sábado, 16 de febrero de 2008

PUEBLO Y EJÉRCITO


Reflexiones sobre el 4 de febrero de 1992

No sé por qué dices tú
Soldado, que te odio yo
Si somos la misma cosa
Yo y tú
Tú y yo.
Nicolás Guillén
1
No puede haber ejército sin pueblo, ni pueblo sin ejército. Ello es evidente en nuestros países, que se independizaron con una guerra revolucionaria. Contradice la naturaleza misma de un ejército el servir intereses de una minoría de la población o de una potencia extranjera. En tales casos, no se puede modificar al pueblo para que se identifique con el ejército. Hay que cambiar al ejército para que se identifique con el pueblo. Esto se logra mediante la creación de un nuevo ejército revolucionario que sustituya al anterior, como en el caso de México, Cuba o de Nicaragua, o mediante la progresiva identificación del ejército con la causa popular, como ocurre en diversos momentos en Bolivia, Panamá, Argentina, Perú y Venezuela. La rebelión militar del 4 de febrero de 1992 replantea para Nuestra América el tema de las relaciones entre pueblo y ejército en tiempos de Revolución.
2
Ejército, pueblo en armas. No hay tropa que no sea popular. La mano que empuña el fusil cultiva la tierra o funde el acero. Un pueblo y un ejército sólo pueden ser utilizados contra ellos mismos cuando se los sujeta a la disciplina y se confía la imposición de ésta a una minoría privilegiada. Sin disciplina no hay ejército, sino individuos armados. Sin conducción no hay milicia, sino anomia. Quien selecciona normas y oficiales maneja los ejércitos. Por ello la conducta de éstos depende del sector social donde se recluta la oficialidad. Jerarquías oligárquícas imponen o defienden regímenes oligárquicos, como en Chile o Colombia. Oficialidades alistadas del pueblo en la guerra revolucionaria defienden revoluciones, como en Cuba o Nicaragua. Oficialidades reclutadas en diversos sectores sociales están abiertas a orientaciones variadas, que no excluyen la causa popular. Favorece la toma de posición a favor del pueblo la proletarización de los oficiales, su rechazo a las doctrinas hegemónicas de limitación de talla de los ejércitos de las naciones dependientes, su aversión al vasallaje de las Fuerzas Armadas ante misiones militares u organismos foráneos como la DEA, la repulsión a reprimir compatriotas, la concientización ideológica en la guerra más importante, la cultural.