viernes, 6 de marzo de 2026

DECADENCIA DEL SAQUEO

Luis Britto García

A partir de  cierto punto, personas, sociedades e imperios pierden la capacidad de regenerarse y perecen. Múltiples y complejos son los indicadores de la declinación de un cuerpo social.

Ante todo, éste  debe funcionar  para el bienestar colectivo de sus integrantes.  Estados Unidos es una sociedad marcada por el estrecho entrelazamiento entre  discriminación racial y  desigualdad económica. En lugar de gasto social, dedica sus menguantes ingresos a costear una maquinaria de pillaje mundial con cerca de tres millones de efectivos y 800 bases militares en el extranjero, con un costo para 2025 de 921.000.000.000 de dólares financiado por impagable deuda pública de 38.700.000.000.000$, el 124%  de su PIB.  El botín así logrado no favorece a su población, sino a minoritarias élites. Si algún cambio ha de ocurrir, en gran parte vendrá de este pueblo sistemáticamente ignorado por sus dirigencias. Estudiémoslo.



Estados Unidos está en declinación demográfica. Según su Oficina Nacional del Censo, para 2020 la potencia norteña tiene 331.449.281 de habitantes, cifra que incluye 11,2 millones de inmigrantes ilegales. La tasa general de natalidad para 2022 fue de 11 nacimientos por 1.000 habitantes, un 1,1%; índice inferior al 2,1, la fecundidad de reemplazo. Sin “hispanos” ni migrantes, dicha tasa caería  abruptamente y el país devendría progresivamente despoblado.

Con su política atroz de  represión y deportación masiva de extranjeros, Estados Unidos mantiene el mito de que el resto del mundo pugna  por ingresar en su American Way of Life. Sin embargo, los registros del censo y de permisos de residencia sugieren que entre 4 y 9 millones de estadounidenses han dejado su país de manera permanente.  En 2025 mostró el país norteño   una tasa de migración neta negativa, con aproximadamente 150 000 más salidas de ciudadanos que entradas (https://www.other-news.info/noticias/el-gran-exodo-estadounidense/).

La población de Estados Unidos no es culturalmente homogénea. Las  propias autoridades fuerzan la discriminación étnica al clasificarla en los documentos oficiales en categorías “raciales” distintas:  blanco, negro/afroamericano, indígena americano/nativo de Alaska, asiático, nativo hawaiano/isleño del Pacífico y "otra raza", que incluye a los "hispanos o latinos" como grupo étnico. Lejos de integrarse, dichas categorías mantienen sus identidades; que en líneas generales coinciden con estratos económicos clasistas.

Los indígenas nativos han sido sistemáticamente exterminados: de ellos sobreviven unos cuatro millones, un millón está encerrado en “reservas”, casi siempre territorios inhóspitos marcados por altos niveles de pobreza y desempleo.

Para 2020 el 19,1% de la población de dicho país es de “Hispanos”, uno de cada cincopara 2060 se estima que pertenecerá a tal categoría el 26,9% de la población, unos 119 millones, casi una de cada tres personas. Sumada a la población afrodescendiente, podría convertirse en fracción  mayoritaria.

La Oficina del Censo calcula para  2022 una fuerza laboral de Estados Unidos  de 171,1 millones, de los cuales 146,6 habían nacido en el país, 22,2 millones eran  inmigrantes legalizados, 8,3 millones no legalizados. Éstos últimos representan apenas el 4,8% de la fuerza de trabajo (US Census Bureau Data). Los migrantes desempeñan los oficios más duros y peor remunerados, sin los cuales la economía no funcionaría.

La sociedad estadounidense está signada por extrema y creciente desigualdad. Datos de la Reserva Federal revelan que a principios de 2024, el 1% de la población del país poseía el 30,5% de la riqueza, mientras que el 50% más pobre poseía apenas el 2,5%. Para 1965 la proporción de salarios entre los trabajadores ordinarios y los gerentes era de 1 a 24; para 2005 es de 1 a 262. La vivienda se hace progresivamente incosteable: para 2024, unos 400.000 hombres y 303.000 mujeres eran homeless,  sin techo, enfrentados a durísimas condiciones climáticas (https://aibm.org/research/homelessness-in-the-united-states/?gad_source=1&gad_campaignid=22744812376&gbraid=0AAAAA9mP0WclAah40zntYMiSEyCb7q-8O&gclid=Cj0KCQiA8KTNBhD_AR).

El nivel de ingresos coincide aproximativamente, salvo  excepciones,  con las categorizaciones étnicas que las autoridades imponen. Esta divergencia de riqueza influye en las condiciones de vida de los sectores de la población.  Nativos, afrodescendientes, “hispanos” y migrantes son sistemática y brutalmente discriminados. Gran parte de las luchas  sociales revisten un tinte inequívocamente étnico: movilizaciones por la igualdad, como las de “La Raza”, o simplemente el derecho a la vida, como el “Black Lives Matter”; protestas contra la brutalidad discriminatoria de la policía de migración.

La desigualdad económica condiciona asimismo el derecho a la libertad. El país tiene la mayor población carcelaria y tasa de encarcelamiento del mundo, con  2,3 millones de personas tras las rejas, y 5,4 millones de adultos bajo supervisión correccional (prisión, libertad condicional). Dentro de ella, “negros afroamericanos” e “hispanos” presentan un porcentaje  superior al de su presencia en la demografía. El sistema penitenciario ha devenido fuente de trabajo forzado gratuito o mal remunerado.

En las sociedades clasistas, la educación es forma privilegiada de ascensión social. En Estados Unidos, según datos de 2021-2025, el 21% de la población adulta, unos 43 millones de personas, tiene un bajo nivel de alfabetización o es considerada analfabeta funcional. El acceso a la educación superior es bloqueado por prohibitivas matrículas. El cuidado de la salud depende de costosas pólizas privadas.

La desigualdad económica y la discriminación influyen en otras circunstancias adversas. Según la Encuesta Nacional sobre Consumo de Drogas y Salud (NSDUH) de Estados Unidos de 2023, unos 70,3 millones de personas (el 24,9 % de la población, casi uno de cada cinco) consumen drogas ilegales. Unos 48,5 millones de estadounidenses de 12 años o más sufrieron trastornos tal causa. Si niños de 12 años saben cómo contactar traficantes, ello implica que el FBI, la CIA y la National Security Agency no los detienen porque son cómplices.

La persistente discriminación social y cultural quizá esté entre las causas de una creciente falta de satisfacción con la democracia. Según encuestas del PEW Research Center, dicha satisfacción ha descendido 10 puntos, de 41% en 2011, a 31% en 2024, cuando el índice de insatisfacción abierta es de 68%.

Numerosas preocupaciones atormentan al pueblo de Estados Unidos. Reciente encuesta del citado PEW Center indica que el 93% está preocupado por el costo de la atención médica, el 92% por el de los alimentos y bienes de consumo; el 89% por el costo del alojamiento y la vivienda, el 85% por el de la electricidad, el 79% por la falta de empleos y trabajos, el 68% por el precio de la gasolina, y apenas el 58% por el desenvolvimiento de la bolsa de valores. La inflación sostenida agrava tales preocupaciones. Nos comunica ocupante de un modesto apartamento cerca de Washington que la factura por electricidad fue de 100 $ en octubre de 2025, de 150 $ en noviembre, de 300 $ en diciembre y en enero del presente año, de 618 $.

       Según PEW, la mayoría de 58% considera desfavorablemente al Presidente Trump; el Secretario de Estado Marco Rubio es calificado desfavorablemente por un 44% y favorablemente sólo por un 34%; 19% no sabe quién es. El Secretario de Defensa Peter Hegseth es considerado desfavorablemente por un 41%; favorablemente por un 21%, 31% no sabe quién es.

En lo que nos concierne, según encuestas de PEW, 45% de los estadounidenses opinaban que su país  no debería interferir con  el gobierno de Venezuela; sólo 32% pensó que se debería involucrar algo, y apenas 21% que debería hacerlo mucho o extremadamente. Magnitudes semejantes marcaron sus respuestas acerca de si se debería dar acceso al petróleo venezolano a empresas del país norteño: 40% se oponían; 37% lo apoyaban, un 22% no sabía.

La  carnicería perpetrada contra Venezuela  no contaba precisamente con la aprobación mayoritaria. Como la mayoría de las agresiones estadounidenses, fue unilateralmente decidida por una minoritaria  élite financiera y militar, que no tiene para ofrecer más que el pillaje. Si así trata a su propia población qué tendrá reservado para la de los países que saquea.


    TEXTO(FOTOS: LUIS BRITTO.