sábado, 16 de febrero de 2008


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Pero tan ilusorio como un poder del pueblo que no se apoye en un ejército resulta el de un ejército que no se apoye en el pueblo. El 23 de enero de 1958 una insurrección popular seguida de un pronunciamiento militar derriban la dictadura. No se trata sólo de rebelión civil. Se olvida con frecuencia que el primero de enero un alzamiento castrense había sacudido los cimientos del despotismo, forzado la salida del odiado ministro de Relaciones Interiores Laureano Vallenilla Planchart y del jefe de la policía política Pedro Estrada, y fracturado la apariencia monolítica de la autocracia. Una junta de militares y civiles presidida por el contralmirante Wolfgang Larrazábal abrió el camino hacia la democracia formal. El ejército habría podido eternizarse en el poder como elite gobernante, de acuerdo con la doctrina del Nuevo Ideal Nacional. En lugar de ello, cede el paso a los partidos políticos. Cuando crece la protesta social desde 1959, el bipartidismo ilegaliza e intenta exterminar las organizaciones radicales, éstas se ven forzadas a la insurgencia y el ejército asume la tarea de reprimirlas.
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A raíz de la Lucha Armada se intenta fraguar la conseja según la cual las Fuerzas Armadas serían refractarias a todo postulado revolucionario, y la izquierda necesariamente antimilitarista. Quienes la comparten olvidan que las organizaciones radicales, entre ellas el Partido de la Revolución Venezolana, mantuvieron un estrecho contacto con sectores del ejército; que en el alzamiento de Carúpano medio millar de efectivos y en el de Puerto Cabello millar y medio se jugaron la vida por la Revolución y liberaron guerrilleros presos. La recluta de la oficialidad en diversos estratos sociales facilitó esta pluralidad ideológica. Otro factor favoreció su integración con el resto de la sociedad. Para evitar que se instalaran de manera casi permanente cúpulas de oficiales en los altos mandos, Rómulo Betancourt propició su jubilación temprana. Ello a su vez estimuló a los oficiales para seguir otros estudios superiores. Ya para los años ochenta, más de la mitad de la oficialidad tenía otra carrera, aparte de la militar. Para los noventa, se integraba dentro de las Fuerzas Armadas el MBR200, movimiento nacionalista, izquierdista, bolivariano.