sábado, 22 de agosto de 2009

BOLÍVAR HUMORISTA


Veracruz, 20 de marzo de 1799
¿Quién es este mocito atolondrado que aborda un navío en el puerto de Veracruz y deja a su tío Pedro Palacios una carta atiborrada de faltas de ortografía? “Hoy a las onse de la mañana llegué de México y nos bamos a la tarde para España y pienso que tocaremos en la Abana porque ya se quitó el bloqueo que estaba en ese puerto, y por esta razón a sido el tiempo muy corto para haserme mas largo. Vsted no extrañe la mala letra pues ya lo hago medianamente pues estoy fatigado del movimiento del coche en que hacabo de llegar, y por ser muy a la ligera la he puesto muy mala y me ocurren todas las especies de un golpe”. Ya en su primer escrito conocido hay una juguetona antítesis: “ha sido el tiempo muy corto para aserme más largo”: escribo poco porque me voy en breve. Por la rapidez del viaje también redacta “muy a la ligera” y “me ocurren todas las especies de un golpe”. Especies, llamaba Aristóteles a las ideas. Feliz manera de burlarse del tumulto de ocurrencias que a cada instante lo intranquilizaba. Se reconoce un gran espíritu en la capacidad de burlarse de sí mismo.
Angostura, 21 de octubre de 1818
El mundo da muchas vueltas. El mocito atolondrado se ha vuelto Libertador que cruza mares y trajina llanuras comandando centauros siempre prestos a insubordinarse. El más eficaz y levantisco es el catire Páez, que siempre hace lo que no se puede hacer en un ejército: su real gana. Usando de nuevo la antítesis, Bolívar le reprocha: : “Yo NO SE POR QUE FATALIDAD DESCONFÍA Ud. de la confianza del gobierno. Yo hasta ahora no he tenido la menor sospecha con respecto a Ud. y mi confianza ha sido ilimitada a pesar de algunos motivos que he tenido para dudar de la ciega sumisión y obediencia que Ud. pretende haber prestado siempre al gobierno. Como Ud. me habla con franqueza, yo debo responderle con la misma. Aseguro a Ud. bajo mi palabra de honor que jamás he desconfiado de Ud. pero también le aseguro, con la última ingenuidad, que en mi opinión Ud. jamás ha obedecido lo que yo he mandado, y quizá es esta la causa porque se ha encaprichado Ud. en que yo desconfío. La prueba de lo contrario es que yo he puesto a disposición de Ud. las únicas tropas disponibles que he tenido, que he dado a Ud. facultades que ningún otro jefe tiene y que en fin yo he hecho cuanto Ud. ha querido desde que Ud. me reconoció. Se podría decir que yo me sometí a Ud. más bien que Ud. a mí. Ud. hace lo que le parece mejor, y ni aún me lo participa; da y quita mandos como gusta, y yo no puedo ni aún menear una paja sin disgustar a Ud. Cansado de esta situación he ocurrido al único arbitrio que me queda para acallar todo celo y toda pretensión de parte de mis compañeros los jefes militares: he convocado el congreso para que nombre un gobierno y me liberte a mí de la pena de mandar a mis compañeros de armas”. Alegar confianza exponiendo motivos de desconfianza es paradoja capaz de desconcertar hasta al catire Páez, quien se somete, aunque a regañadientes. Un gran espíritu se impone por su capacidad de decir la verdad, por inconveniente que sea.
Mérida 2 de octubre de 1820
Para la sinceridad zumbona del Libertador nada es sagrado. Tras fatigosa inspección por los páramos, lo intercepta un cortejo de religiosos montados en fuertes mulas, que le endilga adulatorio sermón. Bolívar los interrumpe: "El más grato servicio que podéis hacernos ahora, reverendos padres, es someteros a la privación temporal de esas buenas mulas en que habéis venido; hemos hecho una larga jornada y nuestros caballos están tan cansados como nosotros". Tras lo cual, los guerreros se apean de sus estropeados caballos y montan en las recias y clericales mulas, más apropiadas para las veredas andinas.

Guayaquil, 15 de abril de 1823
Entre batallas y humoradas brillantes está ya Bolívar en el puerto clave para la operaciones del Pacífico. En carta al vicepresidente Santander se queja de que Zea reconozca a los ingleses deuda pública por diez millones de pesos, y consigna o advierte: “Yo he admirado desde lejos lo que Ud. ha hecho, y no he dicho nada porque no creo ninguna cosa tan corrosiva como la alabanza: deleita al paladar pero corrompe las entrañas. Yo valdría algo si me hubiesen alabado menos.” Los generales que regresaban en triunfo a Roma, lo hacían con un esclavo que les repetía: “Recuerda que eres mortal”. Bolívar es al mismo tiempo ese triunfador y ese sirviente. El gran espíritu es esclavo de sus ideas, nunca de la adulación.

Huamanga, 4 de septiembre de 1824
Antonio José de Sucre, siempre ávido de peligros, se queja de que el Libertador le encomiende una misión en la retaguardia. Bolívar resuelve el cometido imposible de reconvenir a alguien intachable envolviendo el reproche en un elogio: : "Contesto la carta que ha traído Escalona con una expresión de Rousseau cuando el amante de Julia se quejaba de ultrajes que le hacía por el dinero que ésta le mandaba: ‘ésta es la sola cosa que Ud. ha hecho en su vida sin talento´. Creo que a Ud. le ha faltado completamente el juicio cuando Ud. ha pensado que yo he podido ofenderle. Estoy lleno de dolor por el dolor de Ud., pero no tengo el menor sentimiento por haberle ofendido. La comisión que he dado a Ud. la quería yo llenar; pensando que Ud. la haría mejor que yo, por su inmensa actividad, se la conferí a Ud. más bien como una prueba de preferencia que de humillación. Ud. sabe que yo no sé mentir, y también sabe Ud. que la elevación de mi alma no se degrada jamás al fingimiento: así, debe Ud. creerme. Antes de ayer, sin saber nada, nada de tal sentimiento, dije al general Santa Cruz que nos quedaríamos aquí para dirigir esa misma retaguardia, cuya condición deshonra a Ud., y que Ud. iría adelante con el ejército hasta las inmediaciones o del Cuzco, o de Arequipa, según la dirección de los enemigos: y en todo esto, yo no veía ni veo más que el servicio, porque la gloria, el honor, el talento, la delicadeza, todo se reúne en el solo punto del triunfo de Colombia, de su ejército y la libertad de América.
"Yo no tenía tan mala opinión de Ud. que pudiera persuadirme de que se ofendiese de recorrer la jurisdicción del ejército y de hacer lo que era útil.
"Si Ud. quiere saber si la presencia de Ud. por retaguardia era necesaria, eche Ud. la vista sobre nuestro tesoro, sobre nuestro parque, nuestras provisiones, nuestros hospitales y la columna del Zulia; todo desbaratado y perdido en un país enemigo, en incapacidad de existir y de moverse.
"(...). El ejército necesitaba y NECESITA de todo lo que Ud. ha ido a buscar, y de mucho más. Si salvar el ejército de Colombia es deshonroso, no entiendo yo ni las palabras ni las ideas. Concluyo, mi querido general, por decir a Ud. que el dolor de Ud. debe convertirse en arrepentimiento, por el mal que Ud. mismo se ha hecho en haberse dado por ofendido de lo que no debiera; y en haberme ofendido a mí con sus sentimientos. "Esas delicadezas, esas hablillas de las gentes comunes, son indignas de Ud.: la gloria está en ser grande y en ser útil. Yo jamás he reparado en miserias, y he creído siempre que lo que no es indigno de mí tampoco lo era de Ud.
"Diré a Ud. por último, que estoy tan cierto de la elección que Ud. mismo hará, entre venirse a su destino, o irse a Colombia, que no vacilo en dejar a Ud. la libertad de elegir. Si Ud. se va no corresponde Ud. a la idea que yo tengo formada de su corazón. "Si Ud. quiere venir a ponerse a la cabeza del ejército, yo me iré atrás, y Ud. marchará adelante para que todo el mundo vea QUE EL DESTINO QUE HE DADO A UD. NO LO DESPRECIO PARA MI. Esta es mi respuesta".

Chimborazo, junio de 1825, Santa Marta, diciembre de 1830
Bolívar dirige sus más mordaces humoradas contra sí mismo. En 1825 escala el Chimborazo. Viene envuelto en un manto de iris desde el Orinoco. Arrebatado por un espíritu que creía divino, toca con las sienes la copa del firmamento. Ha pasado a todos los hombres en fortuna, porque se ha elevado sobre todos. En la cima del coloso apenas encuentra un vejete, el padre Tiempo, quien le advierte que la tierra no es más que una pella de barro, que los siglos no son más que instantes, y sentencia que “Todo es menos que un punto a la presencia del Infinito que es mi hermano". Bolívar despierta, y con él despertamos. Cinco años después, en el umbral de esa eternidad que ha entrevisto, resume su obra titánica diciendo que ha arado en el mar, y que los tres grandes majaderos de la Historia han sido Jesucristo, el Quijote y él. Sólo quien se sabe nada lo osa todo. Bolívar termina su vida pobre, execrado, vilipendiado y abandonado por todos salvo por unos pocos amigos y amigas fieles, suerte que comparte con casi todos los humoristas venezolanos, y prueba irrefutable de su condición de tal.