sábado, 2 de agosto de 2008

LAS LLAVES DEL CHE


Llego a la casa natal del Che en Rosario y me encuentro con un hombre que pide llaves para fundirle una estatua. Frente al chalet descuidado y tristón busco en los bolsillos, dudo si regalarle una llave y al fin se las regalo todas. Sin llave no hay prisión, nadie queda encerrado fuera del bien deseado ni adentro. El hombre saca de un zurrón y me muestra su tintineante cosecha de llaves de cárceles, de esposas, de mansiones, de cinturones de castidad, de cajas fuertes, de hoteles, de limosinas, del cielo. Cada infamia tiene su llave y si la estatua del Che las funde todas podría ser ella la llave misma que abriera la cerrada puerta del mundo. Me voy sin llaves sabiendo que he quedado fuera de todo. Cuando todos hagan lo mismo no habrá adentro ni afuera.