viernes, 24 de enero de 2025

A CONFESIÓN DE PARTE...

 Luis Britto García


Oh, sorpresa, difunden los medios la más fulminante diatriba sobre la destrucción de un país por el neoliberalismo, y quien la formula no es un  alucinado Woke, un Black Lives Matter ni un izquierdista trasnochado, ni siquiera Noam Chomsky, sino el Padrino de todos los Padrinos, el Presidente Electo de Estados Unidos en su Discurso de Toma de Posesión del 20 de enero de 2025.

Cunde entre los progresistas un insistente rumor sobre el declive de la potencia norteña. Oigamos al furibundo Primer Magistrado de ella:

A partir de este día, nuestro país prosperará y será respetado de nuevo en todo el mundo.

­¿Escuchamos bien? Si un país “prosperará y será respetado de nuevo”, es porque no es próspero ni respetado.

¿Se tratará de una cita fuera de contexto? Sigamos con el discurso del irascible Trump:

Ahora tenemos un gobierno que no puede gestionar ni siquiera una crisis simple en casa, mientras al mismo tiempo tropieza con un continuo catálogo de eventos catastróficos en el extranjero.

Diagnosticar a un gobierno del propio país como incapaz de “gestionar ni siquiera una crisis simple en casa”, es terrible examen del pasado. ¿Y sobre el futuro?:

Se recuperará nuestra soberanía. Se restaurará nuestra seguridad.  (…)Y nuestra máxima prioridad será crear una nación orgullosa, próspera y libre.

Si alguien promete recuperar soberanía y restaurar seguridad, es porque ambas andaban perdidas. Si es prioritario “crear” una nación orgullosa, próspera y libre, es porque la actual no es lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario.

Doloroso es tratar así a una potencia puesta como ejemplo por todos los neoliberales del mundo. Sobre todo, una cuyas invasiones bienhechoras son paradigma de todos los unipolares del planeta. Pero ahora su portavoz principal nos informa:

Tenemos un gobierno que ha brindado financiamiento ilimitado para la defensa de fronteras extranjeras, pero se niega a defender las fronteras estadounidenses, o más importante, a su propia gente. Nuestro país ya no puede brindar servicios básicos en tiempos de emergencia.  

Bien. Siempre  escuchamos que la sistemática destrucción de países tiene por objeto obligarlos a adoptar el modo de vida estadounidense. Pero jamás creímos que este último fuera inútil incluso para solucionar los problemas primordiales de su propia gente, como lo resalta el intemperante billomillonario:

Tenemos un sistema de salud pública que no responde en tiempos de desastre, sin embargo, se gasta más dinero en él que en cualquier otro país en el mundo. Y tenemos un sistema educativo que enseña a nuestros niños a avergonzarse de sí mismos en muchos casos, a odiar a nuestro país a pesar del amor que intentamos tan desesperadamente transmitirles.

Quizá dopado con el suero de la verdad, el irascible promotor de empresas sistemáticamente quebradas ofrece: 

…devolverle al pueblo su fe, su riqueza, su democracia y, ciertamente, su libertad. A partir de este momento, el declive de Estados Unidos se ha terminado.

Traducción: los asesores, políticos, diputados y demás saboteadores neoliberales comprometidos en la tarea de dar cristiana sepultura a los gobiernos donde se infiltran, arrebataron al pueblo “su fe, su riqueza, su democracia y, ciertamente, su libertad” y empujaron a  la que fuera primera potencia del mundo al declive.

¿Oímos mal? Pues no, el enojadizo Trump vuelve a la carga:

Nos moveremos con propósito y rapidez para devolver la esperanza, prosperidad, seguridad y paz a ciudadanos de todas las razas, religiones, colores y credos.

Demoledora noticia para quienes creían que Estados Unidos era la esperanza, la prosperidad, la seguridad y la paz. Ahora resulta que nada de aquello. Si hay que devolverlos, es porque se los habían quitado. 


¿Queda siquiera el consuelo de que el dólar sea la moneda de reserva del mundo y  garantía de estabilidad de los precios? Pues no. Oigamos una vez más al temperamental especulador:

A continuación, instruiré a todos los miembros de mi gabinete a movilizar los vastos poderes a su disposición para derrotar lo que fue una inflación récord y reducir rápida y drásticamente los costos y los precios.

Sí, leyó usted bien. En el País de las Maravillas del Consenso de Washington hay “inflación récord” y “crisis inflacionaria”. Entonces, los “Paquetes Económicos” que impone a las demás naciones no sirven de nada.

El remedio sería romper la dictadura de los grandes capitales sobre la administración y  la producción armamentista. Para comenzar, se debería cobrar impuestos al mismo Trump, cuya fortuna según Forbes asciende a 6,2 billones de dólares, o a su gabinete, que en conjunto posee más de 450 billones (para los anglosajones, un billón es  mil millones) (Randy Alonso Falcon: America Plutocracy, Cubadebate https://resumen-english.org/2025/01/american-plutocracy).

Pero no:  el colérico Donald declaró no haber obtenido ni un dólar de ingreso en 2023, y los super ricos  en Estados Unidos tributan una tasa de apenas 22%,  menor de la  que pecha el ingreso de un empleado medio, y  en su mayoría guardan su dinero en Paraísos Fiscales o Fundaciones inmunes a los impuestos.

Por lo cual, el supuesto remedio contra el  declive sería expulsar a los “extranjeros criminales”:

Toda entrada ilegal será detenida de inmediato y comenzaremos el proceso de devolver a millones y millones de extranjeros criminales a los lugares de donde vinieron.

Amenaza el xenófobo Trump con expulsar 11 millones de supuestos migrantes “ilegales”. Hemos indicado ya que dicha cifra nada significa frente a los 340.110.998   habitantes que aloja en 2024  la ex potencia norteña. En cambio, mantienen funcionando con salarios de miseria la agricultura y parte de la industria de ésta, así como las groseras ganancias de los multimillonarios que los repudian.

De hecho, la Historia de Estados Unidos es un conjunto de entradas ilegales de “extranjeros criminales”: desde los colonos que casi exterminaron a los aborígenes, hasta los gringos que invadieron México en 1848 y le robaron más de la mitad de su territorio, los que ocuparon Puerto Rico en 1899 y se quedaron con él, los que dividieron Panamá de Colombia ¿Qué tal si comenzamos por expulsarlos a ellos?

Y ya que hablamos de “extranjeros ilegales” ¿qué tal si regresan a casa el millón y medio largo de estadounidenses armados que ocupan ilegítimamente 850 bases militares en el extranjero y 76 en América Latina, y que nada tienen que hacer en países que no les pertenecen?

Pero el cascarrabias Donald amenaza: “Como en 2017, nuevamente construiremos las fuerzas armadas más fuertes que el mundo haya visto”. Traducción: ni las actuales son las más fuertes, ni el mundo  puede esperar otra política que la del Gran Garrote.

No necesito informar al lector que esta política consiste en bloquear con pesados aranceles las importaciones, apoderarse de nuevo del Canal de Panamá, expandirse por Canadá y Groenlandia, y robar en provecho propio el “oro líquido” del petróleo de otros países, pues las reservas propias lo sitúan apenas en un melancólico y rápidamente agotable rango décimo global.

A confesión de parte, relevo de pruebas. Pero también: guerra avisada no mata soldados.

TEXTO/FOTOS: LUIS BRITTO

 

 


viernes, 17 de enero de 2025

LA OCUPACIÓN MILITAR DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE (y 2)



 Luis Britto García 




La extrema gravedad de la  ocupación militar de Nuestra América  se comprende si se tiene en cuenta que los países invasores además pretenden para sus bases y soldados en el exterior la condición de extraterritorialidad e impunidad. Vale decir, 1) la nación ocupada no puede inspeccionar lo que sucede en las instalaciones militares extranjeras situadas en su territorio, y 2) los efectivos del ejército de ocupación son dotados formalmente de  inmunidad diplomática, de manera que sus delitos, atrocidades y crímenes de lesa humanidad no pueden ser juzgados de acuerdo con la Constitución y las leyes locales.

Así como los capitalistas extranjeros de las Zonas Económicas Especiales no están sujetos a las leyes tributarias ni laborales ni a los tribunales nacionales, los ocupantes extranjeros son inmunes a las leyes y juzgados del país que ocupan.

Para mantener tales atropellos, la doctrina militar de Estados Unidos es reajustada periódicamente, como lo hizo el “Plan de guerra del presidente William Clinton”, puesto en marcha en la Primera Cumbre de las Américas en Miami en 1994.

Dicho plan presenta tres objetivos estratégicos en tres frentes conexos a ser logrados antes del año 2006: 1) la reconquista económica, mediante el ALCA, 2) la reconquista política, 3) la reconquista propiamente militar y 4) la apropiación de la Amazonia, añadida posteriormente.

La reconquista militar” de América Latina y el Caribe se prepara mediante organismos de intervención hemisférica armada creados por William Clinton en 1995: la Conferencia de Ministros de Defensa de América, que acogió la doctrina de la Carta Democrática de la OEA el año 2002 en su quinta reunión en Santiago de Chile: y el Centro Hemisférico de Estudios para la Defensa.

Al examinar las posibilidades de “reconquista militar” se ha de tener en cuenta que Estados Unidos dispone de 1.328.800 soldados en servicio activo. Según datos del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, para 2001 América Latina y el Caribe disponía de 1.251.000 efectivos:  es posible que en la actualidad iguale la cifra de los estadounidenses.

A la potencia del Norte le sería sumamente dispendioso, complicado y exigente mantener una fuerza  de ocupación total de sus propios nacionales en toda la extensión de Nuestra América. Para entrenarla y mantenerla deberían reclutar y equipar una tropa por lo menos equivalente a la de la suma de sus ejércitos locales, lo cual implicaría duplicar su contingente actual,  devendría incalculablemente oneroso y la forzaría a debilitar sus otros frentes estratégicos mundiales.

La ocupación militar total de Nuestra América por Estados Unidos es por tanto imposible.  Ha sido nuestra desunión y nuestra falta de solidaridad, cuando no nuestra colaboración, la que permitió que la potencia norteña impusiera su voluntad mediante consecutivas intervenciones focalizadas en repúblicas que no tuvieron más remedio que enfrentarse diplomática y estratégicamente  solas al desmesurado poderío del coloso norteño.

Por tanto, lo ideal para Estados Unidos sería que su hegemonía sobre América Latina y el Caribe fuera mantenida por efectivos de las propias naciones de ésta, costeados en lo posible por los propios pueblos ocupados.


Así, en 1963 los estadounidenses apoyaron el derrocamiento  del gobierno democráticamente electo de Juan Bosch en la República Dominicana, y para evitar que el coronel Caamaño Deñó lo repusiera en el mando,  los marines contaron en 1965 con el apoyo de contingentes enviados por las dictaduras latinoamericanas de ese entonces en Brasil,  Nicaragua, Honduras y Paraguay. Una resolución de la OEA legitimó el bloqueo contra Cuba. La diplomacia de Estados Unidos obtuvo de un grupo de pequeñas islas del Caribe la solicitud para la invasión de Granada en 1983; tropas de la Colonia inglesa de Jamaica  participaron en dicha invasión. En la actualidad la cabeza del Estado de Jamaica es el monarca británico: las tropas de dicha isla están  por tanto bajo comando inglés. Repetidos intentos de desestabilización e invasión contra Venezuela han partido de los países limítrofes desde 2002.

Es posible que valiéndose de su progresiva ocupación militar de Nuestra América, intente Estados Unidos revitalizar el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR)  de 1947, especie de complemento de la doctrina Monroe y predecesor de la OTAN,  que preveía  el uso conjunto de fuerzas de los países de América contra cualquier agresión.

Dicho Tratado fue suscrito por Argentina, Bahamas, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Trinidad y Tobago, Venezuela, Estados Unidos y Uruguay.  Ha sido invocado una veintena de veces sin mayores efectos, pero falleció de muerte natural cuando, en 1982, para reivindicar su dominio sobre las Malvinas, Gran Bretaña  agredió militarmente a Argentina, y ni Estados Unidos ni los restantes países del pacto movieron un dedo para defender a esta última.

Desde entonces, quedó claro que el instrumento sólo sería aplicado en favor de los intereses de Estados Unidos, evitando cualquier conflicto con los países europeos sometidos a la OTAN.  De hecho, jamás fue utilizado contra los enclaves coloniales que mantenían en América tanto Inglaterra como Francia y Holanda: Jamaica, Belice, las Guayanas Inglesa, Francesa y la Holandesa. Por tales razones, México lo abandonó en 2002; Venezuela, Nicaragua y Bolivia en 2012.

Sin embargo, la proliferación de bases militares de la Alianza Atlántica hace previsible una revitalización del TIAR. También apunta a ella la política expansionista y agresiva anunciada por Donald Trump antes de ocupar su segunda presidencia: estricto cierre de fronteras, expulsión masiva de 11 millones de inmigrantes, anexión de Groenlandia, Canadá y la zona del canal de Panamá, impuestos aduaneros del 60% contra los productos de China y contra los países cuyos puertos, aeropuertos u otras vías faciliten el transporte de  dichos bienes. Son medidas que difícilmente se impondrían de manera pacífica.

Los  imperios en declive tienden a sustituir sus ejércitos nacionales por milicias de mercenarios reclutados entre los mismos pueblos colonizados. La Roma de la decadencia nutrió sus legiones con mercenarios de las provincias conquistadas; los británicos sostuvieron su dominación sobre la India con cipayos; la Alianza Atlántica mantiene su dominio sobre Europa con milicias de los pueblos sometidos por la Organización del Atlántico Norte.

Venezuela  tiene hoy en día en su vecindad países infestados de bases militares estadounidenses o de la OTAN: Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Aruba, Curazao, Guadalupe, Martinica. En el Sur, el “Aliado Principal Extra-OTAN” Brasil desconoce nuestras elecciones y  por tanto nuestro gobierno. En su frontera oriental, la República Cooperativa de Guyana entrega recursos de la Zona en Reclamación, permite continuos ejercicios militares intimidatorios de Estados Unidos y otros países y recibe masivos contingentes  de armamentos. Es de temer un atentado de falsa bandera que sirva de pretexto para asaltar nuestras riquezas a las potencias ávidas de hidrocarburos.

Contra esta masiva ocupación, equiparable la de una zona invadida por el enemigo tras aplastante derrota militar, sugerimos las medidas siguientes:

1.-Promover una cultura de la soberanía, impartiendo a través de  todos los niveles de la educación y de los medios una cultura de la soberanía, que defina y clarifique el concepto, y aclare que la soberanía desaparece cuando se atribuye a potencias extranjeras el poder de modificar nuestras leyes, ejecutarlas, decidir sobre controversias relativas al orden público interno u ocupar el territorio con milicias armadas foráneas instaladas en enclaves donde no valen las leyes locales.

2.-Constituir, valiéndose de organizaciones como el Alba, Unasur y la Celac una alianza militar de América Latina y el Caribe que excluya la participación y sobre todo la injerencia de Estados Unidos, el Comando Sur, la OTAN y otras fuerzas y uniones extrañas a Nuestra América. .

3.-Avanzar en la democratización de nuestros ejércitos, abriendo el acceso a todos los rangos de la carrera militar a todas las clases sociales;  manteniendo en forma cuerpos de apoyo como la Reserva y la Milicia, e impartiendo en todas las ramas de la educación los elementos básicos de la defensa armada, sin que ello implique necesariamente la conscripción para el servicio.

4.-Iniciar una ofensiva diplomática, jurídica, cultural y comunicacional que exija el retiro de las bases extrañas a la región que actualmente ocupan Nuestra América.

5.-Modernizar y entrenar nuestras Fuerzas Armadas  a fin de repeler de manera eficaz, conjuntamente con el pueblo, cualquier invasión, injerencia, interferencia o intento de anexión o colonización en Nuestra América.

6.-Complementar estas medidas con pactos, alianzas y acuerdos defensivos de nuestras soberanías concertados con países y organizaciones  del mundo multipolar.

América Latina y el Caribe necesita con urgencia un  nuevo Ayacucho.


DESPEDIDA A ISAÍAS RODRÍGUEZ

 




Nada amarga tanto los días como saber que ya no transcurren para los amigos. Isaías fue, y sigue siendo en el recuerdo, hombre cordial, padre amantísimo, humorista y por momentos poeta en versos de rima clásica, embajador espléndido, fiscal en momentos difíciles en que serlo podía costar la vida y quizá nos la salvó a todos. Su valiente alocución televisiva el 12 de abril contribuyó en gran medida al restablecimiento de la democracia. Más que  hombre de leyes fue y es, como diría San Pablo, una Ley en sí mismo,

TEXTO/FOTOS: LUIS BRITTO

sábado, 11 de enero de 2025

LA OCUPACIÓN MILITAR DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

Luis Britto García




Cruentas fueron las batallas de América Latina y el Caribe por su independencia y soberanía. Según estimación del Libertador Simón Bolívar, costaron arriba de la tercera parte de la población.

 Durante el siglo XIX, el injusto orden oligárquico heredado de la Colonia propició numerosas guerras civiles. Pero fuera de las gestas independentistas, en nuestra región han sido escasos los conflictos internacionales, en su mayoría incoados por intereses financieros extraños a Nuestra América.

Para manifestar su vocación pacífica, los gobiernos de América Latina y el Caribe  suscribieron en México el 14 de febrero de 1967 el “Tratado de Tlatelolco”, que prohíbe el desarrollo, almacenamiento o empleo de armas nucleares en la región y restringe la energía atómica para usos pacíficos. De hecho, el acuerdo reserva el uso de tales artefactos a la única potencia del hemisferio que los posee en el hemisferio, Estados Unidos.

En el mismo sentido, el 29 de enero de 2014 los mandatarios de los 33 países  de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) suscribieron en la Habana la “Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz”, en la cual  afirman “nuestro compromiso de que en América Latina y el Caribe se consolide una zona de paz, en la cual las diferencias entre las naciones se resuelvan de forma pacífica, por la vía del diálogo y la negociación u otras formas de solución, y en plena consonancia con el derecho internacional”. Lo ratificaron Antigua y Barbuda, Argentina, Bahamas, Barbados, Belice, Bolivia, Brasil, ChileColombia, Costa Rica, Cuba, Dominica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Granada, Guatemala, Guyana, Haití, Honduras, Jamaica, México, Nicaragua, Panamá, ParaguayPerú, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Surinam, Trinidad y Tobago, Uruguay y Venezuela.

En contraste con esta constante, firme y explícita vocación por la paz de los pueblos latinoamericanos y caribeños, a partir de 1817 Estados Unidos perpetra más de medio centenar de intervenciones armadas en Nuestra América, algunas seguidas de vastos despojos, como la que en en 1848 arrebató a México más de la mitad de su territorio, la que en 1899 interfirió en la Independencia de Cuba y anexó a Puerto Rico, la que en 1904 apropió la zona del Canal de Panamá.

En virtud de ello, dos siglos después de la batalla de Ayacucho encontramos buena parte de Nuestra América en parte militarmente ocupada de nuevo por tropas extrañas a la región. Sólo que estas milicias no han libraron batallas para instalar sus enclaves en los que fueron territorios independientes: en la mayoría de los casos las ocuparon con el consentimiento de gobiernos apátridas.


Estados Unidos, que dispone de unas 6.000 bases militares en su territorio y unas 800 en el resto del mundo, cuenta actualmente con unas 76 bases militares en territorio de Nuestra América: casi el doble del número de países de la región.

Demasiado extenso sería mencionar todos estos enclaves.  En Argentina  hay un territorio ocupado por Estados Unidos en Tolhuin, Tierra del Fuego, una base en Resistencia, Provincia del Chaco:  avanza la instalación de otra en Neuquén, y otra en Vaca Muerta, cerca de importantes yacimientos petrolíferos. El nuevo gobierno neoliberal seguramente autorizará de manera expedita otros enclaves. Chile soporta uno cerca de Valparaíso. En Colombia 9 bases militares estadounidenses interfieren gravemente en los asuntos internos: de hecho, cada aeropuerto colombiano es un bastión que aloja, abastece y repara aeronaves bélicas norteñas. En Cuba permanece el enclave de Guantánamo, a pesar de la acérrima oposición de pueblo y autoridades. El gobierno de Rafael Correa libró a Ecuador de la Base de Manta: el neoliberal Noboa cedió para el mismo uso las Islas Galápagos, con mortal daño para la ecología del archipiélago, y admitió una invasión de tropas estadounidenses con el pretexto del combate al hampa. Haití ha sido repetida y prolongadamente ocupado por soldados norteños, con resultados desastrosos. En Honduras, 3 bases militares participaron en el golpe contra Mel Zelaya. En Panamá 12 bases prolongan la ocupación militar, a pesar de los acuerdos Torrijos-Carter que reconocen la soberanía panameña sobre el Canal. Paraguay soporta dos, que amenazan el Acuífero Guaraní y el Triángulo del Litio. En Perú 8 enclaves apoyan la represión de la dictadora Dina Boluarte. En Puerto Rico 12 bases mantienen por la fuerza la condición humillante de País Libre Asociado. A las mencionadas se suman bases estadounidenses en Aruba, Curazao, Costa Rica y el Salvador. A las cuales se añaden un número secreto e indefinido de “cuasi-bases” que cooperan en tareas de espionaje, comunicación, intendencia y en general injerencia en los asuntos locales.

También siembra sus enclaves en la región la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), brazo armado europeo de Estados Unidos. Dicha alianza militar mantiene bases en las Malvinas, Belice, Guadalupe y Martinica. Argentina es “Aliado Principal Extra-OTAN” desde 1997, Brasil desde 2019, Colombia es “Socio Global de la OTAN” desde 2022. Tropas europeas custodian el Departamento Ultramarino de Guayana.

Por la fuerza bruta o el consentimiento de gobiernos apátridas, América Latina y el Caribe ha devenido en la práctica una región militarmente ocupada.

Si en Venezuela llegara a ocupar el poder la oposición neoliberal, su primer acto sería permitir la instalación de una docena de bases militares extranjeras para garantizar al Imperio el saqueo de nuestras riquezas.

Cuando hay dos gallos en un corral, uno está haciendo el papel de gallina. La simultánea presencia de  fuerzas armadas extranjeras y nacionales  en el mismo territorio implica un conflicto,  una capitulación, o que las últimas servirán de carne de cañón para los intereses de las primeras.


TEXTO/FOTOS: LUIS BRITTO.

viernes, 3 de enero de 2025

SOCIOPOLÍTICA DEL ENERGÚMENO


Luis Britto García 



Nos cuenta Esopo que  las ranas pidieron a Zeus un Rey, y que éste les envió un tronco flotante. Hastiadas de la inactividad del madero, solicitaron las ranas un nuevo monarca, y Zeus les remitió una serpiente  que las devoró  a todas.

Valga la sagaz fábula para explicar por qué en tiempos de crisis gobernantes anodinos son suplantados por energúmenos, aunque no detalla por qué los batracios, cuando tienen la oportunidad, eligen precisamente a quien ha de devorarlos.

Pues  la inacción del leño seco es cómoda, pero inefectiva. Como las socialdemocracias que nada socializan, las revoluciones que no revolucionan o  los progresismos que no progresan, quien intenta gustarle a todos termina no gustándole a nadie.

Un nuevo Manual de Buenos Modales de Carreño los paraliza: el Politically Correct. Hay temas tabú que está prohibido tocar, porque molestarían a alguien. Por ejemplo: salarios mínimos que permitan sobrevivir a los trabajadores. Pongamos por caso: misteriosas fortunas salidas de la nada. Incluso: gobiernos que no protegen a los primeros ni investigan  las segundas. Mientras tanto, la charca se seca y la desesperación diluvia. Nadie hace nada, porque los batracios han delegado su facultad de actuar en un leño que sólo  hace buenos negocios.

Preguntémonos una vez más por qué, desde que las ranas votan, de vez en cuando eligen a la culebra  que las devora.

Respondamos con  el fabulario contemporáneo, la telenovela.  Quizá las series más aclamadas de nuestra pantalla chica fueron Gomez,  Gómez 2, y Estefanía, con geniales libretos de José Ignacio Cabrujas  y colaboradores.

Gómez retrata el ocaso de un déspota que traicionó a su compadre Cipriano Castro, usurpó el poder con golpe de Estado, lo usó para hacerse inmensamente rico cediendo nuestras riquezas al capital extranjero y encarceló o desapareció a sus enemigos.

Para ser justos, añadamos que Gómez, aparte  de ser un tirano aborrecible, acabó con las guerras civiles y en 1930 pagó hasta el último centavo de la Deuda Pública. Como me comentó su hijo el general Florencio Gómez: a veces para hacer un bien hay que hacer algún mal.

Y sin embargo, mientras más se afanaba José Ignacio en hacer aborrecible al  personaje, mayor era el fanatismo de la audiencias. De resucitar, el Benemérito gana  las elecciones.

Lo mismo ocurrió con Estefanía, telenovela con libreto de Cabrujas que abominaba del jefe de la policía política de la dictadura de Pérez Jiménez, esbirro que utilizaba sus poderes para intentar hacerse amar por la protagonista. La popularidad del malvado fue tal, que la serie debió ser abreviada.

¿Cómo interpretar la idolatría del público por un zamarro anciano iletrado, traidor rodeado de traidores que compraba a sus queridas regalándoles casas y se deshacía de sus enemigos diciendo “no los quiero ni aquí ni allá”? ¿O por un sicario que torturaba a quienes luego torturarían a los izquierdistas?

¿Será que en el fondo de cada compatriota aplastado por la gravedad de lo cotidiano y la inopia de los poderes que deben remediarla, yace un energúmeno que ansía un poder ilimitado para  resolver de una vez por todas las cosas a trancazos, aunque ello signifique tragarse todas las ranas desamparadas por un tronco inerte?

No me atrevo a contestar, pero pregúntese el amable lector si las votaciones por tantas serpientes devoradoras que ofrecen acción destructiva no tiene su origen en la postradora conciliación de clases que no resuelve ni lo uno, ni lo otro, ni todo lo contrario.

Intentemos una taxonomía del devorador.

Para disimular que en realidad se come a sus compatriotas, el energúmeno crea antagonistas ficticios.  El verdadero adversario de la humanidad es el capitalismo gracias al cual el 10% de la población monopoliza 80% de la propiedad del mundo, dispara crisis recurrentes, agota los recursos del planeta, asigna sueldos por debajo de la subsistencia a los trabajadores y suplanta más del 40% de ellos con máquinas.

Pero serpiente no come serpiente. Para Trump causan las crisis los hispanos migrantes; para la Unión Europea los trabajadores migrantes; para Hitler los judíos; para los judíos, los musulmanes. A diferencia del capitalismo, ninguno de estos supuestos adversarios  tiene armas nucleares, ni  cómo defenderse de potenciales genocidios.



En la  persecución del adversario ficticio el energúmeno es ante todo escandaloso:  la suya parece la única protesta visible en una charca que  degenera en pantano. Benito Mussolini, Adolf Hitler, Donald Trump ascienden al poder montando alharacas que los destacan de las restantes inercias cómplices. Berlusconi cimienta su carrera en fraudes financieros disimulados por monopolios mediáticos. Zarkozy, en corruptelas tapadas por imágenes de su esposa Carla Bruni tal y como vino al mundo. Jair Bolsonaro dice ser favorito de Dios y se  rebautiza “Mesías” con aguas de un río sagrado. Zelensky inicia su carrera como cómico televisivo, Milei arrancando  motosierra paramilitar con la cual después pulverizará pensiones, propiedades de la Nación, servicios públicos, salarios. Todo es gesto, efectismo, prepotencia. Ser Celebrity a costa de todo y de todos.

El energúmeno no tiene más ideología que el antojo ni más programa que la rabieta. Como niño malcriado, todo lo que desea debe ser suyo de inmediato. Hitler se soñaba dueño de Europa y de la Unión Soviética, Mussolini de Albania,  Grecia, Eritrea, Libia y Somalía. Trump quiere apoderarse del Canal de Panamá, de Canadá, de Groenlandia, de la Antártida, del petróleo venezolano, sin reparar en que ya tienen dueños. Netanyahu aspira  a dominar Gaza, Palestina, Siria, Irán, Irak, el Asia, el mundo. La Unión Europea no se conforma con menos que devorar la Federación Rusa y la pequeña China, por no hablar de la levantisca África. Al enano argentino el mundo le queda pequeño. Nunca faltan electores que a cambio del voto esperan un botín más grande que sus capacidades.

Adoptar para la etiqueta del poder la falta de  modales del paleto, tan satirizado por Mark Twain, es fingir que tras la torpeza opera alguna inocencia o sinceridad ignorante que disculpa sus dislates. Decía Napoleón que de lo sublime a lo ridículo no hay más que un paso: el mismo que lleva al poder a energúmenos y serpientes.

El más seguro aliado de los energúmenos son sus víctimas, que aceptan sin chistar las consagraciones que sus verdugos se atribuyen. Anarquistas y libertarios son los más altos grados de la condición política: habitan el Reino de la Libertad,  fruto superior de un comunismo que desvanecerá al Estado.

Pero así como roban el trabajo ajeno, capitalistas, serpientes, energúmenos y usureros pillan  términos que no les pertenecen y se autoproclaman ahora  “libertarios” o “anarcocapitalistas”.

Vaya usted a ocupar un latifundio en nombre de la libertad o un banco en nombre de la anarquía para que descubra cómo se bate el plomo.

Lo mas grave ocurre cuando los propios acosados medios progresistas también llaman “libertarios” o “anarquistas” a estos ápices de la codicia y dechados de la avaricia, equiparándolos a paradigmas del libre albedrío.  

Cuando el energúmeno define los términos del debate, éste está tan perdido que sólo la Revolución podrá  recuperarlo.



TEXTO/FOTOS: LUIS BRITTO.


 

 

viernes, 27 de diciembre de 2024

45 FESTIVAL INTERNACIONAL DEL NUEVO CINE LATINOAMERICANO

 

Luis Britto García


1

El arte lo invade todo. Lo que los hermanos Lumiére concibieron  como máquina para registrar el movimiento –el cinematógrafo- terminó convertido en nuevo arte. Total, porque incluye plástica, narración, movimiento, mímica, danza, música. Universal, porque la imagen es el lenguaje global accesible a todos antes de que nos aislara la Torre de Babel de las escrituras. En las cavernas de nuestros antepasados no aparecen letras, sino dibujos. Necesitamos que se nos traduzca Kafka: ninguna mediación requiere el ballet trágico de la escalinata de Odessa. Todas las cosas pueden ser reducidas a imágenes, pero las imágenes pueden convertirse en todas las cosas: testimonio, razonamiento, sentimiento, manifiesto, éxtasis, protesta.

2

En sus comienzos el Arte fue total. La experiencia cumbre de cada comunidad era la fiesta social, que amalgamaba mitos fundacionales, música, danza, mímica, pintura corporal, ornamentos, selección o transfiguración de un espacio. La división de la sociedad en clases separó las artes en oficios y especialidades diversas y dispersas, hermanadas apenas por el aire de familia del  Zeitgeist o espíritu de cada época. Pero siempre persistió el proyecto de recuperar la plenitud de la fiesta social en las manifestaciones del arte total: ceremonia religiosa, desfile,  teatro, ópera, en fin el cine, que reúne de nuevo la pluralidad de manifestaciones estéticas. Integrar las artes es reintegrar el ser humano.

3

Un film es ante todo una idea expresada en forma sensorial. Es registro de una realidad, pero de una realidad que surge de la concatenación intencional de los hechos fotografiados. Experimentamos  placer al reconstruir este silogismo porque al fin de la fiesta de los sentidos nos espera el sentido.

4

Tal revelación produce resultados contradictorios. La tecnología del cinematógrafo es hasta cierto punto universal. Sin embargo el resultado es idiosincráticamente local. Podemos hablar de una filmografía europea, estadounidense, china o japonesa, así como de otra  latinoamericana y caribeña, cubana, mexicana, brasileña, argentina, venezolana o boliviana.  Pero la difusión de estos lenguajes, como los de la literatura, depende de aduanas locales y distribuidoras transnacionales. El gran capital crea o cierra mercados e impone o clausura cinematografías. Difícil es ver una obra maestra boliviana en Venezuela o una paraguaya en Ecuador. Cinematecas y Festivales como el del ICAIC en La Habana   instituyen puentes sobre abismos invisibles que  impiden disfrutar y comprender la maravillosa unidad y diversidad de lo humano.

5

La imagen en movimiento  se decanta cada vez más por la aceleración y la brevedad. Tres días duraba una representación del Katakali; la Orestíada se toma una noche entera; representaciones teatrales y óperas de la modernidad requieren horas; el lenguaje fílmico cristaliza en la hora y media del largometraje y en los formatos cada vez más breves del mediometraje y el cortometraje. La pantalla televisiva impuso la media hora de la telenovela como coartada para el medio minuto de la cuña. Nuevas tecnologías permiten los instantáneos micro relatos del Tik Tok. La cinematografía, arte del tiempo, debe ir con los tiempos y explorar los nuevos formatos y tecnologías antes de que los grandes capitales los monopolicen. Un film maestro es la preparación de una epifanía visual poderosa y breve como un aforismo.

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Al igual que el mundo que refleja, un buen Festival, como el de La Habana,  es inabarcable. Imposible ver y calificar todo.

La cocina,  (2024)  escrita y dirigida por el mexicano Alonzo Ruizpalacios a partir de un drama de Arnold Wesker, reivindica el tan vilipendiado realismo como omnipotente método fílmico. Narrada casi en tiempo real, en austero blanco y negro, revela el mundo del trabajo, usualmente desterrado de las pantallas y  de la fachada de los rascacielos y los pulcros restoranes estadounidenses de Manhattan. En los sótanos, se afana el submundo de los explotados,  los indocumentados, los desprotegidos, los subpagados, los discriminados, los menospreciados, los maltratados, los amenazados por la deportación. Percibimos guiños a la monumental Metropolis, de Fritz Lang: la ropa de trabajo uniforma a todos, las cadencias de trabajo son insoportables, prosiguen incluso en medio de una inundación periódica. Dolorosamente,  estos excluidos sueñan en convertirse en quienes los excluyen. Darían lo que no tienen por la Green Card que les evitaría ser expulsados; el protagonista anhela además casarse con una gringa rubia. El sueño revienta como una burbuja. Un gringo de venerable barba entra a la cocina a mendigar sobras, y recita la biografía de toda una clase obrera: Trabajé toda mi vida y no encuentro empleo. No tengo casa, pensión ni seguro médico. Un cocinero le da comida, un gerente lo veta, las sobras van a la basura. Desaparecen unos dólares, y ya se sabe quiénes van a ser acusados. La rebelión es anómica, individual, desesperanzada: pero pudiera ser organizada, colectiva, triunfante. Todo gran película expresa más de lo que dice.

El Jockey, (2024)  dirigida y escrita por el argentino Luis Ortega, nos introduce al mundo de la explotación de los jinetes por las mafias que manejan el mundo hípico. Surrealista es que un deporte sea regido por el crimen organizado: surrealista es el film signado por la belleza de las danzas de entrenamiento de jockeys masculinos y femeninos, por la cotidiana incongruencia, por los asesinatos aleatorios, por la búsqueda individual de sentido en un mundo que ha dejado de tenerlo.

Farha, (2021) de la joven directora de Jordania Darin J. Sallan, reconstruye la historia real de una niña de catorce años encerrada en su casa por un padre que desaparecerá aniquilado por la Nakba, la invasión israelí a Palestina de 1948. En el oscuro encierro, Farha se entera del exterminio de sus amigas, de sus vecinos, de su patria por el estrépito de armas y la escasa visión que filtran algunas rendijas. La ausencia de diálogo y el anhelante rostro inquisitivo construyen una tensión magistral. La niña huirá a pie hasta Siria; de estar con vida hoy, seguramente emprende otro peregrinaje quién sabe dónde. Mientras los poderes fácticos puedan alimentarse del genocidio impune, todos somos palestinos.


TEXTO/FOTOS: LUIS BRITTO 

 

domingo, 22 de diciembre de 2024

FUTURO DEL TRABAJO Y TRABAJO DEL FUTURO

 


El trabajo crea nuestro mundo

Trabajo, actividad humana que genera todo el valor económico y, de hecho, la configuración del mundo que conocemos. La  acción social sobre la naturaleza es lo que separa  la compleja civilización actual de la errancia de una pequeña tribu de antropoides en el valle del Rif hace 250.000 años. La forma en que se organizan las labores y se distribuye el producto de ellas determina desde entonces a su vez la estructura  de las sociedades humanas.

Después de la comunidad originaria, esta distribución ha sido siempre desigual, con tendencia a privilegiar a los que dirigen u organizan el trabajo por encima de quienes lo ejecutan directamente. En el Modo de Producción Asiático, y en las grandes civilizaciones precolombinas de América, guerreros, sacerdotes y escribas consumían el trabajo de muchedumbres de siervos. En  el esclavismo, seres humanos reducidos a propiedad entregaban toda su fuerza laboral para sus dueños. En el feudalismo, los siervos cedían parte del fruto de su trabajo y temporadas de éste a los señores feudales, a cambio de protección. En el capitalismo, el proletario  despojado de medios de producción vende su fuerza de trabajo al patrón a cambio de un salario que no remunera la plusvalía que su labor añade a la materia prima. Entre explotados desposeídos de los medios de producción y explotadores que los acaparan estuvo planteada siempre, con diversa intensidad, la lucha de clases.

La relación de trabajo experimenta un cambio drástico con la introducción masiva de la maquinaria, que incrementa tanto la producción como la explotación. El capitalista aumentó horarios y cadencias laborales para extraer el mayor rendimiento de los trabajadores. Éstos recurrieron a la organización e incluso a las revoluciones para  mejorar su condición.

Mecánica del desempleo

La introducción de maquinarias cada vez más perfeccionadas debió en principio aliviar la condición del trabajador  y reducir su jornada, pero la lógica del mayor beneficio que impera en el capitalismo la tradujo en la práctica en progresiva reducción de los puestos de trabajo.

Esta reducción es global y progresiva. Según el World Social Report 2024 de Naciones Unidas, “Las tasas de desempleo en los países de bajos ingresos han permanecido también persistentemente altas, con el  déficit de empleos incrementándose del 20%  en 2018 a 21% en 2023. Estas tendencias han exacerbado las desigualdades preexistentes de ingreso y riqueza. En 2022, la mitad más pobre de la población poseía sólo 2% de la riqueza mundial; mientras que el 10% más rico detentaba el 25%.”(UNWorlSocialReport2024:1 https://desapublications.un.org/?token=YnlzhdMvFzgYSyR8-4zKwE5aD6SUjdVSwyTEr7Y_9Ag). La Organización Mundial del Trabajo confirma estas diferencias; ratifica que la tasa mundial de desempleo para 2023 es de 5,1%,  pero señala que  Mientras que la tasa de brecha de empleo en 2023 era del 8,2% en los países de renta alta, se situaba en el 20,5% en el grupo de renta baja. Del mismo modo, mientras que la tasa de desempleo en 2023 se mantuvo en el 4,5% en los países de renta alta, fue del 5,7% en los países de renta baja. (https://www.ilo.org/es/resource/news/la-tasa-de-desempleo-mundial-aumentar%C3%A1-en-2024-mientras-que-las-crecientes).

La suplantación del ser humano


Al respecto consultemos The Future of Jobs Report 2020, informe que presenta el World Economic Forum sobre las perspectivas laborales en el presente quinquenio, obtenidas mediante una investigación sobre 15 sectores industriales en 26 países, tanto desarrollados como emergentes (https://www.weforum.org/reports/the-future-of-jobs-report-2020/digest).

Reporta el WEF  que 43% de las empresas investigadas indican que reducirán su fuerza laboral debido a la integración tecnológica, y que hacia 2025, el tiempo empleado en el trabajo por seres humanos será igual al empleado por máquinas. Estima que hacia esa fecha 85 millones de empleos podrían ser desplazados por la división del trabajo entre humanos y máquinas, mientras que 97 millones de nuevos “roles” podrían emerger como “más adecuados a la nueva división del trabajo entre humanos, máquinas y algoritmos”. No se explica en qué consistirían ni cómo surgirían estos “roles”. Sí aclara que “los trabajos desempeñados por trabajadores de bajos ingresos, los jóvenes y las mujeres han sido más profundamente impactados en la primera fase de la contracción económica”. Por lo cual “el impacto presente es más significativo y más propenso a profundizar las desigualdades existentes”.

Añade el WEF que “la ventana de oportunidad para reentrenar y sobreentrenar trabajadores se ha estrechado en el recientemente constreñido mercado de trabajo”. En ese mundo en el cual la mitad de todos los trabajos será efectuada por máquinas, “para quienes permanezcan en sus puestos, el 40% de las destrezas requeridas  cambiarán en los próximos 5 años, y 50% de todos los empleados requerirán nuevo entrenamiento”. No se señala quién costeará ese entrenamiento. En países como Estados Unidos, donde la Educación Superior no es gratuita, seguramente correrá por cuenta de los educandos o los empleadores.  Especifica el WEF que “En promedio, los empleadores esperan readiestrar o mejorar el adiestramiento de más del 70% de sus empleados para 2025. Sin embargo, el enrolamiento de los empleados en tales cursos se debilita, con sólo 42% de ellos aprovechando las oportunidades de reentrenamiento y entrenamiento superior ofrecidos  por sus patronos”. En conclusión, habrá un masivo reemplazo de la fuerza de trabajo por las máquinas; los puestos de trabajo serán reemplazados por “roles” que requerirán arduo entrenamiento, para el cual parecen dispuestos menos de la mitad de los empleados.

Refiriéndose sólo a América Latina y el Caribe, la OIT señala que en dicha área están expuestos al desplazamiento informático 250.492.000 empleos: el 43% de los existentes.

(https://www.ilo.org/resource/other/employment-exposure-generative-artifical-intelligence-latin-america-and caribean).

Trabajo a distancia


Tanto la progresiva automatización como el confinamiento hogareño impuesto por la pandemia de Covid trajeron a la atención pública el tema del Trabajo a Distancia, es decir, fuera de la sede laboral o desde el hogar. Tal
 práctica ha existido siempre: numerosos trabajadores cumplen una fase laboral en sus casas (pongamos por caso, coser prendas de ropa) lo cual libera al empresario de gasto de local y a veces de invertir en equipos, y borra para quien labora los límites del calendario y la jornada de trabajo.

La progresiva informatización se presta para la adopción de esta técnica. Cerca  del 70% del PIB global es producido por el Sector Terciario de  información, educación, administración, finanza, publicidad, investigación. Su  actividad principal es el manejo e interpretación de la información, tarea que puede ser desempeñada a distancia. De hecho, en las instituciones que todavía exigen presencia física del empleado, la inmensa mayoría de la labor se cumple y es transmitida y preservada por medios informáticos.

La  masiva  implantación del trabajo a distancia reportaría beneficios significativos. Haría innecesaria la cotidiana migración de millones de trabajadores en vehículos devoradores de energía desde la periferia al centro de las ciudades; liberaría en ellas para otros usos edificaciones que sólo se emplean los cinco días semanales y las ocho horas diarias de la jornada laboral; ahorraría al trabajador casi cuatro horas al día de traslación entre su residencia y la sede del trabajo.

Derecho a la desconexión digital

Por otra parte, el trabajo a distancia obliga a quien labora a la adquisición, mantenimiento y renovación de su equipo informático, así como el entrenamiento y adaptación a las nuevas destrezas que su manejo requiera. El estilo “no presencial” puede extender el cumplimiento de un horario determinado a la exigencia abusiva de una disponibilidad del empleado las veinticuatro horas del día y los siete días de la semana.

Contra esta situación se ha planteado el derecho a “la desconexión digital”: a no ser requerido para consultas o tareas mediante medios informáticos fuera de los días y horas laborales. Normas en tal sentido se han aprobado en países europeos como España, Bélgica, Francia y Portugal, y latinoamericanos, como Argentina, Colombia y Chile https://www.derysoc.com/el-derecho-a-la-desconexion-digital-en-el-ambito-laboral/).  Fuera de ellos, pende sobre el trabajador a distancia la amenaza de una jornada laboral perpetua.

Los avances laborales



Durante los siglos XIX y XX la persistente lucha de los asalariados fue ganando mejoras en la retribución de su fuerza creadora.  La mayoría de dichos avances fueron introducidos por la Unión Soviética a partir de  1918:  derecho a vacaciones, primero de quince días y luego de un mes, pleno  empleo, seguridad social y  jubilación digna a los 55 años para las mujeres y a los 60 para los hombres (https://archivo.juventudes.org/nikolai-efimov/5-diferencias-entre-el-sistema-sovi%C3%A9tico-de-pensiones-y-el-sistema-capitalista). También,  la igualdad de oportunidades y de remuneración  de las mujeres, y desde 1917 una licencia por maternidad que a la larga se extendió  por tres años (https://sputniknews.lat › Noticias).

Migrantes sin derechos laborales

El capital, por su parte, se fijó como meta no reconocer tales avances, y anularlos en infinidad de formas una vez concedidos. Requeriría una Enciclopedia reseñar tantas argucias, que van desde la corrupción  de los sindicatos hasta la Guerra Civil y el golpe de Estado. Nos limitaremos a señalar dos: la explotación del trabajo de los migrantes, y la suspensión de todas las leyes y  derechos laborales en las llamadas maquilas, o  Zonas Económicas Especiales. En ambas la finalidad primordial del capital es la misma: pagar salarios por debajo del nivel de subsistencia del trabajador.

Como resultado de sus propias aventuras imperiales, que desarticulan y arruinan países, o del mejor nivel de vida ganado con ellas, los países hegemónicos atraen migrantes que buscan seguridad y trabajo. Frente a estas masas laborales el país hegemónico desarrolla una política contradictoria: los restringe, limita, sataniza e ilegaliza con infinidad de normas y prácticas que hacen precaria su condición en el país de ingreso, y al mismo tiempo aprovecha esta precariedad para hacerlos trabajar por salarios ínfimos sin reclamar derechos sociales, laborales ni humanos.  La agricultura y buena parte de la industria de Estados Unidos se mantiene así; lo mismo ocurre en numerosos países europeos. Amenaza el Presidente electo  Donald Trump   con deportar 11 millones de migrantes “ilegales” para resolver la falta  de empleos en su país. La población de Estados Unidos para 2024 es de  335.893.238 habitantes. Es más que obvio que 11 millones de personas no pueden privar de sus empleos a tal gigante demográfico. Pero la culpabilización masiva del migrante posibilita la masiva negación de sus derechos en todo el planeta.

Zonas especiales sin derechos laborales

Un refinamiento de esta explotación consiste en el aprovechamiento de los recursos y de la mano de obra de los países menos desarrollados en sus lugares de origen a través de las llamadas Maquilas, o Zonas Económicas Especiales.

Mediante métodos inexplicables los capitalistas obtienen de los gobiernos locales concesiones inconcebibles: entrega de territorios con recursos productivos en las cuales no tienen que pagar impuestos ni respetar a los trabajadores nativos derechos laborales, sociales ni sindicales. En algunos países, como en Venezuela, se ofrece a los empresarios extranjeros a costa de la Nación el aporte gratuito de las infraestructuras que éstos requieran e incluso ¡el capital a ser invertido! Así, la Ley Orgánica de Zonas Económicas Especiales pauta en su Artículo 36: La actividad económica que se desarrolle en las Zonas Económicas Especiales, sin perjuicio de garantizar la unidad monetaria de la República Bolivariana de Venezuela, se regirá por un sistema de libre convertibilidad, así como por planes de financiamiento ofrecidos por instituciones bancarias especializadas para el desarrollo de la economía real y productiva, de conformidad con las normas que dicte el Banco Central de Venezuela y el Ministerio del Poder Popular con competencia en materia de economía, finanzas y comercio exterior. 

Informa Oxfam que en el mundo unos 27 millones de personas trabajan en 200 de estas zonas excluidas del cumplimiento de la constitución y las leyes nacionales, con salarios por debajo del nivel de subsistencia (https://www.lamarea.com/2015/04/13/27-millones-de-personas-son-victimas-de-explotacion-laboral-en-las-maquilas/).

 Es el retroceso al más sórdido  estatuto colonial, pero sin necesidad de conquistar por la fuerza territorio ni riquezas, que son entregados gratuitamente por quienes deberían custodiarlas. La mera artimaña de usar el adjetivo de “Especiales” pretende otorgar  inconstitucionalmente al patrono extranjero la entrega de los recursos, la inmunidad contra los impuestos locales y la ausencia de deberes hacia sus trabajadores. No debe extrañar que esta hiperexplotación sin precedentes haya determinado la tercerización de capitales hacia el Tercer Mundo, eliminando de paso  puestos de trabajo en las naciones hegemónicas. Con idéntica falta de escrúpulos y de respeto a la Constitución y las leyes se podría decretar Zonas “Especiales” donde no rigieran el Código Penal ni los Derechos Humanos, y muchas de tales abominaciones se han instalado de hecho en las periferias de las maquilas.

Al igual que los arcaicos soberanos de Derecho Divino, el Gran Capital ha logrado la inmunidad ante los impuestos y ante las leyes que protegen a la clase que produce toda su riqueza, la de los Trabajadores. Hasta nuevo aviso, todos somos migrantes ilegales sin derechos en una gran Maquila que, de no ser detenida,  devorará  el planeta.


TEXTO/FOTOS: LUIS BRITTO.