domingo, 16 de diciembre de 2012

LABERINTOS PELIGROSOS



Otrova Gomás estrena en nuestro país el nihilismo como tema narrativo: por ello acaba al mismo tiempo con el humor de la aldea y con la solemnidad como paradigma literario y es el autor más leído por el público y más ignorado por la crítica ignorante.

Laberintos peligrosos bifurcan toda la obra de Otrova Gomás. Nuestras vidas son dédalos cuyo centro es la nada y cuya periferia esa forma del vacío que es la paradoja.

Paradoja de paradojas es el nihilista creativo. Cada vez que cree haber depurado el lienzo perfecto de la nada, he aquí que se le ocurre un nuevo desvarío para poblarla.

Contradicción irresoluble es la de un autor que elige llamarse Otro Vago Más y culmina tan agotadoras tareas en el campo de la exploración submarina, la trashumancia sistemática, el coleccionismo maniático, la fotografía subjetiva, la ficción estrambótica, la grafomanía indetenible, la broma pesada y la filosofía corrosiva.

Comparto la mayoría de esas pasiones porque contra la limitación de la vida no hay más defensa que experimentar muchas existencias en una, así como contra la miseria del mundo no hay más venganza que crear todos los universos imposibles.

Patéticamente finge el melindroso estar desesperado, pero sólo puede no haber esperanza para quien ha agotado todo.

Ni un segundo de su vida ha pasado Otrova Gomás sin estar apurado. Querer ganarle la carrera al tiempo es tratar de demolerlo todo antes de que la eternidad haga esa misma tarea.

Para qué recorre con tal pasión Otrova Gomás un mundo en el cual no cree. Por todo el planeta peregrina Jaime Ballestas huyendo de Otrova Gomás o viceversa.

Proyectó alguna vez el uno celebrar el funeral del otro. El humorista es quien asiste cada segundo a sus propias exequias.

Por qué no. Catalogó Heidegger al hombre como un Ser para la Muerte. El nihilista es el Ser Cabal, que asume hasta la propia desintegración como acto voluntario.

Apenas hay dos problemas filosóficos: el del Yo, que inspira desconfianza, y el del Otro, que inspira todavía más desconfianza. Sólo quien conoce lo peor en sí mismo es capaz de discernirlo inequívocamente en el prójimo. Demoler el Yo es derruir el Otro.

Se hunde el nihilista en la autodestrucción por un exceso de Ser que lo agobia. Supongamos el mundo cero al cual el humorista ha dejado desmantelado completamente. Al algún montículo de ruinas asciende sólo para contemplar la altura desde la cual puede caer todavía. Supongamos que la intacta serenidad del Ser perdura, como cuerpo celeste, abrumado por los infinitos de las soledades.

Vamos a estas edades contemplando un cielo que se limpia de estrellas fugaces. Sólo cometas y estrellas reverberan, reincidentes o eternas, sobre la noche inconmensurada.

Otrova Gomás en su laberinto sueña países secretos con lenguas imposibles, naciones provisionales que nadie sabe dónde están, patrias que sólo consisten en ruinas. Minuciosamente describe cazadores de espejos que sólo viven para contemplar el propio reflejo y huyen de los circos con azogues que deforman.

Puede que en una página de los Laberintos Peligrosos te aceche el personaje empeñado en comprarte tu vida. En otra esperan los clubes antidemocráticos de los Inmortales, de los Desconocidos, de las casi extinguidas personas decentes. Más allá te desuella un vendedor de pieles humanas.

Otrova Gomás concibió su libro Laberintos Peligrosos en una biblioteca donde sólo se podían añadir palabras cortándolas de libros preexistentes. Quizá lo imprimió en un país donde los seres no tienen otros órganos que los ya usados por otros o los artificiales reciclados. A lo mejor lo distribuye en ciudades donde el exceso de fotografías va desgastando las imágenes. Sus habitantes hacen manifestaciones contra el paso del tiempo, manifestaciones de locos, manifestaciones contra las manifestaciones. Ciudades que se exploran con sentidos ocultos. pobladas de sombras que se alquilan o mueren prematuramente.

Cada quien en su laberinto, y Otrova Gomás en el de todos.

FOTO/TEXTO: Luis Britto