sábado, 16 de febrero de 2008


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El ejército colonial fue reflejo de la sociedad de castas. Sus milicias estaban agrupadas según el estamento de procedencia; su oficialidad, doctrina estratégica y reglamentos dependían de los mantuanos, quienes compraban rangos y ascensos. El ejército patriota fue inútil mientras intentó copiar el modelo de su adversario. Éste, por el contrario, a través de José Tomás Boves incorporó a la milicia a las “castas viles”; seleccionó entre ellas la oficialidad –salvo unas decenas de mandos- y desarrolló una táctica de carga de caballería y una logística que aprovechaba los recursos de caballos y ganados del terreno. Las armas patriotas sólo se le sobrepusieron cuando adoptaron sus tácticas de recluta popular mediante el ofrecimiento de libertad y tierras, y sus tácticas de guerra asimétrica:de partidas de jinetes voluntarios contra regimientos, lanzas contra artillería, guerra de movimientos contra guerra de posiciones. Tales prácticas permitieron a Piar la contundente victoria en San Félix y convirtieron contiendas de liberación nacional en epopeyas continentales.
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Conquistada la Independencia, la República oligárquica licenció a sus milicianos, los engañó postergando la entrega de las tierras ofrecidas como salario por el Libertador, intentó reintegrar a la esclavitud a los esclavos liberados por éste y reimponer una oficialidad reclutada exclusivamente entre los pudientes, para la cual crea en 1830 una Academia Militar dentro de la Escuela de Matemáticas. Custodios y gerentes de este nuevo orden son los espadones de las contiendas independentistas. Al intento de reinstaurar la sociedad de castas le salen al paso las oleadas de insurrecciones campesinas de 1836 y 1846 y las marejadas de alzado que se incorporaron a las milicias durante la Guerra Federal. Los destacamentos conducidos por Zamora se componían esencialmente de voluntarios y marchaban bajo la bandera de Tierras y Hombres Libres, lo que suponía eliminación del latifundio y de la renta de la tierra. Tras la misteriosa muerte del General de Hombres Libres, la componenda del Tratado de Coche cedió el poder a oligarquías locales cuyos caudillos convocaban temporalmente montoneras ligadas por la lealtad personal o el ascendiente semifeudal.