sábado, 15 de octubre de 2022

UCV: LA UTOPÍA ARQUITECTÓNICA (Y 2)

Luis Britto García 


    5) Estética abstracta: En la Ciudad Universitaria diseñada por Carlos Raúl Villanueva el contacto de la estética pública con las masas se hace sin concesiones, sin ningún esfuerzo por comunicar ofreciéndoles signos o temas reconocibles por ellas. Las obras -en su mayoría abstractas- expuestas a la contemplación  no hablan otro lenguaje que el de las armonías internas, los ritmos y los contrastes de formas y de colores, accesible para esa época sólo a una élite. La Ciudad Universitaria parece aquí también presuponer espectadores de un gusto modernizado y de un alto nivel estético, o que la mera exhibición de obras de calidad superior logrará elevar rápidamente el gusto del público. Obras figurativas como la estatua de María Lionza, de Alejandro Colina, o el mural Conductores de Venezuela, de Pedro León Zapata, fueron posteriormente situadas fuera del recinto, tras enconados debates.

     6) Omnipotencia de la tecnología: este lenguaje de una estética abstracta está acompañado por el idioma de una tecnología de avanzada para la época. Las curvas perfiladas para los pasillos cubiertos, para los techos de los estadios y para los numerosos auditorios parecen hacer ingrávidas  las membranas de concreto que recubren estas estructuras. El cemento, el metal, el cristal y las cerámicas polícromas son los materiales más visibles: todos son de factura industrial; ninguno refiere a la naturaleza ni a la tradición. El conjunto parecería sugerir la posibilidad de crear una inmensa obra por la mera conjunción de la voluntad y de la técnica, sin otra relación con el medio que los indispensables ajustes para aprovechar de la mejor manera el aire y la luz del trópico.

 

     7) Eurocentrismo: esta adaptación de la tecnología al medio ostenta, sin embargo, los signos trasplantados de la estética europea de la época. En la primera etapa de la construcción de la Ciudad Universitaria, hasta su inauguración oficial en 1954, la mayoría de las obras de arte a ser integradas son sencillamente compradas por Villanueva en el curso de sus viajes por Europa, y traídas en las mismas naves que para la época desembarcan los contingentes migratorios y los artículos suntuarios de consumo.  A partir de esa época, la dictadura escatima los fondos para la culminación del proyecto, y empieza la contratación de obras a artistas nacionales. Estos, sin embargo, en su mayoría  estudian en Europa y allí han pasado a militar en las filas del abstraccionismo. La Ciudad Universitaria aparece como un excepcional muestrario de signos de la cultura "culta", y de la modalidad de ésta que predomina en el Viejo Mundo a principios de los años cincuenta.

 


   
8) Individualidad: La apreciable dimensión del proyecto y su virtuosismo tecnológico no llegan, sin embargo, a configurar un conjunto aplastante o despersonalizado. El primer proyecto de la Ciudad Universitaria partía de la quíntuple proa de los balcones redondeados del Hospital Universitario en el oeste, para extenderse en una sola avenida que serviría de eje a conjuntos de edificaciones dispuestas alrededor de ella de manera simétrica, y culminar en los enormes estadios del este. Esta versión  preliminar tenía un cierto paralelismo con la concepción de una Avenida Bolívar que arrancaba de las Torres para partir en dos la ciudad, y compartía ciertamente algo de su carácter compulsivo: como la avenida central de Washington, utilizaba la perspectiva para recalcar la organización casi dictatorial del espacio en una especie de rígido desfile que lo subordina todo a la culminación de la vía en una estructura monumental, a la cual el resto del conjunto sirve apenas de preámbulo o marco. Villanueva, sin embargo, descartó ese bosquejo preliminar, desechó todo eje predominante y toda composición simétrica, y dispuso los vastos espacios en una sucesión de núcleos a talla humana, casi íntimos, cada uno dotado de una personalidad y una individualidad únicas. La plaza cubierta frente al Aula Magna, por ejemplo, es de una extensión notable, pero mediante la sabia colocación de las obras de arte y la interposición de los murales que actúan como separadores de espacios,  consta en realidad de una serie de ámbitos distintos, fluidos e intercomunicados entre sí. Cierto que hay estructuras enormes, y que éstas aparecen concentradas en suertes de núcleos definidos por funciones: así, el Hospital Universitario, con sus inmensas instalaciones asistenciales, está rodeado de las edificaciones docentes relativas a ciencias de la salud; mientras que las sedes administrativas del Rectorado, la Organización de Bienestar Estudiantil y otros servicios aparecen integradas con el Aula Magna, el Salón de Conciertos y la Biblioteca en una sola estructura techada; y otro grupo de edificaciones docentes para ciencias sociales y tecnología integra otra unidad delimitada por pasillos techados, enteramente distinta del conjunto de instalaciones residenciales hacia el Noreste (antiguas residencias, comedor, antiguas tiendas de la Organización de Bienestar Estudiantil; y del agrupamiento de instalaciones deportivas (piscinas, gimnasio cubierto y estadios) que cierra el proyecto hacia el Este.

9) Tradición: Por paradójico que parezca, esta obra maestra incorpora, no los detalles decorativos de la tradición arquitectónica nacional, sino sus verdades profundas: las galerías techadas, los patios y jardines internos, las habitaciones abiertas hacia el jardín, la iluminación y ventilación natural mediante aleros y celosías.

     Los distintos espacios y estructuras de la Ciudad Universitaria, conforme a las propuestas de la arquitectura moderna relativas a urbes y habitaciones, están agrupadas preponderantemente en atención a sus funciones, y no subordinados a una disposición escénica o un  manejo de la perspectiva de los ejes viales para hacer resaltar su tamaño o presentarlos como culminaciones. Por el contrario, cada grupo de edificios está separado por jardines o "tierras de nadie" que los aíslan e impiden la perturbación de una función por otra. E incluso desde estos espacios abiertos, el techado de los pasillos y la abundante vegetación desestimulan  dirigir la mirada hacia las escasas estructuras verticales, e invita por el contrario a contemplar la dominante horizontal de las edificaciones bajas y de los jardines. En todo momento, el usuario de la Ciudad Universitaria se siente dentro de un diseño pensado para la talla humana: nada lo abruma, lo aplasta, lo aísla ni lo sobrepasa. El hombre es el centro invisible de esta radiante celebración de los signos de la modernidad.  


(TEXTO/FOTOS: LUIS BRITTO)

 

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