Luis Britto García
Sufrimos un golpe atroz. Si queremos superarlo, debemos
admitirlo, investigar causas, corregir efectos.
Reiteramos
que según encuesta de Hinterlaces de octubre de 2025, el 83% de los consultados estaría
dispuesto a enfrentar una invasión militar extranjera, sólo
6% no lo haría, y 89% consideró que
el verdadero objetivo de una eventual intervención sería derrocar
al presidente Nicolás Maduro para apoderarse del petróleo. (https://extranewsmundo.com/encuesta-hinterlaces-83-de-los-venezolanos-afirma-que-estaria-dispuesto-a-enfrentar-una-invasion-militar-extranjera/I.
Seis meses
más tarde, no he encontrado un solo compatriota que no reitere esas respuestas,
pero acompañadas de nuevas preguntas.
En primer
lugar, se ha de averiguar de manera clara, precisa y detallada qué ocurrió o
dejó de ocurrir la madrugada del 3 de
enero de 2026. Venezuela disponía y
dispone de armamentos modernos, eficaces y costosos que no se emplearon. Cuarenta
y siete soldados venezolanos y 32 escoltas cubamos murieron repeliendo valientemente
la descomunal agresión con armas elementales. Es preciso conocer con exactitud
los hechos y corregir fallas para futuros y previsibles enfrentamientos.
La investigación
debe reformular la Doctrina Estratégica y Táctica de Seguridad y Defensa.
Parecería que ante una rápida escaramuza que demostró la superioridad aérea del
enemigo se decidió una rendición incondicional, con armas, contingentes y
parques casi intactos y sin que el adversario hubiera dominado de manera
efectiva y duradera ni un centímetro del territorio nacional. Una nueva
doctrina ha de excluir categóricamente que el secuestro de funcionarios o la
mera coerción se traduzcan en concesiones lesivas a la soberanía.
Desde
siempre se ha sabido que Estados Unidos goza de superioridad en armamento
convencional. Ello no es argumento para que se le rindan a discreción todos los
pueblos de la tierra. Muchos de ellos lo han derrotado rotundamente con armas
inferiores. Para resistirlo cabe adoptar
las tácticas de guerra no convencional que han hecho sistemáticamente inútil dicha superioridad en casi todos los
conflictos asimétricos del pasado y el presente siglo. Urge saber por qué en
este caso no se aplicaron dichas tácticas, formular doctrinas que corrijan
errores, incorporar a la defensa activa a toda la ciudadanía.
El pueblo
venezolano desconoce el alcance de las concesiones que se hicieron al enemigo
en los minutos siguientes a la agresión, o por cual mecanismo o en qué forma
varían o se amplían dichas concesiones hasta el presente y el futuro
previsible. Por la indefinición que reina sobre la materia, presumimos que el
agresor aspira a un poder discrecional absolutamente totalitario que implique
la desaparición de la soberanía de Venezuela y la rebatiña incondicional de sus
recursos. Han sido sancionadas leyes que pretenden posibilitar la inconstitucional privatización de nuestras industrias de hidrocarburos y minas, rebajar abruptamente la participación del Estado en ellas, someter las controversias atinente a las mismas a tribunales o árbitros extranjeros. Se prentende usurpar todos los derechos que corresponden a nuestro pueblo sin
asumir ningún deber hacia él.
Tal modelo
es insostenible. La propaganda invasora pretende que se abre un lapso de
torrenciales inversiones que traerán diluvios de divisas y de prosperidad. En
otro lugar hemos reseñado el fracaso de la reunión del 9 de enero de 2026 entre
el Presidente de Estados Unidos y unas 17 empresas petroleras de dicho país, para
repartirse el botín energético de Venezuela. Ni una sola avanzó un solo dólar
de inversión. Consideraban al país “uninvestable”,
no invertible, por falta de seguridad jurídica, porque extraer la primera gota
de petróleo requeriría inversión de mil millones de dólares y plazo de diez
años, porque parte de la riqueza está ya
comprometida.
En efecto,
sobre más del 45% de los yacimientos petroleros y gasíferos han sido legalmente
otorgadas concesiones por más de 25 años a empresas chinas y a filiales de la petrolera
estatal rusa Roznef, las cuales
exploraban y extraían
hidrocarburos mientras el bloqueo estadounidense impedía el mantenimiento de
gran parte de los yacimientos restantes. Entre los vacíos informativos
posteriores a la invasión figura el del status actual de esas explotaciones
rusas y chinas y el de los hidrocarburos u otros minerales producidos en
ellas. Los ingresos provenientes de
tales concesiones son inalienablemente venezolanos, y como tales, deben
ingresar al Fisco y ser distribuidos mediante el Presupuesto y la
Administración nacionales.
Por otra
parte, el enemigo mantiene inflexiblemente su posición agresiva. Ni una sola
del millar de medidas coercitivas unilaterales aplicadas contra Venezuela ha
sido abrogada. No se han liberado los rehenes secuestrados por la fuerza bruta.
No se ha reconocido la patente falsedad de los pretextos para la invasión:
inexistencia del llamado Cartel de los Soles y del extinto Tren de Aragua,
inexistencia de la producción y el contrabando de sustancias ilícitas,
inexistencia de una mayoría opositora que habría obtenido supuestas mayorías
electorales. Ni una palabra se ha dicho sobre las reparaciones por los daños
causados por un atroz acoso de un cuarto
de siglo y un bloqueo de más de una década, por un bombardeo ejecutado por
centenar y medio de aeronaves, por los bienes de Venezuela ilegítimamente
confiscados en el exterior. Contra nuestro país se mantiene todo el rigor y la
coacción de un estado de Guerra ilegítima, no autorizada por el Congreso de
Estados Unidos.

En texto anterior señalamos que el invasor, mediante la Executive Order 14.373, pretende que todo ingreso procedente de los
hidrocarburos y minerales venezolanos –históricamente, el 80% de la entrada de
divisas del país- sea desviado hacia una partida del Tesoro de Estados Unidos o
cuentas secretas privadas en Qatar, bajo administración discrecional estadounidense
y única y exclusivamente para adquirir bienes producidos en dicho país.
Con el
anuncio del inaceptable latrocinio casi total de nuestros ingresos viene el de
la reanudación de relaciones con el Fondo Monetario Internacional y el Banco
Mundial, instituciones especializadas en anular la soberanía de los países
mediante la extorsión de Deudas Públicas Impagables. Privada de ingresos,
Venezuela deberá costear sus gastos aceptando créditos usurarios garantizados
con lo que reste de sus bienes y recursos. Los nuevos fondos serán aplicados de
manera preferente para cancelar por la totalidad de su valor nominal deudas adquiridas a precios simbólicos por
fondos buitres.
Este despojo
total del ingreso público implica efectos devastadores. En los últimos tiempos,
el Gasto Social del Gobierno venezolano ascendió a más del 70% de los egresos.
La brutal disminución de fondos disponibles acarreará un paralelo
desmantelamiento de todos los actuales programas de educación, salud, vivienda,
asistencia social, alimentación, cultura, investigación científica, desarrollo
agrícola y pecuario, industrialización, defensa
e infraestructuras, por cierto ya duramente castigados por más de un
cuarto de siglo de agresión, una década de bloqueo y más de un millar de
medidas coercitivas unilaterales destinadas a estrangular y destruir nuestra
economía.
Con el
desmantelamiento de dichos programas o la reducción drástica del personal de
los mismos imponiéndoles salarios apenas simbólicos, vendrá una oleada de
desempleo que la limitada inversión privada será incapaz de absorber.
Esta situación
arrojará efectos políticos. En la medida en que se muestren progresivamente
incapaces de paliar las más vitales necesidades de la población, se producirá
una merma en el apoyo hacia las organizaciones que colaboren con la ocupación.
La oposición
de derecha, desechada como instrumento político por los invasores por su falta
de apoyo popular, se hará progresivamente violenta buscando hacer méritos ante
los ocupantes. Procesos electorales administrados por las mismas firmas que
cometieron fraudes en Honduras, Perú, Ecuador y otros países legitimarán simulacros inconsistentes que arrebatarán el
poder a las organizaciones representativas.
Se
sancionarán drásticas reformas en las leyes laborales que revertirán o
aniquilarán los derechos de los trabajadores, con repercusiones sociales, económicas y políticas iguales a las
que medidas de tal índole acarrearon
durante el pasado siglo.
La colaboración
con los invasores reportará ganancias ilegales a una ínfima élite de
traficantes de influencias y especuladores transnacionales, y anulará el
prestigio de los movimientos políticos y sociales que se entreguen a ella.
Del Imperio
puede decirse, como de los Borbones, que no ha olvidado ni aprendido nada.
Emprenderá sistemática, implacable e integral erradicación de cuantos
movimientos tengan o hayan tenido orientación progresista o asomos de ella. Una
vez agotada su utilidad, el sector colaboracionista
no será la excepción. De los medios, programas
educativos y de la Historia misma desaparecerán los hechos e ideas de los Libertadores,
o serán grotescamente falsificados para que representen lo opuesto de sus
ideales. Siguiendo lineamientos de Rudolf Atkon, la educación será meramente
instrumental; de acuerdo con los de Laura Berns, se eliminará la educación
superior gratuita.
Todos sabemos
lo que esconde el ensordecedor silencio que nos oprime. Sin consulta alguna
sobre nuestra voluntad, se pretende despojarnos de soberanía, Independencia,
recursos naturales autonomía, derechos, pasado, presente y futuro, a favor de
una potencia agresora que nos odia y desprecia.
Desde la
invasión se libran dos batallas: una por la aniquilación de nuestro país, y
otra por la plena recuperación de la soberanía, los recursos, la Independencia,
la autonomía y la autodeterminación del pueblo venezolano.
Ya sabes en cuál bando debes estar.
La defensa
propia es el más innegable de los Derechos Humanos, y nos corresponde ejercerla
como Resistencia en la medida de nuestras posibilidades, con pensamientos,
palabras y obras. Ideas para comprender la atroz realidad, palabras para
denunciarla, obras para modificarla. Las organizaciones existentes han de ser
orientadas hacia la resistencia y la victoria; cuando ello no sea posible, cabe
crear otras nuevas. Hay tantas formas de
resistencia como personas y talentos; cada quien debe asumirla en el ámbito de
sus habilidades, capacidades y
competencias. La resistencia debe revestir más formas que la opresión que
combate, y un pueblo tiene derecho a ejercerlas todas antes que consentir en su
servidumbre o su extinción.
Resisto,
luego existo.
TEXTO/FOTOS: LUIS BRITTO GARCÍA
ESTE TEXTO NO HA SIDO PUBLICADO EN LOS MEDIOS
CONVENCIONALES


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