sábado, 9 de febrero de 2008

9 AÑOS, 9 ERRES


RECONSTITUCIÓN
Vacío de poder, el de Venezuela tras el 27 de febrero. Protesta social incontenible, dos rebeliones militares, el presidente adeco condenado por pillo, los socialcristianos sin líder cortejando la candidatura de una Miss, inflación de 103%, quiebra bancaria masiva. El país se precipitaba hacia una anomia con visos de desintegración nacional. El triunfo de Hugo Chávez Frías en 1999 le devuelve una referencia, un eje, un instrumento de gobernabilidad.
REPOLITIZACIÓN
Venezuela era víctima de un experimento de antipolítica para suplantar mediadores (gobierno y partidos) por medios (prensa y televisoras) manejados por propietarios (Fedecámaras y capital transnacional). La abstención tocaba su cota más alta y el prestigio de políticos y sindicatos su más abrupto barranco. El triunfo bolivariano abre al ciudadano la vía de la participación. Movimientos sociales, misiones, consejos comunales protagonizan un auge de masas que intentan volver a tomar en sus manos su destino.
REPOTENCIACIÓN
En 1998 el petróleo se regalaba a ocho dólares por barril y la OPEP marchaba a su disolución. Alí Rodríguez como su presidente la revigorizó, comprometió a los productores a respetar las cuotas, aseguró un sostenido repunte de precios que culmina en 65 y hasta cien dólares. Nuestras reservas internacionales ascienden de doce a más de treinta millardos de dólares. Los índices de inflación de 45% anual cuando Pérez y 103% cuando Caldera bajan a un promedio de 18,4% entre 1999 y 2007. El sabotaje petrolero en 2003 hunde abruptamente el Producto Interno Bruto un -13%; pero el año 2004 éste crece 17,9%, y 9,3% durante el primer semestre de 2005. El salario mínimo asciende a 238 dólares, el más alto de América Latina. La economía fortalecida aplica el petróleo a la recuperación social y la integración regional.
RECUPERACIÓN
Desde 1999 los recursos petroleros invertidos en gasto social dinamizan una asombrosa recuperación. En 1995, el 42,5% de la población estaba en pobreza extrema, en 2007, apenas el 9,4%. En 1998 la pobreza relativa aquejaba al 50,4% de los venezolanos; en 1997, sólo al 33,7%. En 1998, de cada mil niños que nacían vivos, morían 21,4 antes de cumplir un año; en 2006, sólo 13,9. La esperanza de vida subió a 73,18 años. En 1998, apenas disfrutaba de agua potable 80% de la población; en 2007, el 92% de ella. Barrio Adentro atiende más de dos millones de pacientes, Mercal, quince millones de consumidores. En 1998 el Índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas nos situaba en 0,691; en 2007 nos instala en el Rango Alto de Desarrollo Humano con 0,878. Hacia 1988 el índice de Gini de desigualdad social era de 0,4865; en 2007 descendió hasta 0,4237. Una sociedad recuperada puede defender sus derechos.
REEDUCACIÓN
Al morir el siglo XX la Educación Pública y Gratuita venezolana agonizaba en el proyecto privatizador que invertía en ella menos del 3% del PIB. Un informe del Banco Mundial imponía a las universidades nacionales el cobro de matrículas. El proyecto bolivariano prohibió exigir cuotas ilegales en Primaria, creó las escuelas bolivarianas modelo, amplió la secundaria con las misiones Ribas y Sucre, pagó la deuda de las universidades, creó otras nuevas y elevó la inversión educativa hasta el 9% del PIB. En 1998, de 100 niños en edad escolar sólo 44,7 asistían a la escuela; para 2006, asistían 60,6. la Misión Robinson enseña a leer y escribir a millón y medio de venezolanos y destierra el analfabetismo del país. En 1992 recibían educación media, diversificada y profesional 298.534 alumnos; en 2006, más del doble, unos 671.140. Dijo Bolívar que un pueblo ignorante era instrumento ciego de su propia destrucción. El venezolano puede ser hoy herramienta lúcida de su propia grandeza.
REUNIFICACIÓN
Al expirar el siglo XX la República perecía fraccionada por un proyecto descentralizador que pretendía desmembrarla en 24 estados secesionados y medio millar de municipios anárquicos. Cada gobernador y cada alcalde se sentía emperador parroquial con derecho a peaje particular, deuda externa aparte, ejército e impuestos propios y opción a guerras con estados vecinos, como las que estuvieron a punto de estallar entre Lara y Yaracuy, Mérida y Zulia y Carabobo y Sucre. Hoy Venezuela reunificada promueve una América Latina integrada.
REINTEGRACIÓN
Al morir el siglo XX se proclamaba la muerte anunciada de América Latina bajo el ALCA: libre comercio con Estados Unidos y sólo con Estados Unidos. Pero Venezuela entierra el proyecto hegemónico, rescata la OPEP, inicia una diplomacia de acercamiento con el Tercer Mundo, de No Alineación, de multipolaridad, de apertura hacia los mercados asiáticos, de integración latinoamericana. Se une al Mercosur, coopera con Argentina y Uruguay, articula el ALBA, estrecha vínculos con Bolivia, Ecuador, Nicaragua y otros países caribeños, anima UNASUR, Petrosur, el Banco del Sur. América Latina y el Caribe emprenden el camino que podría llevarlos a ser bloque decisivo, y la cuarta economía del mundo.
REAFIRMACIÓN
Recordamos todavía cuando Carlos Andrés Pérez llamaba al patriotismo un sentimiento demodé, Caldera expulsaba la Geografía, la Historia y la Educación Cívica de los programas escolares y la pequeña burguesía sentía náuseas ante cualquier símbolo patrio o folklórico. Hoy renacen la identidad, la Historia, el orgullo nacional. Porque confiamos en nosotros, Latinbarómetro nos señala como el país con mayor confianza en la democracia.
REVOLUCIÓN
El proceso bolivariano relanzó nacional e internacionalmente el tema de la Revolución. Reafirmó el dominio sobre PDVSA, y devolvió a la propiedad social la electricidad, la telefonía y numerosos latifundios. Hacia 1997 el 20% de la población acaparaba 53,6% del ingreso nacional, y al 60% sólo le tocaba el 25,5% de él. En 2007 la participación del 20% más rico baja hasta 47,7%, y el 60% más pobre disfruta del 29,7% del ingreso. Revolución es invertir estas cifras y aun mejorarlas, Rápidamente.

EL CAMPEONATO MUNDIAL DE LAS SOMBRAS CHINESCAS


Se apagan las luces y salta al escenario el profesor Darkness para el segundo campeonato de la noche. A la luz de una vela gesticula, hace aparecer sobre la pantalla la sombra de una lejana procesión de enanos con cuerdas, jaulas, perros de caza y redes, la cual se agiganta, rodea la sombra del profesor Darkness, la enlaza, la ata, la carga en vilo y se aleja hasta desaparecer por la sombra del horizonte que también desaparece cuando se inclina ante los aplausos un profesor Darkness que ahora, muy pocos lo notan, no arroja sombra alguna.
En el escenario se destaca la silueta del profesor Mitternach, quien gesticula y arroja sobre la pantalla una sombra circular que crece, tapa la vacilante llama de la vela, tapa la claridad que se filtra por las rendijas de las puertas, tapa las luces de los pasillos, ahoga los faroles en las calles y entinta el claro de luna en el horror de un eclipse imprevisto hasta que una uña incandescente reaparece en los cielos y en el escenario reaparece la misma constante perpetua palpitante amarillenta vela derramando su líquido fulgor de cobre en los rostros cerúleos, en los cortinajes violáceos, en las alfombras por las cuales el profesor Mitternach se escurre como una sombra.
Sube ahora al escenario el profesor Tinieblas, quien desde el principio del acto ha tenido sus manos trabadas en una extraña mímica temblorosa. Destraba las manos el profesor Tinieblas, un grito de estupefacción escapa del público, la hipnótica vela del centro del escenario, que era en realidad la sombra chinesca de las manos del profesor Tinieblas, desaparece dejándonos en una noche perenne que ahoga las ovaciones.

EXXON-MOBIL CONTRA VENEZUELA





Asalto contra la soberanía
La empresa Exxon-Mobil introduce una petición de arbitraje ante el Centro Internacional de Arreglo de Disputas Relativas a Inversiones (CIADI) y logra además que una corte de Nueva York ordene un embargo en contra de bienes de Petróleos de Venezuela Sociedad Anónima (PDVSA). La medida tiene múltiples lecturas. En lo económico, es un eslabón más de la cadena de agresiones del capital transnacional contra Venezuela para obligarla a ceder su industria petrolera. En lo político, es un nuevo intento de desestabilizar el gobierno democrático de Hugo Chávez Frías. En lo estratégico, es un avance del bloqueo ya impuesto por Estados Unidos a nuestras compras. En lo jurídico se trata, ni más ni menos, de un intento de arrebatarle a Venezuela su soberanía de jurisdicción, es decir, el derecho a decidir sus controversias utilizando sus propias leyes y tribunales. Soberanía es la ilimitada potestad de un Estado de sancionar sus propias leyes, aplicarlas e interpretar mediante sus órganos jurisdiccionales las controversias que surjan sobre dicha aplicación. Basta eliminar una de estas potestades para aniquilar la soberanía.
La doctrina Calvo defiende la soberanía de jurisdicción
Para comprender el significado de este debate en América Latina es preciso hacer un poco de historia. La invasión de Francia e Inglaterra a México en 1861 alertó la conciencia de los juristas latinoamericanos. Ya para 1868 el diplomático internacionalista argentino Carlos Calvo desarrolló en su obra Derecho Internacional Teórico Práctico la doctrina de que un Estado independiente, en virtud del principio de igualdad de los Estados, no podía estar sometido a la ingerencia de otros Estados. Afirmó asimismo que los extranjeros no podían gozar de mayores derechos y privilegios que los nacionales, y debían solucionar sus controversias ante los tribunales internos del Estado territorial. Convencidos por esta doctrina, varios países latinoamericanos, entre ellos Bolivia, Honduras y Venezuela, incluyeron en sus constituciones y legislaciones una norma que fue conocida como “Cláusula Calvo”, relativa a los contratos celebrados con inversionistas extranjeros, que impedía a éstos resolver las controversias sobre tales pactos acudiendo al llamado “recurso de protección diplomática” en el exterior, y les imponía dirimir sus reclamaciones única y exclusivamente en los tribunales del Estado receptor y de acuerdo con las leyes de éste.
Nuestras constituciones acogen la doctrina Calvo
Siguiendo esta doctrina, la Constitución de la República de Venezuela sancionada el 29 de marzo de 1901 dispone en su artículo 139 lo siguiente: “Ningún contrato de interés público celebrado por el Gobierno Federal o por el de los Estados, por las Municipalidades o por cualquier otro Poder Público, podrá ser traspasado, en todo o en parte, a gobierno extranjero; y en todos ellos se considerará incorporada, aunque no lo esté, la cláusula siguiente: ‘Las dudas y controversias de cualquier naturaleza que puedan suscitarse sobre este contrato y que no puedan ser resueltas amigablemente por las partes contratantes, serán decididas por los Tribunales competentes de Venezuela de conformidad con sus leyes, sin que por ningún motivo o por ninguna causa puedan ser origen de reclamaciones extranjeras’. Las sociedades que en ejercicio de dichos contratos se formen, deberán establecer domicilio legal en el país, para todos sus efectos, sin que esto obste para que lo puedan tener a la vez en el extranjero”.
A los constituyentistas de esa época no les faltaban patriotismo ni previsión. Año y medio después, el 2 de diciembre de 1902, las flotas de los imperios inglés, alemán e italiano bloquearon y bombardearon Venezuela para cobrar por la fuerza nuestra Deuda Externa. Desde entonces, para evitar atropellos de esa índole generados por contratos con extranjeros o deudas derivadas de ellos, figura en todas las constituciones venezolanas una norma semejante, como por ejemplo el artículo 49 de la Constitución de 1936. Así hemos defendido tradicionalmente el atributo de soberanía de jurisdicción, vale decir, el derecho de Venezuela de decidir según sus propias leyes y por sus propios tribunales las controversias sobre los contratos de interés público.
Los acuerdos de integración y la soberanía
Estas disposiciones sensatas y patrióticas han encontrado desarrollo en normas más recientes, y de alcance latinoamericano. Así, el Pacto Andino en el artículo 50 de su Código de Inversiones Extranjeras prohíbe a los Estados miembros acordar a los inversionistas extranjeros un tratamiento más favorable que el acordado a los nacionales; y en el artículo 51 impone no introducir en un instrumento aplicable a los inversionistas extranjeros ninguna cláusula que establezca un mecanismo internacional para resolver diferendos en materia de inversiones.
Debemos añadir que el Protocolo de Cartagena de Indias del 5 de diciembre de 1985, que reforma la Carta de la Organización de Estados Americanos (OEA), declara en forma explícita en su artículo 35 que las empresas transnacionales y la inversión privada extranjera están sometidas a la legislación y a la jurisdicción de los tribunales nacionales competentes de los países receptores. Asimismo, este principio es acogido en el dictamen sobre las empresas transnacionales del Comité Jurídico Interamericano de 1976, y también en la Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados de las Naciones Unidas de 1974. Salvedad contra nuestra soberanía
Lamentablemente, nuestros propios constituyentes introdujeron en nuestra Carta Fundamental un caballo de Troya destinado a hacernos perder las ventajas de tales normativas avanzadas. Durante la IV República, la Constitución de 1961 acoge una lamentable componenda que intenta poner en juego la soberanía de jurisdicción de Venezuela. Su artículo 127 dispone que “en los contratos de interés público, si no fuere improcedente de acuerdo con la naturaleza de los mismos, se considerará incorporada, aun cuando no estuviere expresa, una cláusula según la cual las dudas y controversias que puedan suscitarse sobre dichos contratos y que no llegaren a ser resueltas amigablemente por las partes contratantes serán decididas por los tribunales competentes de la República, en conformidad con sus leyes, sin que por ningún motivo ni causa puedan dar origen a reclamaciones extranjeras”.
Resalto voluntariamente la imprecisa excepción “si no fuere improcedente de acuerdo con la naturaleza de los mismos”. Fue la coartada para que se impusiera la práctica antipatriótica, antinacional y anticonstitucional de incluir en la mayoría de los contratos con empresas extranjeras una cláusula que somete a Venezuela a las leyes extranjeras y a tribunales o juntas arbitrarias foráneas. Por ejemplo, se contrabandeó una cláusula así en el contrato de concesión de la autopista Caracas-La Guaira a la empresa mexicana Maxipistas, y cuando ésta incumplió sus deberes, Venezuela tuvo que someterse a una junta arbitral extranjera. En tal circunstancia, la República fue condenada, así como ha perdido todos los arbitrajes a los que se ha sometido en el extranjero. Aplicar esa cláusula equivale a condenar a nuestro país a perder todos sus litigios con entes foráneos.
Salvedad en la Constitución de 1999
Esta grave situación de vulnerabilidad instaurada en la IV República no se corrigió en la Constitución siguiente. Por inadvertencia o por ignorancia, los constituyentes de 1999 replicaron exactamente en el artículo 151 la citada norma del 127 de la Constitución llamada “moribunda” de 1961. Cito: “En los contratos de interés público, si no fuere improcedente de acuerdo con la naturaleza de los mismos, se considerará incorporada, aun cuando no estuviere expresa, una cláusula según la cual las dudas y controversias que puedan suscitarse sobre dichos contratos y que no llegaren a ser resueltas amigablemente por las partes contratantes, serán decididas por los tribunales competentes de la República, de conformidad con sus leyes, sin que por ningún motivo ni causa puedan dar origen a reclamaciones extranjeras”. Así le dieron puerta franca de nuevo al caballo de Troya que le quita a Venezuela su soberanía. Critiqué en la prensa ese y otros aspectos del proyecto constitucional, sin resultados.
Intentos de recuperar la plenitud de jurisdicción
Posteriormente, formé parte de la Comisión Presidencial para la Reforma Constitucional que se reunió en 2007, y en la minuta consta textualmente que propuse “eliminar la salvedad ‘si no fuere improcedente de acuerdo con la naturaleza de los mismos’, por imprecisa, vaga y que puede conducir al sometimiento de la República a tribunales o juntas arbitrales extranjeras en violación de la soberanía, la Constitución y las leyes”. Esta propuesta no obtuvo consenso, y por lo tanto no estuvo entre las que fueron recomendadas al Presidente. En octubre de ese año Fermín Toro Jiménez, Judith Valencia, Mario Sanoja Obediente y Vladimir Acosta dirigimos un escrito a la Sala Situacional de la Asamblea Nacional que recogía propuestas de enmienda, indicándole la necesidad de eliminar la mencionada salvedad, pero la sugerencia tampoco fue acogida. Aprovecho para volver a proponer la eliminación de la referida excepción en cualquier reforma constitucional futura. Quienes no aprenden de la Historia, decía Santayana, se ven obligados a repetirla.
Exxon-Mobil no puede invocar la excepción
En todo caso, el régimen jurídico actual no nos deja indefensos. Para someternos a tribunales o árbitros internacionales, debería la Exxon-Mobil demostrar que los contratos por los cuales ahora se nos demanda no están sometidos a la Constitución porque “fuere improcedente de acuerdo con la naturaleza de los mismos”, cosa difícil de sostener e imposible de probar. Es evidente que se trata de acuerdos celebrados con una empresa venezolana, propiedad íntegra de la República de Venezuela, para explotar recursos naturales venezolanos, con instalaciones radicadas en Venezuela, trabajadores mayoritariamente venezolanos y con disfrute de servicios públicos, dotación de seguridad jurídica y protección venezolanos. Nada puede disponer sobre esta materia un tribunal o junta arbitral estadounidense o de cualquier otro país. Mucho menos podría alegar que no son contratos de interés nacional los referentes a la explotación de un recurso propiedad de la República.
Nulidad por falta de aprobación de la Asamblea Nacional
Habría que revisar también, si dichos contratos fueron sometidos a la aprobación de la Asamblea Nacional, según lo requiere el artículo 150 de la Constitución vigente, o el 126 de la de 1961, según el caso. De haberse incumplido dicho requisito, serían nulos de toda nulidad y no podrían dar lugar a reclamaciones, ni ante los tribunales de Venezuela ni ante tribunales o juntas arbitrales extranjeras, porque les faltaría la formalidad indispensable para tener existencia jurídica.
La actual agresión contra Venezuela tiene aspectos políticos, económicos, diplomáticos, estratégicos. Valgan estos apuntes jurídicos para demostrar su palmaria falta de legitimidad, y la necesidad de blindar nuestro sistema normativo para prevenir futuras y previsibles agresiones.

sábado, 2 de febrero de 2008

LA PAZ CON COLOMBIA


LA PAZ CON COLOMBIA
1
A principios de los noventa salvé mi voto en un jurado que premió un guión cuya premisa era la inevitabilidad de la guerra entre Colombia y Venezuela. Un recluta venezolano (ratero, flojo y cobarde) y otro colombiano (noble, valiente y casto) se separaban de sus unidades y recorrían juntos una Venezuela pintada como un complejo de fábricas de armamentos y bases de las FARC. La calumniosa fábula se filmó con fondos venezolanos. Salvo de nuevo mi voto en el guión de guerra fratricida que nos quiere imponer George W. Bush. Las guerras se siembran en el imaginario y se cosechan en la realidad.
2
Por eso escribí en 2004 que “el plan maestro de Estados Unidos es que Venezuela le pelee su guerra en Colombia, y que Colombia le entregue el petróleo venezolano”. Parto de tres evidentes premisas: 1) La potencia que pille las reservas de hidrocarburos del mundo lo dominará durante el medio siglo que duren. Para ello Estados Unidos promovió la guerra entre Irak e Irán, invadió Afganistán e Irak y apoyó el golpe de Estado de 2002 en Venezuela. 2) Estados Unidos no puede movilizar los contingentes que tal empresa requiere: sus fuerzas son casi todas mercenarias. Si nos invaden, dejan Irak a los iraquíes. 3) Estados Unidos requiere carne de cañón de otros pueblos para sus latrocinios. Por eso se sirve del sicariato en Chiapas, de los paramilitares guatemaltecos y de los ejércitos hondureño y panameño para forzar el corredor estratégico del Plan Puebla-Panamá, el cual culmina en el enclave militar del Plan Colombia, el Plan Patriota y el Plan Victoria, que implican una ofensiva de 18.000 soldados colombianos y 800 estadounidenses y una inversión de 7.000 millones de dólares, con la coartada de combatir la subversión y el objetivo de invadir América del Sur. Con razón afirma Chávez que “Colombia es un país intervenido por Estados Unidos” el cual “está creando condiciones para generar un conflicto entre Colombia y Venezuela”.
3
La invasión avisa. En el Plan Balboa, ejércitos de la OTAN se ejercitaron en dividir a Venezuela en dos países, previo el asesinato de su presidente. Estados Unidos instaló en Curazao la base Hato Rey y la Reina Beatriz en Aruba; sus almirantes promueven el relanzamiento de la IV Flota del Caribe, con portaaviones nuclear incluido. El gobernador del Zulia, Manuel Rosales, abre el 2006 con una campaña secesionista. Otra campaña presenta a Venezuela como narcotraficante, a pesar de su rango de tercer país del mundo en decomisos de droga desde que se libró de la DEA. Canales opositores infaman al presidente Chávez como cocainómano por probar una hoja de coca, que es como tildarlo de alcohólico por comerse una uva. También difunden un borroso video cuyo comentario miente que el alcalde bolivariano de Maracaibo, Di Martino, entregaría armas a las FARC. El portavoz del Departamento de Estado Shannon afirma que no hay tales suministros. Pero el vicepresidente colombiano Santos amenaza con secuestrar a Di Martino. Internet divulga instrucciones para la oposición venezolana sobre cómo ayudar al ejército de Estados Unidos en caso de invasión. Cuando los medios suenan, intervenciones traen.
4
Guerra avisada sí mata soldado. Según el International Institute for Strategic Studies, para 2001 el ejército venezolano integra 82.000 efectivos; el de Colombia 138.000. Según el World Economic Outlook, para 2005 Colombia presenta un gasto militar de 3.309 millones de dólares, el 3,8% de su PIB; y Venezuela menos de la mitad: unos 1.477 millones, el 1,6% de un PIB que asigna más de 9% a la Educación. En Venezuela concluyó la insurgencia armada con la masacre de Cantaura en 1982; la Hermana República lleva sesenta años de guerra civil ininterrumpida, e incrementa efectivos y gastos con las sucesivas movilizaciones del Plan Colombia. Venezuela compra en 2007 helicópteros de ataque, radares 3JYL-1, fusiles Kalashnikovs, dos submarinos Lada, doce aviones de transporte AN-70, un sistema de defensa aérea S-300 con misiles tierra-aire, y 40 helicópteros. El ejército colombiano nos supera en armamento y número de combatientes. Pero si nos invade, deja Colombia en manos de las FARC.
5
Nuestra mayor fragilidad reside en el frente interno. Venezuela cuenta con 27.483.200 habitantes, Colombia, con 43.430.000. Es posible que unos cuatro millones de colombianos estén dentro de nuestras fronteras. La inmensa mayoría es gente honesta, trabajadora y pacífica. Pero entre ellos se infiltran paramilitares que cobran vacuna, montan alcabalas y suplantan al hampa criolla en el narcotráfico, la trata de personas, el préstamo usurario y el juego ilegal. Bingos y casinos son las cabezas de playa de legitimación de capitales de esta invasión del crimen organizado. Los paramilitares son la perfecta Quinta Columna para apoyar cualquier agresión internacional. Sus armas de gran potencia podrían quizá impedir nuestra movilización popular. Por el contrario, el número de venezolanos dentro de Colombia es insignificante. Gracias al régimen de doble nacionalidad del artículo 41 de la constitución venezolana, personas con nacionalidad colombiana pueden ocupar todos los cargos de nuestro ejército, y de nuestros ministerios de la Defensa, de Relaciones Interiores y de Relaciones Exteriores, salvo el de ministros. La constitución de la Hermana República dispone en su artículo 97 que “El colombiano, aunque haya renunciado a la calidad de nacional, que actúe contra los intereses del país en guerra exterior contra Colombia, será juzgado y penado como traidor”. Nuestra Carta Magna no contempla ninguna norma que la equilibre o contrapese.
6
Ni venezolanos ni colombianos queremos una guerra en la cual el único ganador sería Estados Unidos. Sobre la ruina de nuestros países intentaría robarnos unos hidrocarburos que dos movimientos de resistencia popular le impedirán explotar. Si Estados Unidos nos invade, pierde el mundo. La paz es la única victoria posible.

EL CAMPEONATO MUNDIAL DE PAJARITAS


Abierto oficialmente el campeonato mundial de pajaritas, el señor Pereira se dirige al proscenio, toma una hoja de papel, la dobla, la vuelve a doblar, y de los pliegues surgen lentamente una montaña, y un arroyo, y un arco iris que desciende hasta que junto a él fulguran las nubes y finalmente las estrellas. Un gran aplauso resuena, el señor Pereira se inclina y baja lentamente a la sala.
Acto seguido se instala en el proscenio el señor Noguchi, quien toma en cada mano una hoja de papel, la mano izquierda dobla dobla dobla, sale una paloma, sosteniendo el pico con los dedos anular y meñique y tirando de la cola con los dedos índice y medio las alas suben bajan suben bajan, la paloma vuela, entre tanto la mano derecha dobla dobla dobla, sale un halcón, colocando el dedo índice en el buche y presionando con el pulgar en las patas, las poderosas alas suben bajan suben, el halcón vuela, persigue a la paloma, la atrapa, cae al suelo, la devora. Grandes y entusiásticos aplausos.
Sube al proscenio el señor Iturriza, quien es calvo, viejo, tímido y usa lentecitos con montura de oro. En medio de un gran silencio el señor Iturriza se inclina ante el público, hace una contorsión, se vuelve de espaldas. La segunda contorsión lo despliega, asume una forma extraña, y luego vienen la tercera, la cuarta, la quinta contorsión, la apertura del pliegue longitudinal y la vuelta del conjunto. La sexta y la séptima contorsiones son apenas visibles pero definitivas, la gente va a aplaudir pero no aplaude, en el proscenio el señor Iturriza deshace su último pliegue y se transforma en una límpida, solitaria, gran hoja cuadrada de papel blanco.

viernes, 25 de enero de 2008

EL 23 DE ENERO VIVE


1
En 1945 cae sobre el mundo la Guerra Fría y sobre América Latina una ola de dictaduras. Un golpe de Estado impone en 1948 en Venezuela una autocracia que dura hasta 1958. La coartada del crimen se llama Doctrina del Bien Nacional: transformación del medio físico, y mejora de la población. Elites tecnocráticas y militares corregirían los supuestos defectos genéticos del pueblo venezolano cruzándolo con inmigrantes europeos, e instalándolo en un medio esterilizado mediante la política de concreto armado. Así se pretendió una modificación de lo social operada desde fuera del pueblo, que no tuviera lo social como sujeto, motor ni protagonista.

2
Para entonces el campesinado venezolano huía de los latifundios y agobiaba las ciudades con rancherías y zonas marginales. El dictador Pérez Jiménez utilizaba la arquitectura como expresión simbólica de todo problema no resuelto. En lugar de solucionar el problema de la educación superior, para disimularlo encomendó al genial Carlos Raúl Villanueva la obra maestra de la Ciudad Universitaria. En vez de atacar el latifundio, derruyó con pala mecánica los ranchos y encomendó a Villanueva una utopía de concreto armado para ubicar a los desalojados. Las maquinarias arrasaron parte de la parroquia La Pastora y en ella erigieron 38 superbloques de 15 pisos y 42 bloques pequeños con 9.176 apartamentos. El maestro Villanueva no omitió rasgos humanos: incluyó estructuras para 2 centros culturales, 5 escuelas primarias, 8 guarderías. Para conmemorar el fraude electoral que lo mantuvo en el poder, el dictador inauguró el conjunto urbanístico con el nombre de 2 de diciembre. El lujoso estuche aguardaba a los pobres que dejarían de serlo por el mismo hecho de habitarlo.