves en su editorial Thule. Dejemos que sea él mismo José Díaz, quien refiera el hecho: 

1001 Caracas, finales de década de 1970. Un escritor le cuenta a otro. “Estoy por escribir mil y un cuentos de 1 línea”: Salvador Garmendia era el susurrante y Luis Britto García el confidente. Salvador murió en 2001, sin cumplir su palabra. Jamás en su vida llegó a publicar ni un solo cuento de una línea. Sin embargo, en su libro póstumo Anotaciones en cuaderno negro, increíblemente sí hay un cuento de una línea: “La belleza del sapo solamente la conocen los sapos.”, que bien semejara aforismo, pero es cuento embrujado, como los propios sapos. Ahora, ¿lo escribió en este mundo o desde el otro? Caracas, hacia 1980. Un escritor (Luis Britto García) predice en un artículo los títulos de las supuestas obras que los mejores autores venezolanos publicarán en el año 2000. A Gabriel Jiménez Emán (que para entonces ya ha escrito algunas brevedades extremas le adjudica un libro con este título: Los 1001 cuentos de 1 línea. Gabriel sabe que el destino es ineludible, y además es impaciente: en el año de 1981, publica un libro titulado, efectivamente, Los 1001 cuentos de 1 línea, donde sólo puede encontrarse un cuento de una línea: “Quiso escribir los 1001 cuentos de 1 línea, pero sólo le salió uno.”. Texto que en último término terminó por resultar extrañamente profético para Salvador Garmendia. Gabriel se sacudió la maldición y después escribió más cuentos de 1 línea que pueden apreciar en la presente antología. Luis Britto García ha prometido una obra que se va a llamar Las mil y una novelas de una línea. Todo aquel que supo de los cuentos de una línea acabó irremediablemente infectado. Regresando en julio de 2006 de un encuentro de microficción en Buenos Aires, mientras releía el cuento de Gabriel Jiménez Emán (me detuve en la coma) en un artículo del profesor David Lagmanovich acerca de la microficción extremadamente condensada (Katatay, No. 3-4), se me ocurrió pensar “¿Acaso existirán mil y un cuentos de una línea?” Y entonces José Díaz (usando su otro nombre Aloe Azid), publicó el libro con el título de 1. Mil y un cuentos de una línea (2007), al cual puso en el epígrafe principal nada menos que a Ítalo Calvino: “Yo quisiera preparar una colección de cuentos de una sola frase, o de una sola línea, si fuera posible.”. 

Para continuar con este juego que se tejió entre Ítalo Calvino, Salvador, Luis y yo, me puse a elucubrar y escribí también un texto con la idea de Luis y esto fue lo que salió: LAS 1001 NOVELAS DE UNA LÍNEA Ya había concluido la primera parte del proyecto para escribir Los 1001 cuentos de 1 línea, redactando el primer cuento. Después treinta amigos escritores me fueron fieles escribiendo ellos los restantes, atendiendo a mi invitación de asumir la cifra de trescientos treinta y tres cuentos en un año a razón de uno por día, en un volumen que ha sido publicado y tenido mucha difusión, mientras yo me embarqué en el proyecto de hacer Las 1001 novelas de una línea, cuestión que me parece un tanto complicada pero no tan difícil. Hoy concluí la primera parte del proyecto y estoy muy entusiasmado, pues produje la primera novela de la serie, la cual dice: “En un lugar del mundo cuyo nombre recuerdo perfectamente bien, nací yo.” ***

 Pero prosigamos con las obras de Luis. A propósito de su literatura de ficción, recomiendo una antología de su obra creativa que el propio Luis emprendió con el título de Rajapalabra editada por la Fundación El perro y la Rana en 2017 y que se puede descargar gratuitamente. El posee la gracia en el narrar y sus textos de ficción tienen la cualidad de hacernos sonreír (para bien o para mal) desde el mismo instante en que pone en tela de juicio la frágil naturaleza de la realidad, al insertar en ésta una serie de elementos de la ciencia, conceptos filosóficos, diseños utópicos, objetos y procesos imaginarios que han constituido una contribución notable al microrrelato en Venezuela. En los últimos años, Luis se puso a indagar sobre los rasgos que definen nuestro gentilicio y nos entregó El verdadero venezolano (2018). A primera vista nos incomoda un tanto que el autor anteponga el adjetivo verdadero para caracterizar previamente lo que intenta demostrar; luego nos damos cuenta que se trata de un estudio objetivista, de un mapa de la identidad nacional --como lo llama él mismo-- para guiarse en un laberinto, para lo cual ha debido diseñar un esquema que le ayude a orientarse, primero, por la personalidad básica, temperamento y carácter del venezolano, y luego por una cultura propia y una identidad. Más adelante nos hallamos con las crisis históricas de la nación, la invasión europea, la Independencia y la República, la guerra federal, las autocracias positivistas, el populismo, la lucha armada revolucionaria y la restauración neoliberal. Se mete Luis en camisa de once varas cuando aborda el asunto de la inmigración y la composición genética de la población y su relación con el mestizaje. Después lleva a cabo un acercamiento a la familia venezolana, para luego dar un paseo por las conductas del venezolano –las cuales son asombrosamente diversas— ; acaso en una observación minuciosa de éstas se encuentren las claves para superarnos, (lamentablemente son mas nocivas que benignas) y entonces poder entrar de lleno en la actitud más terapéutica de todas: el humor. Para llevar a cabo tal estudio, Luis Britto echa mano de todo: estadísticas, cuadros, cifras, bibliografía copiosa y fuentes que le sirven de apoyaturas para demostrar tales o cuales aspectos. y luego salir ileso de tal laberinto elevándose por los aires. En todo caso acometió una empresa difícil, donde es juez y parte. 

 A todo esto se suma su labor periodística, que sólo merece el calificativo de descomunal. Ha escrito en casi todos los diarios y semanarios de la capital, en páginas web, blogs nacionales y de otros países. Luis ha desplegado una actividad de cronista, articulista, humorista y ensayista vertida en trabajos que se cuentan por miles. En una reciente entrevista, el periodista le preguntó si no había escrito poesía y él que contestó que sí, pero sin atreverse a publicarla pues considera que es lo más difícil de todo; piensa que la poesía es Iluminación, y “si no es iluminación no es poesía”. En otra ocasión le preguntaron por sus poetas preferidos y contestó de modo extremo que le gustaban dos: William Blake y Ramón Palomares. Y esa respuesta también es asombrosa. 

Por todas estas razones lo considero un verdadero filósofo, --aunque no estoy seguro si él acepte éste título sin sonreír tímidamente-- por todo el amplio espectro de sus preocupaciones y sus rigurosos acercamientos. La tersura de su lenguaje y su amplio campo de visión le acreditan como un verdadero pensador, tanto de los fenómenos sociales o políticos, legales o ideológicos, éticos o literarios, y con una obra de ficción narrativa en donde las ideas circulan siempre de modo dinámico. En este sentido me remito a la parte final de su libro El verdadero venezolano, donde Britto escribe:

 Al repasar nuestras identidades hemos visto como éstas han ido pereciendo en inenarrables hecatombes, para ser siempre reconstruidas en edificios más complejos que abarcan y asimilan los anteriores. En nuestra cartografía de la multitud de pasillos nos hiere una certidumbre; nos cernimos sobre un laberinto abierto, donde el centro se halla en todas partes y en ninguna. Mientras otros pueblos se hunden en un centro progresivamente vacío renunciando a la inagotabilidad de lo posible, la plasticidad, la versatilidad, la flexibilidad, la comunicatividad, la adaptabilidad del venezolano lo hacen, mas que prisionero del pasillo, dueño de la totalidad del palacio y de sobrevolar tanto su intrincación como su periferia, tanto su pasado como su devenir. El laberinto reside en el punto de vista, que sólo abarca el limitado panorama de la galería, que veta la totalidad el mapa. Construir un laberinto o su mapa son los ejercicios que forman una conciencia. Nunca nos internamos en el mismo dédalo; nunca es el mismo quien ingresa y quien sale. Sólo se triunfa el laberinto elevándose. 

Su actividad permanente de escritor genera por supuesto una serie de incomodidades, envidias, pruritos, descalificaciones e infamias por parte de las mentes reaccionarias y acomodaticias, e incluso en las mismas filas del Estado se le critica; si algo ha caracterizado la trayectoria de Luis es su honestidad intelectual y su probidad moral. No lo pongo como ejemplo porque a él mismo no le gustaría; él se encuentra alejado de ese tipo de vedetismos escandalosos como los que practican tantos intelectuales de la derecha; mas bien creo que su prolífica obra no ha sido lo suficientemente valorada desde un punto de vista crítico ni tampoco difundida en el exterior como se lo merece; aunque éste no es el punto ahora, sino celebrar los 80 años de una existencia dedicada a la creación, al trabajo intelectual, la enseñanza, el periodismo y la defensa de un ideal socialista, en una actividad polifacética que hemos venido observando en los últimos cincuenta años, desde que yo empezaba a dar mis primeros pasos como escritor, aún sin conocerlo mucho por aquel entonces, ni siendo tan cercano a él personalmente como sí lo fui de otros como Ludovico Silva, Eduardo Galeano, Víctor Valera Mora o William Osuna, con quienes compartimos los ideales de la izquierda en América Latina, cuando teníamos (y aún tenemos) un sueño: el de ver a nuestros países liberados de yugos imperiales o coloniales, naciones habitadas por individuos plenos, realizados en la utopía de una existencia justa, armónica, llena de amor y rebosante de paz.

 Coro, octubre de 2020