sábado, 23 de julio de 2016

EL SUEÑO DE MIRANDA

Luis Britto García


La Gran Colombia
      Una maldición parece pesar sobre quienes forjan proyectos sobrehumanos. Cuando Juan Jacobo Rousseau crea la figura mítica del Legislador, el fundador de pueblos, dice que éste debe resignarse a morir sin ver la culminación de sus sueños. Sembrará en un siglo, para una cosecha que se recogerá en los venideros. ¿Cuáles serán los últimos sueños de Francisco de Miranda en las bóvedas de la fortaleza de La Carraca de Cádiz?   Un año antes de la muerte del Precursor, un exiliado a quien consumen la miseria pecuniaria y la fisiológica garrapatea una carta en Jamaica. Lo persiguen con igual saña acreedores y asesinos: uno de éstos se confunde y en la hamaca de su víctima apuñala en lugar suyo a su amigo Amestoy. Y sin embargo Simón Bolívar redacta, imperturbable: “Yo deseo más que otro alguno ver formar en América la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria”.


Parecen fanfarronadas de exiliado. En 1814 Bolívar había arengado a las huestes de Urdaneta en Pamplona con una frase que se convierte en programa: “Para nosotros, la patria es América”.  Poco más tarde el desterrado deja Jamaica, intenta varias veces la invasión desde las Antillas, trajina Tierra Firme, domina Guayana y sigue fanáticamente fiel a su plan estratégico: la Independencia americana sólo triunfará cuando sea asumida como proyecto continental. Al establecer por fin un Cuartel General en Angostura, el 12 de junio de 1818 escribe a las lejanas fuerzas patriotas de Argentina: “¡Habitantes del Río de la Plata! La República de Venezuela, aunque cubierta de luto, os ofrece su hermandad; y cuando cubierta de laureles haya extinguido los últimos tiranos que profanan su suelo, entonces os convidará a una sola sociedad, para que nuestra divisa sea Unidad en la América Meridional”. El 15 de febrero de 1819 reúne un precario Congreso en la calurosa Angostura. En el indisciplinado ejército cunden planes separatistas o secesionistas. Bolívar, tesonero, insiste: “La reunión de la Nueva Granada y Venezuela en un grande Estado, ha sido el voto uniforme de los pueblos y gobiernos de estas Repúblicas”. El 17 de diciembre de ese año el Congreso de Angostura sanciona la Ley Fundamental de la República de Colombia, cuyo primer artículo pauta que “las repúblicas de Venezuela y la Nueva Granada quedan desde este día reunidas en una sola baxo el título glorioso de República de Colombia”. El territorio es el que ocuparon antes la capitanía general de Venezuela y el virreinato del Nuevo Reino de Granada; se divide en los departamentos de Venezuela, Quito y Cundinamarca.  Colombia, es el nombre que dio Miranda a su desmesurado Incanato.
De nuevo, parece una utopía. Pero con esta utopía en las alforjas el ejército independentista cruza los Andes, fulmina los ejércitos de los virreyes, consolida el territorio de la Gran Colombia y domina lo que fuera el virreinato del Perú y luego serán las repúblicas de Perú y Bolivia. El antiguo exiliado quizá cree por momentos que delira, como en su ascensión al Chimborazo. Bajo su conducción se está  consolidando acaso “la más grande nación del mundo”, tanto por su extensión y riquezas como por su libertad y gloria.
No es sólo que un poder homogéneo domina una vastedad desmesurada: los ejércitos que la liberan en sí mismos son ejemplos de integración. Antonio José de Sucre expresa poco antes de la batalla de Ayacucho al secretario de Estado y de Relaciones Exteriores del Perú “mi persuasión de que la causa americana es una misma en todos los estados meridionales” (1 de febrero de 1823: De mi propia mano; Biblioteca Ayacucho, 1981, p.97). En sus arengas antes de la batalla de Ayacucho, dice del enemigo que “el número de sus hombres nada importa; somos infinitamente más que ellos porque cada uno de vosotros representa aquí a Dios Omnipotente con su justicia y a la América entera con la fuerza de su derecho y de su indignación”. (De mi propia mano, p. 184). Y en efecto, en Ayacucho consagra la Independencia de América comandando tropas de la Gran Colombia, hoy dividida en Colombia, Ecuador, Panamá y Venezuela, y mandando huestes de las Provincias Unidas de Sud América, hoy fraccionadas en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay. En el último año de su vida comparte con Bolívar la angustia de conocer la conspiración que avanza para desintegrar la Gran Colombia: “Adiós, mi General:¡cuanta pena tengo, y cuanto disgusto por los disgustos de Vd! Un tumulto sobre otro, una novedad sobre otra, y las facciones que se suceden despedazan a Colombia y el Corazón de Vd. ¡Qué triste época y qué desgraciada patria!”(27 de diciembre de 1829: De propia mano, p.393). Y meses después todavía escribe a Bolívar “de todos modos yo emprenderé mi marcha al día siguiente de la última conferencia, pues ni quiero estar aquí de cuenta de tonto conversando, ni quiero firmar la disolución de Colombia” (Cúcuta, 15 de abril de 1830: De propia mano, p. 399). La bala de un asesino le ahorra más pesares.
La gran nación entrevista por Bolívar, como la soñada por Miranda, es además revolucionariamente republicana. Mientras Europa se hunde en la charca bufa de las restauraciones llevada de la oreja por la Santa Alianza, Bolívar desautoriza toda propuesta de elevarlo a la realeza alegando que quien lleva el título de Libertador no puede rebajarse a llevar el de monarca. Las constituciones cuyos bosquejos redacta o inspira son consistentemente republicanas, fundadas en el voto democrático y la división de poderes. En Panamá, la capital del Incanato soñado por Miranda, reúne en 1826 el primer gran Congreso Anfictiónico  para garantizar la paz entre las naciones de un hemisferio del mundo. El mismo año proyecto una expedición para culminar la liberación de América con la de Cuba, Puerto Rico y La Española, últimos bastiones del poder ibérico.

A esta colosal trasmutación política debe corresponder otra en el modo de vida y los valores. En medio de los enrevesados trajines de la lucha contra realistas y conspiradores, encuentra tiempo Simón Bolívar para proteger al pedagogo Lancaster y sobre todo a su maestro Simón Rodríguez, empeñado en un nuevo plan de educación pública y gratuita para formar ciudadanos libres, útiles y productivos para esta nueva nación americana. Sería interesante, piensan quizá los dos Simones, verla poblada de visionarios indomables e irreductibles como el que educó el Maestro del Libertador. Miranda comenzó forjando un hombre para que fuera merecedor de una patria; Bolívar ha forjado una patria y exige a su preceptor educar hombres que la merezcan. Para ellos habrá libertad: Bolívar decreta la de los esclavos que se incorporan al ejército, la de los indígenas sometidos a servidumbre. También habrá tierras: los servicios de los independentistas son remunerados con títulos para la repartición de fundos, que presuponen una verdadera reforma de la propiedad agraria. Son los fundamentos de una República: tal vez, como soñó en la hora angustiosa del exilio, la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria. Sólo podremos hacernos dignos de su obra culminándola.



América Latina hacia la integración
Soñar es legítimo, mientras se tenga la capacidad de contagiar los sueños. El  de Miranda y Bolívar no muere con ellos. América Latina y el Caribe abarca unos veinte millones de kilómetros cuadrados con una población que constituye una comunidad cultural en la cual predominan una sola religión, la católica,  dos lenguas romances, el castellano y el portugués, y la poderosa fuerza integradora del mestizaje. La empresa de la emancipación siempre fue entendida por los próceres como hazaña continental. Patriotas de distintas comarcas colaboran entre sí, y en los mejores de ellos persiste la idea de unir América Latina en un gran cuerpo político. El Libertador general San Martín comienza por liberar Argentina, decide la independencia de Chile y combate por la de Perú. El Libertador Simón Bolívar libera lo que hoy son Venezuela, Colombia, Ecuador, Panamá, Perú y Bolivia. Con los tres primeros países integra la Gran Colombia, que se disuelve a su muerte en 1830. Pero el sueño de Miranda de la Unidad latinoamericana sigue vivo hasta el presente. Los más destacados revolucionarios, como el cubano José Martí y el nicaragüense Cesar Augusto Sandino siguen formulando planes de unidad e integración. El argentino Ernesto Ché Guevara pelea en Cuba y muere en Bolivia por él.
Organizaciones integradoras
 Estados Unidos intenta desde 1889 una integración tutelada por Washington, primero a través de la Unión Panamericana y a partir de 1948 con la Organización de Estados Americanos. Los países latinoamericanos, por su parte, buscan una integración propia e independiente, en algunos casos económica, como en la unión del Mercado Común del Sur (Mercosur) creada en 1991 y que comprende a Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y Venezuela. De allí han avanzado hacia la integración política, como sucede con la Comunidad Suramericana de Naciones (Cosuna) creada en 2004, y que desde 2007 adopta el nombre de Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) con la participación de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela, vale decir, de todos los países de América del Sur. Otro decisivo paso hacia la unidad lo constituye la Alternativa Bolivariana para América Latina (Alba), fundada asimismo en 2004, con un nuevo esquema integrador que sobrepasa las relaciones comerciales y apunta hacia la cooperación económica, social, científica y cultural. El proyecto de una América Latina y el Caribe unida desde el río Grande hasta la Patagonia continúa vigente, y avanza con pasos cada vez más firmes hacia su  culminación.  Su enemigo es de nuevo un Imperio decadente.  Todo gran proyecto nace haciéndose de la talla de sus adversarios. Y vendrán más, cada vez más precursores, hasta que todos habitemos su sueño.

(TEXTO/ FOTOS DE MONUMENTOS A MIRANDA Y A BOLÍVAR Y FORTALEZA EN CÁDIZ: LUIS BRITTO)


FUENTES:
Bohórquez, Carmen (2006). Francisco de Miranda, precursor de las independencias de la América Latina. Caracas: El perro y la rana.
Britto García, Luis (2009) América Nuestra: Integración y Revolución, Tomo II. Caracas: Fondo Cultural del Alba.
Grigulévich, José (1974). Francisco de Miranda y la lucha por la liberación de la América Latina.  La Habana: Casa de las Américas.
Grisanti, Luis Xavier y Christian Ghymers (2001). Francisco de Miranda, l´Europe et l´integration latino-américaine. Louvain-la-Neuve: Versant Sud.
Miranda, Francisco de (1992).Documentos fundamentales. Biblioteca Ayacucho: Caracas.
Mondolfi, Edgardo y David Ruiz Chataing (1991). Miranda, la aventura de la libertad(Antología). Caracas: Monte Ávila Editores.
Picón-Salas, Mariano (1993). Miranda. Caracas: Monte Ávila Editores.
Robertson, William Spence (1982). La vida de Miranda. Caracas: Banco Industrial de Venezuela.
CONSULTE TAMBIÉN:
http://luisbrittogarcia.blogspot.com
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Rajatabla:
www.monteavila.gob.ve
Dictadura Mediática en Venezuela:
El Imperio Contracultural: del Rock a la Postmodernidad:
http://lhblog.nuevaradio.org/b2-img/ElImperioContracultural.pdf
La invasión paramilitar: Operación Daktari:
www.minci.gob.ve
Socialismo del Tercer Milenio:
tercer-milenio.pdf
La Ciencia: Fundamentos y Método:
http://editorialubv.files.wordpress.com/2013/05/libro-la-
ciencia-fundamentos-y-mc3a9todo.pdf
El pensamiento del Libertador: Economía y Sociedad:
La máscara del Poder:
La lengua de la Demagogia:





EL SUEÑO DE MIRANDA

Luis Britto García


La Gran Colombia
      Una maldición parece pesar sobre quienes forjan proyectos sobrehumanos. Cuando Juan Jacobo Rousseau crea la figura mítica del Legislador, el fundador de pueblos, dice que éste debe resignarse a morir sin ver la culminación de sus sueños. Sembrará en un siglo, para una cosecha que se recogerá en los venideros. ¿Cuáles serán los últimos sueños de Francisco de Miranda en las bóvedas de la fortaleza de La Carraca de Cádiz?   Un año antes de la muerte del Precursor, un exiliado a quien consumen la miseria pecuniaria y la fisiológica garrapatea una carta en Jamaica. Lo persiguen con igual saña acreedores y asesinos: uno de éstos se confunde y en la hamaca de su víctima apuñala en lugar suyo a su amigo Amestoy. Y sin embargo Simón Bolívar redacta, imperturbable: “Yo deseo más que otro alguno ver formar en América la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria”.


Parecen fanfarronadas de exiliado. En 1814 Bolívar había arengado a las huestes de Urdaneta en Pamplona con una frase que se convierte en programa: “Para nosotros, la patria es América”.  Poco más tarde el desterrado deja Jamaica, intenta varias veces la invasión desde las Antillas, trajina Tierra Firme, domina Guayana y sigue fanáticamente fiel a su plan estratégico: la Independencia americana sólo triunfará cuando sea asumida como proyecto continental. Al establecer por fin un Cuartel General en Angostura, el 12 de junio de 1818 escribe a las lejanas fuerzas patriotas de Argentina: “¡Habitantes del Río de la Plata! La República de Venezuela, aunque cubierta de luto, os ofrece su hermandad; y cuando cubierta de laureles haya extinguido los últimos tiranos que profanan su suelo, entonces os convidará a una sola sociedad, para que nuestra divisa sea Unidad en la América Meridional”. El 15 de febrero de 1819 reúne un precario Congreso en la calurosa Angostura. En el indisciplinado ejército cunden planes separatistas o secesionistas. Bolívar, tesonero, insiste: “La reunión de la Nueva Granada y Venezuela en un grande Estado, ha sido el voto uniforme de los pueblos y gobiernos de estas Repúblicas”. El 17 de diciembre de ese año el Congreso de Angostura sanciona la Ley Fundamental de la República de Colombia, cuyo primer artículo pauta que “las repúblicas de Venezuela y la Nueva Granada quedan desde este día reunidas en una sola baxo el título glorioso de República de Colombia”. El territorio es el que ocuparon antes la capitanía general de Venezuela y el virreinato del Nuevo Reino de Granada; se divide en los departamentos de Venezuela, Quito y Cundinamarca.  Colombia, es el nombre que dio Miranda a su desmesurado Incanato.
De nuevo, parece una utopía. Pero con esta utopía en las alforjas el ejército independentista cruza los Andes, fulmina los ejércitos de los virreyes, consolida el territorio de la Gran Colombia y domina lo que fuera el virreinato del Perú y luego serán las repúblicas de Perú y Bolivia. El antiguo exiliado quizá cree por momentos que delira, como en su ascensión al Chimborazo. Bajo su conducción se está  consolidando acaso “la más grande nación del mundo”, tanto por su extensión y riquezas como por su libertad y gloria.
No es sólo que un poder homogéneo domina una vastedad desmesurada: los ejércitos que la liberan en sí mismos son ejemplos de integración. Antonio José de Sucre expresa poco antes de la batalla de Ayacucho al secretario de Estado y de Relaciones Exteriores del Perú “mi persuasión de que la causa americana es una misma en todos los estados meridionales” (1 de febrero de 1823: De mi propia mano; Biblioteca Ayacucho, 1981, p.97). En sus arengas antes de la batalla de Ayacucho, dice del enemigo que “el número de sus hombres nada importa; somos infinitamente más que ellos porque cada uno de vosotros representa aquí a Dios Omnipotente con su justicia y a la América entera con la fuerza de su derecho y de su indignación”. (De mi propia mano, p. 184). Y en efecto, en Ayacucho consagra la Independencia de América comandando tropas de la Gran Colombia, hoy dividida en Colombia, Ecuador, Panamá y Venezuela, y mandando huestes de las Provincias Unidas de Sud América, hoy fraccionadas en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay. En el último año de su vida comparte con Bolívar la angustia de conocer la conspiración que avanza para desintegrar la Gran Colombia: “Adiós, mi General:¡cuanta pena tengo, y cuanto disgusto por los disgustos de Vd! Un tumulto sobre otro, una novedad sobre otra, y las facciones que se suceden despedazan a Colombia y el Corazón de Vd. ¡Qué triste época y qué desgraciada patria!”(27 de diciembre de 1829: De propia mano, p.393). Y meses después todavía escribe a Bolívar “de todos modos yo emprenderé mi marcha al día siguiente de la última conferencia, pues ni quiero estar aquí de cuenta de tonto conversando, ni quiero firmar la disolución de Colombia” (Cúcuta, 15 de abril de 1830: De propia mano, p. 399). La bala de un asesino le ahorra más pesares.
La gran nación entrevista por Bolívar, como la soñada por Miranda, es además revolucionariamente republicana. Mientras Europa se hunde en la charca bufa de las restauraciones llevada de la oreja por la Santa Alianza, Bolívar desautoriza toda propuesta de elevarlo a la realeza alegando que quien lleva el título de Libertador no puede rebajarse a llevar el de monarca. Las constituciones cuyos bosquejos redacta o inspira son consistentemente republicanas, fundadas en el voto democrático y la división de poderes. En Panamá, la capital del Incanato soñado por Miranda, reúne en 1826 el primer gran Congreso Anfictiónico  para garantizar la paz entre las naciones de un hemisferio del mundo. El mismo año proyecto una expedición para culminar la liberación de América con la de Cuba, Puerto Rico y La Española, últimos bastiones del poder ibérico.

A esta colosal trasmutación política debe corresponder otra en el modo de vida y los valores. En medio de los enrevesados trajines de la lucha contra realistas y conspiradores, encuentra tiempo Simón Bolívar para proteger al pedagogo Lancaster y sobre todo a su maestro Simón Rodríguez, empeñado en un nuevo plan de educación pública y gratuita para formar ciudadanos libres, útiles y productivos para esta nueva nación americana. Sería interesante, piensan quizá los dos Simones, verla poblada de visionarios indomables e irreductibles como el que educó el Maestro del Libertador. Miranda comenzó forjando un hombre para que fuera merecedor de una patria; Bolívar ha forjado una patria y exige a su preceptor educar hombres que la merezcan. Para ellos habrá libertad: Bolívar decreta la de los esclavos que se incorporan al ejército, la de los indígenas sometidos a servidumbre. También habrá tierras: los servicios de los independentistas son remunerados con títulos para la repartición de fundos, que presuponen una verdadera reforma de la propiedad agraria. Son los fundamentos de una República: tal vez, como soñó en la hora angustiosa del exilio, la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria. Sólo podremos hacernos dignos de su obra culminándola.



América Latina hacia la integración
Soñar es legítimo, mientras se tenga la capacidad de contagiar los sueños. El  de Miranda y Bolívar no muere con ellos. América Latina y el Caribe abarca unos veinte millones de kilómetros cuadrados con una población que constituye una comunidad cultural en la cual predominan una sola religión, la católica,  dos lenguas romances, el castellano y el portugués, y la poderosa fuerza integradora del mestizaje. La empresa de la emancipación siempre fue entendida por los próceres como hazaña continental. Patriotas de distintas comarcas colaboran entre sí, y en los mejores de ellos persiste la idea de unir América Latina en un gran cuerpo político. El Libertador general San Martín comienza por liberar Argentina, decide la independencia de Chile y combate por la de Perú. El Libertador Simón Bolívar libera lo que hoy son Venezuela, Colombia, Ecuador, Panamá, Perú y Bolivia. Con los tres primeros países integra la Gran Colombia, que se disuelve a su muerte en 1830. Pero el sueño de Miranda de la Unidad latinoamericana sigue vivo hasta el presente. Los más destacados revolucionarios, como el cubano José Martí y el nicaragüense Cesar Augusto Sandino siguen formulando planes de unidad e integración. El argentino Ernesto Ché Guevara pelea en Cuba y muere en Bolivia por él.
Organizaciones integradoras
 Estados Unidos intenta desde 1889 una integración tutelada por Washington, primero a través de la Unión Panamericana y a partir de 1948 con la Organización de Estados Americanos. Los países latinoamericanos, por su parte, buscan una integración propia e independiente, en algunos casos económica, como en la unión del Mercado Común del Sur (Mercosur) creada en 1991 y que comprende a Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y Venezuela. De allí han avanzado hacia la integración política, como sucede con la Comunidad Suramericana de Naciones (Cosuna) creada en 2004, y que desde 2007 adopta el nombre de Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) con la participación de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela, vale decir, de todos los países de América del Sur. Otro decisivo paso hacia la unidad lo constituye la Alternativa Bolivariana para América Latina (Alba), fundada asimismo en 2004, con un nuevo esquema integrador que sobrepasa las relaciones comerciales y apunta hacia la cooperación económica, social, científica y cultural. El proyecto de una América Latina y el Caribe unida desde el río Grande hasta la Patagonia continúa vigente, y avanza con pasos cada vez más firmes hacia su  culminación.  Su enemigo es de nuevo un Imperio decadente.  Todo gran proyecto nace haciéndose de la talla de sus adversarios. Y vendrán más, cada vez más precursores, hasta que todos habitemos su sueño.

(TEXTO/ FOTOS DE MONUMENTOS A MIRANDA Y A BOLÍVAR Y FORTALEZA EN CÁDIZ: LUIS BRITTO)


FUENTES:
Bohórquez, Carmen (2006). Francisco de Miranda, precursor de las independencias de la América Latina. Caracas: El perro y la rana.
Britto García, Luis (2009) América Nuestra: Integración y Revolución, Tomo II. Caracas: Fondo Cultural del Alba.
Grigulévich, José (1974). Francisco de Miranda y la lucha por la liberación de la América Latina.  La Habana: Casa de las Américas.
Grisanti, Luis Xavier y Christian Ghymers (2001). Francisco de Miranda, l´Europe et l´integration latino-américaine. Louvain-la-Neuve: Versant Sud.
Miranda, Francisco de (1992).Documentos fundamentales. Biblioteca Ayacucho: Caracas.
Mondolfi, Edgardo y David Ruiz Chataing (1991). Miranda, la aventura de la libertad(Antología). Caracas: Monte Ávila Editores.
Picón-Salas, Mariano (1993). Miranda. Caracas: Monte Ávila Editores.
Robertson, William Spence (1982). La vida de Miranda. Caracas: Banco Industrial de Venezuela.
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DESCARGUE LOS LIBROS DE LUIS BRITTO EN INTERNET:
Rajatabla:
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El Imperio Contracultural: del Rock a la Postmodernidad:
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La invasión paramilitar: Operación Daktari:
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Socialismo del Tercer Milenio:
tercer-milenio.pdf
La Ciencia: Fundamentos y Método:
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ciencia-fundamentos-y-mc3a9todo.pdf
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La máscara del Poder:
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sábado, 9 de julio de 2016

LA BANDERA QUE TRAJO MIRANDA



Gestiones en Inglaterra, Francia y Estados Unidos
En 1790 Miranda  expresa  al Primer Ministro William Pitt en Londres que “la América española desea que la Inglaterra le ayude a sacudir la opresión infame en que la España la tiene constituida”. En Francia pelea en  1792 en la batalla de Valmy. En 1798 pide infructuosamente al presidente estadounidense John Adams “seis u ocho buques de guerra y cuatro o cinco mil hombres de tropa”. En 1806  invade inútilmente el territorio de Venezuela por la Vela de Coro con un bergantín financiado por los británicos, ondeando el tricolor que desde entonces será la bandera de Venezuela, y de varios de los países comprendidos en su colosal proyecto libertario, denominado “Colombia”.

Rebelión y capitulación en Venezuela
 Pero la libertad americana no llegará como un don de las grandes potencias. Reventará con el movimiento del 19 de abril de 1810 en Caracas, y se extenderá como reguero de pólvora. El muy joven Bolívar va a Londres en misión diplomática para solicitar inútilmente el apoyo británico, y convence a Miranda de retornar a la patria. Miranda es designado por las autoridades independentistas Generalísimo de los ejércitos de Venezuela. Los oligarcas mantuanos desconfían del brillante hombre de mundo al  cual  discriminaron por ser hijo de canario comerciante y blanco de orilla. Miranda será incapaz de controlar las fuerzas dispersivas de la patria recién liberada; las provincias de Coro, Maracaibo y Guayana se alinean contra la Independencia;  la pérdida de Puerto Cabello, estratégica guarnición portuaria bajo el mando de Simón Bolívar, hace precaria la situación. “¡Venezuela est blesée dans le coeur!”, exclama en francés el Generalísimo al enterarse de la noticia. Poco después firma una capitulación con los españoles. Un grupo de jóvenes patriotas  animado por Bolívar la considera traición, y lo detienen cuando está a punto de abordar un barco en La Guaira. Lo encierran en el fuerte de San Carlos, bajo la custodia del comandante militar del puerto, Coronel José María de las Casas. Éste se pasa al enemigo, y entrega a Miranda a las fuerzas de Monteverde, que toman la ciudad y se apoderan asimismo del hombre universal, a quien remiten prisionero a la metrópoli. Esto borra cualquier sospecha de connivencia suya con los realistas. De ser así, lo habrían premiado, en lugar de encerrarlo. También ello destruye el infundio de que Bolívar habría entregado a Miranda a los españoles. Por lo mismo que creía que el Generalísimo estaba de acuerdo con los realistas, para el joven oficial no hubiera tenido sentido ponerlo en manos de los supuestos cómplices, quienes por otra parte no sólo se habían apoderado del anciano, sino de todo el territorio de lo que fue la Primera República. 

Muerte en La Carraca
Violando el salvoconducto previsto en la capitulación, los realistas expiden a Miranda a la prisión de La Carraca, en Cádiz, donde rendirá la vida el 14 de julio de 1816.  No es una muerte inútil, sino prematura. Antes de tres lustros, lo que fueron las colonias hispanoamericanas son una franja de gobiernos independientes del Missisipi a la Patagonia. Les falta sólo la unidad política. El colosal proyecto está cumplido, o a medio cumplir. Es la única herencia del atormentado hombre universal: un legado que sólo podrán culminar hombres de su talla.
(TEXTO/FOTOS: LUIS BRITTO)

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La máscara del Poder:
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jueves, 7 de julio de 2016

"NUNCA HUBO UNA VIOLENCIA MENOR DE UN GOBIERNO"



Entrevista con JOLGER RODRIGUEZ COSTA para  PINGPONG, diario EL NACIONAL3-7-2016, SIETE DÍAS, página 7.


 —Su nueva obra Venezuela enigma: el misterio de la identidad nacional, ¿aclara el misterio de la última inmigración asiática, musulmana y del Medio Oriente al país?


-Sí, he recopilado las cifras presuntivas sobre esos ingresos.

—¿Calza este gobierno en la horma de su calzado revolucionario?


-Mientras evite la privatización de PDVSA, de la educación y de las industrias básicas y sigamos siendo el país con menor desigualdad social de América Latina, puede calzar, hasta con calzador.

—¿Por qué calzará el zapato de Zapatero en la horma del gobierno?


-Desde la batalla de Carabobo, nuestras relaciones con España son de cortesía.

—¿Influirá el hecho de que el gobierno de Zapatero vendió armas al de Chávez?


-Estados Unidos es el primer vendedor de armas del mundo, y Chávez no le quiso comprar.

—¿Es posible el diálogo con ofensas?


-Si las ofensas son golpes de Estado, asesinatos selectivos  y peticiones de intervención extranjera, es difícil, pero posible.

—¿Por qué durante el puntofijismo se llegó a un acuerdo hasta con la  guerrilla?

-El principal acuerdo que recuerdo fue exterminar a diez mil compatriotas y confinar varios miles más en los Teatros de Operaciones, donde no entraban Constitución, ni Leyes, ni Derechos Humanos. Dios libre a cualquier oposición de ese acuerdo.

—¿Se justifica la represión contra manifestantes que piden comida?

-No, reprimir a los hambrientos fue lo que hizo la actual oposición cuando era gobierno y mató a varios millares de compatriotas el 27 de febrero de 1989.

—¿Cómo se sostiene un régimen que no supera 20% de apoyo popular?

-Porque ganas no empreñan, y estadísticas inventadas menos.

—¿Cree que ya se han sucedido pequeños caracazos?

-Hubo uno, y bien grande, en 1989, reprimido por los que quieren volver a mandar para liquidar de la misma manera a quienes protesten.

—¿Imaginó a una GNB apoyando grupos paramilitares como los colectivos?

-No la imagino apoyando a grupos paramilitares extranjeros como los que motorizaron las guarimbas y los asesinatos de líderes políticos, campesinos y sindicales.

—¿Por qué durante el referéndum contra Chávez , en 2004, no hubo tantas trabas oficiales?

-Los requisitos para un referendo no son trabas: son reglas del juego que  hay que cumplir, y no suponer que un referendo tiene que darse porque a mí me da la gana y cuando a mí se me antoje.

—¿Realmente hacen falta las milicias y los colectivos?

-¿Realmente hacen falta los periodistas que en lugar de preguntar afirman lo que supuestamente están preguntando?

—¿Por qué estas no existieron durante el puntofijismo?

-¿Puedes morder el dedito, tú que no sabes que todos los partidos del puntofijismo sí tenían milicias, y que éstas actuaban todos los días?

—¿Qué le agradece a la llamada cuarta república?

-La nacionalización de PDVSA, aunque fuera incompleta.

—¿Y a la quinta?

-Evitar la privatización de PDVSA, de la Educación, de la Salud, de la Seguridad Social y de los ríos, lagos y lagunas.

—¿Una violencia política en la historia como la actual?

-Nunca hubo un nivel de violencia menor de parte del gobierno que hoy, y nunca una oposición se permitió dinamitar fiscales o asesinar diputados, como la actual.

—¿Una falla de este proceso revolucionario?

-La lentitud en las reformas.

—¿El mayor acierto?

-Mantener el control sobre las empresas básicas; elevar al país de un Grado de Desarrollo Humano Bajo a uno Mediano y luego al  Alto; vencer el analfabetismo; lograr que uno de cada tres venezolanos esté estudiando.

—¿Un acierto de la MUD?

-Dividirse.

—¿Es usted chavista o madurista?

-Trato de ser marxista.

—¿Cometió errores Chávez?

-Por ejemplo, perdonar a todos los golpistas del 11 de abril, para que a los ocho meses trataran de destruir PDVSA.

—¿Erró al escoger a Maduro?

-Hasta ahora Maduro se ha mantenido contra una crisis peor que la que derribó a Carlos Andrés Pérez, y sin una hecatombe como la del Caracazo.

—¿Aplaude los CLAP?

-Si la empresa privada sigue recibiendo las mismas magnitudes de dólares preferenciales para el abastecimiento y no cumple, el pueblo tiene derecho a organizarse.

—¿Cree en la guerra económica?

-Pregúntale a Salvador Allende.

—Si hay esta guerra, ¿por qué el gobierno lleva dos años sin controlarla?

-Para que no digan que viola los Derechos Humanos de  acaparadores,  especuladores y  bachaqueros.

—¿Por qué gran parte del chavismo está contra Maduro?

-Porque morrocoy no sube palo, ni suposición es un hecho.

—¿Un consejo al presidente?

-Aplicación de la ley a corruptos, bachaqueros y paramilitares.

—¿Otro a la MUD?

-Dejen de pedir a Estados Unidos que invada Venezuela, porque si lo hace los va a destruir también a ellos.

—¿Ha hecho colas para adquirir comida?

-Sí. En el automercado cerca de mi casa ponen dos cajeras para atender seis cajas, y el resultado es evidente.

—¿Un presidente venezolano, anterior a 1998, de su preferencia?

-Cipriano Castro, que derrotó un bloqueo de Inglaterra, Alemania e Italia. Medina Angarita, que gobernó sin un solo preso y por eso lo tumbaron, y el Flaco Edgar Sanabria, que elevó los impuestos a las petroleras y declaró persona non grata a un funcionario estadounidense que lo objetó.

—¿Un gobierno de izquierda eficiente en la historia?

-Prácticamente todos los socialismos sacaron a sus países del atraso feudal, garantizaron educación, salud y seguridad social a toda la población, y de paso derrotaron al fascismo. Uno de ellos es hoy  primera potencia económica del mundo. 

 

—¿Un candidato para el chavismo?

-Vladimir Acosta.

—¿Hasta cuando se utilizará la imagen de Chávez para oxigenar la revolución?
-Mientras la gente lo admire, lo respete y le agradezca.

—¿Sobrevivirá el socialismo del siglo XXI?

-¿Sobrevivirá el capitalismo del siglo XX, en el cual el 1% de la población tiene más de la mitad de la propiedad de todo el planeta?

—¿Es culpable la oposición de los problemas del país?

-Bueno, estuvieron manejándolo más de medio siglo,  algo tendrán que ver.

—¿Hay derecho a que despidan a funcionarios que firmaron para el revocatorio?

-¿Hay derecho a que los entrevistadores en lugar de preguntar afirmen?

—¿Por qué se quintuplicó el hampa en los últimos 17 años?

-¿Por qué quienes inventan cifras quieren que los demás se las validen?

—¿Y la corrupción y la burocracia?

-Los delincuentes financieros son todos de oposición o se pasaron a ella.

—¿Procede la Carta Democrática sobre Venezuela?

-La Carta Democrática procede sólo a petición del gobierno de un país, y no de una fracción del gobierno, y sólo cuando hay ruptura del orden constitucional. Ninguna de las dos condiciones se da en Venezuela.

—¿Para qué sirve la OEA?

-Para legitimar la destrucción de países, como lo hicieron con las invasiones de Guatemala, República Dominicana y  Panamá, y pare usted de contar.

—¿Cree que hay intromisión cubana en la FANB?

-Creo que había intromisión estadounidense antes de que expulsáramos la Misión Militar Norteamericana en Fuerte Tiuna.

—¿Es oportuno que el ministro de Defensa venezolano se reúna con Fidel Castro?

-Bueno, Fidel ha mantenido a raya más de medio siglo a la potencia imperialista más feroz del planeta. Algo tendrá que contar.

—¿Continúa la invasión a Machurucuto con ciudadanos cubanos en puestos clave de la administración pública?

-Sé que hay médicos cubanos atendiendo a venezolanos enfermos pobres, porque cuando se llamó a los médicos venezolanos muy pocos acudieron.

—La gente en Cuba comenta que la isla está mejor que Venezuela….

-Venezuela y Cuba son los únicos países de América Latina que han cumplido con las Metas del Milenio, que fijó la ONU hace 15 años.

—¿Por qué muchos intelectuales que fueron tan críticos ante de 1998 ahora no lo son?

-Una cantidad que antes eran críticos ahora adulan al capital, a los dueños de los periódicos y a Estados Unidos. Desde que saltaron la talanquera no han vuelto a escribir una línea que valga la pena.


—¿En qué debe ceder el gobierno?

-Para atrás, ni para coger impulso.

—¿Y la oposición?

-Ceder la propiedad sobre los medios de producción, que acaparan hace medio milenio con pésimos resulados.

—¿Qué pasaría en Venezuela si no se efectuase el referéndum revocatorio?


-Se esperaría la próxima elección, en la cual el sistema electoral que Jimmy Carter calificó como el mejor del mundo verificará exactamente qué es lo que quiere el pueblo.