domingo, 25 de enero de 2009


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Se quiere representar el genocidio de Gaza como choque de civilizaciones o confrontación entre tradicionalismo islámico y postmodernidad talmúdica. En realidad, Estados Unidos subsidia el militarismo de Israel para tener bajo amenaza constante el Medio Oriente. En la costa de Gaza se han descubierto yacimientos de hidrocarburos, y el partido sionista de gobierno intenta ganar las próximas elecciones masacrando árabes. Según el diario israelí Ha´aretz de 9 de enero de 2009, la invasión de Gaza se planificó desde marzo de 2008. Violando la tregua con Hamas, el 5 de noviembre los israelíes refuerzan el bloqueo de Gaza y asesinan a siete árabes. La resistencia palestina contesta con cohetes artesanales que liquidan tres judíos. El 27 y 28 de diciembre arranca la Matanza de los Inocentes. Con casi un centenar de cazabombarderos F-16 y helicópteros de fabricación estadounidense y 10.000 efectivos protegidos por columnas motoblindadas, Israel dispara bombas de racimo, fósforo blanco y uranio empobrecido contra millón y medio de civiles palestinos bloqueados en los 360 km2 de la Franja de Gaza. Es la más sucia de las limpiezas étnicas.
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Tanta omnipotencia militar es inútil. Los motoblindados no pueden contra Hamas. El Time del 19 de enero señala que para 2008 viven en Israel unos 5.500.000 árabes y 5.400.000 judíos; para 2020 se serán 8.500.000 árabes y unos 6.400.000 judíos. De aplicarse reglas democráticas, el gobierno de Israel ya sería árabe: a menos que intensifique la limpieza étnica, inevitablemente lo será. Si se respetara la resolución 194 de Naciones Unidas que garantiza el retorno de los refugiados, la mayoría árabe hoy sería abrumadora.