Luis Britto García

A partir de cierto
punto, personas, sociedades e imperios pierden la capacidad de regenerarse y
perecen. Múltiples y complejos son los indicadores de la declinación de un
cuerpo social.
Ante todo, éste debe funcionar para el bienestar colectivo de sus integrantes. Estados Unidos es una sociedad marcada por el estrecho entrelazamiento entre discriminación racial y desigualdad económica. En lugar de gasto social, dedica sus menguantes ingresos a costear una maquinaria de pillaje mundial con cerca de tres millones de efectivos y 800 bases militares en el extranjero, con un costo para 2025 de 921.000.000.000 de dólares financiado por impagable deuda pública de 38.700.000.000.000$, el 124% de su PIB. El botín así logrado no favorece a su población, sino a minoritarias élites. Si algún cambio ha de ocurrir, en gran parte vendrá de este pueblo sistemáticamente ignorado por sus dirigencias. Estudiémoslo.
Estados Unidos está en declinación demográfica. Según su
Oficina Nacional del Censo, para 2020 la potencia norteña tiene 331.449.281 de habitantes, cifra que
incluye 11,2 millones de inmigrantes ilegales. La tasa general de natalidad para 2022
fue de 11 nacimientos por 1.000 habitantes, un 1,1%; índice inferior al 2,1, la
fecundidad de reemplazo. Sin “hispanos” ni migrantes, dicha tasa caería abruptamente y el país devendría
progresivamente despoblado.
Con su política atroz
de represión y deportación masiva de
extranjeros, Estados Unidos mantiene el mito de que el resto del mundo
pugna por ingresar en su American Way of Life. Sin embargo, los
registros del censo y de permisos de residencia sugieren que entre 4 y 9
millones de estadounidenses han dejado su país de manera permanente. En 2025 mostró el país norteño
una tasa de migración neta negativa, con aproximadamente 150 000 más
salidas de ciudadanos que entradas (https://www.other-news.info/noticias/el-gran-exodo-estadounidense/).
La población de Estados Unidos no es culturalmente homogénea.
Las propias autoridades fuerzan la discriminación
étnica al clasificarla en los documentos oficiales en categorías “raciales”
distintas: blanco,
negro/afroamericano, indígena americano/nativo de Alaska, asiático, nativo
hawaiano/isleño del Pacífico y "otra raza", que incluye a los
"hispanos o latinos" como grupo étnico. Lejos de integrarse, dichas categorías mantienen sus
identidades; que en líneas generales coinciden con estratos económicos
clasistas.
Los indígenas nativos han sido
sistemáticamente exterminados: de ellos sobreviven unos cuatro millones, un
millón está encerrado en “reservas”, casi siempre territorios inhóspitos marcados
por altos niveles de pobreza y desempleo.
Para 2020 el 19,1%
de la población de dicho país es de “Hispanos”, uno de cada cinco; para 2060 se estima que
pertenecerá a tal categoría el 26,9% de la población, unos 119 millones, casi
una de cada tres personas. Sumada
a la población afrodescendiente, podría convertirse en fracción mayoritaria.
La Oficina del Censo calcula para 2022 una fuerza laboral de Estados Unidos de 171,1 millones, de los cuales 146,6 habían
nacido en el país, 22,2 millones eran inmigrantes legalizados, 8,3
millones no legalizados. Éstos últimos representan apenas el 4,8% de la fuerza
de trabajo (US Census Bureau Data). Los
migrantes desempeñan los oficios más duros y peor remunerados, sin los cuales
la economía no funcionaría.
La sociedad estadounidense está signada por extrema y
creciente desigualdad. Datos de la Reserva Federal revelan que a principios de
2024, el 1% de la población del país poseía el 30,5% de la riqueza, mientras
que el 50% más pobre poseía apenas el 2,5%. Para 1965 la proporción de salarios
entre los trabajadores ordinarios y los gerentes era de 1 a 24; para 2005 es de
1 a 262. La vivienda se hace progresivamente incosteable: para 2024, unos
400.000 hombres y 303.000 mujeres eran homeless, sin techo, enfrentados a durísimas
condiciones climáticas (https://aibm.org/research/homelessness-in-the-united-states/?gad_source=1&gad_campaignid=22744812376&gbraid=0AAAAA9mP0WclAah40zntYMiSEyCb7q-8O&gclid=Cj0KCQiA8KTNBhD_AR).
El nivel de ingresos coincide aproximativamente, salvo excepciones,
con las categorizaciones étnicas que las autoridades imponen. Esta
divergencia de riqueza influye en las condiciones de vida de los sectores de la
población. Nativos, afrodescendientes,
“hispanos” y migrantes son sistemática y brutalmente discriminados. Gran parte
de las luchas sociales revisten un tinte
inequívocamente étnico: movilizaciones por la igualdad, como las de “La Raza”,
o simplemente el derecho a la vida, como el “Black Lives Matter”; protestas
contra la brutalidad discriminatoria de la policía de migración.
La desigualdad económica
condiciona asimismo el derecho a la libertad. El país tiene la mayor población
carcelaria y tasa de encarcelamiento del mundo, con 2,3 millones de personas tras las rejas, y 5,4 millones de
adultos bajo supervisión correccional (prisión, libertad condicional). Dentro
de ella, “negros afroamericanos” e “hispanos” presentan un porcentaje superior al de su presencia en la demografía.
El sistema penitenciario ha devenido fuente de trabajo forzado gratuito o mal
remunerado.
En las sociedades clasistas,
la educación es forma privilegiada de ascensión social. En Estados Unidos, según datos de 2021-2025, el 21% de la población adulta, unos 43 millones de personas, tiene un bajo nivel de
alfabetización o es considerada analfabeta funcional. El acceso a la educación
superior es bloqueado por prohibitivas matrículas. El cuidado de la salud
depende de costosas pólizas privadas.
La desigualdad económica y la
discriminación influyen en otras circunstancias adversas. Según la Encuesta
Nacional sobre Consumo de Drogas y Salud (NSDUH) de Estados Unidos de 2023, unos
70,3 millones de personas (el 24,9 % de
la población, casi uno de cada cinco) consumen drogas ilegales. Unos 48,5
millones de estadounidenses de 12 años o más sufrieron trastornos
tal causa. Si niños de 12 años saben cómo contactar traficantes, ello implica
que el FBI, la CIA y la National Security Agency no los detienen porque son cómplices.
La persistente discriminación social y cultural quizá esté
entre las causas de una creciente falta de satisfacción con la democracia.
Según encuestas del PEW Research Center, dicha satisfacción ha descendido 10
puntos, de 41% en 2011, a 31% en 2024, cuando el índice de insatisfacción
abierta es de 68%.
Numerosas
preocupaciones atormentan al pueblo de Estados Unidos. Reciente encuesta del
citado PEW Center indica que el 93% está preocupado por el costo de la atención
médica, el 92% por el de los alimentos y bienes de consumo; el 89% por el costo
del alojamiento y la vivienda, el 85% por el de la electricidad, el 79% por la
falta de empleos y trabajos, el 68% por el precio de la gasolina, y apenas el
58% por el desenvolvimiento de la bolsa de valores. La inflación sostenida
agrava tales preocupaciones. Nos comunica ocupante de un modesto apartamento
cerca de Washington que la factura por electricidad fue de 100 $ en octubre de
2025, de 150 $ en noviembre, de 300 $ en diciembre y en enero del presente año,
de 618 $.
Según PEW, la mayoría de 58% considera desfavorablemente
al Presidente Trump; el Secretario de Estado Marco Rubio es calificado
desfavorablemente por un 44% y favorablemente sólo por un 34%; 19% no sabe
quién es. El Secretario de Defensa Peter Hegseth es considerado
desfavorablemente por un 41%; favorablemente por un 21%, 31% no sabe quién es.
En lo que nos concierne, según encuestas de
PEW, 45% de los estadounidenses opinaban que su país no debería interferir con el gobierno de Venezuela; sólo 32% pensó que
se debería involucrar algo, y apenas 21% que debería hacerlo mucho o
extremadamente. Magnitudes semejantes marcaron sus respuestas acerca de si se
debería dar acceso al petróleo venezolano a empresas del país norteño: 40% se
oponían; 37% lo apoyaban, un 22% no sabía.
La carnicería perpetrada contra Venezuela no contaba precisamente con la aprobación mayoritaria. Como la mayoría de las agresiones estadounidenses, fue unilateralmente decidida por una minoritaria élite financiera y militar, que no tiene para ofrecer más que el pillaje. Si así trata a su propia población qué tendrá reservado para la de los países que saquea.
TEXTO(FOTOS: LUIS BRITTO.
