domingo, 19 de enero de 2014

LUIS BRITTO GARCÍA, EL INTELECTUAL Y SU ÉPOCA


AIM
La selección de Luis Britto García como “el escritor homenajeado” de la novena Feria Internacional del Libro Venezuela 2012, es al mismo tiempo un reconocimiento a su valor intelectual como la confirmación de que estamos ante un personaje de época.
Nacido en Caracas en 1940, doctorado en Derecho, profesor universitario, narrador de cuentos, relatos y novelas, dramaturgo, ensayista político, dibujante, humorista de oficio, columnista y conferencista. Luis Britto tiene el extraño rasgo de ser destacado en cada una de esas disciplinas.
Es de difícil cuantificar su obra escrita, por lo extensa, más aún por la variedad temática, por la policromía literaria de su tratamiento y por la combinación de recursos ficcionales con ensayísticos. Eso no es fácil.
Según el registro confeccionado por el departamento de publicaciones del Ministerio del Poder Popular para la Información, el homenajeado publicó 13 obras de narrativa. En ella destacan libros como Rajatabla, Abrapalabra, Los Fugitivos o Pirata.
Sin embargo, la versatilidad de Luis Britto permite recordar cuentos o narraciones suyas relacionadas con las más inesperadas circunstancias.
El año 2010, en el Centro Cultural de la Cooperación, en Buenos Aires, cuando terminó de conferenciar, una docente argentina que había vivido años de exilio en Caracas, le recordó con admiración el cuento “La bomba” leído por ella a mediados de la década de los 70, una breve narración experimental por la que desfilan militantes clandestinos, diputados corruptos y un muerto que no encuentra sepultura.
Luis Britto la miró, expandió sus ojos pequeños entre los anteojos, sonrió con modestia y le dijo con su voz suave de cura pueblerino bueno, “cierto, claro chica”, volvió a sonreír y continuó.
Aunque su ensayo más ponderado ya es un clásico en el tema, La máscara del poder: del Gendarme Necesario al Demócrata Necesario (y sus variaciones bibliográficas), su producción reflexiva reúne 30 libros y folletos de crítica social y cultural, análisis políticos, estudios históricos y del lenguaje.
América Nuestra: Integración y Revolución, por ejemplo, una publicación reciente, supera trabajos previos de compendio americanista, como La Nación americana, del argentino Jorge Abelardo Ramos; con una diferencia, Luis Britto cita fuentes verificables, Ramos plagiaba sin escrúpulos, como lo demostró su connacional Milcíades Peña, entre otros. Escribir, como cualquier  acto humano noble, pierde su mérito si no se asienta en una ética.
Otro libro insoslayable de su obra, mezcla de ensayo, recensión y periodismo, pero en clave de humor agudo, es  Venezuela: investigación de unos medios por encima de toda sospecha. Junto con el texto de R. H. Montoya y otros, invoca el je acusse, de Emile Zolá contra la hipocresía “democrática” en la Francia burguesa del amanecer del siglo XX.
Luis Britto García continúa por los caminos más impensados. De él se han escenificado 16 escritos de dramaturgia y 6 guiones para películas. Como humorista es inconmensurable, habría que clasificar sus conferencias, dibujos y escritos polémicos.
Parte de ello se puede apreciar en su blog personal y en las publicaciones de El Gallo Pelón, La Pava Macha o Coromotico o en sus sabrosas charlas, piezas epigramáticas balanceadas entre conocimiento y sátira.
Sus columnas en el diario Últimas Noticias son seguidas por decenas de miles cada semana. Algún ocioso creativo acuño el apelativo “Librito García” para referirse a su cuantiosa producción literaria.
El autor mereció más de 10 premios dentro y fuera del país. Ya era hora que tan vasta creación intelectual tuviera un reconocimiento más allá de lo individual y lo intelectual.
El poeta Ricardo Romero, conocedor de la bohemia caraqueña cuenta que Luis Britto el único de nuestros intelectuales de izquierda “que no sufrió la guillotina crítica de Argenis Rodríguez” en su columna viperina Escrito con odio. Casi toda una generación perdió su ilustrada cabeza, menos el autor de Abrapalabra.
Es que Luis Britto García no padeció del síndrome de conversión ni de otras secuelas que dejaron tan mal parada a la mayoría de los excelentes creadores literarios y políticos sesentistas. Sin proponérselo, él se convirtió en la expresión más integral y compleja de aquella generación romántica, la penúltima del siglo.
Recuerdo que en Buenos Aires hicimos el año 2000 un ejercicio de ociosidad necesaria. Dibujamos en un papel dos columnas, como si se tratara de dos bodegueros sin power point: “los que se fueron” y “los que se quedaron”.
En una apuntamos a quienes no soportaron el cambio social porque no se parecía al modelo canónico que cargaban en el bolsillo, lo que hemos denominado “revoluciones  de bolsillo”;  en la otra columna, aquellos creadores intelectuales que acompañan este proceso sin veleidades personalistas, ni autoengaños palaciegos.
El resultado fue pavoroso. Él y una decena más resistieron sin ambigüedad los jugosos oropeles de la IV República, su Conac (con whisky y coñac), las lupanares asesorías parlamentarias y las bien pagadas columnas semanales.
Hoy es, y no encuentro una duda racional, el intelectual más completo que tiene Venezuela y uno de los más brillantes del continente. Pero claro, Luis Britto es un “escritor moral”, como reclamaba Tolstoi cuando hablaba de coherencia entre lo que se hace en la vida y lo que se escribe en el papel. Y eso, como se sabe, no gana rating en las cadenas comerciales ni en las agencias internacionales de información tarifadas.
Con la misma ética que cuestionó la era adeco-copeyana, es capaz de criticar las purulencias, heredadas y propias, del tipo de régimen conformado en el país desde 1999.
Eso tiene costos. Pero en nuestro proceso político están atenuados, no constituyen un sistema de persecución. La “revolución bolivariana” se diferencia de todos los movimientos nacionalistas conocidos por la amplitud de su democracia social y la tolerancia hacia la crítica política e intelectual. A pesar de las desviaciones y errores conocidos que comprometen su destino.
Luis Britto no es un intelectual solitario. Pertenece a un proceso social que lo reclama como suyo por su valor literario e integridad, no por su cercanía al poder o a la fama, ambas cosas bien merecidas.
La suma de su trayectoria más la integridad de su conducta social y política, lo ubican en el lugar del  intelectual de su época.
Modesto Emilio Guerrero es analista internacional, periodista y escritor venezolano.]