jueves, 7 de mayo de 2026

RESISTO, LUEGO EXISTO

 Luis Britto García  


Sufrimos  un golpe atroz. Si queremos superarlo, debemos admitirlo, investigar causas, corregir  efectos.

Reiteramos que según encuesta de Hinterlaces de octubre de 2025, el 83% de los consultados estaría dispuesto a enfrentar una invasión militar extranjera, sólo 6%  no lo haría, y 89% consideró que el verdadero objetivo de una eventual intervención sería derrocar al presidente Nicolás Maduro para apoderarse del petróleo. (https://extranewsmundo.com/encuesta-hinterlaces-83-de-los-venezolanos-afirma-que-estaria-dispuesto-a-enfrentar-una-invasion-militar-extranjera/I.

Seis meses más tarde, no he encontrado un solo compatriota que no reitere esas respuestas, pero acompañadas de nuevas preguntas.

En primer lugar, se ha de averiguar de manera clara, precisa y detallada qué ocurrió o dejó de ocurrir la  madrugada del 3 de enero de 2026. Venezuela disponía  y dispone de armamentos modernos, eficaces y costosos que no se emplearon. Cuarenta y siete soldados venezolanos y 32 escoltas cubamos murieron repeliendo valientemente la descomunal agresión con armas elementales. Es preciso conocer con exactitud los hechos y corregir fallas para futuros y previsibles enfrentamientos.

La investigación debe reformular la Doctrina Estratégica y Táctica de Seguridad y Defensa. Parecería que ante una rápida escaramuza que demostró la superioridad aérea del enemigo se decidió una rendición incondicional, con armas, contingentes y parques casi intactos y sin que el adversario hubiera dominado de manera efectiva y duradera ni un centímetro del territorio nacional. Una nueva doctrina ha de excluir categóricamente que el secuestro de funcionarios o la mera coerción se traduzcan en concesiones lesivas a la soberanía.

Desde siempre se ha sabido que Estados Unidos goza de superioridad en armamento convencional. Ello no es argumento para que se le rindan a discreción todos los pueblos de la tierra. Muchos de ellos lo han derrotado rotundamente con armas inferiores.  Para resistirlo cabe adoptar las tácticas de guerra no convencional que han hecho sistemáticamente  inútil dicha superioridad en casi todos los conflictos asimétricos del pasado y el presente siglo. Urge saber por qué en este caso no se aplicaron dichas tácticas, formular doctrinas que corrijan errores, incorporar a la defensa activa  a toda la ciudadanía.

El pueblo venezolano desconoce el alcance de las concesiones que se hicieron al enemigo en los minutos siguientes a la agresión, o por cual mecanismo o en qué forma varían o se amplían dichas concesiones hasta el presente y el futuro previsible. Por la indefinición que reina sobre la materia, presumimos que el agresor aspira a un poder discrecional absolutamente totalitario que implique la desaparición de la soberanía de Venezuela y la rebatiña incondicional de sus recursos. Han sido sancionadas leyes que pretenden posibilitar la inconstitucional privatización de nuestras industrias de hidrocarburos y minas, rebajar abruptamente la participación del Estado en ellas, someter las controversias atinente a las mismas a tribunales o árbitros extranjeros.  Se prentende usurpar todos los derechos que corresponden a nuestro pueblo sin asumir ningún deber hacia él.

Tal modelo es insostenible. La propaganda invasora pretende que se abre un lapso de torrenciales inversiones que traerán diluvios de divisas y de prosperidad. En otro lugar hemos reseñado el fracaso de la reunión del 9 de enero de 2026 entre el Presidente de Estados Unidos y unas 17 empresas petroleras de dicho país, para repartirse el botín energético de Venezuela. Ni una sola avanzó un solo dólar de inversión. Consideraban al país “uninvestable”, no invertible, por falta de seguridad jurídica, porque extraer la primera gota de petróleo requeriría inversión de mil millones de dólares y plazo de diez años, porque parte de la riqueza  está ya comprometida.

En efecto, sobre más del 45% de los yacimientos petroleros y gasíferos han sido legalmente otorgadas concesiones por más de 25 años a empresas chinas y a filiales de la petrolera estatal rusa Roznef, las cuales  exploraban  y extraían hidrocarburos mientras el bloqueo estadounidense impedía el mantenimiento de gran parte de los yacimientos restantes. Entre los vacíos informativos posteriores a la invasión figura el del status actual de esas explotaciones rusas y chinas y el de los hidrocarburos u otros minerales producidos en ellas.  Los ingresos provenientes de tales concesiones son inalienablemente venezolanos, y como tales, deben ingresar al Fisco y ser distribuidos mediante el Presupuesto y la Administración nacionales.

Por otra parte, el enemigo mantiene inflexiblemente su posición agresiva. Ni una sola del millar de medidas coercitivas unilaterales aplicadas contra Venezuela ha sido abrogada. No se han liberado los rehenes secuestrados por la fuerza bruta. No se ha reconocido la patente falsedad de los pretextos para la invasión: inexistencia del llamado Cartel de los Soles y del extinto Tren de Aragua, inexistencia de la producción y el contrabando de sustancias ilícitas, inexistencia de una mayoría opositora que habría obtenido supuestas mayorías electorales. Ni una palabra se ha dicho sobre las reparaciones por los daños causados por un  atroz acoso de un cuarto de siglo y un bloqueo de más de una década, por un bombardeo ejecutado por centenar y medio de aeronaves, por los bienes de Venezuela ilegítimamente confiscados en el exterior. Contra nuestro país se mantiene todo el rigor y la coacción de un estado de Guerra ilegítima, no autorizada por el Congreso de Estados Unidos.


En texto anterior  señalamos  que el invasor, mediante la Executive Order 14.373, pretende que todo ingreso procedente de los hidrocarburos y minerales venezolanos –históricamente, el 80% de la entrada de divisas del país- sea desviado hacia una partida del Tesoro de Estados Unidos o cuentas secretas privadas en Qatar, bajo administración discrecional estadounidense y única y exclusivamente para adquirir bienes producidos en dicho país.

Con el anuncio del inaceptable latrocinio casi total de nuestros ingresos viene el de la reanudación de relaciones con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, instituciones especializadas en anular la soberanía de los países mediante la extorsión de Deudas Públicas Impagables. Privada de ingresos, Venezuela deberá costear sus gastos aceptando créditos usurarios garantizados con lo que reste de sus bienes y recursos. Los nuevos fondos serán aplicados de manera preferente para cancelar por la totalidad de su valor nominal  deudas adquiridas a precios simbólicos por fondos buitres.

Este despojo total del ingreso público implica efectos devastadores. En los últimos tiempos, el Gasto Social del Gobierno venezolano ascendió a más del 70% de los egresos. La brutal disminución de fondos disponibles acarreará un paralelo desmantelamiento de todos los actuales programas de educación, salud, vivienda, asistencia social, alimentación, cultura, investigación científica, desarrollo agrícola y pecuario, industrialización, defensa  e infraestructuras, por cierto ya duramente castigados por más de un cuarto de siglo de agresión, una década de bloqueo y más de un millar de medidas coercitivas unilaterales destinadas a estrangular y destruir nuestra economía.

Con el desmantelamiento de dichos programas o la reducción drástica del personal de los mismos imponiéndoles salarios apenas simbólicos, vendrá una oleada de desempleo que la limitada inversión privada será incapaz de absorber.

Esta situación arrojará efectos políticos. En la medida en que se muestren progresivamente incapaces de paliar las más vitales necesidades de la población, se producirá una merma en el apoyo hacia las organizaciones que colaboren con la ocupación.

La oposición de derecha, desechada como instrumento político por los invasores por su falta de apoyo popular, se hará progresivamente violenta buscando hacer méritos ante los ocupantes. Procesos electorales administrados por las mismas firmas que cometieron fraudes en Honduras, Perú, Ecuador y otros países legitimarán  simulacros inconsistentes que arrebatarán el poder a las organizaciones representativas.

Se sancionarán drásticas reformas en las leyes laborales que revertirán o aniquilarán los derechos de los trabajadores, con  repercusiones  sociales, económicas y políticas iguales a las que  medidas de tal índole acarrearon durante el pasado siglo.

La colaboración con los invasores reportará ganancias ilegales a una ínfima élite de traficantes de influencias y especuladores transnacionales, y anulará el prestigio de los movimientos políticos y sociales que se entreguen a ella.

Del Imperio puede decirse, como de los Borbones, que no ha olvidado ni aprendido nada. Emprenderá sistemática, implacable e integral erradicación de cuantos movimientos tengan o hayan tenido orientación progresista o asomos de ella. Una vez  agotada su utilidad, el sector colaboracionista  no será la excepción. De los medios, programas educativos y de la Historia misma desaparecerán los hechos e ideas de los Libertadores, o serán grotescamente falsificados para que representen lo opuesto de sus ideales. Siguiendo lineamientos de Rudolf Atkon, la educación será meramente instrumental; de acuerdo con los de Laura Berns, se eliminará la educación superior gratuita.

Todos sabemos lo que esconde el ensordecedor silencio que nos oprime. Sin consulta alguna sobre nuestra voluntad, se pretende despojarnos de soberanía, Independencia, recursos naturales autonomía, derechos, pasado, presente y futuro, a favor de una potencia agresora que nos odia y  desprecia.

Desde la invasión se libran dos batallas: una por la aniquilación de nuestro país, y otra por la plena recuperación de la soberanía, los recursos, la Independencia, la autonomía y la autodeterminación del pueblo venezolano.

Ya sabes en cuál bando debes estar. 

La defensa propia es el más innegable de los Derechos Humanos, y nos corresponde ejercerla como Resistencia en la medida de nuestras posibilidades, con pensamientos, palabras y obras. Ideas para comprender la atroz realidad, palabras para denunciarla, obras para modificarla. Las organizaciones existentes han de ser orientadas hacia la resistencia y la victoria; cuando ello no sea posible, cabe crear otras nuevas.  Hay tantas formas de resistencia como personas y talentos; cada quien debe asumirla en el ámbito de sus habilidades, capacidades  y competencias. La resistencia debe revestir más formas que la opresión que combate, y un pueblo tiene derecho a ejercerlas todas antes que consentir en su servidumbre o su extinción.

Resisto, luego existo.


TEXTO/FOTOS: LUIS BRITTO GARCÍA

ESTE TEXTO NO HA SIDO PUBLICADO EN LOS MEDIOS CONVENCIONALES

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Luis Britto García

ADMIRABLE



1

La Patria se ha perdido, de nada vale lamentarse.  Hay que pensar en recuperarla. El 15 de diciembre de 1812 en Cartagena escribe afiebrado un joven brigadier maltrecho por la vida atropellada y los trajines. Viene del abismo de la derrota y el exilio. Algunos le atribuyen la pérdida de Puerto Cabello, que Miranda calificó de puñalada en el corazón de Venezuela, y que precipitó la caída de la Primera República. Pero Miranda capituló con 20.000 hombres bajo su mando. El voluntarioso joven podría rendirse. En lugar de eso escribe: “El soldado bisoño lo cree todo perdido, desde que es derrotado una vez; porque la experiencia no le ha probado que el valor, la habilidad y la constancia corrigen la mala fortuna”.

2

Habilidad es extraer enseñanzas de la derrota, y aplicarlas ¿Por qué cayó esa Primera República que será luego llamada Patria Boba? Ante todo, escribe Bolívar,  por “la fatal adopción que hizo del sistema tolerante; sistema improbado como débil e ineficaz, desde entonces, por todo el mundo sensato, la impunidad de los delitos de Estado cometidos descaradamente por los descontentos, y particularmente por nuestros natos, e implacables enemigos, los españoles europeos. Al abrigo de esta piadosa doctrina, a cada conspiración sucedía un perdón, y a cada perdón sucedía otra conspiración que se volvía a perdonar”. Los republicanos se dejaron llevar por convicciones utópicas sobre la bondad natural del hombre, o bien por un temor a la confrontación que los hizo esperar que las buenas razones o la contemporización postergarían o evitarían el conflicto. Por lo cual Bolívar añade: “Los códigos que consultaban nuestros magistrados, no eran los que podían enseñarles la ciencia práctica del gobierno, sino los que han formado ciertos buenos visionarios que, imaginándose repúblicas aéreas, han procurado alcanzar la perfección política, presuponiendo la perfectibilidad del linaje humano. Por manera que tuvimos filósofos por jefes; filantropía por legislación, dialéctica por táctica, y sofistas por soldados. Con semejante subversión de principios, y de cosas, el orden social se resintió extremadamente conmovido, y desde luego corrió el Estado a pasos agigantados a una disolución universal, que bien pronto se vio realizada”. Sin ser jurista, comprende Bolívar a la perfección que la diferencia entre una norma ética y otra jurídica es que esta última puede ser aplicada por las autoridades legítimas bajo la amenaza de una sanción coercitiva. Leyes sin sanción no son más que buenas palabras, y en ello terminaron casi todas las de la Primera República. Por otra parte, y aquí parecería escucharse un eco de las doctrinas de Montesquieu, las leyes han de ser conformes con “la ciencia práctica del gobierno”, vale decir, con el conocimiento de las condiciones reales de los pueblos, y no con imaginarias “repúblicas aéreas”.

3

Otra causa del desastre, la renuencia a defenderse: “La oposición decidida a levantar tropas veteranas, disciplinadas y capaces de presentarse en el campo de batalla”. Otra más grave: el federalismo extremo: “La subdivisión de la provincia de Caracas proyectada discutida y sancionada por el Congreso federal despertó y fomentó una enconada rivalidad en las ciudades, y lugares subalternos, contra la capital: La cual -decían los congresantes ambiciosos de dominar en sus distritos- era la tiranía de las ciudades y la sanguijuela del Estado». Por lo cual concluye: “Yo soy de sentir que mientras no centralicemos nuestros gobiernos americanos, los enemigos obtendrán las más completas ventajas”.

4

A estas causas, se ha de sumar el desangramiento financiero: “La disipación de las rentas públicas en objetos frívolos, y perjudiciales; y particularmente en sueldos de infinidad de oficinistas, secretarios, jueces, magistrados, legisladores provinciales y federales, dio un golpe mortal a la República, porque le obligó a recurrir al peligroso expediente de establecer el papel moneda, sin otra garantía, que la fuerza y las rentas imaginarias de la Confederación”. El terremoto de 1812 está entre las causas imprevisibles; en cambio, muy previsible fue la prédica de algunos sacerdotes “abusando sacrílegamente de la santidad de su ministerio en favor de los promotores de la guerra civil".

5





Constancia es no darse por vencido. Las razones que expresa  Bolívar en el Manifiesto de Cartagena son tan persuasivas, que los neogranadinos le confían mando de tropas. Como un rayo toma Tenerife, Plato, Zambrano, Mompós, Guamal, Banco, Chiriguaná, Tamalameque y finalmente Ocaña y Cúcuta, dominando el Magdalena y reabriendo la vía entre Bogotá y Cartagena. Autorizado finalmente por el Ejecutivo de Nueva Granada, el 14 de mayo sale de Cúcuta y en arrolladora operación toma La Grita, y Trujillo. El 23 de mayo es aclamado en Mérida como Libertador. La inocua defensiva de la Primera República ha sido sustituida por relampagueante ofensiva; el incoordinado gobierno federal por el mando centralizado: las vacilantes milicias por guerreros que a cada batalla adquieren más ímpetu y experiencia: el inaceptable papel moneda por la confiscación de las riquezas del enemigo. Así llegan del calor cartagenero al frío de Trujillo.

5

Valor es enfrentar al adversario. En Trujillo el 15 de junio de 1813 el brigadier Bolívar tirita, medita y una vez más escribe ¿Qué falta por concretar? El primer acto de un organismo, de un cuerpo político, de una República, es definir qué forma parte de ella y qué no. La media tinta de la Primera República trató  enemigos como amigos y amigos como extraños. El enemigo envalentonado por la impunidad perpetró atrocidades en la confianza de que jamás serían sancionadas. En su escrito, Bolívar fulmina contra adversarios “que os han aniquilado con la rapiña y os han destruido con la muerte; que han violado los derechos sagrados de las gentes; que han infringido las capitulaciones y los tratados más solemnes; y en fin han cometido todos los crímenes”. La muerte soberana reina  sin que nadie se atreva a nombrarla. Bolívar rasguea  un párrafo que divide la Historia como un tajo:Españoles y canarios, contad con la muerte, aun siendo indiferentes, si no obráis activamente en obsequio de la libertad de la América. Americanos, contad con la vida, aun cuando seáis culpables”.  Entre opresión y libertad no hay sistema mixto. O la una o la otra, nunca todo lo contrario.

6

Bolívar refrenda el Decreto de Guerra a Muerte con el envolvente ovillo de su rúbrica, da unas cuantas órdenes precisas, salta sobre el caballo. Los patriotas vencen en Aguas del Obispo, Boconó, Barinas, Niquitao, el Tocuyo y Los Horcones, Taguanes, Valencia y La Victoria. El 6 de agosto de 1813 Bolívar libera Caracas, donde lo esperan  su casa natal, el nombramiento de Capitán General de los ejércitos de Venezuela y la ratificación del título de Libertador, que él considera el más honroso de cuantos existen en la tierra. La Patria, que parecía perdida, revive para no morir jamás.


TEXTO/FOTOS: LUIS BRITTO.

 








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