sábado, 2 de febrero de 2008

EL CAMPEONATO MUNDIAL DE PAJARITAS


Abierto oficialmente el campeonato mundial de pajaritas, el señor Pereira se dirige al proscenio, toma una hoja de papel, la dobla, la vuelve a doblar, y de los pliegues surgen lentamente una montaña, y un arroyo, y un arco iris que desciende hasta que junto a él fulguran las nubes y finalmente las estrellas. Un gran aplauso resuena, el señor Pereira se inclina y baja lentamente a la sala.
Acto seguido se instala en el proscenio el señor Noguchi, quien toma en cada mano una hoja de papel, la mano izquierda dobla dobla dobla, sale una paloma, sosteniendo el pico con los dedos anular y meñique y tirando de la cola con los dedos índice y medio las alas suben bajan suben bajan, la paloma vuela, entre tanto la mano derecha dobla dobla dobla, sale un halcón, colocando el dedo índice en el buche y presionando con el pulgar en las patas, las poderosas alas suben bajan suben, el halcón vuela, persigue a la paloma, la atrapa, cae al suelo, la devora. Grandes y entusiásticos aplausos.
Sube al proscenio el señor Iturriza, quien es calvo, viejo, tímido y usa lentecitos con montura de oro. En medio de un gran silencio el señor Iturriza se inclina ante el público, hace una contorsión, se vuelve de espaldas. La segunda contorsión lo despliega, asume una forma extraña, y luego vienen la tercera, la cuarta, la quinta contorsión, la apertura del pliegue longitudinal y la vuelta del conjunto. La sexta y la séptima contorsiones son apenas visibles pero definitivas, la gente va a aplaudir pero no aplaude, en el proscenio el señor Iturriza deshace su último pliegue y se transforma en una límpida, solitaria, gran hoja cuadrada de papel blanco.

3 comentarios:

Aida dijo...

Querido Luís, leer este bellísimo relato hecho apenas con tres mágicos párrafos, me llevó, en directo y sin escalas, a mis 14 ó 15 años cuando, aun en el Liceo Aplicación de Caracas, leía mi primer cuento de Julio Cortázar.
Gracias querido amigo
Aída

Daniela Saidman dijo...

Siempre tan exacto, tan limpio en el quehacer de la palabra, tan divinamente humano... Es una delicia deslizarse por la brevedad que convoca su nombre y sus manos que saben contarle a los ojos...
Gracias...

www.dapaulasa.blogspot.com

Anónimo dijo...

Bravo por esa magia, un relato redondo. Que sigan los Iturriza en las contorsiones que devuelvan un papel blanco para tus letras.

Aplauso,

Amanda