domingo, 15 de marzo de 2026

SANGRE Y PETRÓLEO

 

Luis Britto Garcia

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Animada reunión. Salón Oval de la Casa Blanca. Se trata del petróleo, indispensable fuente de energía de la cual Estados Unidos tiene reservas sólo para cinco años. La impagable deuda estadounidense dificulta comprarlo a los países que lo producen. Algunos de éstos se han atrevido a nacionalizar su industria de los hidrocarburos. La solución, destruirlos para pillar el botín. El Secretario de Estado Marco Rubio cita de nuevo las recetas del Manual de Gene Sharp para desestabilizar países: extorsiones que impidan el comercio,  protestas “espontáneas” para derrocar gobiernos. El Secretario de Guerra Peter Hegseth es más  directo: apretar el cerco sobre la víctima con acorazados, submarinos y portaaviones, bombardeo de saturación,  secuestrar o aniquilar  dirigencias.  El Presidente necesita resultados rápidos para disipar la tormenta mediática sobre el expediente de Epstein y otros delitos, y repartirse personalmente el botín de hidrocarburos. Llega una llamada desde Tel Aviv. La orden está dada. La fácil victoria sobre víctimas indefensas es inevitable. Los rufianes se frotan las manos anticipando el saqueo. Ya creen oír explosiones, gritos de niñas, alaridos.  Ignoran  la Súplica del Imán Yafar Sadiq: Que cada creyente se prosterne ante Dios para agradecerle, Dios Altísimo le recompensará con diez Hasanar, actos buenos.

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No hay más peligrosa mezcla que  la de avidez con ignorancia. Rubio  no leyó que el país que piensan asaltar tiene arriba de 93 millones de habitantes con edad promedio de 34,5 años, en su mayoría hábiles para tomar las armas. Hegseth desconoce que presenta  dificultosa geografía de millón y medio de kilómetros cuadrados sembrados de montañas, obstáculos, recovecos y escondites naturales o excavados que dificultan el asalto. La desmesurada incultura de Trump lo incapacita para calibrar cuatro milenios de civilización: elamitas, medos, aqueménidas, partos, sasánidas, seljucidas, timúridos, safaridas, afsharis, farsis, Zoroastro, Omar Kayyam, Hafiz. Ninguno de los políticos de la Casa Blanca ha leído la Súplica para alejar a los Satanases, del Imán Hassan: Dios mío, si quiere engañarme engáñale, y si conspira contra mí, conspira contra él. Líbrame de su maldad y vuelve su artimaña contra él mismo, por Tu Misericordia.

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Fulminantes bombas aniquilan al líder máximo Alí Jamenei, a su esposa, a la esposa de su hijo y sucesor Mojtaba Jamenei, a altos mandos iraníes. Miles de civiles son incinerados en sus residencias y 189 niñas en sus escuelas. En el demoledor estruendo lo único que no se escucha es una rendición. No se doblegaron cuando en 1953 la CIA y el M16 británico urdieron el Golpe de Estado que depuso a Mossadegh por  nacionalizar la industria petrolera. No se amilanaron cuando la potencia norteña impuso la dictadura de Reza Pahlevi. No se rindieron cuando en 1980 el Presidente Carter asestó la ridícula y fracasada operación de extracción de rehenes protagonizada por  la Delta Force con profusión de portaaviones, cazas y helicópteros. Ni se entregaron cuando Estados Unidos enfiló contra ellos durante ocho años el ejército del vecino Irak. Ni retrocedieron cuando los sionistas fueron  matando sus científicos. Ni flaquearon cuando Trump asesinó  con drones al  general Qasem Soleimani, comandante de la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria. Tampoco  se amilanaron cuando en junio de 2025 Estados Unidos e Israel atacaron a traición mientras sostenían conversaciones de paz en Ginebra. No capitulan cuando Estados Unidos e Israel atacan el 28 de febrero de 2026, una vez más a traición, de nuevo durante plenas conversaciones de paz. Ya saben que nunca nadie ha conseguido nada rindiéndose. Estados Unidos los  acostumbró  a considerar la inmolación como desafío cotidiano. No olvidan las Salutaciones de Visita, de Zarat Amin Al Iah: ¡Dios mío! ¡Agráciame con la intercesión de Hussain en el ingreso al gran campo del día de la resurrección! Y afianza para mí rectos pasos junto a Hussain y sus compañeros, quienes han sacrificado su última gota de sangre por Hussain, sobre él sea la paz.

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Si hay un conflicto asimétrico digno de estudio es el de Irán. Dos potencias nucleares, Estados Unidos e Israel, lo agreden
 con el pretexto no demostrado de que intenta convertirse en potencia con bombas atómicas, con lo que demuestran que toda potencia sin ellas será agredida por ellos. Estados Unidos podría arrasar Iran con sus 5.177 cabezas nucleares, pero no lo hace porque ello envenenaría con radiación el codiciado botin petrolero y posiblemente al resto del mundo, sin contar con la respuesta de las  potencias nucleares restantes. Pues en el mundo globalizado ningún conflicto es solitario. La inmolación de Irán afectaría estratégicamente a la Federación  Rusa, Turkiye, Yemen y  Corea del Norte, energéticamente a India, a  Europa y el Oriente Medio, a China, donde va el 91% del petróleo iraní, y económicamente al mundo entero. Por tanto, los rusos  apoyan a Irán con armamentos e información satelital, los norcoreanos con los secretos de su misil hipersónico Huawsong 10, los dispersos y contradictorios BRICS con inútiles mociones ante los organismos internacionales, las víctimas del imperialismo con solidaridad multiforme, la humanidad con la mayor o la menor conciencia de que la suerte de Irán será mañana la del género humano. ¡Sálvame del fuego, Oh Señor! Concluye el Libro de las Letanías y Salutaciones.

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Irán no puede ganarle directamente una guerra al lejanísimo Estados Unidos, pero puede vencerlo haciéndosela incosteable. Como todo imperio en decadencia, el yanqui se ha sobreextendido. Mantiene 6.000 bases militares en su territorio y 872 fuera de él, con dotación de millón y medio de efectivos más una fuerza secreta, variable  y quizá equivalente de mercenarios, más personal de apoyo y extranjeros contratados. Su gasto militar desde 2024 supera los 900.000 millones de dólares anuales, el mayor rubro del gasto federal, 37% del total mundial. Bien les haría leer la Súplica de la Mañana, del Imán Alí: Éstas son mis pesadas faltas, las aparto mediante Tu perdón y misericordia.

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La dispersión y sobre expansión del poder multiplica los flancos débiles. Los estadounidenses  abandonan sus bases en Arabia Saudita, Bahrain, Kuwait, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Dubai. Los gobiernos locales cuestionan la utilidad de estos enclaves, instalados con la excusa de la protección pero que sólo atraen riesgos. Hegseth  llama a la retirada “repliegue estratégico”, algún escéptico la llamaría fuga despavorida. En compensación, moviliza 5.000 marines desde Japón, y el Congreso estadounidense autoriza el reclutamiento masivo que precedió a todos sus fracasos militares. Teherán señala que no habrá cese al fuego mientras las bombas sigan cayendo en su territorio. La última vez que aceptó una tregua, fue atacado de nuevo; los acuerdos de Omán no evitaron la nueva ofensiva. Quizá recuerdan la Súplica del Pacto, de las Súplicas Destacadas del Imán Al Mahdí: Dios mío, si entre él y yo se interpusiera la muerte que has decretado inevitablemente para tus súbditos, exhúmame de la tumba, envuelto en mi mortaja, desenvainando mi espada, blandiendo mi lanza, en respuesta  a la llamada de Aquél que convoca a la gente de las ciudades y el campo.

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Mientras Estados Unidos derrama  un gasto torrencial en costosos y sobredimensionados portaaviones, cazas y misiles, Irán se concentra en armas baratas, sencillas y eficaces. Veintisiete categorías de cohetes, entre ellos el hipersónico Fatah 2 y el  Khorramsahr 4, misil balístico de cuarta generación, capaz de transportar una cabeza de cuatro toneladas a velocidades 10 o 15 veces mayores que la del sonido y alcance de miles de kilómetros, que puede alterar su trayectoria en pleno vuelo y esquivar los interceptores del  supuesto escudo invulnerable de Israel. Enjambres de drones suicidas  que acosan los objetivos estadounidenses e israelíes forzándolos a agotar sus escasos interceptores. Misiles iraníes hunden  un destructor, golpean al gigantesco portaviones Abraham Lincoln y hacen que las unidades navales se retiren más de mil kilómetros. La fortaleza de las armas iraníes no radica sólo en su velocidad y versatilidad, sino en el costo: unas veinte veces menor que las hipercomplejas de sus adversarios, de reposición lenta y escasa. Irán construye para su defensa, Estados Unidos para la avidez del pozo insaciable de su Complejo Militar Industrial. En cuatro días de agresión gastó  11.000 millones de dólares, sin incluir el  mantenimiento del personal militar ni el aparatoso despliegue de su flota. Trump  propone un presupuesto de Defensa de un billón adicional, y permite  vender la reserva estratégica  de su país, 400 millones de  barriles que sólo cubren el consumo de veinte días. Por esa  vía  se va al agotamiento  del combustible y del parque, y por éste a la derrota estratégica. Como reza la Súplica del día martes: Me refugio en Él de la maldad de mi propia alma, por cierto que el alma se orienta hacia el mal, salvo aquella de la que mi Señor se apiada.

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El cierre del estrecho de Ormuz y la licencia iraní para que sólo puedan franquearlo  buques de países que no apoyen la agresión como China, Turkiye, Qatar, Italia y Francia,  recuerda a los países desarrollados del G-20  su dependencia de los hidrocarburos y a Estados Unidos que su poderío depende de obligar al mundo entero a comprarlos con petrodólares. Estas dependencias podrían desintegrarlos. Por el petróleo, sangre de las maquinas, se derrama la sangre humana y se libra la contienda entre poderes emergentes y decadentes. Todos estamos en ella. Elijamos con tino. Como reza la Súplica de la Mañana: ¿Cómo podrías rechazar a quien buascando una guía se dirige presuroso a  Tus umbrales?



TEXTO: LUIS BRITTO./IMÁGENES: EXPOSICIÓN CONTRA LA AGRESIÓN IMPERIALISTA, GALERÍA DE ARTE NACIONAL